y Paquistán en su llamado a los "valores tradicionales". Estados Unidos estuvo en contra de aumentar a 18 años la edad mínima para reclutar soldados e impartir educación sexual. Estados Unidos quiere limitar la información sobre salud re- productiva, enseñar que la abstinencia es la única forma de prevenir el embarazo premarital y, en general, distanciarse de las condiciones señaladas en la Convención sobre los Derechos del Niño. El intento actual de Estados Unidos para dar marcha atrás a acuerdos internacionales previos sobre derechos infantiles y sobre acceso a educación sobre salud y servicios debería ser un tema que se trate y debata entre los maestros. ¿Por qué? Porque esto es parte de la "macroes-tructura" que repercute en las cuestiones de política, curriculum y responsabilidad en materia de educación.
La pedagogía crítica evita todo enfoque de la pedagogía que la redujera a la en- señanza de habilidades de miras estrechas y aisladas de los debates y contextos de discusión en los que se las utiliza. La pedagogía crítica ha sido esterilizada, vulgari- zada, domesticada y purgada de su profundidad teórica y discernimiento (McLaren, 1998b). Parto de la premisa de que todos los pensamientos, actos y relaciones son políticos en un sentido ideológico. La política es omnipresente: todas las categorías y criteriologías, clasificaciones y arquitecturas, bifurcaciones e invocaciones, discernimientos e intoxicaciones son políticas. Rechazo a quienes advierten: "Si todo es político, entonces nada es político." La pregunta que plantea este enfoque hacia la relación entre la creación de conciencia y el capitalismo es: si el capitalismo sigue extendiéndose sin oposición al ocultar cautelosamente sus prácticas de explotación en la sombra de la crisis del capitalismo mundial, y si continúa atando -como siempre lo ha hecho- la subjetividad de la clase trabajadora al yugo del desarrollo capitalista, entonces ¿cómo es posible llevar a la práctica pedagógica una subjetividad crítica capaz de rebatir esta relación y, más aún, desarrollar formas de subjetividad fuera de la fábrica social del capital? Los maestros pueden comprar toda una serie de paquetes educativos o bolsas de trucos a los promotores del libre mercado e inversionistas corporativos dedicados a la "negocificación" y privatización de la educación. Sin embargo, reducir la enseñanza a una caja de lecciones prempacadas no hace gran cosa para contrastar dialécticamente la lógica subyacente de la vida social capitalista que está arraigada en las relaciones internas o en las contradicciones dialécticas inherentes a la relación trabajo-capital.
Aquí no estamos hablando sólo de abrir las discusiones en el salón de clases a una gama amplia de perspectivas variadas y en conflicto (aunque, a mayor perspectivas, mejor). Es posible tener todo tipo de discusión en el aula sin acercarse un centímetro a lo que es un diálogo genuino. ¿Cómo tener un diálogo genuino cuando el discurso del socialismo se excluye sistemáticamente? Resulta crucial no confundir la "toma de turnos" con un diálogo genuino, o creer que sacar de la mesa a todas las posturas de oposición es lo mismo que poder presentar un argumento coherente que apoye una postura, mientras se consideran simultáneamente otras. Simplemente no se puede tener una perspectiva de "escoge y mezcla", sino realmente es necesario escuchar las posturas contrarias y
considerarlas a la luz de su coherencia, la presencia o ausencia de contradicciones y su capacidad para plantear un desafío racional. Las diferencias ideológicas no se resuelven cuando se colocan dentro del marco organizativo correcto. Los problemas conceptuales no se solucionan con programas adecuados para las aulas. Además de brindar un ambiente escolar grato donde los estudiantes puedan comentar sus experiencias de vida, deberíamos darles la oportunidad de realizar un estudio dialéctico de la vida social.
En este sentido resulta crucial un enfoque dialéctico marxista. No creo que la dialéctica marxista sea una forma de misticismo hegeliano. Tampoco creo que la dialéctica marxista sólo sea útil para entender las ciencias políticas burguesas del siglo xix. Mientras que Hegel consideraba la idea como el demiurgo del mundo real y el mundo real como una ilusión, Marx consideraba el ideal como el mundo material reflejado en la mente humana y transformado en formas de pensamiento. Por lo tanto, Marx consideraba la dialéctica como el movimiento propio del mundo objetivo; en otras palabras, reconocía el núcleo racional dentro del caparazón místico de la dialéctica hegeliana. Mi enfoque hacia la pedagogía críüca es tratar de comprender de manera dialéctica cómo es que las relaciones sociales capitalistas, es decir, el capital como forma social (cuando los imperativos del mercado fijan los términos de la reproducción social) moldean a estudiantes y maestros, y cómo es que los propios fundamentos de la existencia pueden someterse a los requerimientos de la ganancia. A mi manera de ver, resulta imprescindible un enfoque histórico-materialista para establecer estas relaciones.
No todo el mundo se beneficia de participar en la crítica de las múltiples y, con frecuencia, desafortunadas contradicciones del capitalismo que pueden encontrarse en seminarios de sociología de la educación o pedagogía crítica. Pero a aquellos de nosotros que nos es posible pasar tiempo ahí de manera dinámica, comprometida y productiva, tenemos dudas metodológicas que deberían abordarse. Lo que los maestros aprenden en los programas académicos deberían compartirlo con sus propios estudiantes. Lo que los maestros aprenden sobre sociedad, cultura, política curricular, relación entre formaciones mediáticas y configuraciones ideológicas, relación entre teoría y práctica, y así sucesivamente, puede emplearse en lecciones dentro de su propio salón de clases haciendo los ajustes necesarios conforme a los distintos grados y otras condiciones.
Esto significa que los propios maestros necesitan obtener cierto tipo de educación crítica, no siempre disponible -u ofrecida sólo con limitaciones- en loo programas de posgrado en magisterio. Dicho sin tapujos, esto requiere que, de la obra de los teóricos sociales críticos, aprendan pacientemente a analizar la» condiciones objetivas que son responsables de crear la vida cotidiana en todo su sinfín de manifestaciones sociales. Por ejemplo, podría desafiarse productivamente a los maestros con las siguientes preguntas: ¿Cómo se produce valor en las sociedades capitalistas? ¿Cuál es la relación entre valor y trabajo? ¿Cuál es el papel de la capacidad laboral (mano de obra humana, mano de obra viviente)