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62 REFLEXIONES SOBRE LA VIDA EN LAS ESCUEIAS

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se ha distinguido por sus horrores indescriptibles. Para mí, la cuestión no es defender los regímenes históricos que se hicieron llamar comunistas (la mayoría, después de todo, eran formas altamente burocratizadas de capitalismo estatal), sino despertar en el lector un compromiso por transformar al mundo en algo que trascienda las formas actuales de explotación capitalista que hoy abundan casi por doquier. (Culpar del totalitarismo de la ex Unión Soviética al marxismo equivale a culpar a la Santa Inquisición del Sermón de la Montaña.) Dicho compromiso con una revolución social total no puede hacerse partiendo sólo de experiencias compartidas o de un sentimiento emocional; debe incluir un análisis científico del capitalismo global y sus efectos a lo largo de la historia mundial. Para muchos de ustedes, dicho compromiso se basará en la pregunta de si el capitalismo puede transformarse o no en una relación social que pueda promover y acarrear justicia social y emancipación de la opresión y la explotación. Yo, por lo menos, no creo que una sociedad así pueda crearse dentro de la lógica social y las relaciones sociales del capitalismo, aunque sin duda es cierto que la transición que debe realizarse al socialismo puede entreverse dentro de las contradicciones del capitalismo. Lo que Manning Marable expresa aquí en relación con la lucha del pueblo negro es lo que yo afirmaría en relación con todos los pueblos oprimidos:

Sigo convencido de que el pueblo negro como grupo nunca logrará los objetivos históricos de su larga lucha por la libertad dentro de la economía política del capitalismo. El capitalismo ha demostrado una habilidad notable para mutar en varias formas sociales y tipos de gobierno estatal, pero su carácter esencialmente opresivo, sustentado en la dinámica continua de acumular capital y explotar la capacidad laboral, no ha cambiado. A final de cuentas, el estado capitalista de Estados Unidos nunca será engatusado o convencido para que se reforme mediante llamados a la persuasión. El cambio fundamental requerirá de un movimiento de resistencia democrática masiva proveniente principalmente de abajo y anclado en la clase trabajadora y entre los grupos minoritarios oprimidos (2000, xxxvill).

En este sentido, necesitamos rechazar las expectativas benignas de los progresistas que mantienen un sueño de cuasicapitalismo y semisocialismo, una especie de "tercer camino" relajado entre Marx y el mercado, al cual se denomina mercado social o socialismo de mercado. El sueño de un "capitalismo del pueblo" es obstinado, pero trate de decírselo a esos países que padecen el subdesarrollo y están ansiosos por unirse al orden económico y cultural del Occidente desarrollado. Un número reciente de The Black Panther, que habla sobre la postura del "intercomu-nalismo revolucionario y científico", describe el fenómeno actual de globalización o globalismo como un "intercomunalismo reaccionario":

Al igual que su predecesor, el "libre comercio capitalista" [durante el cual la esclavitud africana surgió y fue sancionada oficialmente], el globalismo moderno es una fuerza sin moral que sólo busca nuevos supermercados y nuevas maneras de explotar los recursos

naturales del mundo y el trabajo de la gente. Este nuevo fenómeno global [denominado "globalismo" moderno o "globalización"] tiene su origen en la naturaleza misma del sistema económico capitalista, y es este hecho lo que causa que las mentes racionales estén seriamente preocupadas por las perspectivas de la vida humana o, para el caso, cualquier' vida futura en la Tierra. Nunca debemos olvidar que los orígenes del capitalismo se encuentran, primeramente, en el "exterminio" de los pueblos indígenas de color en muchas partes del llamado "mundo subdesarrollado" [particularmente el "Tercer Mundo" en Asia, África y lo que ahora se conoce como México, América Central y América del Sur] y, en segundo lugar, en el comercio de esclavos africanos y el "hurto" de miles de millones de dólares de "trabajo gratuito" [pagado en francos, libras, marcos, etc.] y el robo descarado del oro, la plata y las piedras preciosas que se encontraron en estas tierras tercermundistas. Es un hecho histórico indiscutible que, literalmente, cientos de millones de "personas de color" fueron sacrificadas al Dios de las Ganancias, un "dios" al que aún adoran quienes creen en la virtud, la vitalidad y la viabilidad continua del "libre flujo del comercio y las finanzas" del sistema económico capitalista (2000, p. 24).

Otrora proclamado con bombo y platillo como fuente de salvación del mundo y como fundamento concreto de toda construcción democrática, el capitalismo se las ha arreglado para triunfar en sus muchos cismas, incluso el momento agobiado de crisis de su encarnación actual, y para superar todo lo que está en contra de su supervivencia, pero no sin consecuencias estremecedoras para el mundo. Tan sólo recientemente, la vida de millones de personas se pulverizó con la destrucción de la economía rusa, el derrumbamiento de la economía de los "tigres asiáticos" y la quiebra de México y Brasil. Y así podríamos seguir hablando sobre catástrofes económicas más recientes, como las de Turquía y Argentina, pero puede estar se- guro de que la clase capitalista se las ha arreglado para sobrevivir sin un rasguño. En la actualidad, se habla poco sobre arrojar a comunistas y socialistas a las espirales sofocantes del fuego eterno del infierno, porque se presume que todos ya viven ahí. El esfínter de Satanás presumiblemente está lleno de los restos sin digerir de Marx, Lenin, Rosa Luxemburg y toda la banda podrida de rojos.

Aquí en Estados Unidos, la propaganda mediática contra el comunismo y el socialismo ha sido tan abundante y penetrante que no hay muchas posibilidades de que sus ideas fundamentales sobrevivan en el archivo público con mucha credibilidad. El escenario ya estaba listo en 1960 (con bastante ayuda del senado!' Joe McCarthy), cuando John Wayne protagonizó

The Álamo. Wayne representó The Álamo como la batalla entre la democracia (los téjanos) y el

comunismo (los mexicanos). En la publicidad de la película, escrita por el propio Wayne, éste expresaba su deseo de "vender Estados Unidos a los países amenazados por la dominación comunista... [y] dotar de corazón y fe nuevos a todos los pueblos libres del mundo" (citado en Floyd, 2001, p. 109). La batalla contra el comunismo se ha ganado, lo cual no significa que la maquinaria de guerra de la OTAN,que cuesta mil millones de dólares diarios, no esté siendo reclutada para guerrear de vez en cuando contra las naciones "delincuentes" -desde la Unión Soviética y Nica-

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