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Las relaciones interpersonales en la vida de las comunidades cristianas

3 Los relatos de conversión, una interpretación desde el contexto del cristianismo

3.2 La irrupción de las prácticas cristianas en el mundo grecorromano

3.2.5 Las relaciones interpersonales en la vida de las comunidades cristianas

La descripción sociocultural y económica realizada, muestra claramente que el mundo del Imperio estaba lejos de ser justo y mucho menos un sistema ideal, pues se constata la desigualdad social y humana que existía en muchos de los territorios ocupados en el Mediterráneo y en Asia Menor. De igual forma, la proliferación de cultos y rituales con los que los habitantes de las ciudades crecían, convivían y se regían social y políticamente, constituía una alienación para la vida de los habitantes. Las condiciones de esclavitud y marginación, en términos de “honor y vergüenza”, legitimaron muchas actitudes en detrimento de la convivencia humana digna.312

311 Guijarro, “Los primeros cristianos ante el pluralismo religioso”, 8. Refiere la categoría elaborada por el sociólogo Pierre Bordieu, llamada habitus: “El habitus es, básicamente, un sistema de disposiciones del que participa nuestro cuerpo. Se configura socialmente a través de la socialización, se refuerza con los relatos, ejemplos o modelos, y se reafirma con la repetición. De este modo, el habitus se convierte en una especie de segunda naturaleza que determina nuestra forma de actuar”.

Al respecto Kreider cita a James K.A. Smith quien dice que: “el habitus se adquire, se aprende, por medio de pedagogías encarnadas que, de forma indirecta, alusiva e ingeniosa, trabajan sobre el cuerpo y así orientan a toda la persona”. Más adelante agrega: “las comunidades cristianas se esforzaron por transformar el habitus de los candidatos al ingresar en ellas -modificando su programación o incluso intentando una reprogramación de mayor alcance- a través de dos recursos: la catequesis, que remodelaba el comportamiento de los candidatos por medio de la enseñanza y la relación comunitaria (discipulado), y la oración, el acto más relevante de las comunidades que proporcionaba una formación alternativa, en el que se establecía y se manifestaba un nuevo habitus con gran expresividad corporal.” Ver Kreider, Paciencia. El sorprendente fermento del cristianismo en el imperio romano, 60-61

312 Malina, El mundo del Nuevo Testamento, 48-49. “El honor… …consiste básicamente en una reivindicación del propio valor socialmente reconocido. Aparece especialmente cuando confluyen los tres rasgos definitorios llamados poder, status basado en el género y «religión»… Poder significa habilidad para ejercer el control de la conducta de los

En este contexto particular hace su aparición el cristianismo como una alternativa de liberación, en términos sociales, religiosos y étnicos. Sociales, porque aunque finalmente en el proceso de institucionalización se circunscribió al orden establecido, implementaron algunas prácticas contraculturales para su época y contexto, con las que se promulgó la igualdad de todos los seres humanos en Cristo. Religiosos: a tráves de la exigencia monoteísta que llevaba a la manumisión al Dios único y libre, en una relación fundamentada en el amor y en la gratuidad de darse con absoluta generosidad. Étnicos: pues a través de la apertura a los gentiles se hizo alcanzable la pertenencia legítima al cuerpo eclesial con reconocimiento pleno de la condición cristiana mediante el cumplimiento de algunas exigencias (como el bautismo) que no obstaculizaban de tajo la posibilidad de pertenecer al cuerpo eclesial, como sí ocurría en el judaísmo.

La conversión cristiana, en este sentido, constituye el camino que recorre una persona en el proceso de cambiar sus comportamientos, maneras de actuar y pensar, incorporando como parte de su orientación trascendental el seguimiento de Cristo.313 Esta experiencia de seguimiento se veía

reflejada en las acciones concretas que encarnaban los cristianos para hacer realidad el Reino de Dios, es decir, la voluntad de Dios en el amor al prójimo, pero también en la vivencia trascendental del kerygma, pues como bien señala Santiago Guijarro, “el verdadero origen de la misión evangelizadora de la Iglesia se halla en la experiencia de encuentro con el Resucitado”.314

Como bien se puede colegir, las relaciones interpersonales jugaron un papel preponderante en la construcción comunitaria que sirvió como matriz para la constitución y posterior expansión del

otros… …El status del género se refiere a los deberes de hombres y mujeres reconocidos en un grupo social… …entiendo por «religión» la actitud que uno debe adoptar y la conducta que se espera de él respecto a quienes controlan su existencia.” Desde este punto que expone Malina, es posible decir que para muchas personas no era posible alcanzar el honor (que era un bien intercambiable). Las dinámicas propias del honor respondían a las estructuración social. No poseer “honor” en el primer siglo significaba llevar una vida sometida a aquellos que sí lo tenían, en condiciones de indefensión y en las que además era muy difícil acceder a él.

313 De alguna manera, se vuelve aquí al concepto del habitus en términos de lo que constituye la experiencia de la conversión como construcción de esa “segunda naturaleza” que determina la acción del cristiano en el mundo. 314 Guijarro, La primera evangelización, 85.

cristianismo.315 Estos vínculos personales sirvieron como mecanismo de propagación, pero sobre

todo, y fundamentalmente, de realización práctica del seguimiento de Cristo.316 Ellos se

consolidaron a través del establecimiento de prácticas en las que la solidaridad y la equidad en dignidad eran evidenciadas de manera concreta en la realidad humana. Estas prácticas se opusieron a muchos de los modos en que el Imperio romano pretendía determinar la vida de los territorios ocupados, pero a su vez se construyeron dentro de esta matriz social abierta a todas las culturas y modos de existir.

Las primeras comunidades cristianas, así, lograron hacerse un espacio para consolidarse y expandirse, aun a pesar de las desventajas en términos de la condena social que implicaba hacerse cristiano. ¿Qué motivación llevaba a un habitante grecorromano a convertirse al cristianismo?. Aunque no es posible encontrar una respuesta que entregue total satisfacción a este interrogante, podemos listar algunos de los motivos, entre ellos, la búsqueda de la verdad,317 la búsqueda de la

libertad (entendida como la liberación de todas las servidumbres que han dominado a la humanidad desde antiguo) y de la salvación, y el deseo de santidad.318 Esta manera de comprender el mundo

se encarnó en la vida comunitaria y en la orientación colectiva a construir relaciones humanas de valor fraterno.

315 Ibid., 157.

316 Stark, La expansión del cristianismo. Un estudio sociológico, 30. Allí afirma Stark que “La base para los movimientos triunfantes de conversión es el crecimiento a través de redes sociales, por medio de una estructura de

lazos interpersonales directos e íntimos” y más adelante agrega que “De cualquier modo, la gente constituye

estructuras de vínculos y lazos interpersonales directos, y estas estructuras definirán las líneas según las cuales procederá de mejor manera la conversión”.

317 Bardy, La conversión al cristianismo durante los primeros siglos, 111. En este sentido la verdad corresponde al conocimiento que proviene de Dios. Al respecto, Bardy presenta atinadamente un texto de San Agustín sobre la verdad: “Muchos he tratado que querían engañar, más ninguno que quisiera ser engañado. ¿Dónde, pues, conocieron esta vida bienaventurada, sino allí donde también conocieron la verdad? Porque también ellos aman la verdad pues no quieren ser engañados. Y cuando aman la vida bienaventurada, que no es otra cosa sino gozo de la verdad, sin duda aman también la verdad… ¡Tarde os amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde os amé! Y he aquí que estábais Vos dentro de mi, y yo fuera, y fuera os buscaba yo; y sobre esas hermosuras que Vos creásteis me arrojaba deforme. Lejos de Vos me tenían aquellas cosas, que no tendrían ser, si no estuviesen en Vos…”