músicos judíos hacia la Argentina en el período 9-9
Yo no me escapé del nazismo. Así comenzó el violinista Ljerko Spiller una charla
de más de dos horas que mantuvimos en una tarde de primavera del año 2003. En efecto, el maestro Spiller, vivía en París donde trabajaba como concertino de la Orquesta de Cámara que dirigía Alfred Cortot. Un alumno de él, de paso por esa ciudad, le prome- tió un contrato de cinco conciertos en un teatro de Buenos Aires y dos conciertos en diferentes sociedades musicales de esta ciudad. Spiller arregló sus papeles, compró un pasaje de barco y partió a los mares del Sur. Al llegar al puerto de Buenos Aires en 1935, su alumno, ahora convertido en el Dr. Solotskoff, le informó apenado que el teatro en el cual tenía que dar los conciertos no existía más. En su lugar estaban construyendo el actual teatro Opera. El maestro Spiller, en su relato, reveló que, leyendo los diarios argentinos, “mejor informados que los franceses”, se dio cuenta de que “la situación en Europa era mucho más seria y peligrosa de lo que parecía. (…) Y a pesar de que yo tenía un puesto muy importante en París, a pesar de mi juventud” –me dijo-, a pesar de los concursos ganados previamente y sus conciertos y sus cosas, a pesar de “no haberse escapado del nazismo”, Spiller no regresó a París.
Ljerko, al igual que otros veinticinco músicos judíos europeos -compositores, directores, instrumentistas y musicólogos- llegaron a Argentina entre 1933 y 1945, es- capando de la persecución nazi o, de paso por este país, no pudieron regresar durante el transcurso de la contienda. Al finalizar la guerra, aunque algunos volvieron a Europa o
fueron a Estados Unidos para continuar su formación, la mayoría, adoptó a la Argentina como su país de residencia permanente. Con esta particular ola de inmigración judía, arribaron –entre otros- músicos de la talla de Guillermo Graetzer, Edwin Leuchter, Ernesto Epstein, Marcelo Koc, Michael Gielen, Teodoro Fuchs y Léibele Schwartz.
Argentina recibe a la mayoría de ellos durante la década infame, inaugurada el 6 de Septiembre de 1930, por el golpe de Estado del General Uriburu, sucedido por otras dictaduras militares o débiles presidencias civiles que llegaban al poder por elecciones fraudulentas. El liberalismo argentino, gestado desde fines del siglo XIX, fue declinando poco a poco a partir de la década del 30, dando lugar a un antiliberalismo nacionalista, impregnado de una fuerte ideología nazi-fascista. Para entonces, ciertos sectores de poder propugnaron alianzas con la Iglesia Católica, en un intento de imponer un “Nuevo Orden Cristiano”. Durante toda esta época se desarrolló una política inmigratoria restrictiva que llevó a fuertes controles sobre los ingresos de inmigrantes y rechazos de pasajeros en su casi totalidad, judíos.
El antisemitismo en Argentina comenzó a adquirir formas más concretas y or- ganizadas. Como ejemplo, basta recordar que en 1937, se creó la Alianza Libertadora Nacionalista.
Todos estos músicos desarrollaron sus primeras actividades en Argentina, bajo este contexto político. Culturalmente se encontraron inmersos en una época de grandes creaciones de organismos musicales estatales, como la Orquesta Sinfónica Municipal (hoy Orquesta Filarmónica del Teatro Colón), la Orquesta Sinfónica del Estado (hoy Orquesta Sinfónica Nacional) y la Orquesta Sinfónica Juvenil de Radio de Estado. También es el período de formación de asociaciones auspiciantes de música, como la Asociación “Amigos de la música”, el Mozarteum Argentino en 1952 y la Asociación de Conciertos de Cámara, que se suman a la ya fundada Asociación Wagneriana.
Compartieron este espacio en el tiempo con compositores de renombre como Carlos Guastavino, Astor Piazzolla, Washington Castro, Roberto García Morillo, Roberto Caamaño, entre otros.
Las palabras exilio, música, identidad, tradición y memoria, engarzadas en el marco del judaísmo, se combinarán en el entramado de este trabajo de investigación que se encuentra en su faz inicial y que llevaremos a cabo en el marco de nuestra tesis de doctorado en Teoría e Historia de la Artes, en la Universidad de Buenos Aires.
Nos ocuparemos en forma general de los veinticinco músicos pertenecientes a este cercado universo de inmigrantes y, en forma particular y exhaustiva, de las trayectorias y las obras de siete de ellos, que se dedicaron –aunque no todos en exclusividad- a la composición: Werner Wagner, Michael Gielen y Teodoro Fuchs (llegados de Alemania), Alejandro Pinto y George Andreani (de Polonia), Marcelo Koc (Rusia) y Guillermo Graetzer (Austria). El período elegido está delimitado temporalmente con el ascenso del
nazismo al poder, en el mes de enero de 1933 y finaliza con la derrota de éste, en 1945, aunque los últimos músicos de este grupo de inmigrantes, llegaron en 1943.
Dice el poeta Luis Cernuda: ¿quién lo olvida, /Tierra nativa, más mía cuanto más
lejana? Para los inmigrantes que integran el corpus de este trabajo, el exilio inicial y
fundador del pueblo judío fue seguido de otros exilios. Entonces, el “otro lado original” no es sólo Palestina, sino, Alemania, Polonia, Rusia y los demás países afectados por el nazismo y la Segunda Guerra. Estas porciones de pueblo judío multiplicaron la diáspo- ra judía y la hicieron estallar en una multitud de fragmentos de diáspora conformando estratos sucesivos de memoria. Nuestra tarea, será también vislumbrar si -en la produc- ción musical de estos inmigrantes- esto ha quedado plasmado, judaizando elementos tomados del afuera o diversificando la música judía tomando en préstamo materiales de otras culturas. De esta manera, podremos llegar a conocer cuál fue su legado en el campo musical y si construyeron o no, un canon judío.
Este trabajo, que intentará arrojar luz sobre un conjunto restringido del universo general de los inmigrantes a la Argentina en tiempos del nazismo, será uno de los prime- ros en poner en consideración estos aspectos, vinculando diversas problemáticas entre la música y los hechos políticos, una franja de muy escaso desarrollo en Argentina. No sólo porque focalizará su atención en la trayectoria musical de estos músicos, sino por la perspectiva global que implica para la historia del arte -en este caso, la música- el enfoque desde la historia social de la inmigración judía a la Argentina. Trabajar con este corpus desde el análisis musical y al mismo tiempo desde fuentes primarias, abre otra perspectiva musicológica. La finalidad de nuestra propuesta abarca diversos objetivos. Para situar a los actores de esta investigación en su contexto histórico, nos proponemos: Indagar sobre las relaciones políticas y culturales entre Argentina y Alemania antes de la irrupción de la guerra y las condiciones de inmigración para los judíos, después de la crisis del ’30; la acción de los medios de comunicación y del establishment musical con respecto al antisemitismo y las dificultades experimentadas por estos inmigrantes en el momento de su llegada. Examinaremos las instituciones argentinas que tuvieron un papel fundamental en la vida de ellos; los lugares hegemónicos de la cultura en la época; el momento de aceptación en dichos lugares; la recepción de la prensa: realizando una lectura y análisis crítico de la crítica musical; la creación de algunas instituciones musicales como el Collegium Musicum; el rol que cumplieron las distintas instituciones culturales judías y no judías a su llegada. Investigaremos en profundidad las trayectorias de cada uno de los compositores elegidos, confeccionando catálogos exhaustivos de sus obras. Efectuaremos el análisis musical de obras seleccionadas, en busca de materiales judíos en ellas. Estableceremos comparaciones con la producción de compositores judíos de la misma generación, pero nacidos en Argentina, o llegados en etapas migratorias
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anteriores. Vincularemos si algunos acontecimientos políticos, como, por ejemplo, la creación del Estado de Israel, influenciaron a estos músicos en su producción.
No van a estar ausentes las palabras convertidas en poesía y puestas en música por algunos de estos compositores. Palabras secularizadas en ídish, sacralizadas en hebreo. Palabras nuevas, las que llegaron de otras lenguas, de los idiomas que se fueron sumando a la palabra maternal. Todas se reúnen en el otro discurso aglutinante, el de la música. Junto a ella, se coserá la memoria, se tejerá la identidad y se bordará la tradición.
Como se acerca la primavera, elegimos para hacerles escuchar de las Cinco Pe- queñas Canciones Judías, que sobre textos de Kehos Kliger, musicalizó el compositor Alejandro Pinto, la número dos, Ven sol : Sol, ven, asáltame, / vénceme, / Ilumíname, /
lléname de luz. / En todas mis entrañas / anidan sombras / nubes, angustias. / Todas mis arterias / están llenas de tristezas. / Ven, sol, asáltame / enciéndeme de alegría.
Sabemos que, la elección del tema de tesis nunca es casual, y siguiendo los conse- jos de Umberto Eco, siempre es mejor si corresponde a los intereses del doctorando y está de algún modo relacionado “con sus lecturas, su mundo político y cultural.” Esperamos que las historias de estos músicos se vayan articulando como las piezas de un delicado mecanismo de relojería, donde tigres, coronas, espirales y cuerdas debidamente aceitadas hacen que las agujas ordenen minuciosamente el tiempo. Suponemos que recorriendo sus caminos y los recuerdos que nos prestarán sus familias, iremos reconstruyendo y armando con los fragmentos, nuestra propia historia.