¿QUE ES EL MAOISMO?
3. TERCERA FASE
Mientras que el objetivo perseguido durante el transcur so de la segunda fase consiste en abrir un foso psicológico entre la masa que hay que conquistar y el gobierno esta blecido que hay que destruir, el objetivo específico de la tercera fase es el establecimiento de una base territorial, en cuyo recinto las fuerzas políticas y militares de la revolu ción estén verdaderamente como en su casa.
Esta acción no deberá de emprenderse antes de que el objetivo de la segunda fase no sólo haya sido alcanzado en el plano ideológico, sino que, en cierta manera, haya sido consolidado mediante el terrorismo. Por consiguiente, no sólo habrá que abrir y ahondar un foso psicológico entre la población y la administración, sino que se deberá de con seguir que un clima de violencia reine en el país, clima éste que hace presagiar la inevitable victoria de la revolución.
Para eso hemos visto que, desde el comienzo de la se gunda fase, ha empezado a utilizarse el terrorismo. Este con tinúa durante el desarrollo de la tercera fase y busca «con trolar» una población, poniéndola, para ello, en un perma nente estado de temor que mina todo posible dominio de sí mismo y, por tanto, toda resistencia deliberada.
La técnica del terrorismo, esencialmente, reposa en la utilización complementaria de la agitación, de la propaganda y de la organización. Cada una de estás palabras, dentro de la práctica estalinista, tiene un sentido preciso del que es necesario darse cuenta.
Agitación es el nombre que dan a todo acto destinado
a provocar una emoción colectiva, susceptible de romper, en cada individuo, un equilibrio que está de acuerdo con los acontecimientos habituales del medio de vida. Las formas de agitación son varias. Pueden consistir en manifestaciones callejeras, incendios espectaculares, asesinatos, atrocidades y atentados diversos.
La propaganda consiste en repetir metódicamente un ra zonamiento lo más simple posible, que, INEVITABLEMEN TE, lleva al grupo sometido a ella a adoptar la conclusión buscada por los especialistas de agitación y propaganda.
Finalmente, la organización es la reunión de un cierto número de personas con igual «nivel de conciencia». Por ejemplo, la acción diaria de un periódico que consigue que aquellos que habitualmente le leen tengan las mismas reac ciones. También pudiera ser un sindicato, una asociación de juventud, un grupo femenino...
Estos tres métodos: agitación, propaganda y organiza ción se complementan estrechamente en la guerra revolu- 110
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clonaría. Es necesario aterrorizar a la población para que la propaganda actúe de prisa y para que la organización se difunda ampliamente. Por ejemplo, la agitación puede consistir en asesinar a un hombre y hacer que aparezca apu ñalado en la plaza del mercado. La reacción espontánea de la población es de compasión hacia la víctima. Pero enton ces entra en acción la propaganda. Sobre el cadáver apare ce un papel que lleva la siguiente inscripción: «Así mueren los traidores.» A partir de ese instante se invierte el im pacto emocional. El cadáver inspira indignación porque es el de un traidor, y los que han hecho justicia inspiran sim patía. Entonces, el papel de las organizaciones consiste en difundir y extender al máximo la emoción colectiva resul tante del asesinato y de la interpretación invertida resul tante de la inscripción... Reflexionando sobre este ejemplo, podemos comprender el papel fundamental que el terrorismo juega en la guerra revolucionaria.
Por medio de este terrorismo, los revolucionarios se es fuerzan, durante la tercera fase de la guerra, por aumentar todavía más su autoridad: administran «justicia», cobran «impuestos», movilizan «soldados» y recogen informes. La población siente que en esta ocasión ya no se trata sola mente de un movimiento ideológico, sino de una verdadera guerra.
¡Los revolucionarios administran justicia! Se organizan procesos espectaculares; se multiplican los atentados; se per petran raptos. Estas diversas técnicas de agitación tienen por fin enervar a la población y hacerla vivir permanente mente en un clima de terror, con objeto de, progresivamen te, hacer deseable «la paz a cualquier precio». Simultánea mente, la denuncia y ejecución de los «traidores» inspiran a todo el pueblo un pusilánime espíritu de sumisión y le llevan a una sistemática complicidad.
¡Los revolucionarios cobran impuestos! Hacen que sus recaudadores pasen por cada casa o por cada trabajador, como el FLN puso en práctica en la Francia metropolitana con los norteafrícanos. Como la negativa a pagar el impues to equivale a un acto de traición, la colecta, gracias al clima de terrorismo, obtiene un verdadero éxito. Por consiguiente, con razón Mao-Tsé-Tung pudo decir que la guerra revolu cionaría partía de la nada: su financiación está asegurada, a medida que progresa, por la misma población que hay que conquistar. Ese dinero permitirá no solamente financiar los cuadros, sino también comprar armas, organizar un gobier no, una representación diplomática, etc.
¡Los revolucionarios movilizan soldados! Después de ha ber dado su dinero, las familias se ven invitadas a dar, bien un hijo, o bien un marido, para que vayan a engrosar los
EL COMUNISMO FRENTE A DIOS
efectivos del ejército revolucionario. Ahora la elección está entre la muerte cierta, en caso de rehusar, y el peligro de los combates en caso de aceptar. Sin duda la solución más prudente es aceptar.
Por último, los revolucionarios recogen informes. La Or ganización Político-Administrativa exige de la población que proporcione todos los informes posibles sobre estaciona miento de tropas, paso de trenes o de camiones o sobre cualquier otro hecho que pueda tener importancia «militar», con objeto de utilizar estos informes y a la vez comprome ter a esa población.
b) El desarrollo de estas diversas formas de acción re
volucionaria es el preludio del objetivo esencial de la ter cera fase: la conquista de una base. El fin de los revolu cionarios es asegurar ante todo el control psicológico, luego el administrativo y, finalmente, el militar, de una porción del territorio nacional en el cual las fuerzas del orden ya no pueden penetrar. Por pequeña que sea, esta base tiene un interés estratégico fundamental, pues permitirá dar una cierta verosimilitud a la proclamación de la «República Na cional Independiente». Durante la guerra revolucionaria en Indochina, la estrategia francesa cometió el error de per mitir que los ejércitos del Vietminh tomaran posesión de un territorio que en una guerra clásica no hubiese tenido ningún interés militar. Esta base permitió a Ho-Chi-Minh es tablecer su «gobierno» en una fracción del territorio na cional, lo que le confería una cierta realidad material. Este error no se repitió en la resistencia a la guerra revolucio naria emprendida por el FLN en Argelia, y esta organiza ción, al no disponer de ninguna base territorial, tuvo que transformarse en un «gobierno» cuyos miembros se encon traban permanentemente en peregrinación entre Túnez, El Cairo, Rabat y, eventualmente, Ginebra, lo que sin duda no aumentaba su autoridad.
c) La proclamación de la República Nacional Indepen
diente y el establecimiento del gobierno de esta República sobre una base terriotrial, por pequeña que sea, permite al nuevo Estado presentarse en la escena diplomática, en don de, definitivamente, se ganará la guerra revolucionaria. Te niendo dinero, un ejército y un territorio, el nuevo Gobierno se apresura a iniciar negociaciones para obtener una repre sentación diplomática. Esta representación es reconocida, en cuanto lo permiten las circunstancias internacionales, en primer lugar por las democracias populares o por los países que tienen un gobierno nacionalista revolucionario. También, a veces, lo reconocen los países llamados «neutralistas». En cuanto a los países del mundo occidental, el espíritu de ri validad, que tan a menudo les ha perjudicado, hace que su
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desunión, latente o abierta, se afirme incluso en estas cir cunstancias. La mayor victoria para un gobierno, en la ter cera fase de la guerra revolucionaria, es conseguir franquear las puertas de las Naciones Unidas y ser promovido, por ellas, al rango del «interlocutor válido». Pues la noción que los pueblos modernos tienen del derecho internacional es tal que a quien a muchos mató, por «realismo», se le reco nocerá una capacidad jurídica en proporción con su eficacia revolucionaria.