• No se han encontrado resultados

RACKER, HEINRICH

In document 3-vocabulario-psicologia[1].doc (página 164-173)

ENERGÍA PSÍQUICA

RACKER, HEINRICH

R. Horacio Etchegoyen

[psicoan.] (1910-1961) La vida de Heinrich Racker, breve y rica, no se presta a una descripción lineal. Se compone de un entramado de actos de creación y singulares acontecimientos existenciales, donde resuenan momentos de dicha con penas y sinsabores que su espíritu supo enfrentar con templanza y serenidad. Voy a tratar de exponer la biografía de Racker en la unidad de su diversidad, como él solía decir en sus escritos. La familia originaria. A comienzos de siglo Naphtali Meyer Racker y Ella Spiegel vivían en Neu-Sandez, una pequeña ciudad de Polonia, que después perteneció al Imperio Austro- Húngaro, y allí tuvieron sus hijos: Miriam (1908), Heinrich (3 de julio de 1910) y Efraim (1913). En 1914, al estallar la I Guerra Mundial, los Racker decidieron emigrar y se trasladaron a Viena. Naphtali y Ella lucharon duramente para establecerse en una Viena imperial, orgullosa y antisemita, y lograron dar bienestar a su familia y estudio a sus hijos. Naphtali era un hombre culto que llegó a ser un próspero comerciante y, al mismo tiempo, dirigía un periódico sionista de prestigio. Su situación económica empeoró durante la crisis de 1928, pero sus tres hijos pudieron cursar el Gymnasium sin dificultades y se graduaron en la universidad. Heinrich y Efraim tenían grandes afinidades culturales: querían ser médicos y amaban el arte: Heinrich, la música; Efraim, la pintura. En su camino a la Universidad pasaban a diario por Berggasse 19, donde estaba trabajando Sigmund Freud. Largas noches se juntaron en aquellos años para hablar de psicoanálisis. La vocación por la medicina y el psicoanálisis pudo haber sido el campo común para ambos; pero el azar de la vida los llevó por caminos diferentes. Desde niño Heinrich se reveló como muy inteligente y con singulares dotes musicales, que florecieron en su adolescencia. Ya a los diecinueve años ejercía como profesor del Konservatorium, un honor muy grande, y más a esa edad. El gran maestro de la juventud de Racker fue Oskar Adler, hombre de gran cultura y músico sobresaliente, a cuyas clases de astrología Racker concurrió desde 1929 por varios años. Como dice en el

prólogo al libro de Adler (1956), lo que más le interesaba de la astrología eran sus contenidos psicológicos y caracterológicos. En esos años Racker estudió, también, profundamente a Freud y se internó en la literatura y la filosofía. Cuando los tres Racker entraron a la Universidad, la enfermedad del padre había arruinado las finanzas familiares, y el mayor de los varones tuvo que suplantarlo en diversas tareas. A pesar de sus deseos de estudiar medicina, Heinrich se inclinó por las humanidades, que también le atraían y le llevaban menos tiempo. Mientras Efraim estudiaba medicina gracias al sacrificio de su hermano, Heinrich abrazó las humanidades y, en 1935, se recibió de Doctor en musicología y filosofía en la Universidad de Viena. En los años siguientes, sin embargo, a poco que las cosas mejoraron, Racker volvió a los otros dos grandes amores de su vida. En 1936 fue admitido como candidato en el Instituto de Psicoanálisis de Viena y en 1937 entró a medicina. Aunque ensombrecidos por la larga enfermedad del padre y su muerte en 1937, estos años deben haber sido un momento de felicidad en la vida de Heinrich. Estudiaba medicina y su carrera psicoanalítica marchaba sin inconvenientes: estaba en análisis con Hans Lampl-De Groot, inició sus seminarios y hay constancias de que comenzó su práctica clínica. La fortuna, desgraciadamente, duró poco: en 1938 sobrevino el Anschluss. La diáspora. La invasión de Hitler hizo que muchos judíos abandonaran Austria para salvar la vida, y entre ellos los Racker. El primero en hacerlo fue Heinrich que, luego de pasar por Dinamarca y Uruguay, llegó a la Argentina en 1939 cuando tenía 29 años. Efraim Racker (1913-1991) huyó en cuanto alcanzó su título de médico. Se fue a Inglaterra y de allí partió para Estados Unidos, donde realizó una brillante carrera de investigador. Un tema de su principal interés fue la función del adenosín-trifosfato (ATP) en los procesos bioenergéticos que tienen lugar en mitocondrias y cloroplastos. Según su biógrafo y discípulo Gottfried Schatz, la comunidad científica internacional se sintió defraudada cuando el premio Nobel de Química de 1980 se concedió sólo a Peter Mitchell, aunque fue Efraim Racker el que confirmó experimentalmente la hipótesis de Mitchell sobre la bomba de protones que interviene en la síntesis del ATP. Puede decirse, entonces, que aquellos adolescentes que caminaban por la Berggasse en los años treinta estaban destinados a dejar una marca en la ciencia del Siglo XX. La Señora de Racker y Miriam también pudieron huir de Viena a tiempo. Ella se refugió con Efraim en los Estados Unidos. Miriam, que había estudiado filosofía en Viena, siguió los ideales sionistas de su padre y se exilió en Israel. Cuando Racker enfermó su madre estaba en los Estados Unidos, de donde finalmente se fue a Israel a reunirse con su hija, y allí las dos murieron. Un poco antes de la diáspora de los Racker, también vinieron a la Argentina los Tronquoy. Fleury Tronquoy fue un arquitecto muy distinguido que vivió en la Argentina desde 1906 a 1921 e hizo en nuestro país obras importantes, como la Basílica de Luján (o Mercedes). Casado con Jeanne Jannot, volvió a la Argentina en 1934 con sus dos hijos: Francis Henri (1923) y Geneviève (Noune), que nació el 11 de julio de 1925 y después se convirtió en la esposa de Racker. Noune hizo la carrera psicoanalítica en los años cincuenta, un poco antes que yo, y llegó a didáctica hacia 1963. Analizó en esos años a Lucía Martinto de Paschero, actual presidente de APA. Yo recuerdo a Noune como una candidata sobresaliente y llena de ingenio. La viuda de Racker se casó después con Emilio Rodrigué, otro psicoanalista destacado, y escribió con él en 1966 El contexto del proceso psicoanalítico. Yo pude acompañarla hasta la hora de su prematura muerte a los 46 años. Los primeros años en Buenos Aires Los comienzos de Racker en Buenos Aires fueron difíciles. Con un precario español y en medio de grandes dificultades económicas, se analizó con Ángel Garma, formado en el célebre Instituto de Berlín, que se había instalado en Buenos Aires el 24 de junio de 1938. Dicho sea de paso, Garma y Celes Ernesto Cárcamo, que se graduó en la Société Psychanalytique de Paris (SPP) y volvió al país en 1939, fueron los pilares del incipiente grupo argentino. En sus palabras de homenaje a Racker, Garma (1961) dice que lo analizó antes de que él pensara en hacer la carrera psicoanalítica, de modo que este análisis debe ubicarse en los primeros tiempos de Racker en Buenos Aires. Así lo confirma la documentada biografía de Cesio (1985), cuando dice que Racker se analizó con Garma por un año, 1940. Para hacer frente a sus gastos, y aunque Garma le cobraba generosamente un honorario simbólico, Racker se ganaba la vida enseñando piano y tocando en algunas fiestas familiares. Mi amigo Eduardo Issaharoff, hoy psicoanalista y epistemólogo brillante, dio su primer concierto de violín siendo niño acompañado al piano por Racker. A poco de llegar a Buenos Aires, Heinrich tuvo la suerte de establecer lazos de amistad con algunos vieneses cultos, que lo ayudaron. Entre ellos se destaca Ljerko Spiller, eminente músico y pedagogo, que había llegado a Buenos Aires en esos años. Entre los alumnos de música de Racker figuraron León Salganikoff, Jacqueline Amati-Mehler y Jeanine Herrmann de Chouhy Aguirre. Salganikoff se formó en la Argentina con De Robertis y después se fue a Filadelfia, donde llegó a ser un investigador famoso, que sigue todavía su labor. En la época que tomaba sus lecciones, Jacqueline estudiaba medicina en la Universidad de Buenos Aires; ya recibida se fue a Roma, donde se formó como psicoanalista y desarrolló una labor muy destacada, que continúa hasta la fecha. Jeanine recuerda vívidamente a Racker, lo mismo que su marido, el Dr. Santiago Chouhy Aguirre, médico ortopedista. Jeanine recibía clases de piano cuando Racker, recién casado, vivía en las proximidades de Santa Fe y Pueyrredón y siguió tomando clases cuando, hacia 1946, los Racker se mudaron a Charcas, donde yo iba a analizarme. Allí tenía Racker, pues, su consultorio de analista y su estudio de música. Los Chouhy Aguirre fueron íntimos amigos de los Racker y acompañaron con devoción a Enrique hasta la hora de su muerte, en su nuevo departamento de la calle Azcuénaga. Casamiento y

1942, también exiliada, y perteneció al grupo pionero de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), fundada el 12 de diciembre de 1942. En sus palabras de homenaje a Racker, Marie Langer (1961) dice que lo conoció en 1942. Es legítimo suponer, entonces, que Racker inició su análisis didáctico en esa época, lo que por lo demás coincide con Cesio (1961), quien dice que Racker empezó los seminarios en 1943 y los terminó hacia 1946. En 1947, cuando tenía 37 años, Racker fue designado miembro adherente de la APA. Desde entonces su carrera fue en constante progreso. En 1950 fue designado miembro titular y un año después llegó a didáctico. Mientras cursaba los seminarios, Racker conoció en unas vacaciones en el Uruguay a Noune Tronquoy, con quien se casó pocos meses después, en abril de 1944. Fue un amor a primera vista, intenso y romántico. En esa época de enamorado y candidato, Racker escribió su primer trabajo psicoanalítico, “Sobre los celos de Otelo”, que apareció en la Revista de Psicoanálisis de 1945. Es un estudio de los celos patológicos, donde Racker señala los elementos del drama que explican la personalidad de Otelo y abre una de las vías que ha de seguir su obra, con su persistente interés por comprender el arte y la cultura psicoanalíticamente. Este primer artículo se refiere, además, a los celos, tema que siempre ocupó a Racker y es conocida su aguda disección de la obra de Crommelynk (Racker, 1957). El ensayo insiste en que los celos derivan de la infidelidad homo y heterosexual proyectadas. Hay aquí una idea personal de Racker, que acentúa un tipo especial de relación de objeto, la infidelidad, y no sólo la proyección de la homosexualidad, que el genio de Freud había descubierto en las Memorias del juez Schreber (Freud, 1911). El artículo le da mucha importancia al complejo de Edipo y al deseo de robar la madre al padre o el padre a la madre; pero no vincula la tendencia al robo con la envidia, como había hecho Joan Rivière en 1932. Enrique y Noune tuvieron dos hijos, Daniel (Dani) y Diego (Jacqui). Daniel nació en 1945, estudió medicina en Buenos Aires y se dedica a la citología clínica. Está casado con Elena Beatriz Julvez, con la que tiene tres hijos, y vive en Escobar, en La Escoba, la quinta que había sido de sus padres. Jacqui es de 1950 y se fue a Francia a mediados de los setenta. Se dedica a la música y es compositor y guitarrista. Poco antes de su partida, me regaló el escritorio de su padre y los dos ceniceros de su consultorio, donde yo fumaba durante mis sesiones. Uno de ellos todavía lo conservo, el otro se lo regalé hace poco a Bernardo Álvarez Lince, distinguido analista colombiano a quien analicé en Mendoza en los años sesenta. Cuando estaba terminando sus seminarios y seguía dando clases de música, Racker escribió un libro poco conocido, Grandes maestros para la juventud, editado por Ricordi Americana en 1946. Lleva como subtítulo “30 obras originales recopiladas y revisadas, con análisis de las formas y notas biográficas de los autores”. El prefacio, fechado en mayo, señala que el texto se propone poner al alcance del alumno obras originales de los grandes maestros de la música y proporcionarle la oportunidad de una primera incursión en los diferentes estilos de la música pianística. Racker fue un virtuoso del piano y cultivó la música toda la vida. Fue alumno de la gran pianista vienesa Olga Novakovic, a quien recordó siempre con gratitud, lo mismo que a Oskar Adler, cuyo libro La astrología

como ciencia oculta se publicó en Buenos Aires en 1956, con un prólogo de Enrique Racker. Cesio (1985)

piensa que la afición de Racker por las ciencias ocultas se canalizó en el descubrimiento de la contratransferencia. El segundo artículo de Racker, “Sobre un caso de impotencia, asma y conducta masoquista”, con el que optó a la categoría de miembro adherente de la APA en 1947, apareció en la

Revista de Psicoanálisis el año siguiente. Aunque es una producción del Racker argentino, se refiere a un

joven austríaco de 20 años, Pedro, al que analizó en Viena durante quince meses hasta su exilio. Racker considera que el eje de la psicopatología de este analizado es su conflicto oral con el pecho que, convertido en la madre-Moloch, vacía y destruye al bebé. Este conflicto se traslada al plano genital, donde la vagina es una boca insaciable, que castra, vacía y mata. Pedro se defiende de estos peligros con la impotencia, que también satisface su masoquismo. Los mismos dinamismos explican el asma, con la introyección de la madre absorbente por vía respiratoria. En este escrito Racker se apoya mucho en Fairbairn, autor muy estudiado en Buenos Aires esos años, aunque discrepa con él en cuanto a la forma en que el objeto es destruído. Racker no piensa que el objeto (pecho) se destruye al incorporarlo sino a partir de la frustración. El lactante percibe su hambre como el deseo de la madre (la mama) de comerlo, y es frente a este peligro que surge el deseo erótico-agresivo de absorber totalmente al objeto. Esta

autoimago, como la llama Racker, se proyecta sobre el objeto que así se convierte en la madre-Moloch,

imposible de satisfacer y de ser amada. Este trabajo salió en la Revista de Psicoanálisis en 1948; poco después apareció el estudio sobre Wagner, riguroso y erudito, que se alinea con el de Otelo en el interés de Racker por iluminar las obras de arte desde el psicoanálisis. La contratransferencia. Racker era muy joven y no tenía mucha experiencia cuando presentó su primer trabajo sobre contratransferencia, el tema que habría de consagrarlo como uno de los analistas más originales y creativos en la historia de nuestra disciplina. La neurosis de contratransferencia se leyó en la APA en setiembre de 1948 y provocó una gran conmoción. Hubo analistas que comprendieron de inmediato que estaban frente a un aporte de primera magnitud; otros lo consideraron totalmente equivocado y no faltó quien dijera que, cuando un analista tenía “esos problemas”, lo mejor que podía hacer era reanalizarse. Racker no pareció arredrarse por aquellas críticas y siguió adelante. Es difícil decidir sobre el texto original de este ensayo, que no he podido hallar y me hubiera gustado leer en este momento; pero no hay duda que expone las ideas básicas de Racker sobre el tema, que se irán desarrollando a lo largo del tiempo. El trabajo sólo se publicó cinco años después, en 1953, en el International Journal of Psycho-Analysis con el título de “A

contribution to the problem of counter-transference” y en forma abreviada en la Revista de Psicoanálisis en 1955 como “Aportación al problema de la contratransferencia”. Cuando aparece, por fin, en los

Estudios sobre técnica psicoanalítica en 1960, vuelve a su título original, “La neurosis de

contratransferencia”, con el número V. Si tomamos el resumen que el propio Racker hace de la versión de 1955 (Revista de Psicoanálisis, 12: 498) y lo comparamos con lo publicado en 1953 y 1960, podemos decir que este trabajo trata del papel de la contratransferencia en el proceso psicoanalítico y de su influencia en la función del analista sobre la transferencia y sobre el proceso de transformación del analizado, destacando al analista a la vez como intérprete y objeto. La atención principal se dirige a la neurosis de contratransferencia, postulando que, así como la personalidad total del analizado vibra en su relación con el analista, su parte sana y neurótica, el presente y el pasado, la realidad y la fantasía, así también vibra el analista en relación con el analizado, con las características peculiares de su papel. [Estudios sobre técnica psicoanalítica, 1960, p. 128]. Se estudia el complejo de Edipo positivo y negativo del analista con su analizado, así como también sus ansiedades básicas y sus defensas. Considera finalmente algunos problemas especiales que derivan de la contratransferencia como obstáculo y como instrumento técnico que puede dar al analista evidencias de lo que le ocurre al analizado. Es interesante la posición que asume Racker en este ensayo frente a la resistencia del analizado. Coincide con Fenichel (1941) en que la resistencia, en cuanto se opone a la labor del analista, no puede dejar de despertar su enojo; pero la estudia no sólo como una respuesta racional sino también como una reacción paranoica del analista, que debe ser comprendida y despejada en función de la dialéctica transferencia/contratransferencia. El enfoque de Racker es verdaderamente revolucionario. En septiembre de 1950 Racker dictó en la APA una conferencia, “Aportación al psicoanálisis de la neurosis de transferencia”, donde incursiona en el tema de la contratransferencia y señala que ciertas reacciones contratransferenciales permiten deducir la situación psicológica del analizado y hace, también, uno de sus primeros comentarios sobre la estratificación psicopatológica. Esta conferencia nunca se publicó, pero Racker la cita formalmente en otro trabajo suyo. (Revista de Psicoanálisis, 9: 342-354, 1952). Creo posible que haya inspirado “Aportaciones al psicoanálisis de la neurosis de transferencia”, que se publicó póstumamente en la Revista de Psicoanálisis de 1961, donde Racker desarrolla sus ideas acerca de la estratificación psicopatológica sobre la base de un caso clínico, Paula. Este ensayo fue escrito seguramente antes del trabajo “Contribución al problema de la estratificación psicopatológica”, que leyó en la APA en 1953 y salió después en el International Journal of Psycho-Analysis de 1957 y en forma abreviada en la Revista de Psicoanálisis ese mismo año. En esta publicación hay un cambio, ya que Racker ubica como primer estrato la situación depresiva primaria, que coincide más con la enfermedad depresiva básica de Pichon Rivière que con la teoría de las posiciones de Melanie Klein. En el trabajo que se publicó póstumamente en 1961, Racker hacía partir la estratificación de una situación paranoide básica (o profunda), donde el sujeto ve al objeto como atacante y perseguidor. De ese peligro se defiende dando vuelta las cosas, identificado con el agresor. Así se configura la situación maníaca primaria (o profunda) con el triunfo sobre el perseguidor. Esta configuración conduce inexorablemente a la situación depresiva primaria (o profunda), ya que el objeto no es solamente malo, sino también deseado y amado. (Volveremos sobre esto). Al año siguiente (1951) Racker pronunció otra conferencia en la APA, a modo de comunicación preliminar, titulada “Observaciones sobre la contratransferencia como instrumento técnico”. Después de pronunciarla, descubrió en el International Journal of Psycho-Analysis el trabajo de Paula Heimann que concuerda con sus puntos de vista, y eso lo estimuló a publicarla en la Revista de 1952. Entre los ejemplos que da en este escrito está Pedro, y es evidente que, ya en Viena, Racker vislumbraba la importancia de la contratransferencia, porque analiza un conflicto suyo, cuando Pedro le refiere su encuentro con una mujer y expone sus dificultades, que giran alrededor del deseo de acercarse y alejarse, de entregarse libidinosamente y simultáneamente frustrarla. Frente al largo relato de Pedro, a

In document 3-vocabulario-psicologia[1].doc (página 164-173)