G. Bosquejo de 1 Pedro
1. Propósito y unidad
La segunda epístola de Pedro tiene tres partes claramente discernibles: una exhortación al crecimien- to espiritual de los creyentes (cap. 1), instrucciones para que ellos se opongan a las doctrinas y al estilo de vida [p 263] de los falsos maestros (cap. 2), y enseñanzas que los preparan para el fin del mundo, el juicio y el día del Señor (cap. 3).
Pedro se da cuenta que está llegando al fin de su vida. Antes de partir de este escenario terrenal quiere darles a sus lectores directivas espirituales para que puedan rechazar las herejías y madurar es-
piritualmente en el conocimiento de Cristo. Despierta a los lectores de su torpeza espiritual y los insta a añadir a la fe las virtudes de la bondad, conocimiento, dominio propio, perseverancia, piedad, afecto fraterno y amor (1:5–7). Pedro los insta a desarrollar cualidades espirituales, a permanecer firmemente establecidos en la verdad, a escuchar atentamente al evangelio de Cristo proclamado por los testigos, y a prestar atención a las Escrituras inspiradas (1:12–21).
A primera vista parecería que el capítulo 2 fuese un documento completamente aparte. De hecho, algunos eruditos sostienen que este capítulo es en si mismo un documento aparte, y que es un paralelo de la epístola de Judas.398 Pero tal no es el caso, ya que el apóstol anima y aconseja a los cristianos a cre-
cer espiritualmente. El los fortalece en su fe para que puedan atender sus advertencias en contra de los falsos maestros. Pedro advierte a los lectores acerca de los falsos profetas que aparecen entre ellos con herejías destructoras y que viven vidas corruptas (vv. 1–2, 13–14). Les asegura que esta gente sin ley será castigada cuando encuentren una rápida destrucción (vv. 3–4). El autor resalta su observación ci- tando ejemplos del pasado antiguo, cuando el juicio cayó sobre los ángeles caídos, sobre los contempo- ráneos de Noé, y sobre los conciudadanos de Lot (vv. 4–8). Pedro compara a los falsos maestros con Balaam, que fue reprochado por un asno (vv. 15–16). El nota que estos herejes se han determinado a descarriar a los nuevos cristianos por medio de promesas de libertad; en vez de ello los transforma en esclavos de la corrupción (vv. 17–22).
En el capítulo 3, Pedro sigue con sus enseñanzas de los dos capítulos anteriores. Dirige la atención de los lectores al día del Señor, que es un día de rendición de cuentas y de destrucción para los burlado- res (vv. 3–7). Pedro también desarrolla su doctrina acerca del fin de los tiempos al revelar que el cielo y tierra presentes llegarán a su fin (vv. 10–13). El cierra su epístola exhortando a los cristianos, “esfuér- cense por ser hallados sin mancha, ni reproche y en paz con [Dios]” (v. 14). Los insta a crecer en la gra- cia y en el conocimiento de Jesucristo (v. 18).
Toda la epístola exhibe unidad desde el principio hasta el fin. En el siglo diecisiete, el erudito holan- dés Hugo Grotius sugirió que los dos [p 264] primeros capítulos conformaban una carta y que el capítu- lo 3 constituía la “segunda carta”. Con ligeras variantes esta teoría ha sobrevivido a lo largo de los si- glos. Aporta una fácil explicación para la oración “esta es ahora la segunda carta” (3:1). Pero esta expli- cación no alcanza a superar la válida crítica de que el estilo de 2 Pedro exhibe continuidad en todos los tres capítulos. Por consiguiente, el estilo de esta epístola anula el argumento que favorece la disconti- nuidad.399
2. Teología
Si bien la segunda epístola de Pedro es breve, se destacan sus énfasis teológicos. Por ejemplo, en el versículo inicial (1:1), Pedro describe a Jesucristo como divino. El escribe: “la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo”. Es decir, llama a Jesucristo Dios y Salvador. Observamos que Pedro hace esto adrede para enfatizer la divinidad de Cristo, ya que en el versículo siguiente (1:2) distingue claramente entre Dios y Cristo: “el conocimiento de Dios y de Jesucristo nuestro Señor”. Para Pedro, Jesús no sola- mente es divino, sino también Señor y Salvador (1:11; 2:20; 3:2, 18). Por otra parte, Pedro anima a los
398 Consultar Ernst Käsemann, “An Apología for Primitive Christian Eschatology”, en Essays on New Testament Themes,
Studies in Biblical Theology, No. 41 (Londres: SMC, 1964), 191.
creyentes a aumentar su “conocimiento de Jesús nuestro Señor” (1:2, 3, 8; 2:20; 3:18). Les habla además acerca de la venida del Señor (1:16) y del día del Señor (3:10, 12 [Dios]).400
En su segunda epístola, Pedro revela que el cielo y la tierra serán destruidos por el fuego y que los elementos se derretirán (3:10, 12). De hecho, ningún otro libro del Nuevo Testamento tiene el detalle explícito que Pedro aporta acerca del fin del universo. Tal como otros escritores, sin embargo, Pedro enseña la promesa de un nuevo cielo y de una nueva tierra (3:13; Is. 65:17; 66:22; Ap. 21:1). Pedro des- cribe la nueva tierra donde “habita la justicia” (3:13). Después de la destrucción completa de los cielos y de la tierra, el pecado ha perdido su lugar, y la justicia encuentra su hogar en la nueva creación de Dios. Los cristianos ya participan en la naturaleza divina y han escapado a la corrupción del mundo (1:4); deben, sin embargo, anticipar y esperar “una rica bienvenida en el reino eterno de Jesús” (1:11). Los cristianos, entonces, experimentan la tensión entre el “ya” y el “todavía no”, entre el “ahora” y el “en- tonces” de su vida de fe.401
[p 265] El cristiano encuentra esta tensión en la carta de Pedro, ya que lee que Dios le ha dado todo, hasta el punto de permitir que el creyente participe en la naturaleza divina (1:4). Es decir, el cristiano es elegido, y sin embargo debe luchar para asegurar su llamamiento y elección (1:11). Debe hacerlo culti- vando las cualidades espirituales de fe, bondad, conocimiento, dominio propio, perseverancia, piedad, afecto fraterno y amor (1:5–7). Guthrie comenta lo siguiente: “Pedro no pudo destacar de modo más claro el aspecto de la responsabilidad humana en su doctrina de la elección”.402
Dado que los creyentes han sido escogidos, se les dice ahora que deben cultivar las virtudes cristia- nas. De este modo, estando firmemente establecidos en la verdad, ellos nunca caerán (1, 10, 12). Sin em- bargo, ellos enfrentan las herejías destructoras de los falsos maestros que viven entre ellos (2:1). ¿Es po- sible entonces que los creyentes pierdan su salvación? Pedro asegura a los lectores del cuidado protec- tor de Dios. Ilustra esta verdad enseñando a los creyentes que Dios protegió a Noé, predicador de justi- cia, de las aguas del diluvio y que Dios rescató al justo Lot de la ciudad de Sodoma (2:5–8). Pedro con- cluye haciendo esta observación: “Si es así, entonces, el Señor sabe como librar de la prueba a los piado- sos” (v. 9).
Sin embargo, hay un pasaje específico en la epístola de Pedro que puede interpretarse como indica- ción de la posibilidad de que los cristianos puedan caer de la gracia. Pedro escribe:
Si han escapado de la corrupción de mundo por haber conocido a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y vuelvan a enredarse en ella y son vencidos, terminan en peores condiciones que al principio. Más le hubiera valido no haber conocido a la justicia que después de haberlo conocido, abandonar al santo mandamiento que se les trasmi- tió. [2:20–21; consultar el comentario].
¿Quíen es el sujeto de este pasaje? El corriente del capítulo 2 parece apuntar a los falsos maestros que en alguna ocasión obtuvieron conocimiento intelectual acerca de Jesucristo pero que fracasaron en su compromiso con él. Es significativo que en estos versículos las palabras fe y creer estén ausentes. Además, al usar la tercera persona, Pedro se está refiriendo a los individuos que son sujeto de esta sec- ción. Por consiguiente, él indica una separación entre esta gente y la iglesia cristiana. Concluimos, en-
400 Käsemann desautoriza la doctrina cristológica de esta epístola al afirmar que la “escatología [de 2 Pedro] carcce de
todo vestigio de orientación cristológica”. Véase “An Apologia for Primitive Christian Eschatology”, p. 178.
401 Cf. Green, 2 Peter Reconsidered, p. 18. Véase también George E. Ladd, A Theology of the New Testament (Grand Rapids:
Eerdmans, 1974), p. 604.
tonces, que no son los verdaderos creyentes sino los falsos maestros quienes se han dejado enredar por el pecado y se han apartado de Jesucristo. Pedro enseña a los lectores de su epístola que “[Dios] tiene [p 266] paciencia con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos lleguen al arrepentirse” (3:9). Nótese que en este versículo él emplea la segunda persona ustedes. Se dirige a la comunidad cris- tiana. Como contrapartida, él escribe que el día del Señor es “el día del juicio y destrucción de los impí- os” (3:7). Dios protege a su pueblo pero rechaza a los burladores.