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teatro ídish argentino El proceso de hacer un libro

In document Buenos Aires Ídish - Perla Sneh (página 143-145)

Entrar al IWO es una experiencia única y altamente recomendable. Llegué por primera vez hace ya un tiempo, con un flete cargado de libros, el archivo completo de mis abuelos1 y una llave para cerrar la puerta a una etapa pasada. Pero no resultó así. Para mi sorpresa, esa misma llave abrió una puerta más grande que la que cerraba. A 09 Daniel Boyarin, Daniel Itzkovitz, and Ann Pellegrini Queer Theory and the Jewish Question Columbia University Press, 2004,

pp. 464.

0 Roman Gary La Danse de Gengis Cohn, Gallimard, Paris, 995.

 Israel Aschendorf, La extraña historia del gato Jaim Jaikl, en Tesoros del judaísmo, Mexico, 959, pp. 22-240. Para una

aguda visión del tratamiento literario de la Shoah en Latinoamérica ver Nora Glickman Aproximaciones al tema del Holocausto en la literatura latinoamericana, Eco, Bogotá, nº 255, 98, pp. 287-297.



medida que recorría el mágico edificio de la calle Ayacucho, me di cuenta de que lo que allí se atesora, hablaba de mí, de una parte muy importante de lo que soy.

Los estantes eran como imanes que sostenían la mirada y la urgencia de ver todo. Saber más y reencontrarse con lo que ni siquiera sabía que había olvidado y es parte de mi historia. Y entonces los vi… Cientos de afiches de teatro ídish en la Argentina. El amor fue a primera vista.

Al principio, el acercamiento fue pasional. Desde mi visión de diseñadora gráfica me maravillaron las puestas tipográficas, la utilización del espacio, el uso tan limitado de los colores que actuaba casi como una marca estética, y la cantidad de información convertida en trama tipográfica por mi imposibilidad de leer un idioma que, aunque no sé, siento mío. Entonces, el contacto visual se volvió intuitivo. Supe que había algo más escondido entre esas letras y que debía hacer algo con ello. Y fue después, que este primer encuentro se volvió un diálogo reflexivo y amoroso, cuando, con la ayuda de Silvia Hansman y Susana Skura, estos impresos empezaron a hablarme de muchas otras cosas.

Los afiches comenzaron a mostrarme la magnitud del teatro ídish, su lugar en el contexto teatral argentino y su relación con el teatro judío mundial. Me mostraron una comunidad creativa, vigorosa y protagonista que no se imaginaba, ni en sus peores pesadillas, la catástrofe que les depararía la Segunda Guerra Mundial. Me contaron sobre una colectividad que decidió sembrar y cosechar cultura vaya donde vaya, consciente de que no sólo de comida se alimentan las personas. Me transmitieron, a través de los nombres de piezas teatrales, las tradiciones, los valores, los dolores y las alegrías que llevamos los judíos en el corazón a través de los tiempos.

Así descubrí que los afiches recreaban un importante espacio que se destinaba a los encuentros comunitarios no religiosos, a la relación con otras colectividades y a la lenta transformación de los inmigrantes que, poco a poco, se fueron sintiendo argentinos y mezclaron sus raíces con las costumbres de este país que se formaba. En definitiva, estos afiches no son sólo carteles que promocionan una obra. Son el reflejo de una cultura en movimiento. Muestran que el judaísmo es una cultura viva, además de una religión.

Como guiño aparte, los afiches muestran argumentaciones llenas de ternura (¡exquisita calefacción!, ¡un regalo!) que me recuerdan expresiones de mi bobe y me transportan a su cocina, a ella ofreciéndome un té para tomarlo en platito mientras me contaba una y otra vez su llegada a las colonias de Entre Ríos.

Otro párrafo merece, en esta introducción tan personal, el ídish. Este idioma que siento mío sin hablarlo y me suena a una canción de cuna familiar. Recuerdo frases como di kinder hern (los chicos escuchan), di kinder shlofn (los chicos duermen), ¡efnt

mir, pape! (¡abrime papá!) o kum aher (vení acá), que, por tanto oírlas en la casa de mis

los judíos ashkenazíes de Europa y sus descendientes y que, a través de las diferentes corrientes migratorias, se dispersó por todo el mundo. Tiene componentes del hebreo, de las lenguas romances, de las lenguas eslavas, de dialectos alemanes del medioevo, del arameo y hasta del griego. Utiliza la grafía del abecedario hebreo y su sonoridad se acerca un poco al alemán antiguo. Para muchos judíos que cruzaron mares y empezaron de nuevo, el ídish fue su territorio imaginario, su casa. El lugar donde podían ubicar las tradiciones, los recuerdos, las ideologías. Ese espacio fue especialmente necesario para aquellos judíos que tuvieron que recrear su mundo y relacionarse con nuevas culturas, antes de la creación del Estado de Israel. Lamentablemente, las nuevas generaciones casi no lo hablamos. Sin embargo, en el proceso de hacer este libro, aprendí que los idiomas tienen sus avances y sus retrocesos. No sé si el ídish es un hogar al que pueda volver a habitar, pero sé que lo llevaré siempre en el corazón.

Decía al comienzo que el archivo del IWO me habla de mí: argentina, judía, nieta de inmigrantes de una Europa que expulsaba a sus hijos y a su cultura. Hija de los hijos de estos padres que llegaron y se hicieron argentinos y ayudaron a construir este país relacionándose con otros que también llegaron buscando un suelo donde desarrollarse libres. Yo soy eso que se propusieron mis abuelos. Argentina, judía y libre. Y con un pasado cultural e ideológico que me enorgullece y emociona, y me compromete con alegría a seguir creando más cultura.

Armar este libro fue una experiencia tan rica como la de haber entrado en contacto con el IWO. Son esas experiencias que nos transforman y se transforman en un presente continuo. Que dan ganas de gritarlas a los cuatro vientos, y que se contagien. Los invito a ver los afiches y ojalá que así sea.

In document Buenos Aires Ídish - Perla Sneh (página 143-145)

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