LOS MUNICIPIOS Y PUEBLOS INDIGENAS ESTUDIADOS
LA SIERRA DE SANTA MARTA
Esta región ha sido un espacio habitado desde 1500 a. C., cuando ocurre la Conquista española. Se divide en cinco señoríos: Cotaxtla, Tlacolapan, Acuezpaltepec, Tuxtla y Coatzacoalcos. En este último señorío, así como en partes de Tabasco, Chiapas y Oaxaca, se encuentra la sierra de Santa Marta.
A la sierra de Santa Marta la conforman los municipios de Pajapan, Soteapan, Mecayapan, Tatahuicapan, Hueyapan de Ocampo y parte de Catemaco. Su extensión abarca aproximadamente 1,500 km; la habitan aproximadamente 100,000 personas, principalmente indígenas nahuas y zoque-popolucas que representan cerca de 50% de la población. Forma parte de la sierra de Los Tuxtlas; está delimitada por el Golfo de México al norte, por la planicie de la Laguna de Sontecomapan al noroeste, por la Llanura de Barlovento al sur; por el Lago de Catemaco al oeste y por la planicie de la Laguna del Ostión al sureste.
Este territorio o señorío era independiente del imperio azteca, aunque tenía relaciones comerciales con México-Tenochtitlan. Los señoríos eran gobernados por caciques a quienes los pobladores tributaban ropa de algodón, cacao, maíz, aves, miel del monte, hachas de cobre y algunas joyas de oro. En ese tiempo la
gente de los pueblos tenía gobernadores locales y, al interior del señorío, decidía qué hacía con sus tierras; nadie, bajo ninguna forma podía quitárselas.
En los archivos del comisariado comunal de Pajapan y en el Archivo General de la Nación en México (vol. 3030), aparecen las primeras referencias escritas a la tierra de Pajapan.
En 1605 y 1611 se presentaron ante la justicia mayor de Coatzacoalcos dos españoles ricos (Francisco Dávila Barahona y Mariana de Ojeda, dueña de la hacienda San Miguel Temoloapan) para reclamar dos sitios de estancia para ganado mayor. Se referían a las sabanas naturales y montes ubicados entre la Laguna de Minzapan (hoy Laguna del Ostión) y el Farallón de Minzapan (hoy Peña Hermosa). Los naturales del pueblo, incluyendo al gobernador de la comunidad, don Francisco Hernández, así como a los alcaldes ordinarios Gregorio Jerónimo y Juan García, dieron testimonio ante la justicia mayor, a través del intérprete Juan Farías, de que habían dejado de cultivar esas tierras porque estaban ocupadas por el ganando de la hacienda Miguel Temoloapan, y porque allí no había montes propicios para cultivar: habían sido obligados a dejar libres las tierras que posteriormente reclamaron los españoles. El virrey don Diego Fernández de Córdova dio posesión de las tierras a Francisco Dávila Barahona en 1613, estas tierras pasaron en el siglo xviii a formar parte de la hacienda Pajapan.
Más de un siglo después los naturales de San Francisco Minzapan solicitaron la hacienda de Pajapan porque ―no tenían dónde sembrar maíz o alimentar a su ganado‖. Como muchos españoles se habían ido de Coatzacoalcos a Acayucan para escapar de los ataques de los piratas y para evitar las enfermedades tropicales como el paludismo, los naturales de Minzapan lograron comprar la hacienda Pajapan, en 1765, por 300 pesos de oro.
Durante la vida independiente del naciente México se dividieron las tierras en propiedades privadas que acabaron con el uso común por parte de las comunidades indígenas. Se buscaba que los indígenas se transformaran en pequeños propietarios y que los mestizos tuvieran acceso a las tierras indígenas. Para ajustarse a la nueva ley los indígenas decidieron, en 1884, dividir sus tierras comunales en cinco grandes lotes. Primero llevaron sus títulos de 1765 ante un
notario de Coatzacoalcos para que hiciera una transcripción de los mismos ya que se estaban deshaciendo. Esta transcripción sirvió como recurso legal contra los despojos de la época y, también, en el litigio sobre linderos que sostenían con Mecayapan desde 1871 (conflicto que se resolvió en 1889).
La tierras, que comprendían 15,932 hectáreas más el cerro San Martín, fueron divididas en cinco lotes. Cada uno de esos lotes contaba con un título que estaba a nombre de una persona designada como ‗jefe del lote‘ y como representante de un grupo más extenso de personas con acciones o derecho a la tierra. A esta forma de tenencia se le llamaba condueñazgo.
La notificación permitió a los habitantes de Pajapan evitar el desalojo que sufrían otros pueblos, como Soteapan y Mecayapan, a manos de grandes terratenientes del Porfiriato, como Romero Rubio. Ésta fue la razón por la que el pueblo de Pajapan, a diferencia del de Soteapan, no participó tan activamente en el movimiento armado de 1906 (Buckles, y Paré, 1991).
En 1968 se logró el derecho comunal de las 19,158 hectáreas mediante un decreto presidencial, aunque ya había solicitudes de dotación ejidal. Sin embargo, en 1978 el gobierno federal decidió expropiar 5,154 hectáreas de tierras
comunales para la construcción del puerto industrial de la Laguna del Ostión, así como dividir el resto del territorio en 36 lotes de 300 hectáreas para grupos de 25 comuneros y en un lote de 60 hectáreas para un grupo de cinco. Así se conformó una comunidad agraria de 905 comuneros. Posteriormente los lotes se dividieron en parcelas de 12 hectáreas que fueron otorgadas a cada comunero en forma provisional.
Al derogarse el decreto expropiatorio se cancela el proyecto del puerto industrial, entonces volvieron a aparecer reclamaciones sobre las tierras expropiadas por parte de comuneros e hijos de comuneros que no tenían derechos propios; por otro lado, algunas personas aprovecharon la prolongada indefinición para apoderase de superficies excesivas.
En 1991 la totalidad de las tierras expropiadas sería devuelta a la comunidad como parte de los terrenos de bienes comunales. Un nuevo grupo de 905 hijos o esposas de los comuneros originales recibirían los derechos para trabajar en las tierras afectadas por la expropiación. Finalmente se les devolvió la tierra, pero no en la forma de bienes comunales sino como ejidos con parcelas de tres hectáreas, cuatro tareas y cuatro metros. Los dotados fueron 976 ejidatarios; es decir, los 905 hijos o esposas de los comuneros más algunos avecindados, de Pajapan, San Juan Volador, Jicacal, Mangal y Palma Real, que así lo solicitaron.
La expropiación de Pajapan (y luego su derogación), puede verse no sólo como un ejemplo en donde se
… sobremontan, enfrentan y excluyen los sistemas espaciales del Estado, las grandes empresas, los poderes regionales y las comunidades locales, sino también como un terreno particularmente interesante para el análisis de los efectos producidos por el desarrollo petrolero reciente en el medio rural (Martínez y Rodríguez, 1982:2).
Sin duda hay que partir de la visión histórica de los pueblos en torno a cómo ha ido cambiado la región para poder situarla en el momento en que se quiere analizar. Si bien hay mapas que dan cuenta de los cambios en el espacio, falta uno que incluya las diferentes interpretaciones que hacen los actores. En este caso, sería interesante conocer la visión del gobierno, la de Pemex, la de los ganaderos, la de los pueblos indígenas, así como la de las organizaciones que se disputan el poder político: CNC, PRI, PPS, PRD, CNPA, Frente Cívico Pajapeño,
freposev-maiz, Proyecto de la Sierra Santa Marta, la de la iglesia oficial y progresista y la de los protestantes, etc., todos ellos construyen su propio mapa de la región de acuerdo con los cambios políticos y sociales.
No se sabe exactamente cuándo adoptaron los indígenas la ganadería en detrimento de la agricultura. Aunque ya figuraba desde el siglo antepasado, el proceso más claro de diferenciación al interior de la comunidad se da a partir de 1940. Como se sabe, la cría de ganado requiere de una cantidad enorme de tierra, lo que fue generando el acaparamiento por parte de quienes tenían el ganado, a costa de quienes no lo tenían:
… los primeros ganaderos, en los cuarenta […] se enriquecieron con la venta del propio maíz y vendiéndolo a los propios comuneros. Después ellos invirtieron sus beneficios en la compra de ganado, que ellos dejaron en sus tierras comunales. Se puede decir que los precios eran bajos y que un becerro no costaba entonces más de 150 pesos, precio irrisorio si se le compara con el de hoy [1982]: una vaca en pie vale 12 mil pesos y un toro 15 a 18 mil pesos.
Todos los procedimientos fueron buenos para adquirir el máximo de tierras. Antes de 1968 el ganadero sobornaba a uno de los cinco jefes del lote de la comunidad, que negociaba entonces para que el comunero sembrara en otra parte más lejos. Algunas veces el ganadero se dirigía directamente al campesino, quien mediante dinero contante y sonante aceptaba partir. Pero entre más ganado hay, más necesidad de tierras se plantea (Martínez y Rodríguez, 1982:6-7).
Debido a que constituyen el último reducto de selva tropical, 82,300 hectáreas del área fueron declaradas Zona de Protección Forestal y Refugio de la Flora Silvestre, eso en 1980 y en 1988 se les reclasificó como Reserva Especial de la Biosfera.
Sin embargo, no se han tomado medidas para prevenir la constante destrucción de las zonas forestales de la Reserva, la degradación de los suelos y el aprovechamiento no sustentable de los recursos naturales en las 82,300 hectáreas que la conforman. Por el contrario, las políticas económicas regionales han acelerado este proceso, básicamente mediante el apoyo a programas de desarrollo ganadero y a programas asistencialistas que dependen de insumos externos (Paré et al., 1997).
50,000 hectáreas de selvas y bosques tropicales, la mayor parte de ellas en la Sierra de Santa Marta (30,000 hectáreas).
La región es una de las llamadas zonas de marginación alta del país; tres de sus municipios se ubican entre los 200 más pobres de México.
La región tiene importancia biológica no sólo por la gran biodiversidad que contiene y por los recursos naturales aprovechados por la población para su sobrevivencia, sino además porque aporta 80% del agua potable de la ciudad de Coatzacoalcos y 40% de la de Minatitlán, además de abastecer a unas 60 comunidades más pequeñas. La población dependiente de este importante recurso se acerca al millón de personas. Desde el punto de vista cultural la población que habita esta región, donde se encuentran vestigios de la cultura olmeca, conserva tradiciones que le han permitido sobrevivir y mantener su identidad a pesar de estar localizada entre la zona petrolera más importante del país y la planicie costera de la perla del Golfo, enclave agropecuario de producción comercial de chile y ganado.
El uso del suelo en la región es principalmente milpero y ganadero y, en menor extensión, cafetalero. El sistema tradicional de cultivo, el milpero, se ha visto transformado por varios factores, como los cambios en la tenencia de la tierra, el crecimiento demográfico, la competencia de la ganadería por el uso del suelo, etc. Las comunidades se mantienen principalmente del maíz que cultivan con base en el sistema de roza-tumba-quema y, en menor escala, de otros cultivos, como el frijol y la yuca, además de la caza, la pesca y la recolección. En las últimas décadas, sin embargo, los campesinos indígenas y mestizos fueron cambiando su tradicional modo de trabajar la tierra y se vieron involucrados cada vez más en la ganadería y en cultivos comerciales como el café, la papaya y el chile:
La cultura del maíz, al igual que hace siglos, con la ayuda del dios del maíz Homshuk en tierra popoluca o Centeopiltzin entre los nahuas, continúa siendo el centro de atención de la familia indígena, que extrae su sustento del trabajo de la milpa de tonamil (temporal y de tapachol, invierno). Todavía hasta los años setenta los indígenas de la Sierra tenían suficiente maíz para autoabastecerse, pero a partir de los ochenta, debido al empobrecimiento del suelo, han disminuido los rendimientos y muchos han dejado de
sembrar el cultivo de invierno o tapachol (Paré et al., 1997).
Otra de las actividades agrícolas importantes en la Sierra de Santa Marta es la cafeticultura, ya que de ésta viven mas de 1,700 familias que trabajan cerca de 4,000 hectáreas, con una producción mayor a los 20,000 quintales (rendimiento de casi cinco quintales por hectárea, al promedio nacional: 10 quintales). Soteapan es el municipio con mayor producción cafetalera.
PAJAPAN
Dividiré el recorrido histórico de Pajapan en tres momentos. El primero abarcará desde la creación del municipio hasta el siglo xx, cuando se inicia la agudización en la diferenciación al interior de la comunidad (años 40 a 80). La segunda etapa es la llegada de Fomento Cultural y Educativo (de los 80 a 2003), así como del Proyecto de la Sierra de Santa Marta (de 1990 a la fecha). La última etapa es la de los nuevos actores en el municipio.
El municipio de Pajapan se encuentra en la vertiente sur de la sierra de Santa Marta; su territorio comprende 305.98 kilómetros cuadrados, distribuidos desde la Laguna del Ostión hasta la cima del volcán San Martín Pajapan (1170-1140 msnm). Colinda con los municipios de Tatahuicapan, Mecayapan, Chinameca, Cosoleacaque y con el Golfo de México. Este municipio cuenta con 17 localidades, siendo Pajapan la cabecera municipal.
Pajapan está ubicado en la parte más sureña de la Reserva Especial de la Biosfera de Los Tuxtlas, cuya área núcleo III se encuentra en la cima del cerro San Martín Pajapan, donde aproximadamente 1,800 hectáreas están cubiertas por selva y, algunas superficies menores, por bosque mesófilo. De esta área forestada cerca de 800 ha corresponden a Pajapan y, el resto, al municipio de Tatahuicapan de Juárez.
DATOS GENERALES DEL PAJAPAN