Utopía y razón
5. Y si se trata de economía
Si los análisis anteriores son correctos, será fácil comprender hasta qué punto las citadas deficiencias de nuestra razón tienen hoy un lugar privilegiado en su uso al servicio de la economía, que es la más irracional de todas las dimensiones de la cultura moderna, en la que una razón meramente «instrumental» trabaja al servicio de una sinrazón global. Hasta tal punto que, si antaño se hablaba de la filosofía (el campo que parece más propio de la razón) como «ancilla theologiae», hoy deberíamos hablar de nuestra cultura como «ancilla economiae». Y si antaño se alzó la voz de I. Kant gritando: «¡Atrévete a pensar!», contra la verdad oficial de la tradición, hoy hay que repetir el ¡atrévete a pensar! contra la verdad oficial del presente. Porque, de lo contrario, será muy difícil que la utopía «se mueva», como decía Galeano, y así nos haga caminar.
La lucidez (hoy olvidada) del cura Don Milani, escribía a su amigo comunista: lucharé contigo sin parar hasta que llegues al poder; a partir de entonces, me tendrás en la oposición. Y a Mao se le atribuye aquel eslogan: primero habrá que hacer la revolución contra el «status quo»; luego la revolución contra la revolución. Que es como decir: la utopía, además de aliciente, ha de ser también crítica. En teología se habla del «reparo escatológico» o de la simultaneidad entre el «ya sí» y el «todavía no». Es una manera de reconocer que tanto la razón como el ser humano son utópicos: apuntan siempre a un más-allá incesante, hacia una Trascendencia que es vivida antes de ser pensada.
Si se me permite una experiencia personal, para concluir, pensemos en las matemáticas, que, por su exactitud, parecen ser el campo por excelencia de la razón y de su fuerza. Hasta tal punto que los pitagóricos hicieron de los números y sus relaciones unos ingredientes de comprensión de la realidad. Por si fuera poco, las matemáticas son a veces de una belleza capaz de competir con el mejor paisaje de los poetas. Es sorprendente el placer que cabe en algo tan trivial como un «sudoku samurái» cuando descubres que, en contra de lo que parecía a primera vista, una determinada cifra solo puede estar en una determinada casilla y no en otras varías que parecían admitirla, porque, de ponerla allí, se cerrarían muchas puertas futuras que impedirían completar el relleno.
Pero... a la vez, nada más terrible que la mente matemática empeñada en afrontar y resolver matemáticamente y con esa exactitud todas las dimensiones y problemas de la realidad. El lenguaje habla castizamente de «cabezas cuadradas». Porque esas gentes acaban destruyendo la realidad.
De este modo, la misma razón acaba llevándonos a su propia superación: a la utopía otra vez. Y en este sentido, una razón purificada (que no es lo mismo que razón pura) puede hacer el gran servicio de desenmascarar las mil falsas utopías que los humanos construimos desde nuestra constitución utópica o desde la llamada que nos hace la utopía. Quizá valga la pena desarrollar esto un poco más, porque creo que ayuda a percibir cómo los hombres gozamos más con la promesa de las cosas que con las cosas
mismas.
Hace años, se estrenó una película (La vie d’Adèle) que escandalizó por una larga escena de sexo «explícito» (adjetivo que hoy solemos utilizar para no decir simplemente «obsceno» o «pornográfico») entre dos muchachas: una lesbiana profesa y otra que buscaba su identidad sexual. La cito porque creo que lo más seductor y lo más excitante de la película no eran las escenas físicas de sexo, sino la secuencia anterior, en la que a la muchacha seductora, en una larga conversación con la amiga, se le van iluminando los ojos y se le
va dibujando una sonrisa paciente e impaciente a la vez, conforme adivina la posibilidad, la promesa y la casi seguridad de la escena siguiente: había más felicidad en aquella cara expectante y ansiosa que en todo el placer posterior. Y esa escena previa es la que da fuerza erótica a la escena siguiente, que, sin ella, no sería más que un típico «más de lo mismo». Por supuesto, la película acaba como cabía esperar: aquella plenitud entrevista no se consigue; a la larga, van apareciendo en la relación la posesividad, los celos, las ganas de «rendir» a la otra parte... y todo eso tan nuestro que acaba destrozando a las dos protagonistas.
Pongo este ejemplo para añadir a continuación que esto no sucede solo en el campo erótico, por la inacabable complejidad de nuestra sexualidad. Es en todos los campos humanos donde la promesa entrevista acaba quedando por debajo de nuestras expectativas, donde (para decirlo con la clásica imagen bíblica) la «tierra prometida» no mana, sin más, leche y miel (aunque es precisamente buscando esa tierra prometida, que no existe, como el pueblo consigue la libertad). En casi todos los campos humanos nos nace ese regodeo en lo que va a venir y sobre lo cual proyectamos más de lo que vendrá... En la fiesta de los Reyes Magos, nuestros niños disfrutan más en el momento de acercarse a ver los regalos que luego en la posesión de los mismos (de los que tantas veces se olvidan o se aburren al poco tiempo). La sonrisa feliz de aquella carita que entraba en la habitación de los regalos no vuelve a repetirse después.
Y pasando de niños a adultos, cada año, hacia el 21 de diciembre, nos embuten los medios infinidad de noticias y reportajes sobre la lotería de navidad. No creo equivocarme si escribo que el momento de mayor felicidad es el del anuncio del premio que ha tocado, no los días que siguen con la posesión de ese premio. Y, de manera más pedestre: los estallidos de dicha que creemos percibir cada año porque «mi equipo» ha ganado tal liga o campeonato o ha ascendido a primera división, se convierten en preocupación y angustia en cuanto comienza la temporada siguiente, por si este año podremos volver a ganar, o se llevará la liga «el otro», o descenderemos a segunda división otra vez. No sé si es cierto lo que me dijo una vez una mujer (algo resentida quizás): de todo el matrimonio, el momento más feliz es el día de la boda, cuando te vistes de novia... No siempre será así, pero cuando no lo es, se debe a que una persona madura no se habrá dejado llevar por los vientos de la utopía.
Con esta retahíla de ejemplos solo he querido dejar claro que esos vientos existen: los humanos tenemos cierta hambre de absoluto, y eso puede llevarnos a absolutizar cualquier cosa. Ante esa promesa de las cosas, que a Agustín parecía decirle: «busca más allá de nosotras», y a Juan de Yepes le sugería «un no sé qué que quedan balbuciendo», los seres humanos se encuentran también con «un no sé qué que quedan esperando».
* * *
CONCLUSIÓN
Pues bien: ante esa dimensión nuestra puede cobrar nueva vigencia el consejo kantiano: «atrévete a pensar», si lo entendemos como «atrévete a encarar desde una razón
purificada esa dimensión utópica que nos constituye».
¿Por qué somos así? ¿Y cómo manejarnos siendo así? Tengamos en cuenta la otra gran verdad de que quienes funcionan como sabios desengañados y pesimistas de profesión nunca construyeron mucha humanidad ni mucha historia. Fueron siempre los despreciados como «utópicos» los que hicieron dar algún paso adelante a nuestra historia, aunque ese paso se quedase muy por detrás de lo anhelado.
Pero también, ante esa dimensión nuestra, encuentra su verdadero contexto la oferta utópica de la Buena Noticia de Jesús, que se extiende a lo personal, a lo social y a toda la historia humana. El kantiano «atrévete a pensar» se hermana así con un «atrévete a esperar».
1. Sobre la anticipación como categoría derivada del anuncio cristiano de la Resurrección, ver lo dicho en el capítulo 3 de La Humanidad Nueva. Ensayo de cristología.
2. Pensées sans ordre concernant l’amour de Dieu, Paris 1962, p. 14. Hay traducción castellana en Trotta.
3. Un poco más comentado en Calidad cristiana. Identidad y crisis del cristianismo, Santander 2006. Puede ser bueno subrayar que la aporía citada empapa todas las dimensiones humanas, también la religiosa. Y hoy la encontramos en ese salvaje integrismo islámico que, creyendo actuar en nombre de Dios, actúa también, en realidad, en contra de Dios.
4. Mark A. OUA KN IN, Elogio de la caricia, Madrid 2006. 5. Traduzco con esas expresiones el hegeliano aufgehoben. 6. Después de Cristo, Madrid 2013, p. 348.