LECCION XIII LOS DECRETOS LEYES.
SOCIALISMO Y COMUNISMO.
Hay cierta confusión en cuanto a que suele considerarse al Socialismo y al Comunismo como entidades políticas idénticas. Si bien son, en apariencia sinónimos en su estructura y pensamiento, hay que destacar en primer lugar que se considera al Socialismo Ortodoxo como una etapa preparatoria para llegar al comunismo, que vendría a ser la dictadura del proletariado, propiamente dicha.
También hay que reiterar que, dentro de la ideología y pensamiento socialista, existen dos tipos de gobernantes: 1°) los que han llegado al poder por medios democráticos;
2°) los que llegaron por medio de revoluciones armadas.
Ejemplo de estos dos serían: el Gobierno Socialista de Salvador Allende, en Chile, que llegó al poder ganando las elecciones democráticas en forma contundente; y, por el otro lado, tenemos la Revolución en Cuba, donde Fidel Castro llegó al poder por medios violentos, que enfrentaron a los cubanos en una cruenta guerra civil, para en principio, implantar el socialismo y posteriormente el comunismo que hoy es de conocimiento público internacional, instaurando una Dictadura Autoritaria Personalista, poniendo en práctica la filosofía de Marx, cuyas ideas principales se citan más arriba.
Posteriormente, se consolidó el “Socialismo democrático totalmente reformado” y con otra visión del Gobierno. Como ejemplo tenemos a Felipe González, quien gobernó en España con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) durante la década del ‘80 siendo reelecto, y más actualmente podemos citar a Luís Ignacio “Lula” Da Silva, Presidente del Brasil, quien pertenece al Partido de los Trabajadores (de tendencia izquierdista), del cual fue uno de los fundadores; y Tabaré Vázquez, como Presidente de la República Oriental del Uruguay, quien triunfó en las elecciones encabezando el denominado “Movimiento Frente Amplio”, que reunía a los socialistas y comunistas. También el gobierno socialista del presidente Ricardo Lagos, de Chile, y el de Hugo Chávez en Venezuela, entre otros.
EL FASCISMO
Después de la Primera Guerra Mundial, Italia, no obstante figurar entre los países vencedores era un caos político, social y económico.
El desorden más tremendo reinaba en el país: los obreros, fuertemente influenciados por la nueva corriente comunista y por activos agitadores, ocuparon las fábricas; el Gobierno demostró su impotencia para restablecer el orden; crímenes y atentados se sucedían.
Fue entonces cuando surgió Benito MUSSOLINI, maestro de escueta, de familia de obreros, fogoso orador y de sólida cultura política.
El ideario fascista., expuesto por MUSSOLINI, tenía por objeto principal: 1. Salvar a Italia del caos, estableciendo un Gobierno fuerte, dictatorial.
2. Abolir las prácticas democráticas liberales y reemplazar el sistema político por un Estado Corporativo.
3. Organizar a los integrantes del estado en “corporaciones”, según las actividades o funciones dentro de la sociedad. 4. Eliminar totalmente el “comunismo” e ideologías afines (socialismo, izquierdismo, etc).
5. Permitir la vigencia de un sólo partido, el Partido Fascista.
6. Despertar en el pueblo italiano el espíritu “imperial” de conquista y grandeza (para ello invadió Abisinia, a fin de crear un “imperio colonial”).
7. Modernizar las industrias y los medios de transporte.
En lo primeros años, el fascismo contó con la simpatía de la mayoría del pueblo italiano, que estaba cansado de tanta inseguridad y desorden; esta corriente de simpatía llegó a transponer las fronteras de Italia y encontró partidarios en Europa y en América. Italia había vuelto a ser una gran potencia, política y militarmente; su recuperación económica era visible.
Si MUSSOLINI hubiera persistido en una política netamente nacional, italiana, sin la insensatez “imperialista”, tal vez la historia hubiera sido otra. Pero su afán desmesurado de grandeza, lo llevó a buscar la alianza con Alemania y Japón, dos potencias que venían preparándose intensamente para la guerra de agresión y de conquista.
Italia, Alemania y Japón constituyeron el llamado “Eje Roma-Berlín-Tokio”, pacto político ofensivo y defensivo para la conquista del mundo.
Alemania inicio la guerra en Europa atacando a Polonia; luego tuvo que enfrentar a Francia, Inglaterra, Bélgica, Rusia y toda Europa.
Luego se incorporan a la lucha Italia y Japón -del lado de Alemania-, y Estados Unidos de parte de los “aliados”.
El final de la Segunda Guerra Mundial produjo el derrumbe de los sistema nazi y fascista en Alemania e Italia, respectivamente, y la del régimen agresivamente “militarista” que imperaba en el Japón.
EL FASCISMO. Es la denominación del movimiento político encabezado por Benito Mussolini, que gobernó Italia entre los años 1922 y 1943. Su nombre deriva de la organización ideada por el propio Mussolini, a la que llamó “Fasci italiani di Combattimento”, o Grupos de Combate Italianos.
Benito Mussolini nació en Italia en el año 1883. Desde muy pequeño sintió en carne propia los avatares de las luchas, ya que la región en la cual nació y vivió hasta su primera juventud, era permanentemente hostigada e invadida por ejércitos extranjeros. Su padre fue un obrero de tendencia socialista y su madre una ferviente maestra católica. Al morir su padre, Mussolini fue enviado de interno a un Colegio Salesiano, de donde fue expulsado un año más tarde, por su rebe1di.
En el año 1902, egresó de otra escuela con el título de Profesor, ejerciendo esta carrera por unos años. Luego, disconforme con el trabajo, renunció y emigró a Suiza, donde pasó grandes necesidades e incluso fue arrestado. En ese país inició su tarea periodística, habiendo ya abrazado las ideas marxistas. El joven Mussolini regresó a Italia y siguió desempeñándose como periodista, llegando a ser director del diario “Avanti”, de marcada ideología socialista. Sin embargo, debido a su prédica
abiertamente bélica, Mussolini fue sacado del diario y en 1914 fue expulsado del Partido Socialista por su posición favorable a la participación de Italia Primera Guerra Mundial.
En febrero de 1919, en Italia se organizó y se llevó a cabo la primera movilización comunista, en Milán. En respuesta a esto, el 23 de marzo del mismo año Mussolini, quien regresó del frente de batalla con la mentalidad totalmente cambiada y rechazando las ideas socialistas, convocó a otra manifestación y así quedó constituido el germen, la semilla de lo que más adelante sería el Fascismo: con la creación de los grupos de combate italianos. El Fascismo, como el Nacional Socialismo de Hitler, tenía una total y violenta animosidad hacia el Comunismo. Además exaltaba el nacionalismo a ultranza, hasta llegar al fanatismo político, que costó persecuciones, asesinatos, ajusticiamientos, destierros, y otras atrocidades contra los derechos humanos, practicando el terrorismo de Estado con una dictadura autoritaria y populista.
En esa época, Italia estaba convulsionada por las luchas internas, generadas en el descontento popular que producía el gobierno (Monárquico y Constitucional) del rey Víctor Manuel III, quien aparecía como un rey débil, con un Parlamento dividido. Mussolini vio la forma de sacar ventaja de esto y organizó una “Marcha sobre Roma”, al frente de sus camisas negras, como eran conocidos los escuadrones fascistas. El rey Víctor Manuel III, siguiendo las recomendaciones de sus ministros, dispuso, el 28 de octubre de 1922, un Estado de Emergencia y autorizó al ejército a salir a las calles y proceder en consecuencia, pero unas horas más tarde se arrepintió de su decisión y retrocedió en el Decreto que había firmado. El pueblo sintió en esto la muestra más elocuente de lo débil que resultaba el Rey. Cansado como estaba de los políticos tradicionales, el pueblo italiano estaba abierto al surgimiento de una política radical que propugnara verdaderos cambios.
Ascenso al Poder de Mussolini. Conociendo la debilidad del Rey y el desprestigio de los actores políticos de ese momento, Mussolini, quien vio su oportunidad política, empezó a organizarse políticamente, ordenando las movilizaciones populares para presionar, tomando bajo su control junto con sus seguidores los trenes y las oficinas de correos y telégrafos y cortando toda comunicación de Roma con las demás ciudades. Al anochecer del día 28 de octubre de 1922, el rey Víctor Manuel III le ofreció a Mussolini formar parte del gobierno y él aceptó a condición de que fuera designado Primer Ministro. Se iniciaron así veintiún años de dominación fascista en Italia.
Al principio de su gobierno Mussolini se mostró cauteloso, pero pronto entendió que contaba con un gran poder que centralizaba en su persona y como primera medida convocó a elecciones para “legitimar” su gobierno, donde sus principales adversarios fueron los socialistas y los comunistas. Se constituyó así en Jefe del Gobierno y, como primera medida, dispuso que sus fuerzas encargadas de mantener el orden. Los miembros de estos escuadrones, ebrios de poder, cometieron miles de asesinatos políticos en poco tiempo, siendo sus principales víctimas los miembros de los partidos Socialista y Comunista, antiguos amigos de Mussolini, así como también todas las personas que no comulgaban con su gobierno autoritario y populista. En 1932, Mussolini cambió el Parlamento y llevó al mismo a una totalidad de legisladores fascistas. Se inició así un proceso de “alienación” del pueblo italiano, un “cambio de mentalidad” propugnado por el mismo Duce (nombre con el que se conocía al Jefe de Gobierno en el Estado Fascista), que tenía como principales puntos la obediencia ciega e ilimitada al Jefe y al Partido. Mussolini tomó en sus manos todo el control y la administración del Estado e implanté el militarismo en todas las áreas de actividad gubernamental, además de implantar el corporativismo social.
En el año 1933, cuando Hitler ascendió al poder, se inició un acercamiento entre él y Mussolini, cuya ideología y algunos elementos del fascismo fueron tomados por Hitler para la formación del Nacional Socialismo. Tanto Hitler como Mussolini compartían varios puntos en común en sus pensamientos: los mismos eran antidemocráticos, anticomunistas, violentos y xenófobos (predicaban un odio irracional y extremo a todos los extranjeros: judíos, polacos, árabes, etc.) Sin embargo, en los primeros tiempos Italia no compartía la política expansionista de Alemania y esto acabó distanciando en cierta medida a los dos dirigentes. La Revolución Española de nuevo unió a ambos líderes, que se pusieron de acuerdo para ayudar a Francisco Franco. Las relaciones entre el Führer (modificación del título dado al jefe de gobierno italiano) y el Duce se enfriaron un tanto luego que Alemania invadiera Austria. Sin embargo, pasado este “momento crítico”, en el año 1937 Italia salió de la Liga de las Naciones, por inspiración de Alemania, que invadió Checoslovaquia, mientras Italia hacía lo propio con Albania. Mussolini y Hitler firmaron un Acuerdo al cual el Führer dio el nombre de “Pacto de Acero” y “Eje Berlín-Roma”. Una de las cláusulas de este Tratado, exigía que, si uno de los Aliados entraba a la Guerra, el otro lo apoyaría con toda su fuerza militar.
Decadencia y caída del Régimen Fascista. En el año 1939 Alemania inició su política de invasiones e Italia la siguió, sin tanto éxito. En 1940, Italia invadió Grecia, pero los ejércitos fascistas fueron obligados a batirse en retirada por el pequeño pero indomable ejército griego. Hitler debió salvar el honor del “Eje de la Vergüenza”, y envió tropas para enfrentar a los griegos, pudiendo, al fin, el ejército alemán hacer lo que el pésimo estratega Mussolini no había podido. En el año 1942, el ejército soviético tenía el control en el frente oriental, mientras que los norteamericanos y los británicos habían desembarcado en África produciendo grandes bajas a los ejércitos de Italia y Alemania. Además, en ese año el fascismo enfrentaba huelgas generalizadas, dado el gran descontento popular, producto de las desastrosas campañas de invasión, las muertes en masa de miles de hombres (jóvenes y adultos), la paralización de las empresas y de la industria, la miseria que había llegado incluso a la clase “burguesa”, y las noticias cada vez más desalentadoras del frente de operaciones, todo ello a más del cansancio que generaba el régimen de terror impuesto por Mussolini.
En 1943, Roma es bombardeada por primera vez y el Gran Consejo Fascista aparta a Mussolini del poder, siendo detenido y conducido a una prisión de máxima seguridad. Hitler, cuya intención era demostrar a los italianos que el fascismo no estaba muerto, planea y concreta exitosamente la fuga de Mussolini, quien escapa y luego funda un nuevo partido que no tiene éxito, porque tanto él como sus compañeros son celosamente vigilados por los alemanes, quienes no iban a permitir que Mussolini
tuviera una acción independiente. Además el pueblo ya no lo apoyaba en sus intentos de llegar al poder, debido a las grandes necesidades sociales por las que atravesaba. Culpaban a Mussolini de la desgracia que había caído sobre Italia y deseaban poner fin a una guerra que ya les estaba costando millares de vidas humanas y cuantiosas pérdidas económicas.
Caída de Mussolini. Entretanto, había asumido el gobierno el mariscal Badoglio y luego de desterrar a todos los fascistas, firmó un Acuerdo de Paz con los Aliados. En octubre de 1943, cuando el mariscal Badoglio, ya en el poder, declara la guerra a Alemania, Mussolini intenta un acercamiento y cambia nuevamente su política, pretendiendo un pacto con los socialistas, quienes ni siquiera consideraron la propuesta. En noviembre de 1943, Mussolini, en su desvarío y aferrado a sus prácticas violentas, realizó “en la llanura” una parodia de juicio en la que condenó a muerte a un grupo del Consejo Fascista, que lo había apartado del poder.
Entre los años 1944 y 1945, los partisanos (guerrilleros italianos, de tendencia socialista, en su mayoría, contrarios al fascismo y al nazismo, que conformaron el “movimiento de resistencia” durante la Segunda Guerra Mundial) controlaban casi todo el territorio de Italia y tenían órdenes estrictas de no dejar escapar a Mussolini. El 27 de abril de 1945, Mussolini, su amante, Clara Petacci, y otros colaboradores, intentaron escapar de Italia disfrazados de soldados alemanes que, para ese momento, huían del territorio italiano. Sin embargo, en un puesto de control partisano son descubiertos y llevados a la cárcel.
Al día siguiente, Mussolini, Clara Petacci y los demás compañeros de fuga fueron fusilados y sus cadáveres fueron conducidos hasta Milán, donde fueron colgados de los pies en una plaza pública como señal de humillación, permaneciendo varios días en ese lugar, como ejemplo del fin que esperaba a los dictadores, que abusaron del poder en forma brutal e indiscriminada. Su cadáver luego permaneció oculto durante más de doce años, hasta que se lo entregaron a su legítima esposa, siendo sepultado cerca de donde descansaban sus padres, en el cementerio de su pueblo natal.
Así termina la historia de Benito Mussolini, fundador y líder de uno de los movimientos políticos totalitarios más violentos que el mundo registra, movimiento que desapareció políticamente de Italia luego de su fusilamiento y de la encarnizada persecución desatada contra sus partidarios y colaboradores.
Ideología Fascista. La ideología fascista mantiene la supremacía del Estado por sobre el individuo, limitando todo derecho del mismo, pretendiendo con ello representar la unión y la fuerza de una nación. El lema del Fascismo, proclamado por el mismo Mussolini, es: “Todo dentro del Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”.
El ciudadano, para el fascismo, es tan solo un servidor del Estado y no tiene más derechos que los que “graciosamente” quieran concederle el jefe de Gobierno. Además, el pueblo debe obediencia absoluta y respeto al Jefe (Duce), quien, por otro lado, tiene en sus manos la suma de todos los poderes públicos, además tiene la última palabra en el manejo discrecional de la “cosa pública”.
El fascismo propugna también un nacionalismo a ultranza, exaltando en grado sumo la fidelidad y la sumisión a las órdenes del Jefe Político.
Ahora bien, en cuanto al tipo de gobierno, propugna la creación de un Estado Absolutista, que “encarna y representa a la nación, con poderes especiales para gobernar”. También considera que la mejor forma de gobierno es la centralización del poder con el fin de acelerar los cambios sociales. Además, rechaza la existencia de otros partidos políticos, aunque sí considera conveniente y necesaria la agrupación de la sociedad por estamentos, llamando a esto “corporativismo”. De allí que, durante el gobierno fascista en Italia, las “corporaciones” de comerciantes, obreros, empresarios, etc., alcanzaron gran popularidad y, además, los representantes de los mismos pasaron a formar parte del Consejo de Estado, subordinados al jefe de Estado.
Además de su ideología totalitaria (de Derecha), el fascismo es absolutamente antimarxista, aunque mega igualmente la competencia liberal. El fascismo fue eminentemente violento e irracional, ya que una de las consignas de los activistas de este partido era “la eliminación de todo adversario, porque es un enemigo del pueblo”. Las características del Fascismo son los siguientes:
1• Propugna la creación de un Estado absolutista. 2• Es antidemocrático, antisocialista y antimarxista. 3• Es autoritario y exageradamente nacionalista. 4• Es contrario al pluralismo ideológico y político. 4• Limita los derechos civiles de la población
5• Considera al individuo como un “servidor del Estado”. 6• Propugna el corporativismo según sus profesiones.
7• El Duce (jefe político) tiene la última palabra en el manejo de la cosa pública. 8• Es violento y arbitrario, propugna la “eliminación total” de sus adversarios. 9• Existe una identificación entre Estado, Gobierno, Partido y Ejército. EL NACIONAL SOCIALISMO EN ALEMANIA
Nazismo. El término es una contracción de las palabras Nacional Socialismo, que se originaron del nombre del Partido Obrero Nacional Socialista, fundado en Munich, en 1919, por un obrero alemán de nombre Antón Drexler. Al momento de la fundación de este Partido, Adolf Hitler (nacido en Austria el 20 de abril 1889 en el seno de una oscura familia de clase media), fue una especie de “agente secreto” de la policía alemana, cuya misión era infiltrarse en los movimientos políticos y sociales. Sin embargo, posteriormente descubrió su inclinación política, se incorporó al Partido Nacional Socialista que en breve tiempo se hizo cargo de la dirección política del movimiento, desplazando de la conducción al mismo fundador del Partido, el alemán Drexler.
Hitler quedó solo antes de los veinte años. Sus padres murieron y él debió enfrentarse al desafió cotidiano de la supervivencia, que vencía con pequeños y mal pagados trabajos. Nunca tuvo caudal propio y la miseria en la que pasó sus primeros años de juventud lo marcaron para siempre: dormía en los bancos de las plazas, se refugiaba en los asilos para indigentes durante el invierno y sobrevivía de lo poco que pudiera conseguir para alimentarse, trabajando de estibador, como vendedor de comercios y de postales en la vía pública.
Más tarde, ingresó a una Escuela Dramática con el fin de instruirse y llegar a ser actor de teatro y en muy poco tiempo demostró sus capacidades y la aptitud que poseía. No obstante, abandonó sus estudios por dos motivos: el primero relacionado a su irresponsabilidad y desidia y el segundo referente a sus condiciones económicas, las cuales nunca habían mejorado. Era la época de la preguerra, cuando el ambiente se estaba caldeando en Europa, por acción de los comunistas, por un lado, y de los conservadores por el otro.
Estallada la Primera Guerra Mundial, luego del asesinato del archiduque Francisco Fernando, en Sarajevo, Hitler se enrola como voluntario en el ejército alemán y participa en las acciones junto con el ejército bávaro. Luego, la derrota militar de Alemania en la Primera Guerra Mundial, la implantación de gobiernos comunistas en Rusia y en otros países europeos, el Tratado de paz de 1919 (la Paz de Versalles), las manifestaciones de descontento popular y otros eventos de la época, hacen que Hitler, a la sazón un hombre de casi treinta años, se decida a ingresar a la escena política, con el fin de “enderezar” las cosas según sus conceptos. Adolfo Hitler era, para esa época, una de las personas más nefastas, transitando la senda política a través del populismo y la exaltación nacionalista con el fin de ir escalando y llegar al poder para conseguir todos sus objetivos; era un elocuente orador