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ENFERMEDAD COMUN

Gráfica 1. Factores determinantes del malestar docente

5.5 Rol y función docente

En diferente espacios Ada Abraham, señaló que “El docente enseña más por lo que es que por lo que sabe”, con esa idea se plantea un elemento de especial importancia en el desempeño de su función, es la manera en que establece su vínculo con los estudiantes de su clase.

Diferentes proceso investigativos han corroborado esta idea, e incluso se han identificado actitudes esenciales para un mayor éxito en el aprendizaje de los estudiantes. Aspy y Roebuck señalaron: “De todas las variables estudiadas, las siguientes se manifestaron estadísticamente como las más significativas: la autenticidad del docente, su respeto por el alumno, la comprensión de lo que significa para el alumno la experiencia vivida en clase”.54

Resulta paradójico que el factor al cual le apuntan con mayor interés las facultades de educación, el conocimiento de la disciplina base a enseñar, no es mencionado como fundamental en el éxito del proceso enseñanza-aprendizaje. Se considera que esta situación tiene que ver con aquella función inherente a lo escolar de complementar el proceso de sujetación a la cultura de sus estudiantes, lo que implica invertir gran cantidad de tiempo en el proceso de apropiación de actitudes y valores respecto del otro, fortalecimiento de la identidad personal y aceptación de regulaciones internas y externas. Es de señalar que esas adquisiciones se logran en puntos críticos del desarrollo que coinciden con todo el ciclo escolar: etapa preescolar, ingreso a la escuela, educación primaria y secundaria, en el que se dan las transformaciones necesarias para convertir a un niño, en un adulto joven miembro de una sociedad.

En ese orden de ideas, al parecer por las condiciones sociales culturales y económicas de nuestros tiempos, dicha apropiación no se ha dado, o fue de manera parcial en algunas personas, esto lo corrobora entre nuestros jóvenes los altos índices de delincuencia, y adicciones, la necesidad de referentes para construir su identidad, lo que ha llevado a la aparición de culturas juveniles, tribus urbanas entre otros, que se considera suplen una función asumida previamente por otros entes sociales: la familia y la escuela.

¿Qué ocurrió? Es conocido por todos que el encargo social a la escuela ha cambiado, que la transformación de la sociedad implica la preparación de los estudiantes en otros tipos de conocimiento, a expensas de abandonar asignaturas y contenidos, por ser considerados como de poca importancia y a desarrollar en otros espacios: actividades artísticas y deportivas por ejemplo.

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Ibíd., pág. 71- 72

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Abraham Ada,: “El enseñante es también una persona: Conflictos y tensiones en el trabajo docente” Gedisa editorial, Barcelona2000, pág. 17

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Esto ha incidido también en la primacía del contenido sobre lo vivencial, lo que a la postre implica ver al estudiante solamente en su dimensión cognitiva dejando de lado otros aspectos.

De esa manera es posible pensar que el posicionamiento del maestro por las exigencias políticas: centrarse en contenidos, garantizar aprendizajes puntuales, responder por cuestiones administrativas, es llevado a dejar de lado su ser como persona para presentarse ante el estudiante como un dispensador de conocimiento y como evaluador de sus adquisiciones.

Esta situación puede ser consecuencia de que las funciones del docente actualmente sobrepasan la actividad lectiva: “La docencia, como puesto de trabajo, obliga a la realización, a veces simultánea, de un sin fin de actividades, que van desde el cuidado y mantenimiento de la escuela, planeación de actividades docentes, elaboración de materiales didácticos, entre otras, y al mismo tiempo mantener constantes relaciones con: padres de familia, autoridades, compañeros y alumnos, lo que implica un duro esfuerzo, una significativa carga psíquica en el trabajo.”55

Con todas esas responsabilidades no es extraño que el docente tome conciencia que está realizando en gran parte de su tiempo labores diferentes y, a veces opuestas, a la docencia. En una de las entrevistas realizadas una docente señaló sobre los obstáculos a su labor: “A veces la falta de tiempo ... con los estudiantes la falta de tiempo de pronto tanto tramite, como tantas cosas que lo ponen a hacer le quitan a uno mucho espacio con los estudiantes ¿Tú crees que eso ha cambiado? ¿Qué hace unos años habían más tiempo o había menos tramites? Si...Yo pienso que antes teníamos más tiempo con los estudiantes, hoy en día hay mucho trámite, mucho papel que llenar formatos, informes. Pienso que se volvió demasiado administrativo entonces, ya la parte de trabajo en si pedagógico siento que si se ha perdido”.

A partir de lo anterior, no es extraño pensar que la condición docente actual ha implicado una pérdida de la autonomía al interior del aula, lo que necesariamente incide en la imagen de si del docente y por ende en la satisfacción que encuentra al ejercer su labor. A esto se añade las nuevas demandas sociales, gremiales e incluso desde lo pedagógico y lo didáctico para los docentes, quienes, en el caso de Bogotá, y específicamente de la institución en la que se realizó esta investigación, son cuestionados de manera permanente por la manera de realizar sus clases, por trabajar individualmente y por tener que asumir actividades como la digitación de notas, que implican mucho tiempo y no tiene que ver con la enseñanza en sí misma.

Igualmente los procesos investigativos internacionales y nacionales les sugieren transformar su quehacer tomando en cuenta elementos a veces incontables: “La Investigación en Acción ya no concibe el docente como mero transmisor de conocimientos, sino que se le pide una implicación no sólo profesional en cuanto al saber sino una implicación personal en relación con el ser y el hacer. Así, en un estudio realizado por profesores de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Oviedo (De Miguel, Pascual Díez, San Fabián y Santiago, 1996:232), se describen aspectos que destacan en el perfil que el docente debe poseer desde la perspectiva de los propios docentes:

Partir de los conocimientos previos de los alumnos No discriminar

Conectar con las estructuras cognitivas de los alumnos para ayudarles en sus aprendizajes Interesar al alumno por la asignatura

55Aldrete Rodríguez, María Guadalupe y otros: “Síndrome de Burnout en maestros de educación básica, nivel primaria de

43  Ser capaz de negociar con los alumnos

Dar participación a los alumnos, partiendo de reglas de juego claras Reflexionar sobre el propio trabajo

Dominar la materia que se imparte y tener claridad de exposición Ser abierto y flexible

Procurar ser coherente y justo Escuchar a los alumnos

Disponibilidad para ayudar a los alumnos Paciencia”56

Con el recorrido realizado se denota que la labor docente se encuentra en un momento crucial de su historia, ya que la práctica educativa sobrepasa el espacio de lo escolar. La transformación de la escuela ha implicado cambios también en las funciones que el docente cumple, y este se encuentra en una plataforma móvil desde la cual debe atender a diferentes ámbitos.

Tal situación configura un ambiente en el que se exige todo de sí, pero con la exigencia de asumir roles distintos muchas veces en muy corto tiempo, lo que obliga al docente a convertirse en un camaleón durante su discurrir cotidiano: muy temprano en la mañana, puede ponerse el traje de controlador del tiempo de llegada de sus estudiantes, minutos después debe ser afable, escuchar a todos sus estudiantes e iniciar su clase garantizando un clima de tranquilidad para todos, más adelante, puede estar obligado a ponerse la bata de psicólogo y escuchar atentamente lo que una madre de familia tiene que decirle, o lo que una joven un tanto deprimida no ha podido expresar a alguien más. Un poco más tarde, en una de las reuniones de área, debe ser didacta y pedagogo, es decir generar estrategias para que los estudiantes aprendan y por otro lado reflexionar sobre su práctica. Si es final de periodo debe garantizar unas cuantas horas a su labor de digitador, que a muchos emociona, pero que a la mayoría fastidia. En todos esas labores es explicita la exigencia de dar todo de sí, y aúnmás si sepuede, ya que el ser docente se asocia a una misión, con todos los tintes que esto implica.

En la sola actividad docente como tal, se superponen actividades de planeación, estructuración de material didáctico, de control sobre los estudiantes como individuos y como grupo, de conocimiento de características individuales entre otras, además, obviamente del conocimiento disciplinar. Eso para empezar, con la dinámica de la clase surgen también otro tipo de fenómenos que exigen del docente, como mínimo, su reconocimiento y su atención, y como máximo una intervención permanente y cuidadosa, porque implican la aparición en algunos estudiantes de señales que indican necesidades mayores de atención y acompañamiento. Son los llamados fenómenos transferenciales, en los que el estudiante de manera inconsciente pone en el docente emociones y afectos no elaborados buscando su resolución. Obviamente el docente no pide esto, pero al ocupar un rol de autoridad, de saber se ubica como posible meta de los mismos para su tramitación: “El docente se expone como personaje real y carga al mismo tiempo con el peso de los afectos motivados en su posición de maestro. Está en el cruce de dos coyunturas indisociables e indiscernibles, está ahí como él mismo con su estructura de sujeto y su personalidad, pero también en el lugar de otro, a causa de la transferencia que genera. Será juzgado por lo que trasluce de su persona a través de su enseñanza, pero soportará también el juicio emitido sobre su función; para algunos, el papel de guía, de educador, de maestro, es una reedición demasiado intensa de la

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posición parental”.57Por su parte, pueden surgir también en el docente emociones ocultas que en algún momento pueden ejercer influencia sobre alguna de sus decisiones.

Retomando la frase de Abraham: se enseña con lo que se es, surge la pregunta por el grado de conciencia de los maestros en sus actuaciones cotidianas ¿el docente reconoce las actitudes que emite hacia sus estudiantes?, ¿es consciente de ellas?¿Puede llegar a controlarlas?A partir de lo visto previamente, se reconoce que el control del docente sobre la manera en que se posiciona respecto de sus estudiantes tiene un efecto importante en los logros de este. Sin profundizar basta recordar los estudios que sobre el efecto Pigmalión realizaron Rosenthal y Jacobson. Pero más importante aún, son los efectos que sobre su propia imagen de sí tiene su éxito como docente, en especial si se reconoce que a mayor satisfacción laboral se minimizan los riesgos de estrés, malestar docente y enfermedad.