G. Bosquejo de 1 Pedro
13. Saludos de parte de la que está en Babilonia, escogida como ustedes, como también de mi hijo Marcos.
a. ¿Esposa o iglesia? El lenguaje que Pedro emplea en el saludo final es críptico. ¿A quién se refiere? Decir que la esposa de Pedro, que lo acompañó en sus viajes (1 Co. 9:5), ahora envía sus saludos es algo poco probable. Los eruditos, basando su juicio en el uso que Pedro hace del verbo escogida como opinan que Pedro no está escribiendo acerca de su esposa sino de la iglesia cristiana en el lugar en que él resi- día. Si la esposa de Pedro hubiese estado con él, hubiese dicho: “La que está en Babilonia conmigo”. Este no es el caso, por lo cual llegamos a la conclusión de que es la iglesia escogida por Jesucristo la que envía sus saludos. Los escritores del Nuevo Testamento muchas veces describen a la iglesia con térmi- nos femeninos (por ejemplo, Jn. 3:29; Ef. 5:25–33; Ap. 19:7–8; 21:2–3; 22:17). Por consiguiente, los exper- tos favorecen la explicación de que Juan en su segunda epístola se dirige no a una señora sino a una iglesia (2 Jn. 1, 13).
b. ¿Babilonia o Roma? La evidencia a favor de interpretar la expresión Babilonia literalamente parece poco convincente. No tenemos la prueba de que Pedro haya viajado hacia el oriente a la Mesopotamia para establecer la iglesia en Babilonia. Es más, no existe ninguna información específica acerca de una iglesia en Babilonia durante el primer siglo. Por otra parte, la sugerencia de que Babilonia sea el nombre de una fortaleza de Egipto a la cual Pedro envía su carta parece poco probable. Es más factible suponer que “Babilonia” sea un nombre en clave para referirse a Roma. En épocas de persecución, los escritores ejercitaban un cuidado inusitado para no poner en peligro a los cristianos a quienes les escribían. Por ejemplo, cuando Juan fue desterrado a Patmos durante la persecución instigada por el emperador Do- miciano, él llamó a Roma “Babilonia” (Ap. 14:8; 16:19; 17:5; 18:2, 10, 21).
[p 244] Pedro, que menciona la persecución en casi cada capítulo de su epístola, murió como mártir cerca de Roma. Según la tradición, fue crucificado cabeza abajo. En suma, Pedro escribió esta epístola cerca del fin de su vida, probablemente cuando todavía residía en la ciudad imperial.
c. ¿Hijo o hijo espiritual? Si suponemos que Pedro envía los saludos de su mujer en Babilonia, enton- ces su hijo carnal, Marcos, también manda sus saludos. Sin embargo, si Babilonia es un nombre en códi- go para la iglesia de Roma, entonces Marcos probablemente sea el hijo espiritual de Pedro. Cariñosa- mente Pedro lo llama “mi hijo Marcos”. Que Pedro haya tenido parte en la conversión de Juan Marcos, hijo de María (Hch. 12:12), es algo difícil de comprobar. Juan Marcos acompañó a Pablo como ayudante en la diseminación del evangelio. Estuvo con Pablo durante el tiempo que el apóstol estuvo en prisión en Roma (Col. 4:10; 2 Ti. 4:11; Fil. 24).
La tradición señala que Marcos, con la ayuda de Pedro, escribió el evangelio que lleva su nombre. Papías, obispo de Hierápolis (allá por el año 125 d.C.), escribe que Marcos era el intérprete de Pedro y que redactó el evangelio.377 Pedro llama a Marcos hijo del mismo modo en que Pablo llama a Timoteo
hijo (1 Ti. 1:2; 2 Ti. 1:2).
14a. Salúdense unos a otros con un beso de amor fraternal.
El modo de saludarse difiere de cultura a cultura. Puede consistir en una reverencia (en el oriente), en darse la mano, en un abrazo o bien en un beso. En el oriente antiguo, la práctica de besarse unos a
otros prevalecía no sólo en la sociedad sino también en las sinagogas y en la iglesia primitiva. Sabemos que el beso de saludo era habitual entre los judíos (véanse las referencias del Nuevo Testamento). Si- món el fariseo no saludó a Jesús con un beso (Lc. 7:44–46); el padre besó al hijo pródigo y le dio la bien- venida en su hogar (Lc. 15:20); y Judas besó a Jesús en el huerto de Getsemaní (Mt. 26:48–49). En la igle- sia gentil, los ancianos de la iglesia en Efeso abrazaron y besaron a Pablo en su despedida (Hch. 20:37). “El beso en el mundo antiguo era tanto una señal de amistad al encontrarse como un símbolo emocional al despedirse”.378
En sus epístolas Pablo exhorta a los cristianos a saludarse con un beso santo (Ro. 16:16; 2 Co. 13:12; 1 Co. 16:20; 1 Ts. 5:26). El adjetivo santo significa que todos los que están en la iglesia de Jesucristo se con- sideran mutuamente hermanas y hermanos. Pedro usa una expresión sinónima llamando al beso, “beso de amor fraternal”.
A mediados del siglo II, Justino Mártir escribe que la práctica de saludarse unos a otros con un beso santo era una parte acostumbrada del [p 245] culto cristiano.379 La Escritura no aporta evidencia de que
esta práctica deba ser observada como obediencia a un mandato apostólico. En la iglesia cristiana uni- versal, este asunto es parte de la costumbre local (la reverencia, el darse la mano, o abrazarse).
14b. Paz a todos ustedes que están en Cristo.
La bendición de Pedro es una variante de las que Pablo da al final de sus epístolas (Ro. 15:33; Ef. 6:23; 1 Ts. 5:23; véase también 3 Jn. 14). El saludo de despedida paz abarca el evangelio de salvación, porque Jesús mismo trasmite este mensaje a todos aquellos que creen en él (Jn. 14:27; 20:19). En Jesucris- to tenemos paz con Dios y unos con otros. Y aunque Pedro exprese esta oración como un deseo, todos los cristianos tienen esta paz en comunión con Cristo.
Resumen del Capítulo 5
Pedro comienza este capítulo exhortando a los ancianos de la iglesia a ser pastores del rebaño de Dios, ya que él mismo es también un anciano responsable ante el Jefe de los pastores, Jesucristo. Les dice que sirvan como supervisores, que eviten la avaricia y que sean ejemplo para los miembros de la iglesia. Entonces recibirán la corona de gloria como recompensa.
El apóstol sigue adelante con algunas recomendaciones: exhorta a los jóvenes a ser sumisos, y a to- dos los miembros a ser humildes. Pedro anima a los creyentes a echar sus ansiedades en Dios, a tener dominio propio y a resistir al demonio.
El apóstol hace una oración que es elocuente en su sencillez. En ella asegura a los lectores que Dios los restaurará, fortalecerá y establecerá. Menciona asimismo que Silas ha ayudado en escribir la epístola y resume el propósito de la carta. Concluye su epístola con un saludo final y una oración por la paz.
378 Walther Gunther, NIDNTT, tomo 2, p. 549. 379 Véase Justino Mártir Apology 1.65.2 (LCL).
[p 247] Introducción
Segunda Epístola de Pedro [p 248]
Bosquejo A. ¿Quién escribió la epístola?
B. ¿Cómo se relaciona la epístola con otros libros? C. ¿Quién recibió la epístola?
D. ¿Cuál es el propósito de 2 Pedro?
E. ¿Cuándo y dónde fue escrita la epístola? F. ¿Cuál es el lugar de la epístola en el Canon? G. ¿Cómo podemos bosquejar 2 Pedro?
[p 249]
E
l encabezamiento de esta epístola presenta varias posibilidades: “Segunda Carta de San Pedro” (DHH, NTdT), “Segunda Epístola Universal de San Pedro Apóstol” (VRV), “Segunda Epístola del Apóstol San Pedro” (BdA) o “Segunda Epístola de San Pedro” (BJer). Para el traductor, la elección depende del texto de los manuscritos griegos. Si adoptamos la regla de la lectura más breve como indi- cación del texto más original, entonces nos inclinamos por 2 Pedro. Sabemos que los escribas de la anti- güedad tenían una tendencia a añadir al texto, pero aborrecían quitarle algo.No obstante de la redacción exacta del título, el libro pertenece a la categoría de las ocho cartas que conocemos bajo el nombre de Epístolas Generales (Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2 y 3 Juan, Judas) que fueron enviadas a iglesias e individuos. Estas epístolas circulaban entre las iglesias.
La epístola lleva, además, el nombre de Pedro, a quien se conoce por los Evangelios y Hechos como portavoz de los apóstoles. A pesar de esta autoidentificación o quizá a causa de la misma, los eruditos han debatido el tema de su autoría. Durante siglos, han preguntado si fue realmente Pedro quien escri- bió esta carta o si lo hizo una persona que asumió su nombre.
A. ¿Quién escribió la Epístola? 1. Nombre
Un examen de los libros y artículos escritos en el siglo veinte nos indica que esta epístola ha sufrido negligencia de parte de los expertos. Esta negligencia puede atribuirse a la opinión, prevaleciente entre muchos eruditos, de que el apóstol Pedro no fue quien escribió esta carta. Estos afirman que fue un es- critor de la parte final del siglo uno o del principio del siglo dos quien tomó el nombre de Pedro y escri- bió esta epístola. Por otra parte, los eruditos que aceptan su autoría apostólica tampoco le han prestado suficiente atención a 2 Pedro. Es lamentable, entonces, que “la epístola que en nuestro canon histórica- mente ha sido atribuida al apóstol Pedro haya sido la que probablemente haya recibido la menor aten- ción experta durante el siglo veinte”.380
[p 250] La elección que los eruditos enfrentan está entre aceptar la autoría apostólica o proponer que 2 Pedro fue escrita por un escritor bajo el seudónimo del apóstol. Pero antes de llegar a decisión alguna acerca de este asunto, deseamos examinar lo que el escritor mismo afirma en su saludo inicial y en el resto de la epístola.
El escritor se identifica personalmente al comienzo mismo de la carta. Se autodenomina Simón Pe- dro, que en los mejores manuscritos griegos aparece como Simeón Pedro. Esta última combinación es peculiar; el único otro lugar en el que se usa el nombre Simeón para denominar a Pedro es Hechos 15:14. En la segunda epístola de Pedro, sin embargo, se usan los dos nombres, Simeón Pedro, para identificar al apóstol. El nombre Simeón es típicamente de corte hebreo y era el nombre del anciano judío que ben- dijo a Jesús en el templo (Lc. 2:25–35), de uno de los antepasados de Jesús (Lc. 3:30) y del profe-
ta/maestro judío a quien llamaban Simeón Niger en Antioquía (Hch. 13:1).
En tanto que 2 Pedro 1:1 tiene la combinación Simeón [Simón] Pedro, 1 Pedro 1:1 comienza con Pedro como único nombre.381 La combinación Simeón Pedro no aparece en ninguna otra parte, ni siquiera en la
literatura posapostólica. Sin embargo, desde el punto de vista humano el escritor prefiere usar el nom- bre hebreo Simeón porque dicho nombre le es querido.
2 Función
El escritor se presenta como “siervo y apóstol”. El término siervo es una expresión general que en el contexto de la iglesia es aplicado a los apóstoles y a los ayudantes apostólicos. Para ser más específico, el escritor agrega la palabra apóstol para indicar que él es uno de los doce discípulos de Jesús. Es decir, por ser apóstol, Pedro ha recibido su autoridad de Jesucristo, quien lo envió como representante suyo. Como apóstol, Pedro presenta el mensaje de quien lo enviara, razón por la cual él habla en su epístola con la autoridad de Cristo. Jesucristo delegó su autoridad en los doce apóstoles y en Pablo para que hablasen en su nombre.
La carta de Pedro es una epístola que encuentra su origen en la autoridad que Jesucristo les otorgó a los apóstoles. Desde el punto de vista negativo, la expresión apóstol significa que esta epístola no fue escrita sin autoridad divina. Desde el punto de vista positivo, la misma significa que Pedro actúa como portavoz de Jesucristo. Por todo lo antedicho, este término no debe ser tomado a la ligera, ya que tiene incumbencia en cuanto a la autoría de 2 Pedro.382
[p 251] 3. Ejemplos
A lo largo de la epístola Pedro hace alusiones a sucesos que nos son conocidos de los evangelios. La redacción precisa difiere considerablemente de los acontecimientos que se registran en los evangelios. Esto no es de por sí sorprendente, porque Pedro no necesita apoyarse en otros para tener información relevante. El fue testigo ocular; todavía podía oír las palabras de Jesús sonar en sus oídos, por así decir- lo. El relata con sus propias palabras los detalles de estos sucesos.
Uno de los ejemplos es el recuerdo que Pedro tiene de la predicción de Jesús acerca de la muerte del apóstol (1:14). Pedro no tenía necesidad de atenerse al testimonio de otros para dar los detalles de esta predicción. De hecho, el relato de Juan 21:18 no fue escrito sino hasta décadas después de la muerte de
381 La combinación Simón Pedro aparece dos veces en Mateo, una en Marcos, dos en Lucas, diecisiete veces en el Evan-
gelio según Juan, tres veces en Hechos y una en 2 Pedro.
382 La literatura acerca del tema apóstol es abundante. Referirse a William Childs Robinson, “Apostle”, ISBE, tomo 1, pp.
192–95; Karl Heinrich Rengstorf, TDNT, tomo 1, pp. 407–45; Donald Guthrie, New Testament Theology (Downers Grove: Inter-Varsity, 1981), p. 769.
Pedro. Pedro sabía que su partida de esta vida era inminente, por lo cual escribió que su cuerpo físico pronto tendría que ser descartado.
Otro ejemplo de los recuerdos de Pedro tiene que ver con su presencia en el Monte de la Transfigu- ración, en el cual Jesús fue glorificado en presencia de Moisés y Elías (1:16–18). El relato de Pedro difiere del que encontramos en los evangelios (Mt. 17:1–8; Mr. 9:2–8; Lc. 9:28–36). Pedro no menciona en su epístola a Moisés ni a Elías. Tampoco repite lo que entonces dijera, y que está registrado en los evange- lios sinópticos, acerca de levantar tres tiendas. En el texto griego, las palabras: “Este es mi Hijo amado con quien estoy complacido” (1:17) difieren de las que encontramos en los evangelios.
También falta la exhortación a él oíd (Mt. 17:5, VRV). Pedro recuerda las palabras de Dios Padre que están escritas indeleblemente en su mente. Aunque el escritor de 2 Pedro podría haber recibido su ma- terial de alguna fuente oral, “es mucho más natural suponer que este es el relato de un verdadero testi- go presencial”.383
Otro ejemplo, el tercero, es el conocimiento que Pedro tiene de Pablo, a quien llama “nuestro queri- do hermano” (3:15). Pedro sitúa las epístolas de Pablo a las misma altura del Antiguo Testamento y las llama, por ello, Escritura. Para Pedro, tanto los escritos de los profetas del Antiguo Testamento (c.f. 1:21; 1 P. 1:11–12) como los de los apóstoles del Nuevo Testamento constituyen Escritura. Pedro da a enten- der que, en razón de su apostolado, sus epístolas también son Escritura inspirada y portadoras de auto- ridad. Pedro conocía el contenido de las cartas de Pablo y expresa su opinión acerca de las dificultades que alguna gente encuentra para [p 252] interpretar dichas epístolas. Por supuesto, no encontramos evidencia de que Pablo esté vivo. No es Pablo sino sus escritos lo que están en consideración. Con todo, la expresión nuestro querido hermano demuestra con seguridad que los lectores conocían a Pablo perso- nalmente, Es posible que aunque Pablo no haya evangelizado su zona, él los haya visitado.
4. Objeciones
Acerca de la autoría de 2 Pedro existen solamente dos opiniones, y ellas afectan la interpretación de esta epístola: o bien Pedro escribió esta carta o nos llega en forma seudónima de la mano de un falsifi- cador o de un secretario. Los eruditos que objetan la autoría petrina señalan numerosos problemas en la epístola. Estos problemas son significativos y merecen una seria consideración. Pero aunque algunos escritores están absolutamente seguros de que Pedro no puede ser el escritor de esta epístola, la eviden- cia que ellos presentan no es convincente.384
He aquí algunas de las objeciones que los estudiosos aducen:
Nombre
La combinación de nombres, Simeón Pedro, es prueba de que es un falsificador el que escribe. Un es- critor seudoepigráfico ha escogido esta combinación para hacer que la carta parezca auténtica. Pedro o es conocido por el nombre de Simón, o por el nombre que le diera Jesús, Pedro, o por el nombre arameo de Cefas, pero no es conocido como Simeón (aparte de Hch. 15:14). Sin embargo, el uso de “Simeón Pe- dro” en vez de “Simón Pedro” es más probable que venga del apóstol mismo que de un falsificador. Si tenemos en cuenta el saludo de 1 Pedro 1:1 (“Pedro”) y la referencia a una primera epístola (2 P. 3:1), cabría esperar que un falsificador usara la forma más simple de Pedro que la combinación Simeón Pedro.
383 Donald Guthrie, New Testament Introduction, rev. ed. (Downers Grove: Inter-Varsity, 1971), p. 831.
384 Consultar Richard J. Bauckham, Jude, 2 Peter, serie Word Commentary, tomo 50 (Waco: Word, 1983), p. 159; N. D.
Kelly, A Commentary on the Epistles of Peter and Jude, serie Thornapple Commentary (1969; Grand Rapids: Baker, 1981), p. 235.
Escritos
Algunos eruditos opinan que la redacción de 1:15 representa un esfuerzo por parte de un falsifica- dor para vincular el Evangelio según San Marcos con Pedro. Pero esto es una suposición. El texto mis- mo es demasiado indefinido como para determinar si el escritor se está refiriendo a las declaraciones doctrinales que ha subrayado anteriormente, o a una carta que se ha extraviado, o a una carta que tuvo la intención de escribir, pero que no llegó a concretar. No estamos en condiciones de determinar la na- turaleza del instrumento escogido para ayudar la memoria del lector.
[p 253] El segundo punto que se utiliza para refutar la autoría apostólica es la declaración del escri- tor que esta carta es la segunda que ha escrito (3:1). El supuesto detrás de esta argumentación es que el autor seudónimo desea vincular su carta con la primera epístola de Pedro. Sin embargo, si Pedro es el escritor de ambas cartas, los lectores esperarían que lo más natural sería que él lo mencionara. Este ar- gumento, en lugar de refutar que Pedro sea el escritor de 2 Pedro parecería confirmarlo.
La última objeción tiene que ver con la referencia del escritor a las epístolas de Pablo. Estos escritos, dicen los expertos, no fueron incorporados al canon sino hasta las últimas décadas del primer siglo. Pe- ro Pedro murió durante el reinado de Nerón, razón por la cual nunca podría haber escrito 2 Pedro. Esto, sin embargo, es cuestionable. Por ejemplo, ¿qué prueba tenemos de que las epístolas de Pablo no hayan sido aceptadas como Escritura sino hasta las últimas dos décadas del primer siglo? Pablo mismo da tes- timonio de que sus cartas tenían autoridad divina. El dice a los corintios que les hace llegar su mensaje “no con palabras enseñadas por sabiduría humana sino con las que enseña el Espíritu” (1 Co. 2:13). Además, Pablo responde positivamente a aquellos corintios que demandan “prueba de que habla Cristo en [él]” (2 Co. 13:3). También alaba a los tesalonicenses por recibir su enseñanza “no como palabras de hombre, sino como lo que en realidad es, palabra de Dios” (1 Ts. 2:13). La evidencia a favor de una aceptación de las epístolas de Pablo apunta a una fecha temprana más que a una tardía.
Fecha
El debate acerca del origen de 2 Pedro se centra en la cláusula desde que murieron nuestros padres (3:4). Si la expresión nuestros padres se refiere a los cristianos de primera generación que han dejado la escena, entonces el escritor está escribiendo durante los últimos veinticinco años del primer siglo. Dado que el apóstol Pedro murió durante la época del emperador Nerón, es decir, antes del año 68 d.C., algunos eruditos consideran que este versículo (3:4) es una prueba positiva de que la carta es seudónima. Sin embargo, ya durante el segundo viaje misionero de Pablo (50–53 d.C.), los cristianos de Tesalónica le preguntaron a Pablo qué sucedería con “los que duermen” (1 Ts. 4:13). Pablo respondió diciendo que “Dios traerá con Jesús a los que durmieron” (v. 14). Suponemos que la pregunta acerca del fallecimiento