En época prerromana, el valle del Guadiana Menor ha servido tanto de espacio vital permanente para sus ha- bitantes como de ruta de comunicación entre puntos neurálgicos de producción y comercio. La interacción entre el espacio vivido y el tránsito por el territorio obliga a la investigación a desarrollar enfoques que permitan detectar cómo se diseña la explotación del valle y cómo ésta genera y se relaciona con una red específica de co-
municaciones, para lo cual es imprescindible aplicar pro- gramas intensivos de prospección superficial.
En la etapa ibérica parece que el modelo de ocupación es claramente subsidiario de la organización política, mientras este camino resultaba una vía clave para ver- tebrar los contactos y el traslado de los recursos entre áreas que debían alcanzar y partir de la Alta Andalucía desde y hacia las costas del sur y sureste, pasando por las altiplanicies granadinas. Los territorios de Bastetanos y Oretanos tienen su frontera precisamente en la desem- bocadura de este río, y por tanto su curso final supone un espacio de delimitación en el que el control debe ma- nifestarse explícitamente. Los objetos foráneos e incluso las importaciones desde larga distancia encontradas en
cantidades importantes en este lugar teóricamente re- cóndito, muestran el papel esencial del camino en la es- trategia de comunicaciones.
Con el tiempo, sin embargo, la implantación progresiva del poder romano elevó el nivel de control político sobre el territorio a niveles supra-regionales. Esto permitió fa- vorecer las rutas que ofrecían mejores condiciones para el transporte, y fue progresivamente arrinconando las de mayores dificultades. El resultado no fue el despobla- miento del valle, sino la distribución más repartida de la población en unidades de explotación agraria y de pro- ductos específicos como la sal, a la vez que se multiplicó la explotación de ciertos recursos estratégicos, como los pastos de verano o la madera de las sierras.
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esde nuestra perspectiva actual resulta confusa la división administrativa romana de la provincia de Jaén, que básicamente la divide por la mitad de noreste a suroeste. A. Ruiz (2007), al estudiar la evolución del poblamiento ibérico en la campiña, observaba que, tanto a partir de las descripciones de los geógrafos romanos como de las propias evidencias arqueológicas, la zona oriental de la actual provincia de Jaén, allí donde el valle del Guadalquivir se estrecha y el paisaje se vuelve cada vez más abrupto, no se pueden reconocer trazas de urbanización del territorio a partir de oppida hasta el siglo III a.C. más allá de la zona de Toya. Hacia el siglo III a.C. prácticamente sólo la campiña al oeste de la actual provincia de Jaén es una unidad homogénea de comu- nidades y paisaje antropizado; mientras que al este, aunque existen algunas comunidades, la densidad de poblamiento es mucho menor, el paisaje está presidido por las grandes cordilleras Béticas y Sierra Morena y una enorme extensión de bosque mediterráneo domina el1 Grupo de Investigación del Patrimonio Arqueológico en Jaén.
paisaje, que sólo había sido talado en los valles de ríos y arroyos mayores. Desde esa perspectiva, la zona oriental de Jaén constituía un enorme tapón que sellaba la zona urbanizada por medio de oppida de aquella otra apenas ocupada y que a ojos de Roma constituía una extensa silva montañosa con muy poca densidad de población. En resumidas cuentas, la división romana tiene que ver con las realidades de ciudades y gentes que había de controlar y administrar, pueblos oretanos y bastetanos que dominaban políticamente aquellos territorios. El extremo de ese territorio lo constituía el valle del Guadiana Menor, que funcionaba como una ruta comercial que enlazaba el valle del Guadalquivir con los altiplanos granadinos hacia Basti (Baza) desde hacía siglos.
De los geógrafos romanos que mencionan Tugia y des- cribieron los límites de las provincias Ulterior-Citerior y después Bética-Tarraconense, fundamentalmente Ptolo- meo (Geografia, II, 6, 58) y Plinio (Historia Natural, III, 3, 9), es particularmente este último el que hace referencia a esas características del territorio a las que aludimos: El
Betis, que no nace en la población de Mentesa de la provin-