En cuanto a límites cronológicos, los textos examinados en un estudio general sobre el Bestiario deberían cubrir en principio lo que tradicionalmente se entiende por «época medieval». Que Edad Media o Renacimiento sean 4ormas vacías>~ y que lo que hallamos en las capas profundas de la historia sean continuidades, son creencias que comparto; pero es menester plegarse al uso. Advierto, sin embargo, que se requerirían continuas referencias a obras y períodos que desbordan los siglos XII a XV: obras anteriores, pertenecientes a la literatura testamentaria, o a la tradición grecolatina; y concluido el período, no habría i que desechar la literatura del Renacimiento. No es preciso demostrar ahora que Rabelais prolonga la Edad Media; Jean Lemalre de Belges incluye en sus Epístolas temas legendarios, mitológicos o tradicionales que proceden no directamente de la Antigüedad, sino de los siglos inmediatamente anteriores' al tiempo en que vive el autor de la
Couronne Margariticque. Por otra parte, el recurso a un sabio como Ambrolse Paré, que sustituye
los monstruos medievales por otros más fabulosos aún, copia lo que encuentra en tratadistas clásicos y contemporáneos, y se esfuerza a la vez por resultar riguroso en la exposición yserio en la selección de las fuentes, sería casi obligado. Consideraciones de este orden me han movido a incluir en los textos traducidos párrafos de Boaistuau o de Edward Topsell, en la medida en que iluminan y completan el pasado.
Los límites geográfico‑culturales del hipotético estudio sobre el Bestiario ‑y de esta antología‑ son los europeos; el ecumenismo cultural de la Edad Media, centrado en el Cristianismo, Justifica en buena medida esta actitud. En sus comentarios iniciales a la obra de Huizinga, Le Goff señala que la Edad Media del autor holandés no está situada: es que la verdadera unidad cultural del siglo XV es la Cristiandad, y quizá podría decirse otro tanto de varios siglos anteriores. La Europa cristiana, afirma Davy, posee un carácter internacional, y tal rasgo no ha abandonado al hombre europeo: aún hoy, estamos irnpregnados de cristianismo.
En sus Tipos psicológicos, Jung sostiene (1, igi) que si se considera el Cristianismo medieval sólo desde el punto de vista estético, se falsifica y superficializa su carácter tanto como cuando se le concibe exclusivamente desde el punto de vista histórico: es que lo cristiano, para el hombre de la Edad Media, y sin ignorar actitudes heréticas y blasfematorias ‑que no invalidan la regla, sino todo lo contrario‑, es una actitud vital. Ya en relación estrecha con el objeto del Bestiario, se comprueba con Lascault (301) que la vocación del cristiano es la de «matador de monstruos». Del bestiario antiguo, el Cristianis mo no sólo ha conservado residuos de representaciones teriomórficas, como la paloma, el pez o el cordero, sino que ha hecho de Cristo mismo el pez; paloma y unicornio son símbolos del logos o espíritu generador. <~Es preciso que el dogma constituya una imposibilidad física», escribe Jung en
Métamorphoses (7o8). ¿No
son tan imposibles las concepciones, resurrecciones y formas de buena parte del Bestiarlo medieval?La inclusión de fragmentos de la enciclopedia árabe Nuzhatu
‑1‑Qu1úb entre los textos traducidos
parece unaZ19
i
contradicción flagrante con las protestas de europeísmo y cristianismo recién formuladas; pero la comparación con los textos occidentales me parece extraordinariamente provechosa, la ciencia árabe medieval de una importancia extraordinaria; y, sobre todo, desde el punto de vista estético, Al‑QazwIni vaut le détour.
Como sucede con la cronología y la periodización, también estoy de acuerdo con quienes critican, al modo de Faral, las divisiones y subdivisiones al uso en géneros y subgéneros; lamentablemente, para exponer hay que ordenar, y la censurable taxonomía y etiquetado se hacen imprescindibles. Faral, después de afirmar la unidad del «roman» o novela, y de rechazar las denominaciones de «novelas antiguas, bretonas, bizantinas y de aventuras» es aplaudido en su actitud por Bossuat, que mantiene no obstante para la «comodidad de la exposición» la distinción entre novelas antiguas y novelas bretonas. El problema se plantea en términos más amplios en lo relativo a los géneros literarios medievales. Respecto a límites de contenido, y ateniéndome a las clasificaciones al uso, un estudio completo sobre el Bestiario debería tratar:
‑ De literatura didáctica: en cierto sentido, puede decirse que todas las obras medievales son de tal índole; que existe un didactismo difuso que baña toda la literatura medieval. Pero me refiero aquí a obras específicamente didácticas, como los bestiarios, el
Trésor
de Brunetto Latini,Sidrac,
laImage du Monde, Placides et Timeo, enciclopedias como las de Thomas de Cantimpré o Bartolomé
el Inglés, o relaciones de viajes, como las de Marco Polo, el pseudo‑Mandeville, Odorico o la fantástica Carta del Preste Juan. No hace falta insistir en la importancia de la literatura de viajes: saber que el bosque de Morrois ‑‑que albergó a Tristáncorresponde a la propiedad de Saint Clement's, cerca de Truro, o que pueden hallarse las ruinas del artúrico castillo de Tintagel en la costa noroeste de Cornualles, sólo puede satisfacer a mentes positivistas; la . necesidad de «geografía mítica», como dice Eliade (Traité, 36z), es la única de que elZZO
1, q . 111 11,1 1 ¡1111 ... .
hombre no puede prescindir, y de ahí el recuerdo imperecedero del viaje de Alejandro Magno a Asia.
‑ De poesía lírica, desde Rutebeuf a Cecco d'Ascoli (fragmentos de Teobaldo de Champafia, reflejo de auténticos bestiarios, se han deslizado entre los textos de esta antología).
‑ De cantares de gesta o de cruzada, como el de Roldán o la Chanson dAntioche.
‑ De novelas de todas las especies, desde
Eneas
hastaBlancandin,
pasando por todas las de Chrétien de Troyes ‑‑con inclusión deGuillaume d'Angleterre,
a pesar de los problemas de atribución‑, las de Tristán y Alexandre y los agotadores Lancelot.‑ De poemas alegóricos, empezando por el Roman de la Rose. De teatro, ocasionalmente.
Podría
prescindirse, en cambio, de textos de carácter histórico, como las crónicas y memorias, cuya índole en modo alguno interesa al Bestiario, y quizás de la llamada por Kukenhelm y Roussel «literatura animal», por tratarse, en el caso de Renart el zorro, Ysengrin el lobo y demás personajes, precisamente de «personajes», con muy poco de animal y mucho de las censurables características de los humanos.Renart le Contrefait, sin embargo, de carácter verdaderamente
enciclopédico, engloba secciones enteras que reproducen la leyenda de Caradoc o los viajes de Alejandro Magno, y sí podría interesar a la zoología fantástica.Este carácter totalizador, ya que no exhaustivo, del Bestiario, se plasma en este libro en la breve descripción de una lista reducida de títulos utilizados aquí (véase Sobre la traducción).