CAPÍTULO II. DEMOGRAFÍA DEL ENVEJECIMIENTO
2.4. La situación de Extremadura
2.4.5. Estado de salud y dependencia
Antes de abordar el estado de salud de la población de mayores en Extremadura, citaremos algunos hábitos y prácticas relacionados con la salud. Por ejemplo, que el 40% de las personas mayores realizan poca o ninguna actividad física durante la semana, siendo más sedentarias la mayor parte del día las mujeres que los hombres, ya que estos se muestran más activos pues el 73% realiza alguna
19La tasa de riesgo de pobreza se sitúan en el 31,9% frente a la media nacional del
21,8%, de manera que 350.944 personas de distintas edades podrían estar viviendo en tales condiciones en Extremadura (INE, 2013c).
actividad diaria, aunque sean paseos cortos (Encuesta Nacional de Salud 1995).
Referente a la dieta, destacan los hábitos para evitar problemas cardiovasculares, especialmente la hipertensión, y la alimentación contra la diabetes. Actualmente el 40% de los ancianos extremeños manifiestan controlar el consumo de grasas en sus comidas diarias, rechazando el exceso de sal por un 30%, y una cuarta parte controlando el consumo de azúcar. El 80% dice no tomar alcohol fuera de las comidas, habiendo un 10% que bebe de 1 a 3 copias al día, y estando en los límites del alcoholismo un 3% los menores de 75 años (Ibíd.).
En relación a las enfermedades, según fuentes del Ministerio de Sanidad, el 70% de los mayores de 65 años se les ha diagnosticado alguna enfermedad en Extremadura, existiendo una proporción mayor de mujeres enfermas que de hombres, con patologías extendidas en este segmento de edad como la diabetes, hipertensión, artrosis- reuma, colesterol, etc., no obstante, pueden convertirse en graves enfermedades o en causa de discapacidad o dependencia. Las más frecuentes a estas edades son las cardiovasculares (36%), seguidas de las afecciones ostemusculares (31%) y las metabólicas e inmunitarias (23%), ambas últimas con especial incidencia entre las mujeres.
Hablando en términos de situación de dependencia conforme a los términos fijados en la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en situación de Dependencia, que reciben prestaciones de servicios y económicas20 en Extremadura, serían un total de 22.407 personas (14.225 personas reciben prestaciones por servicios, más 8.182 personas reciben prestaciones económicas para cuidados en el entorno familiar), según indica el IMSERSO a 31 de diciembre de 2013. Aclarar que nos estamos refiriendo a ciudadanos de distintas edades que han sido valorados oficialmente, según determinados grados y niveles de dependencia contemplados en mencionada
20Las prestaciones por servicio incluyen: Prevención dependencia y promoción
autonomía personal, Teleasistencia, Ayuda a domicilio, Centros de día/noche, Atención residencial. Además, se incluyen las prestaciones mediante servicios a través la prestación económica vinculada al servicio, y la prestación económica de asistencia personal.
normativa estatal, que representan el 2,34% del conjunto de la población extremeña. El 73,25% de los beneficiarios de tales prestaciones son personas de 65 y más años en España (552.242 ciudadanos), siendo 66% mujeres y el 34% hombres.
La Encuesta Nacional de Salud 2011-2012 (INE, 2013d) señala que 136.000 personas de 65 y más años están en situación de dependencia funcional (cuidado personal, tareas domésticas y movilidad) en Extremadura, lo que representa casi el 68% de este segmento de la población.
Total cuidado Si, para personal Sí, para labores domésticas Sí, para movilidad Ambos sexos 200.300 95.200 113.000 93.100 Hombres 86.400 25.500 50.400 29.800 Mujeres 113.900 69.700 62.600 63.300 Fuente: INE.
Los datos recogidos por la Junta de Extremadura (Álvarez y Alejandre, 2001) demostraban que los ancianos podían desarrollar mayoritariamente sus actividades básicas o de atención personal (levantarse-acostarse, vestirse-desvestirse, bañarse, comer, andar, etc.), salvo el 1,6% de los mayores de 65 años que necesitan cualquier tipo de ayuda, frente al 3,5% que existe de media nacional. Recordemos que la pérdida de movilidad se observa de forma significativa a partir de los 85 años, lo que provoca que se multipliquen por siete tales cifras.
En España el porcentaje de necesidad de ayuda para estas actividades en mayores de 65 años es superior que en Extremadura (6,8% media nacional, mientras que el 5% para esta comunidad autónoma). Por el contrario, el 20% de la población mayor de 65 años en Extremadura necesita ayuda en tareas domésticas (cocinar, lavar- planchar la ropa, limpiar la casa, etc.), mientras que esta proporción en el ámbito estatal es menor, el 17% de los mayores españoles (Ibíd.).
Ante el hecho de la dependencia de los mayores extremeños en el desarrollo de las actividades básicas diarias e instrumentales, la respuesta es que requieren la ayuda que prestan las hijas (45%), seguido del cónyuge (21%), los servicios sociales públicos (15%), y el
resto de situaciones marginales aunque tengan su relevancia en el cuidado de estos mayores a través de nueras (7%), hijos (7%), vecindario (5%) y servicios privados (5%). Por consiguiente, se confirma la hipótesis ya apuntada por autores (Bazo, 1999), que nuestro país al igual que otros de su entorno próximo (Francia, Italia, Portugal,...) somos más “familiaristas” que “estatistas” al solicitar o recibir apoyo y atención de familiares que actúan como cuidadores de parte de nuestra población de mayores, más o menos dependientes.
En el caso de los varones predomina como cuidador el cónyuge, y en el de las mujeres, la hija es un recurso mucho más probable. Tal hecho es debido a que las mujeres mayores resultan más autosuficientes, ya estén casadas o sean viudas, mientras que los hombres no suelen desempeñar tareas de mantenimiento doméstico o atención a otros mayores dependientes (cónyuge o pareja) por razones socio-culturales. En general, los varones en edades avanzadas cuentan con más opciones de cuidadores que las mujeres, el apoyo que reciben está más diversificado entre otros familiares (hijas, hijos, nueras, etc.).
De manera que cuando se trata de ayudas en tareas domésticas suele provenir del cónyuge principal, mientras que cuando aparece la necesidad de ayuda a cuidados personales, el cuidador más frecuente es alguna hija. Esto demuestra que las mujeres (hijas, nueras, vecinas,...) son las principales cuidadoras de los mayores necesitados de ayuda doméstica y en la atención personal, aunque se podría matizar con ciertas diferencias en función de tipos de atención, edades, género y modalidades de convivencia. De ahí que “las mujeres realizan tales tareas como cuidadoras con mayor frecuencia que los varones, superponiéndolas con otras actividades domésticas, es decir, densifican su trabajo no remunerado” (Durán, 2008:130). Una cuestión social que evidencia como las mujeres asumen la prestación de servicios no remunerados de atención y apoyo familiar a sus mayores, que las administraciones competentes están ahorrando del erario público en concepto de gastos sociales.
No obstante habría que reconocer al mayor como proveedor de ayuda familiar y a otras personas necesitadas en el contexto extremeño, en concreto, el 9,5% de los mayores de 65 años intervienen directamente como cuidadores (Álvarez y Alejandre, 2001). Estos mayores-jóvenes (menores de 70 años) actúan como “colchón amortiguador” de situaciones familiares complejas en las que conciliar
la vida familiar con la laboral, algo bastante habitual en la actualidad, desempeñando funciones en el cuidado de sus nietos, tareas domésticas, acompañamiento de otros familiares, etc. Tales ayudas suelen prestarse tanto en el domicilio propio a otros familiares con los que se convive (cónyuge, hijos y otros parientes), como fuera del mismo (otros familiares y vecinos).
En conclusión, los indicadores socio-demográficos de la población mayor de 65 años en Extremadura, muestran un panorama desfavorable si se compara con la media española, ya que en esta comunidad autónoma la esperanza de vida es menor que en la media nacional, también es menor la esperanza de vida con salud, la tasa de mortalidad es mayor, la tasa de discapacidad por senilidad es mayor,..., por tanto, la dependencia en Extremadura se concentra en edades más avanzadas, con un peso relativo superior de los mayores incapacitados que en la media estatal.