Jesús de Nazaret y sus discípulos. Aproximación bíblica al discipulado desde los discípulos

12  Download (0)

Full text

(1)

S. S

ILVA

R

ETAMALES

,

Jesús de Nazaret y sus discípulos. Aproximación

bíblica al discipulado desde los discípulos

, Paulinas, Santiago de Chile

2009, 168 pp. ISBN 978-956-290-125-3.

El autor, obispo auxiliar de la diócesis de Valparaíso, Secretario General de la Conferencia Episcopal de Chile, presidente de la Comisión Nacional de Anima-ción Bíblica de la Conferencia Episcopal y presidente del Centro Bíblico Pasto-ral del CELAM (CEBIPAL), es Licenciado en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico (Roma).

Ya había publicado con anterioridad sobre el tema del discipulado dos li-bros: Discípulo de Jesús y discipulado según la obra de san Lucas (Colección Quinta Conferencia), CELAM - Paulinas - San Pablo, Bogotá 2005; Discípulos de Jesús: relatos e imágenes de vocación y misión en la Biblia (Colección Quinta Conferencia), CELAM-Paulinas - San Pablo, Bogotá 2006; y un libro en colabo-ración con los renombrados especialistas Dres. Rafael Aguirre y Santiago Guija-rro: Kerygma, discipulado y misión: perspectivas actuales (Colección Quinta Conferencia), CELAM - Paulinas - San Pablo, Bogotá 2006.

En cuanto a su estructura, el libro presenta seis capítulos más un capítulo conclusivo y al final la bibliografía utilizada y las notas: I. El seguimiento de Jesús, una mirada desde el discípulo; II. “Todo comenzó en Galilea”: la inesta-ble Galilea en tiempos de Jesús; III. “¿No es éste el hijo del carpintero?”: mo-mento de admiración y preguntas; IV. “¡Ven y sígueme!”: momo-mento de vincula-ción; V. “¡Gracias Padre por dar a conocer estas cosas a los pequeños!”: momen-to de revelación; VI. “Vayan y hagan discípulos a momen-toda la gente”: momenmomen-to de misión; VII. Conclusión; Bibliografía; Notas.

(2)

etapas más significativas?, ¿cómo la cultura y la sociedad en la que vivían ayudó y condicionó el seguimiento del Señor?, ¿cuáles fueron sus conflictos como co-munidad del maestro Jesús?” (p. 10). Estas son las preguntas que el libro busca-rá responder. Por otra parte, menciona las fuentes a las que recurre y que son fundamentalmente dos: los evangelios sinópticos en cuanto fuente directa; y los datos de las experiencias humanas y de los estudios socio-antropológicos del s.I en cuanto fuente indirecta.

El cap. II muestra la situación de tensión social existente en Galilea, situa-ción que hace comprensible la pregunta que Jesús hace a sus discípulos sobre quién dice la gente que es él y quién piensan ellos que es él. Para entender las respectivas respuestas hace una breve descripción de los movimientos mesiánicos y proféticos en la Galilea de los tiempos de Jesús, afirmando que lo creían los discípulos no era demasiado distinto a lo que pensaba la gente. Como ésta es una pregunta permanente para todo discípulo, hace un recorrido sintético so-bre las respuestas dadas por estudiosos del Nuevo Testamento, lo que muestra su acabado y actualizado conocimiento de la investigación sobre el Jesús histó-rico. Termina el capítulo, mencionando los cuatro momentos del discipulado histórico: a) el momento de la admiración y las preguntas; b) el momento de la vinculación; c) el momento de revelación de Jesús a sus discípulos y la recep-ción por parte de éstos de esa revelarecep-ción; y 4) el momento de la misión como testimonio personal y comunitario de Jesús. Estos momentos serán desarrolla-dos en los capítulos posteriores dedicándole a cada uno de ellos un capítulo.

El cap. III muestra lo que Jesús hizo y enseño, porque “el discipulado co-mienza por dejarse sorprender, admirar, fascinar… por este hombre excepcio-nal, dando luego cabida a las preguntas sobre el origen y sentido de su obra y abriéndose –con corazón purificado– a las respuestas que el mismo Jesús ofre-ce” (p. 39). En el hacer presenta por una parte, las sanaciones y exorcismos de Jesús, indicando el significado social y religioso de la sociedad en aquel tiempo y cultura, como también lo que dicen estudios actuales sobre los endemonia-dos; y, por otra, el significado del que Jesús coma con pecadores y publicanos. En lo que Jesús enseña muestra los motivos por los que la enseñanza de Jesús es percibida como proveniente de alguien con autoridad y lo socialmente rupturista de su propio magisterio en cuanto constituye un desafío al “honor”, categoría fundamental en la vida social de aquel entonces.

(3)

discí-pulos con Jesús que consiste en última instancia en “vivir en Cristo” y son vin-culados para ser amigos y hermanos de Jesús como también para vincular a otros. Luego habla de cómo se pasa de muchedumbre a discípulo, distinguiendo para ello dos grandes círculos: el de los “de afuera” que corresponde a la muche-dumbre y el de los “de adentro” que comprende a los discípulos y a los Doce. En esta parte tiene, a mi parecer, un párrafo notable que manifiesta la propia con-ciencia que tiene de su identidad como obispo en cuanto sucesor de los Doce: “En cambio, el paso de ‘discípulo’ a ‘Doce’ no constituye una transición cualita-tiva y ni siquiera tiene por finalidad la perfección en el seguimiento del Señor o el radicalismo ético o social, sino la participación en un ministerio o función de servicio a favor de la vocación fundamental del pueblo de Israel: convocarlo como ‘pueblo santo de Dios’, reafirmando su misión universal. Los Doce no son un grupo de primer rango en cuanto tienen ‘más acceso’ al Reino. Cualquiera de los discípulos de Jesús es ‘tan discípulo’ como uno del grupo de los Doce” (pp. 73-74). Los comentarios a este respecto están demás.

Otro elemento que me parece tremendamente valioso es la siguiente afir-mación: “Además no sería raro pensar, dadas las condiciones de la vida conyu-gal, que varias mujeres de los Doce y de otros discípulos itinerantes siguieran con sus hijos acompañando a sus maridos tras Jesús, si no de modo permanen-te, sí de forma eventual” (pp. 82-83) lo que, tal como dice la nota 168, “explica-ría el silencio respecto a ‘la esposa’ en Mc 10,29”.

Luego se refiere al discipulado por opción, no por tradición, y a la formación que de ello se desprende: “La opción por Jesús conlleva la decisión de formarse en el seguimiento de su Persona” (p. 87). Seguir a Jesús significa verlo y escu-charlo para compartir con él su estilo y su destino.

Al cap. V le atribuyo una valoración personal muy importante en cuanto que plantea la revelación de Jesús en términos de las “pasiones” del Mesías. Efecti-vamente, tenemos un concepto tan restrictivo de pasión relacionado con Jesús, que lo aplicamos exclusivamente a su pasión y muerte, cuando, en realidad, toda la vida de Jesús estuvo movida por una gran pasión: transmitir el amor misericordioso y salvífico de Dios Padre a todos los hombres o, en palabras de Mons. Silva, la pasión por el Padre, la pasión por el encargo del Padre y la pa-sión por el hombre y su salvación. Diría yo que la papa-sión es un elemento esencial del discipulado: sin pasión no hay discípulo.

(4)

discipulado es para la misión. Termina este capítulo destacando la catolicidad de la misión: “Respecto a los destinatarios de la misión, Jesús hace saltar las estrictas fronteras establecidas por una lectura nacionalista de algunas prome-sas divinas a Israel y le pone a la misión un sello característicamente ‘católico’ o universal: la integración de todos ya que ‘no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores’ (Mt 9,13)… y lo son tanto israelitas como gentiles, varones como mujeres, libres como esclavos” (p. 137).

El cap. VII, concluye el libro respondiendo dos preguntas. Una sobre cómo se llega a ser cristiano, la que ha sido respondida con la exposición de los cuatro momentos del itinerario histórico de los discípulos. Otra, que se desprende de la respuesta anterior, sobre adónde nos conduce este itinerario histórico o, en otras palabras, cuál es la esencia del ser cristiano. La respuesta la da en un pá-rrafo brillante por su brevedad y densidad de contenido: “La respuesta es apa-rentemente tautológica: la esencia del ser cristiano es su mismo carácter discipular, es decir, seguir fiel y creativamente a Jesús, Mesías e Hijo de Dios, fuente de existencia crística. Ahora bien, como se trata de seguimiento, la exis-tencia crística nunca deja de ser cristificación, es decir, progresiva conforma-ción con Jesucristo hasta alcanzar la plenitud del Hombre perfecto” (p. 140). Nuevamente, sobran los comentarios.

(5)

¿Cuál es entonces nuestra “actividad” en relación al Reino? En la misma p. 113 dice a continuación: “… y él, su Hijo obediente hasta la muerte en cruz, in-tenta en las aldeas rurales de Galilea que las doce tribus reconozcan y se abran al don de su Padre”. Lo que el discípulo tiene que hacer es “hacerse tierra buena para la semilla del Reino. Entrar en el Reino es don y tarea” (p. 119). El don proviene de Dios y nuestra tarea consiste en convertirnos en tierra buena para acoger el don. Y en la misma página se habla de disponer “la existencia como tierra buena para la semilla del Reino”.

El libro presenta una ambivalencia: tiene la gran ventaja de ser muy bíblico, pues cita muchísimos pasajes bíblicos, pero, a la vez, la desventaja de que fue-ron colocados en notas y las notas al final del libro, habría sido preferible para una rápida consulta haber puesto las citas en el texto. En la p. 89 se indica que la actividad pública de Jesús empezó con el bautismo de Juan y se cita en la nota 177 el evangelio de Juan, que es el único evangelio en el que Juan Bautista no aparece bautizando a Jesús sino dando testimonio de él. En la p. 51 aparece una cita bíblica que no corresponde pues dice Mt 5,28-29 cuando el texto en reali-dad se encuentra en Mt 11,28-29. Estos problemas, más bien secundarios, no le restan ni un ápice al inmenso valor que tiene este trabajo de Mons. Silva de darnos a conocer con un lenguaje sencillo y claro el itinerario histórico de los discípulos, fruto, sin duda de muchísimas horas de estudio y lectura de la inves-tigación sobre el Jesús histórico; y su acertada y enjundiosa aplicación a nues-tra realidad, fruto, sin duda, de muchísimas horas de oración y contemplación. No me resta más que agradecer a Mons. Silva por esta obra y recomendar viva-mente su lectura.

Arturo Bravo

Figure

Updating...

References