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Durante el último decenio se ha observado una reducción drástica de la mortalidad ocasionada por desastres en determinados países y regio- nes. Sin embargo, no todos los países han sido capaces de reducir la vulnerabilidad asociada con la mortalidad ocasionada por los desastres más rápido que el aumento de la población ex- puesta a amenazas.

El superciclón que afectó el estado de Odisha (India) el 29 y el 30 de octubre de 1999 causó la muerte de 9.843 personas. Catorce años más tarde, en octubre de 2013, tan solo murieron 47 personas cuando el ciclón Phailin arrasó la misma zona. reducción drástica de la mortalidad por desastres ha sido atribuida al mejoramiento en la gestión del riesgo de desastres introducidas por el Gobierno del estado de Odisha (GFDRR, 2013a; UNEP, 2013).

La Autoridad Estatal para la Gestión de Desas- tres de Odisha (OSDMA, por sus siglas en inglés) se creó poco después del superciclón de 1999 (GFDRR, 2013a). Posteriormente, se construye- ron 200 refugios anticiclones y se desarrollaron sistemas de alerta temprana, con redes de comu- nicación que permitían recibir las alertas tanto a las comunidades expuestas como a los pescadores mar adentro. Asimismo, se constru- yeron diques de protección contra las mareas de tormenta y las inundaciones costeras. En la

Veinticinco años después de la adopción del Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales (DIRDN) por parte de los Estados Miembros de las Naciones Unidas y diez años después de la adopción del MAH, el riesgo de desastres global no se ha reducido de forma significativa. Si bien las mejoras en la gestión de desastres han dado lugar a una enorme reduc-

ción de la mortalidad en algunos países, las pérdidas económicas se elevan hoy en día a un promedio de entre 250.000 millones y 300.000 millones de dólares americanos al año.

actualidad, cuando hay pronósticos de actividad ciclónica, se reducen los niveles de las presas para mitigar las inundaciones previstas en las zonas de interior. Igualmente, se realizaron eva- luaciones de la vulnerabilidad de las zonas urbanas y se introdujeron códigos de cons- trucción (GFDRR, 2013a; UNEP, 2013). Además, la precisión de los pronósticos del Departa- mento Meteorológico de la India ha mejorado de manera notable. En 2013, empezaron a emitirse alertas cuatro días antes de que el ciclón Phailin tocara tierra, lo que permite ver un avance sig- nificativo en comparación con las alarmas del superciclón de 1999, emitidas tan solo dos días antes (UNEP, 2013). Finalmente, el ciclón tocó tierra en un período preelectoral, motivo por el cual tanto el Gobierno nacional como el estatal utilizaron todos los recursos disponibles para garantizar que el desastre se gestionaba correc- tamente y que sus consecuencias se reducían al mínimo.

El caso de Odisha indica una tendencia que se modelizó en el GAR11 (UNISDR, 2011a) y en la que la mejora de las condiciones de desarrollo y el fortalecimiento de la gestión de desastres conducen a una reducción drástica de la morta- lidad, al menos en aquellos casos en los que se pueden emitir alertas. A nivel global, se estimó que el riesgo de mortalidad modelado asociado con inundaciones y ciclones tropicales había alcanzado su nivel máximo en el año 2000, antes de empezar a descender.1 En Asia Oriental y el Pacífico,2 por ejemplo, se estima que el número de personas expuestas cada año a las inunda- ciones y a los ciclones tropicales ha aumentado

70% 80% 90% 100% 30% 40% 10% 20% 50% 60% Ingresos altos Ingresos medio altos Ingresos medio bajos Ingresos bajos

(Fuente: UNISDR con datos de EM-DAT.)

Gr co 1 Distribución de la mortalidad ocasionada por desastres por grupo de ingresos, 1990-2013

En aquellos países de bajos ingresos donde exis- ten mecanismos de gobernanza débiles, que se enfrentan a una cantidad similar de personas expuestas y a unas amenazas del mismo nivel de gravedad, puede esperarse un aumento de las tasas de mortalidad, de diferente orden de mag- nitud. (UNISDR, 2009a). Esto quedó trágicamente

confirmado en el caso de las 138.366 personas que se estima murieron cuando el ciclón Nargis golpeó Myanmar en 2008.

Muchos países han logrado avances significativos con relación al desarrollo humano, la reducción de la pobreza y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Entre 1990 y 2010, el porcentaje de personas que viven por debajo de la linea de pobreza se redujo a menos de la mitad, al descender del 43% aproximadamente a poco más del 20%.3 Desde 1990, el número de personas que viven con menos de 1,25 dólares americanos al día se redujo del 51% al 30% de la población en Asia Meridional y del 56% al 48% en África Subsahariana (United Nations, 2014a). En el mismo período, la mortalidad de los niños meno- res de cinco años descendió de 178 a 109 por cada 1.000 nacimientos en África Subsahariana y de 116 a 61 por cada 1.000 nacimientos en Asia Meri- dional (ibid.).

Con la mejora de las condiciones de desarrollo y la reducción de la vulnerabilidad, puede espe- rarse un descenso de la mortalidad ocasionada por los desastres. Existen mayores probabili- dades de que haya carreteras para permitir la evacuación, a que las personas afectadas pue- dan recibir una asistencia médica oportuna y de que se fortalezca el entendimiento de la pobla- ción el entendimiento alertas y de planes de preparativos para casos de desastre a través de un mayor nivel de alfabetización y de enseñanza primaria. El aumento de los ingresos y el fortale- cimiento de la gobernanza también han ido de la mano de la mejora de la gestión de desastres. Como se debate en la segunda parte de este informe, los avances logrados en los sistemas de alerta temprana, que van desde un monitoreo más preciso de los fenómenos meteorológicos al acceso por teléfono móvil mucho más amplio en aproximadamente un 70% desde 1980, mien-

tras que se calcula que el riesgo de mortalidad modelado se ha reducido a la mitad (UNISDR, 2011a). Sin embargo, en África Subsahariana, los calculos indican que el riesgo de mortali- dad por inundaciones modelado ha aumentado constantemente desde 1980 (UNISDR, 2011a), ya que el aumento de la exposición de la pobla- ción no ha ido acompañado de una reducción acorde de la vulnerabilidad. No todos los países han sido capaces de reducir el riesgo asociado con la mortalidad por desastres más rápido de lo que ha aumentado la población expuesta a amenazas.

El riesgo de mortalidad por desastres está estrechamente ligado a los ingresos y a la cali- dad de la gobernanza. Desde 1990, casi el 90% de la mortalidad documentada en desastres registrados en el ámbito internacional se ha con- centrado en países de ingresos bajos y medios (Gráfico 2.1).

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y a mejoras reales en los mecanismos de prepa- rativos y de respuesta a desastres, han implicado que, mientras que los eventos solían coger a las personas desprevenidas, actualmente existen planes de contingencia que permiten una eva- cuación oportuna a refugios y zonas seguras. La experiencia de Odisha no es un caso ais- lado. Muchos otros países de ingresos bajos y medios también han logrado, desde el comienzo del Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales, avances espectacula- res a la hora de reducir su riesgo de mortalidad (Recuadro 2.1).

Los sistemas de alerta temprana de tsunamis también pueden resultar un modo muy eficaz para salvar vidas. Un resultado tangible desde la adopción del MAH ha sido la creación del Sistema de Alerta y Mitigación de Tsunamis del Océano Índico.4 Sin embargo, la eficacia del sistema no se ha puesto a prueba para tsumanis de las dimen- siones del ocurrido en 2004.

Salvo algunas excepciones notables,5 las alertas tempranas rara vez resultan eficaces en el caso de los terremotos. Las personas no mueren en los terremotos, mueren en edificios que colapsan o se incendian en los terremotos y pocas veces hay tiempo de evacuar a refugios y zonas seguras. En consecuencia, muchos de los logros alcan- zados en la gestión de desastres para reducir la mortalidad por inundaciones y tormentas no se han logrado con la misma eficacia en el caso de terremotos.

Desde 1990, alrededor del 85% de la mortalidad registrada por terremotos en el ámbito interna- cional se ha concentrado en países de ingresos bajos y medios (Gráfico 2.4). En estos países, el número de edificios expuestos aumenta de forma exponencial debido al desarrollo

70% 80% 90% 100% 30% 40% 10% 20% 50% 60% Ingresos altos Ingresos medio altos Ingresos medio bajos Ingresos bajos Sin clasificar

(Fuente: UNISDR con datos de EM-DAT.)

Gr co 4 Mortalidad por terremotos por grupo de ingresos, 1990-2013

económico y al crecimiento urbano acelerado. Sin embargo, la calidad de los mecanismos de gobernanza urbana, entre los que se encuentra el cumplimiento de los códigos de construc- ción y de las normas de planificación, suele ser más débil que en los países de ingresos altos (UNISDR, 2009a).

Por ejemplo, incluso en un país de ingresos medio altos como Turquía, el terremoto de 1999, en el que murieron 17.000 personas, reveló que el 65% de los bloques de apartamentos de Estambul y de otras ciudades se habían construido sin cum- plir los códigos locales de construcción. De este modo, el elevado número de víctimas mortales reveló la poca eficacia del sistema de cumpli- miento de los códigos, que en gran parte se debía a la corrupción extendida que incentivaba a los inspectores de construcción para que ignora- ran y permitiesen las edificaciones deficientes (Moullier, 2014).

En concreto, en los países de bajos ingresos, un porcentaje considerable del desarrollo tiene lugar en el sector informal, que por definición no está regulado. La situación resulta aún más crítica en países como Haití en los que rara vez suceden grandes terremotos y que, por lo tanto, tienen bajos niveles de sensibilización ante el riesgo (Neumayer et al., 2012), de manera que se

10 20 30 40 50 60 70 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010 2013

Bangladesh: Mejoras en las instalaciones sanitarias (% de la población con acceso)

Bangladesh: Brecha de pobreza de 1,25 dólares americanos/día (PPA; %) 5 10 15 20 25 30 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010 2013

Mozambique: Brecha de pobreza de 1,25 dólares americanos/día (PPA; %) 50 100 150 200 250 300 10 20 30 40 50 60 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010 2013 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010 2013

Mozambique: Tasa de mortalidad de niños menores de cinco a os or cada nacidos vivos

Recu dro 1 Vidas salvadas

En general, los países que han conseguido reducir significativamente la mortalidad ocasionada por desastres también han conseguido avances en el manejo de desastres dentro de un contexto más amplio de mejora- miento de los indicadores del desarrollo.

En Bangladesh, por ejemplo, un innovador programa de refugios anticiclones ha ayudado al país a reducir drásticamente la mortalidad ocasionada por ciclones tropicales desde la década de 1970. En los últimos cinco decenios, Bangladesh ha sido azotado por tres ciclones tropicales severos: el Bhola (1970), el Gorky (1991) y el Sidr (2007).

El Bhola causó un número estimado de 300.000 muertos y Gorky fue responsable del fallecimiento de 138.866 personas. Sin embargo, el número de víctimas mortales del Sidr fue de tan solo 4.234. De forma para- lela, el principal logro de Bangladesh a la hora de reducir la mortalidad ocasionada por los ciclones tropicales no solo se sustenta en los refugios anticiclones, sino también en 800 personas de la provisión de educación básica, salud y saneamiento, y en la reducción del número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza (Gráfico 2.2).

En febrero y en marzo de 2000, tuvieron lugar unas grandes inundaciones en Mozambique que afectaron a más de 4,5 millones de personas y causaron la muerte de al menos 800 personas. Aunque las inundaciones de enero de 2013 no fueron tan graves como las de 2000, la cantidad de muertos y afectados se redujo en aproximada- mente el 90%. En Mozambique, la reducción constante de la pobreza extrema ha ido de la mano del drástico descenso de la tasa de mortalidad de los niños menores de cinco años, que constituye un indicador clave del cuarto Objetivo de Desarrollo del Milenio (Gráfico 2.3). Este país también ha logrado reducir de forma significa- tiva la mortalidad ocasionada por los desastres a lo largo de los últimos 20 años.

De forma similar, los huracanes ocurridos en Cuba en 1926 y en 1932 dejaron a su paso alrededor de 600 y de 2.500 muertos, respectivamente. En cambio, en 2005, el huracán Dennis causó la muerte de únicamente 16 personas y, en 2012, el huracán Sandy se cobró tan solo 11 vidas.

Gr co 2 Avances logrados en determinados

indicadores del desarrollo humano en Bangladesh Gr co de niños menores de cinco años en Mozambique Reducción de la pobreza y de la mortalidad

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reduce aún más la posibilidad de una planifica- ción urbana y unos reglamentos de construcción que tengan en cuenta el riesgo.

En consecuencia, si bien el desarrollo económico puede conducir al descenso de la mortalidad relacionada con los fenómenos meteorológicos, también puede traer consigo aumentos reales de la mortalidad ocasionada por terremotos, ya que el aumento de la exposición avanza más rápido que la reducción de la vulnerabilidad conse- guida a través de las normativas de construcción y de planificación. A medida que aumentan los ingresos de un país, estas normativas tienden a mejorar. Sin embargo, esto no se traduce en una reducción visible de la mortalidad a corto plazo. El resultado de la mejora de los reglamentos de planificación y las normativas de construc- ción puede tardar decenios en traducirse en una reducción de las pérdidas ocasionadas por desastres, puesto que debe alcanzarse un nivel elevado de desarrollo urbano y de nuevas cons- trucciones que tengan en cuenta el riesgo. Por tanto, es posible que los países que introdujeron

nuevos códigos de construcción sísmica bajo el MAH no vean los frutos de sus esfuerzos hasta mediados de siglo. En consecuencia, si bien el número de edificios construidos en zonas expuestas a terremotos ha aumentado de forma considerable desde 1990, no está claro hasta qué punto esto se ha compensado con la reducción de la vulnerabilidad.

La mortalidad por terremotos no se modeló en el GAR11 debido a la falta de disponibilidad de datos. Dada la baja frecuencia de los terremo- tos de gran magnitud, no es sencillo realizar comparaciones longitudinales entre los impac- tos de eventos similares ocurridos en la misma región como sí fue posible en el caso de Odisha o de Bangladesh. Por suerte, no se han repe- tido hasta la fecha eventos como el terremoto de 1906 de San Francisco o el terremoto de 1923 de Tokyo.

Igualmente, la mayor parte de la mortalidad oca- sionada por desastres se concentra en eventos intensos (Gráfico 2.5). Más del 45% del total de

Número de muertos 250.000 50.000 100.000 150.000 200.000 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2013 R² = 0,0406 Ciclón

Bangladesh [1991] CiclónMyanmar [2008]

Terremoto y tsunami Océano Índico [2004]

Geofísicos [terremotos, tsunamis, volcanes]

Relacionados con fenómenos meteorológicos [climatológicos, hidrológicos, meteorológicos] Lineal (TODOS)

Terremoto Haití [2010]

(Fuente: UNISDR con datos de las bases de datos nacionales sobre pérdidas.)

la mortalidad ocasionada por desastres desde 1990 se concentra en tan solo cuatro eventos (el ciclón Gorky de Bangladesh en 1991, los tsuna- mis del Océano Índico de 2004, el ciclón Nargis de Myanmar en 2008 y el terremoto de Haití de 2010). Aunque puede parecer que la mortalidad está en aumento, esta tendencia no es estadísticamente significativa y cambia de forma arbitraria en fun- ción del período de tiempo seleccionado y de los desastres intensivos específicos que ocurriesen en ese período.6

2.2 ¿Reducción de las pérdidas