El idioma es un bien que, aún sin proponérselo, transporta consigo todo inmigrante en su viaje a su nuevo destino. Llega con él en palabras, canciones, plegarias e incluso dichos que le son propios y que probablemente lo acompañarán durante toda su vida.
Para los inmigrantes judíos de origen ashkenazí que llegaron a la Argentina básicamente de Europa Oriental, de países como Rusia, Polonia, Ucrania, Lituania o Besarabia, el ídish fue el idioma que trajeron consigo, el que compartieron entre ellos, más allá de estos diferentes orígenes geográficos. Fue la lengua de su vida cotidiana, de sus palabras de amor y peleas, de sus estudios y trabajos, de sus poesías y ensayos. También fue el idioma que los diferenciaba de los inmigrantes o residentes judíos que habían llegado de Siria, Líbano, Turquía o de otros países de la cuenca mediterránea, que hablaban otros idiomas.
Para los judíos ashkenazíes el ídish fue el hilo conductor que les permitió a las primeras generaciones de inmigrantes mantener el vínculo con su viejo hogar, con aquello que les había sido conocido y cercano. Fue asimismo el componente que les posibilitó recrear un entorno de intimidad y pertenencia
La construcción de este entorno, que tuvo al ídish como protagonista, se expresó, a través de muy variados elementos, entre los que se puede mencionar: la prensa en ídish, la red de escuelas judías en las que el ídish, las bibliotecas con sus centenares de libros en ídish, la literatura, el mundo del teatro judío, los partidos políticos comunitarios y los sectores judíos de los sindicatos obreros.
El ídish fue también, en algunos caso un elemento identitario y conjugación de su expresión ideológica, como es el caso del Bund, agrupación socialista judía que reclamaba el derecho de ejercer su particularidad bajo la forma de una “autonomía cultural”, con el idioma ídish como constituyente ineludible de su identidad étnica, política y cultural.
En otros casos fue el ídish disparador de debates ideológicos, como el que se produjo dentro de las agrupaciones anarquistas en general, que decidieron no imponer a sus afiliados la exigencia de renunciar a su idioma de origen y aceptaron utilizarlo como
herramienta de transmisión ideológica y captación de afiliados. El reflejo de ello fue la incorporación de páginas en ídish a ediciones regulares de su periódico La Protesta.
En una situación divergente, para el partido socialista, lo más relevante era “luchar contra los particularismo étnicos e integrar a los trabajadores extranjeros”, entendien- do de alguna manera que la persistencia en la utilización del ídish podría retrasar esta integración.
La utilización del ídish fue asimismo objeto de disposiciones policiales como aquella que prohibió que los libros de actas de algunos sindicatos estuviesen escritos en ese idioma o cuando fue denegada la autorización al escritor H. Leivick a utilizarlo en sus ponencias cuando participó del Congreso del Pen Club internacional que se realizó en 1936, en Buenos Aires.
A la luz de estas pinceladas que sólo describen a grandes rasgos la riqueza de la vivencia judía íntimamente vinculada al ídish, es dable entender la singular y poderosa impronta que esta lengua tuvo en la comunidad judía y por ende también en la sociedad argentina en general y en la porteña en particular.
La intensidad de esa trayectoria fue mayormente descripta y testimoniada en esa lengua. Esas historias están encerradas, tal vez para siempre, en las narraciones persona- les de nuestros padres o abuelos que quedaron sin ser traducidos, entre los manuscritos inéditos de escritores, periodistas o historiadores, en las frágiles hojas de centenares de libros, diarios y revistas, en las amarillentas y quebradizas páginas de los anuarios, de los libros homenaje o de los libros de actas de agrupaciones e instituciones.
La lengua ídish sigue siendo aún hoy la llave necesaria para abrir de par en par las puertas al conocimiento de la riqueza vivencial y creativa de la comunidad judía en el país.
Es precisamente con la intención de aportar a éste conocimiento que en 1983 se creó en AMIA el Centro de Documentación e Información sobre Judaísmo Argentino “Marc Turkow”, con la misión de conservar aquellos elementos que permitiesen cono- cer y dar testimonio de su historia y presencia. Con ello se proponía aportar al mejor conocimiento de un proceso histórico peculiar que ocupa un lugar significativo tanto en la historia judía contemporánea como en la conformación de la sociedad argentina.
El Centro Marc Turkow, que ahora funciona en el nuevo edificio de AMIA, se dedica principalmente a:
– Desarrollar trabajos de investigación histórico-social y bibliográfica sobre dife-
rentes épocas, temáticas o circunstancias de la vida judía en el país, cuyos resultados se han ido publicando en el marco de la Bibliografía Temática sobre Judaísmo Argentino. Algunos de los volúmenes ya editados se relacionan con la Educación judía, Antise- mitismo, movimiento obrero judío, músicos, escritores judeo-argentinos en castellano y en ídish, entre otros.
– Grabar y registrar testimonios orales.
– Reunir y preservar archivos fotográficos, de video y de prensa, en especial ahora
aquellos referidos al atentado a la AMIA del 18 de julio de 1994.
En varios de los trabajos editados, fueron las publicaciones y los libros en ídish los que nos aportaron la parte más significativa de la información. Sin ellos, esos trabajos hubiesen sido muy parciales e insuficientes.
Dentro del conjunto de esos volúmenes, el libro La letra ídish en tierra argen-
tina: bio bibliografía de sus autores literarios, que publicamos hace en el 2004 con
Eliahu Toker en Editorial Milá de AMIA, es el que tiene al ídish como su protagonista central(332). En su prólogo decimos que lo que nos propusimos con este libro es brindar
un reconocimiento a los escritores ídish argentinos por la importancia de la obra que crearon y al mismo tiempo como un homenaje a la lengua en la que lo hicieron, el ídish, en especial después de haber perdido ésta, por determinadas circunstancias históricas, a la mayor parte de sus creadores y lectores.
Este homenaje lo hacíamos al investigar, sistematizar y difundir la información sobre la literatura ídish argentina, cuerpo literario cuya importancia ya había sido reco- nocida por muchos autores, entre ellos el ensayista Pinie Katz, quien en 1947 sostuvo que en la Argentina posiblemente sean los judíos el único grupo nacional inmigrante
que creó una literatura propia en su idioma. (...) También se escribió y se escribe aquí en otras lenguas extranjeras: italiano, alemán, inglés, francés y ruso, pero sin pretensiones de conformar una literatura aparte, tal como sucede en el caso del ídish.(333)
El relevamiento biográfico y bibliográfico del libro mencionado, fue iniciado alrededor de 1991, muchos años antes de su publicación. Fue hecho en base al acervo de los centenares de libros en ídish que habían sido trabajosamente reordenados y cla- sificados en la Biblioteca José Mendelson de AMIA cuya sede estaba en Ayacucho 632, ámbito en el cual también funcionaba el Centro Marc Turkow.
La continuidad del plan de trabajo que nos habíamos propuesto desarrollar, fue dramáticamente interrumpido por el terrible atentado a la AMIA. Si bien el Centro Marc Turkow no funcionaba en Pasteur 633, éste se vio profundamente afectado en su accionar por los urgentes acomodamientos funcionales que hubo que efectuar en el edificio de la calle Ayacucho para poder atender a los familiares de las víctimas y afrontar las tareas institucionales más perentorias. También nos vimos obligados a acatar la disposición gubernamental que requería trasladar, por razones de seguridad, el funcionamiento de las oficinas a quince metros de la línea del frente del edificio. En el ámbito de la Biblioteca y el Centro, esto significó poner en cajas, en el lapso de unas pocas horas y sin ningún 2 Weinstein, Ana y Toker, Eliahu. La letra ídish en tierra argentina. Bio-bibliografía de sus autores literarios, Buenos Aires,
Ed. Milá AMIA, 2004.
Katz, Pinie, Ídishe literatur in Arguentine (Literatura ídish en la Argentina), en Gueklibene Shriftn, (Obras Escogidas),
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criterio ordenador, todos los materiales que habían estado acomodados en las estanterías, entre ellos los libros en ídish.
Esas cajas, dispersas por los diferentes lugares a los que fueron llevadas para su resguardo y posible futura reubicación, son simbólicamente, otros escombros más de la bomba a la AMIA.
Tuvieron que pasar más de diez años hasta poder retomar la tarea y concluir la preparación y ordenamiento de todo el material escrito y gráfico que fue finalmente publicado en el 2004.
La posibilidad de publicar el trabajo, fue, en cierto sentido, una forma de recuperar de entre los escombros de la bomba la memoria y el recuerdo de los autores ídish argen- tinos, de sus obras y de la particular impronta que su presencia tuvo en la construcción identitaria de la comunidad judía argentina, y por ende de la sociedad en general.
En el marco de este encuentro Buenos Aires ídish y en particular en el contexto de esta mesa que hoy nos convoca bajo el título -Bajo tus escombros, Buenos Aires: La
memoria recuperada- es relevante poder conocer algunas particularidades y nombrar a
algunos de estos escritores relevados. Es una manera de honrar su memoria.
En función de los criterios adoptados en el trabajo bibliográfico a partir de los cuales incluíamos sólo escritores que hubiesen publicado por lo menos una obra litera- ria, encontramos que la literatura argentina en ídish tuvo por protagonistas a un largo centenar de autores que en el transcurso de unas seis décadas, dieron testimonio de la vida y el pensamiento de una comunidad tan singular como diversa.
Fueron llegando en las diferentes olas inmigratorias procedentes mayormente de Polonia, Besarabia, Rumania, Rusia, Ucrania, Lituania y Bielorrusia. Sólo cuatro de ellos nacieron en el país.
El primero en llegar, en 1891, fue Marcos Alpersohn reconocido y paradigmático escritor, quien hace de la Colonia Mauricio, lugar en el que se establece, el tema central de su obra y sus memorias.
En esos primeros años de inmigración que van entre 1891 y 1905 llegan un total de diez escritores, nueve de los cuales se suma a la singular experiencia de las colonias agrícolas judías en diferentes provincias de la Argentina, entre ellos Noé Cociovitch y Jacobo Liachovitzky.
En la década siguiente esta tendencia cambia y casi el 70% de los escritores se radica en Buenos Aires, entre los que se puede mencionar a, Pinie Katz y Pinie Wald, entre muchos otros.
En los años que van entre las dos guerras mundiales llegan casi ochenta escritores, la gran mayoría de los cuales se queda en Buenos Aires.
Después de 1947 arriban trece escritores, todos ellos sobrevivientes de la Shoah (el Holocausto), entre los que se puede mencionar, entre otros, a Szmerke Kaczerginski,
Isaac Janasowicz y Baruch Hager. Hay una escasa presencia femenina, sólo catorce de los ciento veintisiete son mujeres.
Como modalidad literaria, la más utilizada es la narrativa (casi la mitad), un tercio son principalmente poetas y algunos otros son dramaturgos. La literatura ídish argentina contó también con algunos ensayistas que, más allá de su propia tarea periodística y literaria, se constituyeron a lo largo de los años en maestros y guías para los escritores ídish del país entre los que se destacan José Mendelson, Samuel Rollansky, Jacobo Botoshansky y Pinie Katz.
Ya sea en cuentos, novelas o poemas, las temáticas abordadas estaban relacio- nadas con vivencias inmigratorias, conflictos y problemáticas en la articulación con los diferentes contextos sociales, económicos o políticos junto con la nostalgia por el viejo hogar.
Otro rasgo que puede resultar interesante es el hecho que tanto los cuatro escritores nativos argentinos como los que inmigraron siendo niños mantuvieron la lengua ídish en la escritura de sus obras a pesar de haber aprendido castellano durante su permanencia en la escuela pública. Al mismo tiempo, seis autores inmigrantes, después de un tiempo, comienzan a ser bilingües en la escritura de sus libros, usando tanto el ídish como el castellano – entre ellos José Rabinovich - e incluso hubo quienes hicieron la traducción de su propia obra, como es el tantas veces mencionado logro de Simja Sneh(334) y otros
que tradujeron obras del castellano al ídish y viceversa.
De la vasta producción de autores incluidos en el trabajo, sólo se tradujeron al castellano obras de catorce de ellos y se incluyeron textos en antologías o compilaciones literarias de otra treintena.
Es evidente entonces que toda la riqueza creativa, la variedad temática y la fuerza de este cuerpo literario aún no han sido del todo develadas; éste aún no ha sido apro- vechado en toda su magnitud. Estos autores nos han dejado, en calidad de testimonio, muchas páginas escritas en las que describen o fantasean acerca de nuestra propia his- toria judeo-argentina, acerca de la enorme riqueza de un pasado que fue y sigue siendo muy significativo para el presente y pueden seguir transmitiendo éste significado a las generaciones futuras.
Para finalizar, se podría decir que, con todo el simbolismo que se ha atribuido a la edición de este libro sobre los escritores ídish en la Argentina y a doce años del atentado que destruyó físicamente el edificio de la AMIA, su mensaje es un compromiso activo con la preservación de la memoria y un testimonio vivo de un camino creativo que no se interrumpe.
4 Cfr. Sneh, S. Sin rumbo, seis tomos, Ed. Milá/AMIA, Bs. As., obra escrita originalmente en ídish y, luego, traducida al