CATÓLICO (518-527)
4.4 ROMA ABANDONA A RAVENA Y SE PASA AL BANDO BIZANTINO
El vuelco político efectuado por Justino determinó también, poco a poco y por razones tanto políticas como religiosas, un empeoramiento de las relaciones entre Bizancio y Ravena. La tendencia antigótica, encubierta mientras aún vivía Teodorico aunque éste la intuía perfectamente, sometió finalmente a este rey a un serio acoso y condujo, bajo sus desafortunados sucesores, a la reconquista de Italia por Justiniano.
Todo ello respondía a la naturaleza de las cosas y estaba ostensiblemente planeado desde un principio por más que, de momento, se hizo todo lo posible para embobar a los godos. De ahí que Justino no sólo adoptase al hijo y sucesor de Teodorico, Eutarieo, sino que lo convirtió en su colega consular para el año 519. Pero todos los hombres conspicuos del nuevo gobierno, Justino, Vitaliano y Justiniano, habían conspirado ya con el papa antes de la eversión política buscando claramente una alianza con él. Y «la paz eclesiástica de Justino conduce rectamente a la guerra de Justiniano contra los godos» (Rubín). Pues la «paz eclesiástica» no entrañaba, naturalmente, una paz real, sino una paz entre «los hombres de buena voluntad». A otros efectos, era una alianza militar entre Bizancio y Roma, que ahora cambiaba de bando.23
Justino, católico comprometido, había abandonado inmediatamente el Henotikon, eliminando así el obstáculo principal interpuesto entre los católicos de Italia y el emperador. El papado, que hasta entonces había sido nolens volens, acomodaticio frente al «rey de herejes», de quien en todo caso continuó aprovechándose, se inclinó ahora fuertemente hacia Bizancio, cosa que también hizo el senado romano. Por su parte Teodorico comenzó a vigilar más de cerca a los católicos, pero ya era demasiado tarde. Si al principio existía un frente común entre el reino godo y Roma contra Bizancio, ahora se constituyó un nuevo frente, mucho más peligroso, con Roma y Bizancio contra los godos. Pues los contemporáneos de principios del siglo VI veían aún en el Imperio bizantino, cristiano y absolutista, el centro del mundo. En un principio, ciertamente, Justino condescendió con los «bárbaros» haciendo concesiones a los godos arríanos de Oriente y eximiéndolos de los pogroms generales contra los «herejes». Después, sin embargo, retiró esas concesiones y persiguió también a quienes hasta entonces había tolerado. Desde la transición del año 524 al 525 procedió con todo rigor contra los disidentes religiosos de entre los godos. Muchas iglesias amanas fueron cerradas, confiscadas o convertidas en católicas. También sus grandes posesiones fueron confiscadas en favor de los católicos. Los arríanos fueron excluidos de los cargos públicos y del ejército y muchos de ellos forzados a convertirse. Comenzaron las conversiones en masa, momento en que intervino Teodorico.24 Para ello se sirvió, lamentablemente, del papa. Hormisdas no vivía ya. Había muerto el 6 de agosto de 523, siendo enterrado en San Pedro: su epitafio fue obra de su propio hijo, el futuro papa Silverio. Pero tampoco el sucesor inmediato, Juan I (523-526), de quien la historia sabe muy poco y sí, en cambio, mucho la leyenda, apenas sentía deseos de implorar una tolerancia en favor de los malditos «herejes» de Constantinopla como la que el mismo Teodorico dispensaba en Italia a los católicos; eso pese a que la atmósfera entre Roma y Ravena se había enfriado notablemente desde el año 519. Así pues, el papa Juan emprendió, estando ya enfermo, viaje a Constantinopla, donde residió desde noviembre de 525 hasta la pascua de 526. Fue objeto de un recibimiento y de celebraciones triunfales. Tras todo aquello estaba, naturaímente, el deseo de unidad religiosa y de unidad del imperio. Teodorico había cometido un error diplomático, apreciando probablemente de forma totalmente errónea al papa y al papado. Pero incluso sin ello, las cosas habrían ido, lo más seguro, en la misma dirección. El emperador cayó de rodillas ante el sacerdote «como si fuera el mismo san Pedro». El comunicado romano afirma incluso que el soberano «adoró al papa Juan» (adoravit). Éste realizó de inmediato un milagro devolviendo la vista a un ciego, pero, por lo demás, no consiguió gran cosa en favor del rey de los «herejes» y los «bárbaros». Su éxito como papa fue, en cambio, tremendo: el biógrafo papal pretende incluso que lo «obtuvo todo» del emperador. Justino devolvió ciertamente las iglesias confiscadas, pero rechazó el retomo al arrianismo de los convertidos a la fuerza, y es harto probable que en ello coincidiese con Juan. Cuando éste volvió enfermo y fatigado por el viaje a Ravena, muriendo de allí a poco, el 18 de mayo de 526, la leyenda católica tomó pie de este fin tan poco glorioso en la corte del rey «hereje» para transfigurarlo en martirio precedido de un horrible cautiverio. Senadores y pueblo se disputaron las reliquias ya en su lecho de muerte y durante su entierro tuvo lugar un nuevo milagro. En su epitafio, en la sala de la basílica de San Pedro, el «obispo del Señor» figura ya como víctima sacrificada por amor a Cristo. El Líber pontificalis lo llama «mártir», mientras que el «rey de herejes», según el biógrafo papal, «ardía en cólera y quena ahogar a toda Italia con su espada». ¡Qué metáfora tan acertada! (Más tarde, algunas leyendas cristianas demonizan a Teodorico. A finales de aquel siglo, en cambio, Gregorio I registra ya milagros realizados por Juan todavía en vida y el obispo Gregorio de Tours, que fabrica uno tras otro libros cuajados de milagros, nos comunica finalmente que el furioso perseguidor de católicos, aprisionó al papa y lo aherrojó: «Yo te quitaré la costumbre de seguir pronunciando maledicencias contra nuestra secta» y «en medio de muchas mortificaciones [...] el santo de Dios» entregó su espíritu.)25
Al año siguiente, en 527, Justino promulgó una ley contra los «herejes», que arruinaba prácticamente la existencia civil de todos los no católicos. Pues «aquellos que no honran a Dios de manera recta deben también ser privados de los bienes humanos». Pero todo el que no pertenecía a la Iglesia católica debía ser considerado «herético». Objeto de mención expresa fueron los siguientes grupos: maniqueos, samaritanos, judíos y helenos, es decir, paganos.26
4.5 LAS CRUZADAS TEMPRANAS Y TODA ÍNDOLE DE HISTORIAS SACRAS