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XLV ABRA, DONCELLA DE POMPEYA, AL MAYORDOMO DE LAS TABERNAS DE CO5SUCIO (UNO DE LOS AGENTES

In document Wilder Thornton - Los Idus De Marzo.pdf (página 111-113)

DEL SERVICIO SECRETO DE INFORMACIÓN DE CLEOPATRA).

l7de octubre

Como dices primero, contestaré las preguntas por números:

1. Trabajé para la señora Clodia Pulquer durante cinco años. Durante la guerra, salimos de Roma y vivimos en su casa en Baía. Seré libre dentro de dos años. Llevo trabajando aquí dos años. Tengo treinta y ocho años. No tengo hijos.

JI. Este mes no me consienten salir de casa. Ni a ninguno de los criados. Se han dado cuenta de que alguien está robando cosas. Eso es lo que dicen, pero yo no creo que es eso. Todos nos figuramos que es al secretario, ese de Creta, al que están vigilando.

III. A mi marido le consienten que venga a visitarme cada cinco días. Cuando se marcha, le registran. No dejan entrar a los vendedores. Vienen por la puerta del jardín y allá compramos.

IV. Sí, envío cartas a la señora Clodia Pulquer siempre que viene Hagia, la comadrona. [Se presume que la comadrona estaba atendiendo a alguna sirvienta en casa de César.] A ésa no la registran. Las cosas que escribo a la señora Clodia Pulquer son como éstas: cómo la reina de Egipto vino a visitar a mi señora; cuándo pasa mi amo la noche entera fuera de casa; a veces cosas que el mayordomo dice que han estado hablando en la mesa; cuándo le da el ataque a mi amo y se cae al suelo. La señora Clodia no me paga en dinero. Ha puesto una taberna a mi marido en la Via Appia junto a la tumba de Mops. Si mis cartas te parecen bien, mi marido y yo quisiéramos tener una vaca.

V. No, estoy segura. Nada definido. Pero se me figura que a mi amo no le agrado. Hace seis meses tuvieron una pelea grandísima por mí, y otra más grande hace unos pocos días. Pero mi señora no le dejaría que me despidiese; lloraría horrores. Nunca se cansa de hablar de joyas, trapos, peinados, etcétera, y no tiene a nadie más que a mí para hablar de eso. Eso es lo que pasa.

VI. De las cartas de mi ama. El año pasado mi amo dijo al portero que todas las cartas para mi señora había que ponerlas con las suyas. Cuando llegaban por el día, se quedaban en el cuarto del portero hasta que se las enviaban a mi amo a su oficina. Pero varias veces al día, mi ama iba al cuarto del portero y decía: «¿Hay cartas para mí?», y él se las daba. Armó una gran pelea y lloró, y ahora le llevan las cartas a ella. Pero el amo dijo que todas las cartas anónimas hay que destruirlas antes de leerlas. Llegan muchas. La mayoría. Algunas son excitantes. Otras no.

Aquí empieza mi carta.

Mi amo es muy bueno con mi ama. Desde que vuelve a casa de la oficina, pasa casi todo el tiempo con ella. Cuando tiene visitas de negocios las recibe en el cuarto de al lado y deja la puerta abierta y acorta las visitas todo lo posible. Cuando ella se va a la cama, él recibe a sus amigos una hora o dos porque no le gusta dormir mucho. Como esos amigos, como Hirtio, Mammurra, Oppio, beben mucho y se ríen muy fuerte, se van al taller que tiene el amo en el acantilado sobre el río. Como a mi ama le lleva casi dos horas prepararse para ir a la cama, a menudo aún está despierta cuando él vuelve. A menudo, cuando se está preparando, él deja sus amigos y se sienta cerca de nosotras y

habla con ella mientras yo la peino, etc. Ahora, lo que quiero decir es esto: ella casi siempre encuentra algo por que pelearse. A menudo llora. Muchas veces, él me manda salir del cuarto mientras hablan de algo. Ella se pelea por las leyes suntuarias, por el cachorro de leopardo que le regaló la reina de Egipto, porque a la señora Clodia Pulquer no la ha invitado a venir a nuestra casa, sobre qué días vamos a ir a la villa del lago Nemi, sobre si van a ir al teatro.

Hace dos días hubo una pelea grandísima. Cuando mi ama salió del cuarto un momento, creo que mi amo revolvió rápidamente entre todos los frascos y potes de su tocado y encontró una carta anónima que había venido para ella hacía muchas semanas. Creo que la leyó y la volvió a poner donde estaba. Cuando mi ama volvió, él hizo como que la volvía a encontrar. Eso es lo que me figuro que sucedió. Era una carta diciendo que Clodio Pulquer, el hombre que prendió fuego a la casa de Cicerón y que amenazó con matar a todos los senadores, que ese hombre quería como loco a mi ama, y que no había más remedio que prevenirla, porque no podía dominar su amor. Mi amo estaba muy tranquilo, pero bien sé que estaba blanco de rabia. Dijo que la carta estaba claramente escrita por Clodio Pulquer en persona, y que sólo un hombre que despreciase a una mujer y deseara burlarse de ella podría haber escrito carta semejante. Mi ama dijo que odiaba a Clodio Pulquer, pero que estaba bien claro que él no había escrito la carta. Entonces me mandaron que saliese del cuarto. Cuando volví, mi ama había llorado, y empezó a llorar otra vez y no hacia más que decir que la vida era imposible, y que no se podía soportar.

Mi amo me mandó a buscar y dijo que yo había traído la carta. Hice un juramento terrible que él me dictó, jurando que de la carta no sabía nada; pero me figuro que sabe que si, pero no creo que me despida.

¿Es preciso que escriba qué noches pasa el amo fuera de casa?

El mayordomo del vino dice que oyó al amo hablar a Balbo y a Bruto..., a Décimo Bruto, es decir, al que no es buen mozo..., de mudar Roma a Troya. Troya está en Egipto, me parece.

El secretario, el que es de Sicilia, dice que ha cambiado de opinión, y que no habrá guerra contra los partos. El secretario de Creta dijo: «Estás loco, claro que la habrá». Eso es todo lo que sé de eso.

Va a haber un edicto para que no entren carros en el centro de la ciudad después de las diez y de que sólo puedan estacionar una hora.

Olvidaba decir que Clodio Pulquer, montado a caballo, cuando mi señora iba en su litera al lago Nemi, se acercó a nosotras y estuvo hablando con ella hasta que Alfio se acercó y dijo que tenía orden de no dejar que nadie hablase con nosotras ni con nadie de nuestro acompañamiento. Alfio es el capataz de la granja y encargado de nuestros viajes. Estuvo con el amo en las guerras y no tiene más que un brazo.

Ahora ya termino.

Deseo decir que esto no me gusta, no estoy a mi gusto. He pedido a la señora Clodia Pulquer que me vuelva a tomar, pero dice que tengo que seguir aquí. Sé un modo para marcharme. Si esta carta es lo que necesitas, me quedaré y escribiré un poco más.

XLVI. DIARIO-CARTA DE CÉSAR A LUCIO MAMILIO

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