LOS MUNICIPIOS Y PUEBLOS INDIGENAS ESTUDIADOS
LAS REGIONES DE ESTUDIO
La propuesta que hace Jan de Vos (2002:22) al estudiar la selva lacandona en el estado de Chiapas es adecuada para este estudio en las regiones de la Sierra de Santa Marta y la Sierra del Totonacapan. De Vos define la región como:
a) El espacio natural.
a) La trayectoria histórica, como la forma en que se constituye la disputa sobre la región, los diferentes actores, sus visiones y la discusión cultural, económica e histórica, ontológica e instrumentalmente concebida.
b) El conjunto de interpretaciones. Las interpretaciones teóricas sobre las regiones de estudio, balance y guía para ir al campo.
Si bien este estudio estará centrado en dos municipios, es necesario conocer la región en que se encuentran, pues se trata de dos zonas indígenas de una larga trayectoria histórica marcadas por conflictos con otros actores que han llegado a vivir en la región.
La Sierra del Totonacapan24
La región ha venido modificando su espacio territorial, desde el siglo xvi cuando fue ―descubierto‖ el Totonacapan hasta la actualidad. Hoy se encuentra delimitada en buena parte por las poblaciones que hablan el idioma totonaco y abarca una porción del territorio de Puebla, de la sierra y de la costa veracruzanas.
El Totonacapan actual tiene dos zonas diferenciadas por sus características naturales y socioeconómicas: la llanura costera y la sierra de Papantla. Ambas zonas abarcan 14 municipios; colinda al norte con la cuenca de Cazones; al sur, con la cuenca del río Tecolutla; al este, con el Golfo de México y al oeste, con la Sierra Norte de Puebla (Emilia Velásquez, 1996:159).
La Sierra de Papantla, por ser una zona de transición entre la llanura costera y la Sierra Norte de Puebla, comparte características con ambas. Así, en gran
24 Los estudios recientes sobre la región los hace Ramón Ramírez (2002), quien aborda la región en niveles, eso le permite
delimitar el área en lo histórico-espacial. Emplea la noción de sistema regional, en donde se ubican los procesos agrícolas y agrarios de los totonacos, ello en función de dos líneas de análisis: una que permita situar a las comunidades en relación con el poder central y su sistema institucional, y la otra con el sistema de patronazgo. Las unidades de observación son el
parte de los municipios de Coxquihui, Zozocolco de Hidalgo y Coyutla existen características naturales y de producción semejantes a las de la llanura costera, con la que colindan; en tanto que en los demás municipios (Chumatlán, Mecatlán y Filomeno Mata) hay mayores afinidades con el tipo de paisaje natural, de producción y de tenencia de la tierra, características propias de la Sierra Norte de Puebla. En la sierra predomina el minifundio temporalero y ejidal, destinado fundamentalmente a la producción para el autoconsumo, aunque también existen cultivos comerciales como el café, la vainilla, la pimienta, el zapote mamey y la caña de azúcar. Son frecuentes la migración y el peonaje, así como la renta de tierras. Además se registra un nivel de diversificación en las formas, tanto de tenencia de la tierra como de estratificación y diferenciación social interna en las comunidades.
Coyutla
El municipio de Coyutla colinda al norte con el estado de Puebla; al sur con los municipios de Mecatlán y Chumatlán; al este con los de Espinal y Coatzintla, y al oeste con Coahuitlán, Filomeno Mata, Progreso de Zaragoza y el estado de Puebla.
Coyutla proviene del náhuatl ―lugar de coyotes‖. Desde el siglo xvi fue una instancia totonaca perteneciente a la jurisdicción política de Mecatlán. Se encuentra irrigado por los ríos Necaxa, Espinal, Tecolutla y San Marcos. El ecosistema que predomina en el municipio es el bosque subtropical perennifolio con especies de uso tradicional y comercial como el palo sagrado, el chalahuite, el palo mulato, el laurel y la caoba. Coyutla ha sido escenario de explotación y sobreexplotación forestal debido a la riqueza de sus bosques.
La palabra totonaca tiene varias interpretaciones. Chenaut (1996) recoge algunas: para Sahagún, totonaco denota poca capacidad, poca habilidad. Con esta idea coincide el análisis de Kelly y Palerm, quienes consideraron que el término fue usado en el siglo XVI para referirse a diversos grupos lingüísticamente diferentes del náhuatl, a los que creían rudos, rústicos. Krieckeberg y Palacios parten de la forma verbal tona = hace calor, aludiendo a los pobladores de tierra caliente (Chenaut, 1996:17). Otros autores como Domínguez sostiene que toto significa "tres", y nace equivale a "corazón" en el dialecto del totonaco hablado en la sierra alta de Papantla. Celestino Patio, filólogo papanteco comparte la última definición y la traduce también como "tres centros". Actualmente los totonacos se autodenominan como "tres corazones", siendo ésta la versión más extendida y aceptada, desde la sierra hasta la costa. Las primeras fuentes históricas señalan que los totonacos se llaman así porque adoraban a un dios llamado Totonac. Otras versiones ponen énfasis en una interpretación etimológica: tutu (tres) y nacu (corazón): tres corazones. Sobre el particular algunos analistas plantean que este término se refiere a tres grandes centros ceremoniales: Tajín, en Papantla; Zempoala, cerca de la antigua fundación del Puerto de Veracruz y Yohualichan en
la Sierra Norte de Puebla, cerca de Cuetzalan.
El Totonacapan desde época remota ha sido un espacio interétnico, ya que sus pobladores interactuaban con grupos nahuas que migraron al lugar, con otomíes y tepehuas que habitaban en las fronteras del territorio y actualmente con la población mestiza. Por lo tanto, al existir una interrelación social con otros grupos se alberga una gran diversidad cultural, social y económica. Los totonacas siguen conviviendo como comunidades con identidad y sentido de pertenencia, como los mestizos arraigados en las cabeceras municipales con quienes comparten creencias y muchas de las costumbres, y también con la diversidad de individuos que de algún modo interactúan en la cotidianeidad del Totonacapan.
La población de Coyutla es indígena en un 60%, mientras que el otro 40% es mestiza (Anuario, 1996). Los mestizos se refiere a indígenas como ―los inditos‖ y éstos llaman a aquéllos ―gente de razón‖. Ahí se ve la diferencia de clases y las luchas por el poder; los que usan pantalón son los mestizos, mientras que los
indígenas se caracterizan por su calzón de manta. 90.1% de la gente es bilingüe y el 9.9% restante es monolingüe (Anuario, 1996).
Los totonacos denominan luwa (víbora) a los mestizos, lo cual puede tener varias lecturas, ya que en la cosmovisión mestiza este reptil estaría vinculado con el mundo de abajo, en donde suele colocarse el infierno en las tradiciones españolas de evangelización. Durante mucho tiempo los mestizos se autodenominaron "gente de razón" y consideran que los totonacos son ―o tontos o nacos‖. En ocasiones, como estrategia defensiva, un indígena puede decir de sí mismo, como grupo: ―aquí somos un poco tontitos‖.
Los totonacos plantean el origen del mundo en el Mito del Quinto Sol, en donde se relata que 400 dioses se juntaron y encendieron una hoguera, de los dos hermanos varones convocados a arrojarse a ella uno lo hizo para renacer como Chichiní (Sol); el otro, que había titubeado, se arrojó a la hoguera, pero ésta ya se había apagado y sólo quedaban cenizas, entonces también fue enviado al cielo como P‟apa o Manuel (Luna), que visita a las mujeres cada 28 días. Ambos hermanos siempre pelean. El eclipse de Sol o de Luna es parte de esa lucha cosmológica y se transforma también en un indicador étnico. Cuando se les preguntaba qué pasaba en un eclipse, los totonacos contestaban: ―peleaban los hermanos y se podía ver en el agua‖; los mestizos, por su parte, respondían que ―los totonacos eran tontos y creían en eso‖. La Semana Santa es vista como una lucha entre Chichiní y P‟apa, como un eclipse de Sol donde triunfa Chichiní y puede renovarse el mundo.
En 1836 estalló una violenta rebelión totonaca que duró dos años; se produjo como respuesta a la medida del obispo de Puebla de prohibir la celebración de la Semana Santa, medida que ponía en peligro la reproducción simbólica del pueblo indígena. Es importante recordar que los totonacos prehispánicos son el único grupo mesoamericano que se representa a sí mismo con el rostro sonriente. Las caritas sonrientes arqueológicas tienen hoy su justa encarnación entre los totonacos contemporáneos: sonrientes, alegres y estoicos ante las situaciones más complejas, así como poseedores de una relación bastante respetuosa con sus mujeres. No es extraño ver a los hombres cuidando a los niños y dándoles sus
alimentos en la calle. Tienen un sentido de la cortesía y del respeto que les da un sello inconfundible (Masferrer Kan, 2004).