G. Bosquejo de 1 Pedro
5. Así en tiempos antiguos resaltaban su belleza las santas mujeres que esperaban en Dios Cada una se sometía a su esposo, 6 como Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba “mi señor” Ustedes
son hijas de ella si hacen el bien y no tienen miedo alguno.
Observamos en este pasaje tres características:
202 Todas las traducciones proveen un sustantivo apropiado, como ser, “adorno” (RV, ASV), “ornamento” (KJV, NKJV,
JB, NEB), “cualidad” (NASB), “cualidades” (MLB), “joya” (RSV), “encanto” (Phillips), o belleza (NAB, GNB, Moffatt).
a. Pauta. Pedro recurre al Antiguo Testamento para demostrar que él no es el único que dice a las mujeres cómo han de convivir con sus maridos. Apela por ello a una pauta, asentada en los tiempos del Antiguo Testamento, que enfatiza los valores espirituales. Al llamar “santas” a las mujeres del pasado, Pedro no indica que eran perfectas; se refiere a su relación con Dios, porque por sus espíritus suaves y apacibles ellas fueron preciosas ante Dios.
¿Qué fue lo que hizo de estas mujeres “santas”? En primer lugar, ellas “esperaban en Dios”. Estas mujeres de hace muchos siglos, cuyos nombres no se mencionan, tenían una cosa en común: su espe- ranza puesta en Dios (1 Ti. 5:5). “La esperanza en Dios es la verdadera [p 147] santidad”.204 Sabían que
Dios nunca les fallaría, cualesquiera que fuesen sus circunstancias.
En segundo lugar, estas mujeres “resaltaban su belleza” cultivando las virtudes de la suavidad y se- renidad que Dios considera preciosas. A lo largo del Antiguo Testamento ellas iban estableciendo la pauta para una vida santa e invitaban las generaciones subsiguientes a seguir su ejemplo.
En tercer lugar, las esposas de la antigüedad “cada una se sometía a su esposo”. Cuando Pedro ex- horta a las lectoras de esta epístola a estar sujetas a sus maridos, basa su consejo en una tradición de larga data. Sabe que las mujeres de otrora demostraron su sumisión con cualidades interiores que gozan del favor de Dios.
b. Ejemplo. Si Abraham es el padre de los creyentes, Sara es su madre. Por consiguiente, Pedro men- ciona el nombre de Sara como ejemplo para las mujeres casadas de su tiempo. Pedro escribe: “Sara … obedeció a Abraham y lo llamaba “mi señor” (cf. Gn. 18:12).205
En nuestra cultura, ninguna esposa llama “señor” a su marido. Si lo hiciera, tanto ella como su espo- so serían el hazmerreir de la sociedad. ¿Está Pedro diciendo a las esposas que deben llamar “señor” a sus esposos? No, no hace así. Pedro está describiendo la cultura de antaño en la cual una mujer respe- tuosamente llamaba a su esposo “señor”. Las costumbres cambian de lugar en lugar y de cultura en cultura. El siguiente es un ejemplo bíblico: cuando la madre de Jesús le habló acerca de la falta de vino durante la boda de Caná, él dijo: “¿Qué tienes conmigo, mujer?” (Jn. 2:4 [VRV]). No había intención de descortesía de parte de Jesús; él seguía la costumbre de su época.
Y tenemos también ejemplos modernos: en ciertas partes de España y Centroamérica los hijos toda- vía tratan a sus padres de “usted”, en vez de tutearlos. Pero al hacer esto no se está demostrando un sometimiento servil, sino que se está hablando en los términos que la cultura que lo rodea demanda. Las esposas deben seguir el modo de dirigirse a sus esposas que es habitual en su propia cultura. Deben también distinguir entre un principio y la aplicación del mismo. El principio es el de ser sumisas; la aplicación varía según el lugar, la época y la cultura. Por eso, dentro del marco de su propia cultura, Sara aplicó este principio y llamó “señor” a Abraham.
c. Práctica. Pedro usa a Sara como ejemplo. Es más, él indica que ella es la madre de todas las muje- res que temen a Dios. “Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y no tienen miedo alguno”.
[p 148] Sara es la madre espiritual de todas las mujeres cristianas, así como Abraham es el padre de todos los creyentes (cf. Is. 51:1–2; Ro. 4:11–12; Gá. 3:7–9, 14, 16, 18, 29; Heb. 2:16). Pedro declara un
204 John Albert Bengel, Gnomon of the New Testament, ed. Andrew R. Fausset, trad. al inglés William Fletcher, 7ª. ed., 5
tomos, (Edimburgo: Clark, 1877) p. 63.
hecho aquí: las esposas cristianas son, no llegarán a ser, hijas de Sara. Implícita queda la verdad del pro- verbio: “Tal como la madre, así la hija”.
El apóstol espera dos cosas de las hijas de Sara: que sigan haciendo buenas obras (2:14, 20) y que ale- jen el temor. Si lo hacen, son sin duda dignas de estar junto a Sara. Pedro no desarrolla el tema de cómo Sara hizo buenas obras o cómo conquistó el temor. Parece, en cambio, aludir a algunas líneas de Pro- verbios:
No tendrás temor del pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniese, Porque Jehová será tu confianza
y él preserverá tu pie de quedar preso.
No te niegues de hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo [Pr. 3:25–27 VRV]
Las mujeres cristianas deben poner su confianza en Dios y así enfrentar el temor y el desastre con seguridad y calma. Cuando los esposos incrédulos las maltraten, Dios mismo las protejerá del daño y del peligro.
Palabras, frases y construcciones griegas en 3:6
ἐγενήθητε—como aoristo pasivo indicativo del verbo γίνομαι (devengo, soy), este verbo es un aoristo atem- poral.
πτόησιν—del verbo πτοέω (aterrorizo), esta palabra aparece una sola vez en el Nuevo Testamento. El nomi- nativo πτόησις con terminación en -σις describe acción continua.
4. La consideración
3:7
7. Esposos sean igualmente comprensivos al vivir cada uno con su esposa, tratándola con respeto