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Psicología y ajedrez

El sexismo y el hecho competitivo en ajedrez

Pese a que, hoy por h oy, sea incierta la causa por la cual los

hombres y

las mujeres difieren en

tiempo o en prioridad destinada

al ocio o a las aficiones, resulta cla ro que los factores sociocultura­

les, en mucha más medida que los aspectos biológicos, influyen

como razón para jugar al ajedrez.

Mónica L. Ruz Cal ifornia (1 996)

La m inoritaria prese ncia fem enina cerca de los tableros de ajed rez es uno de l os temas de debate más complejos que ha acom pañado a lo lar­ go de décadas el entorno ajedrecístico y con el que, desde e l terreno educativo, entra mos necesa riamente e n contacto en el ca min o hacia u na sociedad m ixta e igua l ita ria .

Los tópicos y tradiciones sociales existentes durante m ucho tiempo h a n supuesto q u e cuando se habla de ajedrez, habitualm e nte, se desa­ tie nde a l as n i ñ as y a las m ujeres de pensam ientos y pala bras. G u ien es­ cucha hablar de dos adversarios, casi siem pre se imagina hombres; q u ien se e ntera de alguna cosa sobre una e ntidad ajedrecista, se fig u ra un círculo masc u l ino; cua ndo se habla genérica mente siempre se util iza el voca blo

j

ugador, como s i nunca hu biese sido consciente del hecho de que también hay jugadoras. Es cierto que las m ujeres juega n , en general, peor y por desgracia, este j u i cio se h a generalizado. Esta ú lti m a conclu-

LA E SC U E LA . PROG RAMAOON DE C O N T E N I DOS C L; LT U RA L f: S 1 43

sión es extra ñ a , pues se trata de una disciplina en la que l a fue rza corpo­ ral no es preponderante . El a rgumento de que todo trabaj o i n telectual in­ tensivo com porta un esfuerzo corporal, no resulta el caso, por cuanto hay hombres delgados que también consig uen un a lto re ndi miento en aje­ drez, y las m ujeres ya no son tan tiernas y frág iles. La memoria y la inte l i ­ gencia, l a voluntad y la tenacidad se reparten entre am bos sexos. L a in­ tuición y la fantasía siguen encontrá ndose más cerca de l as m ujeres. Visto así, este fenómeno no debería producirse.

Vayamos pues, paso a paso , a enu merar algu nos e l emento s de criterio que nos perm ita n responder a este plantea miento.

El efecto hormonal

La posibilidad de que los nive l es de testaste rana tengan e fecto en e l jugador d e ajed rez h a sido i ntroducida recientemente. La hormona tes­ tostero n a se encuentra re lacionada con la agresividad y se produce consi ­ derablem ente más en l os hom bres que en las mujeres. Tenemos los estu­ dios de Al lan Mazu r, Alan Booth y James M . Dabbs J r.'n. sobre la testos­ terona y sus efectos en la co mpetición de ajedrez . Éstos com probaron

que el ho mbre produce más testoste rona que la mujer y basaron su ex­ peri m entación en las medidas de l os n iveles hormonales.

Para su experimento tomaron m uestras de sal iva de los sujetos mien­ tras duró u n a competición. La m uestras fueron ext raídas el d ía anterior al

torneo, por las mañanas de cada p artida en el momento a ntes de empe­ zar y después de finalizar cada p artida .

En e l seguimiento d e d os torneos se co m probó q u e había algunos ju­ gad ores que tenían m á s al tos niveles d e testoste rona que otros el día an­ tes d e comenzar el torneo, y que los que man ifesta ban este increm e nto antes de em pezar la p artida ganaban. Después de la partida. los ganado­ res experim entaban otro incremento en testosterona , especial mente la ma ñana después de la victo ria. El oponente era verdaderam e n te un « per­ dedor», ya que después del encuentro reg istraba un sign ificativo d esce n ­ s o en s u s n iveles d e testosteron a .

Llegaron a la conclusión d e que cua ndo los hom bres anticipaban retos, sus n iveles de testosterona se pre paraban para un a lto nivel de competi­ ción. El incremento del nivel de testosterona refuerza el dom i n io cond uc­ tista y ayuda a ganar la competición. El incremento de este n ivel después

de una partida ganada anima a l jugador a nuevas metas . Los perdedores, por otro lado, experimentan una caída en estos niveles como u n comp l e­ mento indisociable de su derrota . Esto tal vez los desanima y eventu al­ mente podría l levarlos a dejar esa co mpetición defi nitiva mente .

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Esto no sig nifica que el nivel hormonal dete r mine q uién ga nará la com p etición de ajedrez, pero podemos suponer que los mecanismos hormonales son un i m po rtante componente . El nivel de testosterona pre­ sente en los hom bres post-adolescentes es aproximadame nte 10 veces superior el de las m ujeres. Ante esto, si los niveles de testostero na ayu­ dan a prepa rar a los j ugadores para la com petición y si rven de ayuda pa­ ra ganar, entonces este argume nto podría ser util izado para explicar que l a participación de l os hombres en el ám bito de l ajedrez se a mayorita ria .

Implicaciones de la inteligencia espacial

La hipótesis de que la habilidad de jugar a ajedrez req uiera un tipo particular de inteligen cia -la h a b ilidad visio-espacial- fue sugerida e n el análisis de las habilidades de «practicar el ajedrez» de Chase y Simon ( 1 973f4J . Ellos llegaron a la conclusión, como ya se ha especifica do con a nteriori dadr que la mayor habilidad en el n ive l de ajedrez se fu ndamenta en el reconocim iento de m ode los obte nidos en posiciones anteri ores.

Tam bién hemos contrastado que a l gunas experiencias en la investiga­ ción sobre las habi lidades de l os jugadores de ajedrez e n relación con as­ p ectos particulares de la inteligencia, llevaban a relacionar a los jugado­ res expertos con determ inados incrementos del nivel de co eficie nte inte­ lectua l (el).

H ay en ajedrez un n ú mero de modelos de posiciones ventajosas; por eje mplo, dobles a m enazas, clavadas, cadenas de peones, torres con do­ m i n i o de col u m na , alfi les dom in ando di agonales y muchas otras. Se co­ noce que e l buen j ugador tiene entre 1 0. 000 y 1 00.000 de estos mod elos ventajosos alm acenados a largo término en algún lugar de la memoria vi­

sio-espaci al. Lo más favorable para e l com petidor consiste en visual izar la presente posición que hay en el ta blero de aje drez y poder tra nsform arla m ental mente en uno o más movimientos hacia aquel los m odelos ventajo­ so s conocidos y seleccionar la mejor decisión de entre las numerosas al­ ternativas. Esto req u iere u n ejercicio mental de modelos espacia les y , por supuesto, una considerab le habilidad visio-espacia l .

En esta l ínea, Fryd man y Lynnll5) condujero n u n experimento c o n 3 3 jóvenes ajed recistas ( 4 chica s y 29 chicos) que participaron e n un torneo de ajedrez en Bélgica . El n ive l de «rating» del m ismo era m uy d iscreto (Elo = 1 .450); pero l os p a rticipantes pasa ron tests el y los resu ltados fue­

ro n partidos en 3 secciones; escala completa el, verbal y transformación e l .

El estudio d e l os resultados sugirió q u e e l buen nivel d e ajedrez re­ qu iere bue n a inteligencia en general y muy considerable habilidad visio-

LA ESCUélA. P RO GRAMACON DE C O N T E N IDOS C U LíURALES 1 45

espaci a l . Otro argumento que de nuevo aparecía en la concl usión fue que jugar a ajed rez desarrolla las habil idades visio-espac iales. Esto signifi­ caba que la razón de que los j ugadores de ajedrez tengan a lta habilidad visio-espacial es p recisamente porque juegan a ajedrez; e s decir, s e pro­ duce un feed-back.

Hay también estudios sobre las diferencias entre las habilidades cog­ nitivas en el hombre y la m ujer. De la búsqueda sobre este objetivo, las dos conclusiones más consistentes han sido que l os ho mbres tienen me­ jores habi lidades visio-espaciales después de la edad de ocho años y que los hombres s o n más agresivos que las m uj e res. Se ha encontrad o que no h ay d iferencias n i en e l á rea de aprendizaje n i en la memoria entre los hombres y las m ujeres; pero sí sutiles diferencias e n las destrezas verbales y cuantitativas. La mujeres tienen una l eve ventaja en las destrezas verba­ les y los hombres, también leve, e n las destrezas cuantitativas. Estas d ife­ rencias pueden ser también atribuibles a los efectos sociales y a mbienta ­ les, p ero a u n así, l a s diferencias s o n t a n pequeñas q u e no cabe tene rlas en consideración. Los c hicos son lanzados por naturaleza m ientras que las chicas pueden estar su gestionadas socialmente.

Esta ventaja en la inteligencia espacial de los hombres aparece ta m­ bién en una co nclusión reflejada desde e l experimento en Bélgica sobre los jugadores de ajedrez (los expertos de ajedrez requ ieren u n a buena in­ teligencia, en genera l , y u nas fir m es habilida des visio-espacia les); y esto podría exp li carnos alguna cosa sobre por qué el ajedrez se encuentra más concurrido por hombres y, en c ambio, las mujeres tienen menos in­ clinación para partici par en esta actividad.

La agresiva y competitiva naturaleza del ajedrez

La com petición es, a men udo, categorizada como una meta de estruc­ tura victoria-derrota y también como una estrategia de motivación e n psi­ copedagogía. Con el énfasis actual en la cooperación y l a colaboración e n la preparación pedagógica y fi losófica de los m aestros y subsiguiente exclusión de la competición, el péndulo puede haberse decantado n u e ­ vamente demasiado lejos en una dirección y a l g u n a cosa vita l puede per­ derse en la enseñanza y en el proceso de aprend izaje. Al contrastar la psi­ cología educativa , nos es necesario m i rar los aspectos positivos y negati ­ vos de la colaboracíón, de estrategias de competición y cooperación, y sus apropiados propósitos y usos ."':,

En un aula, y concretame nte con e l j uego de ajedrez, la com petición p uede ser buena para alg unos n i ños, pues no todos progresan en este terreno hacia el éxito. Antes ya hemos citado que la competición no se

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prod uce exclusiva mente respecto a los otros sino respecto a uno mismo para mejorar la propia clasifica ción, de tal modo que ra ra vez perd u ra una sensación de fracaso. Por otra parte, es cierto que esta rea lidad compe­ titiva será muy probablem ente u na rea lidad en su vida cotidiana del ma­ ñana. Otra enseñanza que aporta desde este p u nto d e vista es la inclina­ ción natural (o i nfl uida) de respeto entre los dos adversarios consecuen­ cia del contacto inmediatamente poste rior a la partida. Es decir, es n ece­ sario que en e l juego del ajedrez se produzca una competencia cortés o

educada.

El ajedrez es un j uego de competición cara a cara , la m eta del cual es ganar al adversario; a partir de aquí podemos asu m i r que el ajed rez es un j uego agresivo y com petitivo. De todas las d iferencias d e género asumi­ das, la más común y consistente es que l o s hom bre tienen más agresivi­ d a d . Los hombres suelen co nsidera rse m ás agresivos que las m ujeres. Aprenden un co mportamiento más ag resivo y normalmente lo manifies­ ta n . Curiosa mente, también las mujeres aprenden coti d ianamente la agresividad en el mismo grado que los hom bres, pero es más improb able que la reflejen en su comportam iento.

Esto nos lleva a la conclusión de que en rea l i dad l os homb res y las m uj e res son más bien parecidos que no difere ntes en su comporta mien ­ t o agresivo. Las mujeres están m á s inclinadas a tener acciones pu ntuales

de moderada agresividad mientras que los hombres t ienden más a ma­ nifestarla más constantemente y ta l vez esto los lleva a sentir u n m ayor d eseo por los j uegos como el aj edrez, actividad q u e por su d i ná m ica re­ q u iere una persiste nte tendencia a la agresividad asociada al ren d i m ien­ to d e n ivel.

Visiones históricas y sociales del ajedrez

El ajedrez suele se r visto como un j uego i ntelectual j ugado en un sen ­ cillo tablero co n sim ples piezas. A esto cabría añadir q u e e s una lucha e n ­ tre d o s mentalidades. No hay movimie ntos físicos excepto mover l a p ieza y apretar el reloj con la misma mano.

El estereoti po tra dicional del jugador d e ajed rez es aproxi madamen­ te: hombre, i ntel igente y aislado del m u ndo que lo envuelve. El ajedrez, para algunos, es una p rofesió n sin nombre, de beneficio i nterior, conside­ rando la escasa rem u neración y estatus de reconocim iento . A lo largo de m u chas décadas ha sido estereotipado por algu nos que el aj edrez es un j uego de gente insa na, sin fa ma n i fortu na.

¿Por qué l as personas, especia lmente hombres, s e comprometen se­ riamente con el ajed rez? Numerosos jugadores se obsesionan con este

LA ESc u E. LA . P R O G R Alv1 A C I O N DE C O N T E N I DOS C U LT U K A LES 1 47

j uego y, afortu nadamente en m uy pocos casos, l legan a sufr ir adicción .

Esta devoción expl icaría por qué a l g u nas personas, con muy altos niveles de coeficiente de inteligencia o excelentes p erspectivas laborales, b us­ ca n en el aj edrez su profesión aunque les resu ltaría más fácil o más segu­ r o esta b lecer con éxito ca rreras p rofesionales e n una actividad socialmen­ te más clásica o re munerada . Pe ro éstas son y a cuestiones totalmente particulares inherentes a la pe rsona lidad de cada i ndividuo.

A mayor igualdad social, mayor participación femenina

En los ú ltimos años se ha producido un incremento en e l n ú m ero de

m ujeres comprometidas con el ajedrez. Por el contrario, las op iniones

gratuitas al respecto de algunos a utores vinculados al ám bito del ajedrez en claro detrimento de la mujer h asta la línea del machismo no han ayu­

dado demasiado a favorecer la igualdad .. ¿�'; Otros han querido esquivar

premed itadamente la polémica cuestión y no han q uerido pronunciarse.

Sobre este tem a de debate y con a rgumentos en favor de l a igualdad

cabe citar al educador de ajedrez Josep Melendres, q uien en un estudio sobre «educación no sexista» desde la óptica del ajedrez se expresaba con los siguientes térm inos::l'" «Cierta m ente, las mujeres no han jugado, no jue­ gan al ajedrez. Quienes conocen el juego, lo practican bien poco. Los ta­ bleros, más cerca de la mesa del bar o del casino que no de la cocina o del

mercado, han sido siempre reductos de los hombres. Los juguetes y los

juegos de reflexión, de lógica, de construcción de estructuras . . . han sido si­ glos allá, acaparados por los niños. Sus hermanas tenían otras cosas para jugar, otras cosas para aprender. La adecuación al rol social que correspon­

de a cada sexo ha alejado a las niñas del tablero y de muchas otras activi­

dades intelectuales. Por otra parte, la educación que reciben hace que ac­ túen más enmarcadas dentro de su género. A Jos niños, en cambio, se les

potencia más su individualidad. Con todos estos factores encima del table­

ro, ¿quién jugará, pues, con más ventajas? la literatura y la historia han ido

modelando, en el transcurso del tiempo, la forma y la simbología de las

piezas. La partida, vista como una batalla, ha llenado demasiadas páginas y

ha dado al ajedrez un contexto de agresividad y de lucha que tampoco ha

facilitado el acercamiento de las mu

j

eres al tablero .. . »

y es muy cierto que muchas personas viven todavía pensando con es­ tereotipos que diferencian rigurosamente los ({trabajos de hombres» co­ m o los médicos, ingenieros, etc ., del «tra bajo de mujeres », las comadro­ nas, secretarias, servicio doméstico, etc.

La división de tareas l a borales ha p rovocado en buena parte las dife­ rencias de estatus entre l os sexos. Los hom bres y las m ujeres asumen

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d i ferentes roles socia les en n uestra socied ad. El ajedrez, por todo lo di­ cho anteriorm ente , forma parte de los ro les masculinos. E l conju nto ge­ n eral de m ujeres ha asu m i d o sus roles y ha d ejado a los hombres jugar a ajedrez. Ahora, con las largas perspectivas de vida, l a d i sminución de l a natalidad ju nto con la creciente desapa rición de las tradiciona les pre­ s iones socia les, l a mujer ha accedido a proyectos perso na les que de a n­ taño n i se p l a ntea ba y. consigu ientemente, puede asu m i r con más l iber­ tad su posición soci al y l abora l . En gen era l . no hay hoy en día u n a c lara justifi cación para l a d ivisión de tareas laborales y el tiem po irá acaban­ d o co n la división estereotipada de «trabajo de h o m b res» y «trabajo de m ujeres » .

Esto l o corrobora el interesante experim ento The effect of learning ta

play chess on cogn itive, perceptual & emocional development in chi/­

dren rea l izado por Steven Fried y Norman Ginsburg , según e l cua l la

p redisposición a l mejor rendimiento en ajedrez por p arte de los n i ños es debido a factores d e psico logía socia l y n o a aspectos d iferenciales in he­ rentes o a h abilidades cogn itivas.

En conclusión. este dominio del m undo del aje drez por parte del hombre ¿es algo psico lóg ico o es algo social?

Podem os pensar que es un conj unto de aspectos de las dos cosas. Hemos comprobado que los aspectos psicológ icos que i nfl uyen al jugar a l ajedrez son leves y probablemente tan só lo inclinan a los hombres a participar en j uegos como e l ajedrez. En cambio, los efectos socia les so­ b re las d iferencias de género en ajedrez han sido una realidad.

Los hombres tienen u n a tendencia a demostrar u n com porta m iento más agresivo. La mujer había aprendido a no ser agresiva, pero ahora ya no es lo mismo. La educación es más pl ural izada y es socialm ente in acep­ tab le no co nsidera r a una m ujer igual que a un hom bre. Todo quiere un tratam iento igualita rio. Hemos visto también que los estud ios sobre la in­ tel igencia espacia l y los niveles de testosterona i mplican a lg unos aspec­ tos psico lóg icos en el tema, pero estas diferencias entre los géneros no son significativas . Las diferencias psicológicas, por tanto, pueden ser ven­ cidas con duro tra b ajo y vol u ntad .

Los efectos soci ales h a n sido y aún son m ucho m á s influyentes. D e h e c h o , está ocurriendo l o s ú ltimos años que las muj e res s e i m p lican, ca­ d a vez en más n ú m e ro , en el ajed rez como no había ocurrido antes. Que l a m ujer l l eg u e a i g u a l a r o a su perar el nivel de los h o m bres es i m ­ p revisi ble, pero, a l me nos p o r a hora, está claro que s e ha in iciado u n proceso d e i g u a ldad soci a l . ¿Será l a rgo este p roceso?Lltl' No l o podemos sa ber.

Que el número d e m ujeres que pertenecen a tra bajos tradi cional­ mente «de hombres» vaya in crementán dose y a l mismo tiempo lo haga

LA hCl J C c.J\ . PRU(:;�AMACION DF CO\¡TFNI[)OS C U LT U R A L E S 1 49

ta m b i é n e i n ú mero de m ujeres que practi ca n aj edrez son se ñ a les muy i m p ortantes en el c a m i n o hacia una sociedad i g u a l itaria entre los dos g éneros.

Desde e l punto de vista ed ucativo, el trata mie nto p l u ra l izado en el aula, el mante n i m iento del interés y la motivación entre la participación

fe menina y los inte ntos de mejora de l a imagen social del ajedrez habrán de suponer en u n fut uro no m uy lejano la red u cción de las d ista ncias ac­ tuales.

Subapartado:

Una enraizada y milenaria tradición por el juego del ajed rez,

testimonio vivo de la historia de un pueblo

El conocimiento de la pequeña población alemana de Stróbeck puede res ultar una de las más enriquecedoras experiencias q ue se pueden vivir hoy en día en relación con el á m bito educativo y cu ltural del ajedrez.

Este so rprendente pue blo de la región de la Alta Sajonia, muy cerca de la ciudad de H a l bersta dt, puede enorg u l l ecerse d e haber otorgado a l ajedrez u n papel de a bsol uta relevancia a l o larg o de casi 1 .000

añ os.:]l.

Es en la obra Man ual

de Ajedrez

de Paluzie ( 1 91 2) donde se puede encontra r l a refe rencia más extensa e n lengua española . );>! E l ap artado