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PARTE I. ESTADO DE LA CUESTIÓN Y MARCO TEÓRICO CAPITULO I IDENTIDAD NACIONAL Y FÚTBOL

1.1 Una sintomática defensa del campo de estudio

El fútbol y Dios se parecen en la devoción que le tiene muchos creyentes y en la desconfianza que de él tienen muchos intelectuales. Eduardo Galeano

Le horroriza todo lo que reúne a la gente, como el fútbol o la política, y todo lo que la multiplica, como el espejo o el acto de amor Galeano a Borges

El poeta argentino Rodolfo Braceli afirmaba hace algún tiempo que “el fútbol, como ninguna otra actividad y/o divertimento, muestra cómo somos y cómo no somos. El espejo no tiene la culpa de lo que refleja. La radiografía no tiene la culpa de los tumores”. Así mismo el escritor italiano Giovanni Arpino escribía en 1969 que “atribuirle al deporte culpas que no son suyas es como acusar al espejo que denuncia los rasgos irregulares de quién se presenta ante él” (Pág.73)

En ese sentido, tal vez sea por ese mostrar “cómo somos” o bien porque, como reza el proverbio castellano, “en la mesa y en el juego se conoce al caballero”. O sea, como dijo el escritor mexicano Juan Villoro (2001): por el colmo que supone que el deporte más popular se juegue con los pies y, por ende, se oponga a la historia de la evolución al ser una actividad que cancela el uso de las manos semejando un retorno a la barbarie superada al comenzar a servirse del pulgar oponible; lo que crudamente indicaría que hay un gusto en la masa por lo señalado como “bárbaro”, que el estudio del deporte desde las Ciencias Sociales apenas tengan lugar hasta las últimas décadas del siglo pasado.

Los trabajos centrados en el fútbol comienzan a cobrar importancia en la década de los ochenta en Inglaterra y toman como primordial objetivo explicar las características, centralmente la violencia, de los aficionados fanáticos, Hooligans, como reflejo o consecuencia de las tensiones sociales provocadas por la crisis de la modernidad y el capitalismo en los países industrializados.

En América Latina nacen en el seno de la antropología de la mano del brasileño Eduardo Da Matta con la obra O universo do futebol (1982), en la que se dispuso a trazar una “sociología do dilema brasileiro” (Alabarces,2015) y del argentino Eduardo Archetti, quién con sus dos obras: Masculinidades: fútbol, polo y tango en la

Argentina (1999) y El potrero la pista y el ring: las patrias del deporte argentino

(2001) quería mostrar como “hipótesis central, que una lectura de las sociedades a partir del mundo simbólico del fútbol puede ilustrar algunos de los aspectos centrales

de sus culturas y del ‘ethos’31 nacional”, en tanto que el “fútbol aparece como ‘arena

publica’32 en la que desarrollan algunos de los dramas de una sociedad y es, por lo

tanto, un vehículo de su cultura33” (Archetti,1984:4-5). En ambos casos, la novedad

académica de estos estudios estribaba en que el objeto de estudio “deporte-fútbol” no se consideraba algo digno de ser atendido por el saber al ser parte de lo “popular” y, por ende, inferior.

Así mismo, el deporte cayó dentro de las reflexiones de lo masivo, de los estudios sobre la mercantilización de las producciones y, por tanto, de aquello que era alienante para la sociedad y por consiguiente nocivo, para importantes escuelas generadoras de pensamiento como la de Frankfurt, quienes se habían centrado en priorizar el análisis moral de la relación sujeto-juego antes que el estudio de los efectos sociales de la práctica y el vínculo identitario que genera.

De hecho, la idea de que el deporte actúa como una práctica que desvía a la sociedad de lo realmente importante, es notoria y a su vez paradójica como demuestran obras como la del alemán Max Schueller, Psychologie des Sports

(1927)34 en la que a pesar de que en la introducción se reconoce que

31 El autor establece una diferencia entre cultura y ethos en términos de costumbres y/o carácter,

personalidad de una nación y de sus habitantes. Donde la cultura sería lo que apreciamos de forma cognitiva, mientras que el ethos sería algo más profundo de las mismas, su raíz, el punto de partida de las mismas, que para Archetti sería lo “afectivo y estilístico” (Archetti,1984:5)

32 En la bibliografía sobre fútbol aparece repetidamente la concepción del fútbol como “arena pública”

esto es: un lugar acotado, una parcialidad, en el que estudiar un determinado campo simbólico. Archetti en Fútbol y Ethos (1984) estudiará el campo simbólico de la –sexualidad en Argentina – en la arena – fútbol –. En estos términos podríamos decir que nosotros estudiaremos el campo simbólico de la identidad nacional en la arena fútbol. Siendo en nuestras términos el campo simbólico y la arena lo que forman el objeto de estudio, el discurso.

33 Es así como en su trabajo Fútbol y Ethos de 1984, dos años después de la caída de la dictadura

argentina, el autor afirma que: “En el tratamiento del caso argentino esta presente la violencia, la arbitrariedad, las manifestaciones extremas de poder, el autoritarismo y el machismo como parte de su historia reciente. “La entrada de la Argentina como sociedad en ese proceso de destrucción de las reglas de convivencia, de la manera pacífica de resolver los conflictos y del triunfo del más fuerte o del que rompe más eficazmente las normas establecida, quedará ilustrada en el fútbol” (Pág.6)

34 La de Schueller es considerada la obra pionera en vincular sociología y deporte, siendo

posteriormente una de las más importantes la obra de Michel Bouet (1968), Signification du Sport, al ser uno de los primeros en concebir el deporte como una forma autónoma e intrínseca de cultura. Posteriormente en 1984 aparecerá uno de los primeros intentos de estructurar el campo en la recopilación Sport in Contemporary Society an Anthology de Eitzen. Obra en la que el autor señala como el propósito de su antología teórico-temática es la profusión de una conflict perspective en respuesta a la constatación de que “el deporte ha devenido a fines dispares a los que en principio

“prácticamente no hay fenómeno general supranacional de la época actual que merezca tanto análisis sociológico y psicológico como el deporte, que ha crecido inconmensurablemente en magnitud y aprecio” (Schueller,1927:6). También se afirma que “la relación de la masa con el deporte parece estar menos determinada por reflexiones críticas que por emociones ciegas”(Schueller, 1927:16). Es decir, al hilo con la visión de Frankfurt el deporte sería un “opio del pueblo” puesto que el pasaje de representación de la masa hacia él se da de forma heterónoma/irracional. En esta misma línea de crítica a la masa y su relación con el deporte, pensadores como Adorno afirmaron que los hombres no advierten cómo carecen de libertad allí donde más libres se sienten, porque se les abstrae la regla de semejante carencia

de libertad35 (Adorno,1969:29) . Crítica que estaba estrechamente relacionada con la

fuerte vinculación del deporte con los regímenes fascistas y nazis, y el lugar que éstos le dieron como una forma de “limpiar” la sociedad de los cuerpos improductivos.

Unos años más adelante, la tesis acerca del deporte como “opio del pueblo” es fuertemente retomada por la izquierda como muestra la impronta freudo-marxista de Vinnai en la que hace una dura crítica a la pérdida de libertad del fútbol y del deporte en general a manos del poder:

Al sistema de cultura masivo capitalista, que mantiene uncidas las víctimas del aparato industrial alienado, pertenece también el deporte, al que desde hace mucho debemos contar como integrado al reino de la no-libertad. Dirigido por la administración planificadora, engendra, al igual que las restantes manifestaciones de la industria de la cultura la identificación de los hombres con las normas imperantes y las condiciones que se albergan tras ellas. Bajo la apariencia de un libre desarrollo, el deporte impide que el cuerpo esté a disposición del placer y

respondía”. Para ver más sobre obras de sociologíaa del deporte se puede revisa (Meneses, et.al.; 2013).

35 La crítica de los padres del pensamiento crítico hacia el deporte va más allá. En su obra escrita en

pleno apogeo del fascismo Dialéctica de la Ilustración, Horkheimer y Theodor W. Adorno (1999) afirman que “Las modernas secciones deportivas con su juego colectivo perfectamente regulado, donde ningún jugador alberga la menor duda respecto a su papel y siempre hay uno de reserva preparado para sustituirlo, tienen su preciso modelo en los juegos sexuales de Juliette, en los que ni un solo momento queda desaprovechado, ninguna abertura corporal descuidada, ninguna función inactiva. En el deporte como en todos los sectores de la cultura de masas reina una actividad intensa y enteramente funcional, sin que el espectador no del todo iniciado sea capaz de descubrir la diferencia de las combinaciones, el sentido de las jugadas que se mide según reglas arbitrariamente establecidas. La peculiar estructura arquitectónica del sistema kantiano preanuncia, como las pirámides gimnásticas de las orgías de Sade y la jerarquía de principios de las primeras logias burguesas —cuyo cínico reflejo es el riguroso reglamento de la sociedad libertina de Las 120 Jornadas—, la organización de toda la vida vaciada de cualquier fin objetivo. Lo que importa en estas organizaciones parece ser no tanto el placer cuanto su gestión activa y organizada, como ya en otras épocas desmitologizadas, en la Roma de la edad imperial y del renacimiento, así como en el barroco, el esquema de la actividad pesaba más que su contenido” (Págs.135-136). Es decir, para los autores el deporte sería una organización entregada a la transgresión de la razón y abocada a la barbarie de la sociedad al igual que el sadismo. Punto éste, que además de por dar a conocer la postura de la escuela nos parece clave, ya que será frente a ese carácter racional del juego europeo que denuncian los autores, que el modelo de juego latinoamericano en términos generales se erigirá: fútbol máquina: planificado, medido vs. fútbol arte: fantasía, intuitivo.

cimenta el principio de realidad de una sociedad que hace explotar cuerpo y alma por parte de una economía que se ha vuelto salvaje (Vinnai,1974:146).

Con este enfoque la izquierda trataba de demostrar que el deporte no hacia más que distraer las energías de la clase trabajadora hacia una actividad no revolucionaria. Y es que los proletarios del mundo debían unirse pero no en torno a la pelota, sino en torno al partido político o sindicato ya que “la pseudoactividad con la pelota de cuero canaliza las energías que podrían minar la ‘caparazón de la servidumbre’” (Vinnai,1974). En este sentido, el diario anarquista argentino La Protesta se quejaba en 1917 de la “perniciosa idiotización” que producía en los trabajadores el “pateo de un objeto redondo”, a pesar de que tengamos varios ejemplos del compromiso político-ideológico de varios clubes de la época como el Argentinos Juniors (1904), quién naciera llamándose Mártires de Chicago y viste todo de rojo en homenaje a los obreros anarquistas condenados a muerte el primero de mayo de 1886, y del club Chacarita (1906), un barrio pobre de la Ciudad de Buenos Aires, el cual fue fundado el primero de mayo en una biblioteca anarquista (Adamovsky, 2012:144) y viste de rojo, negro y blanco por el socialismo, el anarquismo y la paz respectivamente; o más actual de la experiencia del Corinthians de Brasil36 en la

década de los ochenta.

Todo ello provocó y provoca, que la mayoría de los estudios que toman al deporte como el lugar en el que situar sus estudios acerca de la sociedad, esto es, como una

parcialidad con potencial representativo, inicien su trabajo con una defensa37, como

sintomáticamente lo hace éste, a pesar de que desde 1998

36Como experiencia de las relaciones entre fútbol y resistencia popular, no podemos dejar de

mencionar a la “Democracia Corinthiana”. Un movimiento surgido en la década de 1980 en el club de fútbol Corinthians, de San Pablo, Brasil, dirigido por un grupo de futbolistas comprometidos con la vida política del país como Sócrates, Wladimir y Casagrande, en el contexto de la dictadura brasileña. El proyecto se basaba en la democratización del club, a través de una toma de decisiones conjunta en torno a horarios de entrenamientos, contratación, normas de concentración, sueldos, etc.,. las cuales eran decididas por votación con un modelo asambleario. Con este sistema, así como por la directa implicación de sus estrellas en la política del país, se convirtió en uno de los emblemas de la lucha por el regreso a la democracia y sin dudas fue el mayor movimiento ideológico en la historia del fútbol brasileño. (Gozzi et.al: 2000) y (Asbeg, 2014)

37 En investigaciones recientes como la realizada por Sandoval y García (2015) sobre la cultura

deportiva en Chile, específicamente aparece un apartado titulado “La desconsideración del mundo académico hacia el deporte y la actividad física” en el que lamenta que aún hoy día se produzca un “desinterés histórico de la comunidad académica nacional hacia temas alejados de la discusión intelectual per-se”. Así mismo, Lucia Payero en su texto "La Nación se la juega: relaciones entre el nacionalismo y el deporte en España" (2009) inicia su texto “ justificando la elección del tema sobre el que versa este artículo. Y es que, en un principio, cabría pensar que no existe ninguna relación intelectualmente relevante entre el nacionalismo y el deporte. A ello debe añadirse el que representa hablar de alguno de estos dos asuntos en cualquier ámbito de estudio e investigación medianamente erudito, puesto que su mera mención evoca en la mente del receptor una serie de imágenes/prejuicios que le condicionan, cuanto menos, su predisposición hacia la lectura o escucha del discurso: si decide acometer tal empresa, requeriremos de un esfuerzo titánico adicional para no decepcionar sus expectativas. Si esto ocurre cuando se aborda uno solo de los temas citados, imagínese lo que sucederá al mezclar ambos para su tratamiento conjunto”.

Archetti lamentaba el bloqueo que estos estudios habían sufrido y el peso excesivo que aún tenían las posiciones más apocalípticas —en el sentido clásico que Eco asignara a las interpretaciones sobre la cultura de masas deudoras de la teoría crítica. Ante ese panorama, la agenda que proponía Archetti ya se estaba volviendo legítima y guiaría la década siguiente: la centralidad del juego como zona de libertad y creatividad, la necesidad de leer las apropiaciones socialmente diferenciadas de las prácticas deportivas, los procesos de construcción de identidades, la violencia como fenómeno complejo. Y todo ello con un esfuerzo teórico más sofisticado y una pasión por los análisis empíricos (Alabarces, 2015).

Empeño de los investigadores en este rubro que mostró enseguida que los resultados de sus indagaciones en el terreno de lo popular y masivo a través del deporte, arrojaban datos de suma importancia para el objetivo general de la ciencias conjeturales, a saber: analizar la realidad para comprender al individuo en la cultura. Hecho por el que paulatinamente obtuvieron un mejor trato, obteniendo espacios sancionados por la academia como líneas de investigación dentro de los estudios

culturales, particularmente en “cultura popular” y en sociología del deporte38 con los

que conseguirían salir de la “clandestinidad”.

La clandestinidad es una metáfora política bastante descriptiva: en esos años (finales de la década de los noventa) la utilizamos para describir un campo que era naciente y necesariamente periférico, pero que, marcado por cierta ilegitimidad de un objeto presuntamente banal, prefería la clandestinidad y el margen. Hasta esos años, investigar temas deportivos en los espacios institucionales latinoamericanos —las universidades y los centros de investigación, no en los hogares o en los bares— enfrentaba dos problemas complementarios: producir sin bibliografías previas —el recurso de buscar ideas en los que han transitado problemas similares— y enfrentar el descrédito y la ilegitimidad de los objetos deportivos en las ciencias sociales latinoamericanas (Alabarces,2015).

Pero a pesar de mencionadas dificultades, en sus avances mostraron cómo el deporte, al igual que la mayoría de tópicos de las ciencias sociales, no es negro ni

38 Ejemplos de estos grupos de trabajo en el ámbito latinoamericano podemos encontrar en:

1. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO): Deporte y Sociedad que funcionó desde 1999 a 2003 coordinado por el sociólogo argentino Pablo Alabarces, con dos obras publicadas claves para estos estudios en la región: Peligro de gol: estudios sobre deporte y sociedad en América (2000) y Futbologías: fútbol, identidad y violencia en América Latina (2003). Ambas disponibles en www.clacso.org. 2. Asociación Latinoamericana de Estudios Socioculturales del Deportes (ALESDE) http://www.alesde.ufpr.br/ con publicación propia Revista Latinoamericana de estudios socio-culturales del deporte, y Congresos anuales.3.Universidad Nacional de San Martín, Centro de Estudios del

Deporte dirigido por el Dr. Julio Frydenberg

http://www.unsam.edu.ar/escuelas/politica/centro_deporte/_mision.asp. 4. Seminario de Cultura Popular y Masiva-Cátedra Pablo Alabarces, adscrito a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Buenos Aires http://culturapopular.sociales.uba.ar/. En España destaca 1.Grupo de Investigación e Innovación sobre deporte y sociedad (GRIES) de la Universidad Ramón Llull con líneas de investigación como “historia social del deporte” e “intervención social a través del deporte” dirigido por el historiados Xavier Pujadas. 2. Universidad de Sevilla, grupo de investigación Deporte y Sociedad: la actividad físico-deportiva desde una perspectiva multidisciplinar. 3. Universidad de Alicante, grupo en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte con una línea de investigación sobre “el juego y el deporte como elementos claves en la sociedad”. En Europa y Norteamérica se pude encontrar un listado de asociaciones en este link http://www.alesde.ufpr.br/linkses.html

blanco, sino gris39. Es decir, en relación con el poder no es solo “pan y circo”40, sino que es a su vez un espacio para la resistencia, en términos de estructura social muestra tanto su capacidad democrática para “igualar”, como para persistir en las diferencias; culturalmente recoge tendencias locales, globales y comerciales, y en tanto que espectáculo colectivo con gran intensidad dramática y ampliamente mediatizado, es un espacio privilegiado para la formación de identidades socioculturales y, por tanto, para su estudio (Villena,2003:23).

Es decir, que a pesar que desde el campo de la intelectualidad se ha tratado duramente al deporte y, particularmente al más masivo, el fútbol, estos tópicos consiguieron ser atendidos por las instituciones del saber sancionado por derecho propio. No en vano, particularmente en América Latina, “nacen de una necesidad política, ligada de una manera fuerte a la necesidad de incluir lo popular como tópico” (Alabarces, 2008:261). Es más, la característica deleznada o subestimada, su masividad, nos resulta aquella por la que ciertamente resultan pertinentes y valiosos. Y es que, “pese a que dicen que es de buen gusto intelectual presumir de ignorancia en materia futbolística , el fenómeno se ha convertido en un rasgo de la cultura popular. Y en el mundo ya lo saben” (Grosso, 2006:41).

No obstante, y a pesar de que, como afirmó recientemente el sociólogo argentino Pablo Alabarces (2015): “es difícil que la afirmación ‘el deporte es importante para las identidades sociales/etáreas/de género/raciales’ pueda a esta altura sorprender a alguien: la cuestión estriba en indagar cómo, de qué manera, desde cuándo, en qué