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LA SEÑORA PEO (La señora luna)

In document LeyendasTomo II (página 196-199)

Hasta Cosijopii, señor de Tehuantepec, llegó un copavitoo (guardián de los dioses) a pedir el castigo del más anciano y más sabio de los colami (encargados de interpretar los sueños) el cual había abandonado el templo de la señora Tzapotlateman (madre de los zapotecas o Pinopiáa) yéndose a habitar a la espesura del bosque.

Cosijopii le escuchó en silencio, prometiéndole hacer regresar al Señor de los Agüeros, tan respetado por el pueblo.

Tan luego como el copavitoo dejó el palacio, hizo llamar al guerrero Benexoo (Águila) pidiéndole localizara al colami pecala y lo regresara al santuario, ya que los fieles empezaban a extrañar su presencia.

Obediente a las órdenes del rey, Banexoo se dirigió apresuradamente a los bosques de Tehuantepec (lugar de tigres) y después de mucho andar por entre la espesa selva encontró al colami pecala arrodillado ante un hermoso papagayo.

Benexoo, tras los árboles, se puso a espiar la extraña actitud del sacerdote de los agüeros. As í pudo observar cómo el intérprete de los sueños, reverente, se punzaba los brazos con gruesas púas, las que, ensangrentadas, depositaba bajo la rama en que estaba parado el multicolor animal.

Luego, con manos temblorosas, quemó incienso en los braserillos de oro colocados a los lados del árbol en que habitaba el manipeo manibehúa (animal de la luna). Cuando hubo terminado estas ceremonias, Benexoo se acercó al colami pecala y le transmitió el mensaje real:

– Colami pecala, el rey tu señor ordena regreses al templo de la diosa Tzapotlateman como señor encargado de la interpretación de los sueños; así que he venido por ti y apresúrate a seguirme.

El anciano movió la cabeza negativamente respondiendo: – Guerrero, no puedo obedecer al rey.

– ¿Acaso no conoces el castigo que el rey tu señor da a los que osan desobedecer sus órdenes? Tú eres un sacrílego. Has dejado abandonado el servicio de nuestra diosa. Te espera un duro castigo.

– El ser bellísimo a quien adoro es cosa divina y no puedo dejar de darle culto. El rey, mi señor, puede darme o quitarme la vida; pero cuando sepa la verdad, él permitirá a este pobre viejo se quede aquí, adorando a la señora luna, hasta que mis ojos se cierren y mi espíritu intente llegar al quiebáa (paraíso).

– ¿Qué has dicho, anciano venerable? ¿Acaso este animal encarna a la señora Peo? – Gran guerrero, eso es; este hermoso manipeo (animal luna, o de luna) es la diosa del

cielo. Y para que comprendas por qué no puedo alejarme de ella escucha:

– Una noche estaba dormido. Todo era paz en la ciudad y solo frente al altar de la diosa Tzapontlateman manos virginales cuidaban que no faltara el incienso en los braserillos. De pronto, a mitad de la noche, se me apareció la señora Peo, toda vestida de blanco algodón y rodeada de una luz oro pálido. Yo quedé admirado de su belleza, sin poder hablar, más ella con voz delicada me dijo:

– Vengo a verte porque tú interpretas los sueños. Los sueños son hijos de la noche y yo soy la señora de la noche.

Entonces yo le dije:

– ¿Qué deseas de mí, señora? Siempre he venerado al dios Leshee (dios de los sueños y su interpretación). Siempre le he ofrendado frutos, incienso, perritos y cosas del campo cultivado o de la caza. Nunca he descuidado mis deberes de colami pecala.

– No te reprocho nada, buen anciano. No es esa mi misión. Tienes que escucharme. – Te escucho, señora.

– Yo soy una enamorada de los bosques de Tehuantepec. Todas las noches me embeleso en su contemplación, y cuando se termina la misión de vigilar desde el cielo al mundo, a la hora Télayu (madrugada, aurora) a la hora del alba grande, cuando la mañana se hace de oro y abre como una flor, yo dejo el cielo, satisfecha de que he cumplido mi misión, y bajo a la tierra a recrearme en los bosques que tanto amo, convertida en un hermoso papagayo. Yo quiero, por eso, que tú me acompañes y me veneres, como lo que yo soy, durante el día.

La hermosa señora desapareció. Yo desperté, y sabiendo que era verdad lo que había visto y oído en sueños, al instante me dirigí a este bosque, mucho antes que el señor Capijcha –Sol- apareciera. Y en este mismo lugar en el que me has encontrado, me puse a orar, con los párpados cerrados, por temor a ofender con mi mirada la llegada de tan divina señora. Y no tardé mucho, te lo juro, en oír un aleteo cerca de mí; al abrir mis párpados, allí estaba ella, allí, en forma de papagayo.

Yo no me he separado, desde entonces, de ella. Elevo mis oraciones, le ofrendo mi diario sacrificio, y no dejo de colocar incienso en los braserillos. Ella se siente satisfecha de mi devoción y compañía. Ahora ya sabes por qué no puedo regresar a la ciudad. Id al rey y contadle todo.

El guerrero Benexoo, en silencio, dejó el corazón del bosque, regresando al palacio del rey.

Cuando Cosijopii escuchó el relato que aclaraba el misterio de la desaparición del venerable colami pecala, quedó por un momento pensativo. Luego mandó llamar al copavitoo y le dijo:

– Busca otro colami pecala porque el que tú acusas ya no volverá. La señora Peo lo ha tomado a su servicio.

In document LeyendasTomo II (página 196-199)