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Magia Kahuna

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(1)

El antiquísimo sistema mágico de los

Kahunas se basa en fundados conocimientos

de la psiquis humana. Su aplicación práctica

le posibilita a cualquier persona encontrar

acceso a sus fuentes ocultas de energía

y así ayudarse a sí mismo y a otros.

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Con la triple división del interior de la persona en

un Yo inferior, un Yo mediano y un Yo superior,

los Kahunas, los actuales practicantes de Hawai,

los "guardianes del secreto", se adelantaron hace

como 5.000 años a conocimientos de la moderna

psicología, que con la investigación de los

diferentes planos de consciencia del ser humano

;

desde el subconsciente hasta el supraconsciente;

confirma el contenido esencial de la doctrina Huna.

El filólogo norteamericano Max F. Long ha

dedicado cincuenta anos de su vida a dilucidar las

técnicas mágicas de los Kahunas. En este libro él

describe su aplicación práctica para la sanación

corporal y mental, como también para solucionar

dificultades económicas. El propósito de este libro

es indicar cómo cualquier persona puede ayudarse

a sí misma y ayudar a otras personas por medio de

la aplicación de la magia Kahuna.

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Prólogo

Mi primer libro "Recovering the Ancient Science" se publicó en 1936 en Londres. En él yo informé acerca del concepto de fe psico-religiosa de los polinesios de la antigüedad y traté de explicar la magia utilizada por los Kahunas, los sacerdotes aborígenes de Hawai. El libro tuvo una pequeña edición de menos de mil ejemplares; antes de la segunda guerra mundial se fue principalmente a los países de la comunidad británica. Durante la guerra, la imprenta y el resto de la edición que aún no había sido vendida, se destruyeron a causa de un ataque aéreo. Aunque hasta ese momento todavía no se habían vendido muchos ejemplares, el libro había encontrado acceso a numerosas bibliotecas, y en el transcurso del tiempo recibí cartas de más de mil lectores. Se desarrolló una activa y valiosa correspondencia, y yo recibí mucho material valioso.

En 1948 se publicó en los Estados Unidos una edición revisada y ampliada del libro, bajo el título de "Secret Science Behind Miracles". Con ese libro yo había esperado independizar al lector, por así decirlo, y posibilitarle probar él mismo los antiguos métodos. Pero en vez de eso, me pidieron en cientos de cartas instrucciones para autoayuda o que interviniera yo mismo para ayudar.

Al reflexionar acerca de cómo podría dominar mejor la inesperada montaña de cartas, pareció abrírseme una muy prometedora posibilidad para la promoción de futuros trabajos de investigación y experimentos prácticos. Con ayuda de algunas personas con las que tenía correspondencia por medio de cartas, organicé un diseminado grupo de trabajo, cuyos miembros estaban dispersados desde Australia hasta Inglaterra, o vivían en las diferentes partes de Norteamérica e incluso en los intranquilos países del continente europeo. Con ese grupo comencé nuevas investigaciones del antiguo sistema psico-religioso. Nosotros buscábamos, ante todo, establecer si ya sabíamos lo suficiente acerca de las teorías y prácticas, como para poder nosotros mismos producir efectos extraordinarios. Por cierto nuestro interés principal eran los milagros de la sanación corporal, pero también estábamos interesados en la "sanación" o mejoramiento de circunstancias de vida, sometimientos sociales, dificultades económicas y perturbaciones mentales. Todo eso ya lo habían logrado antiguamente los Kahunas de un modo magnífico.

La antigua expresión Kahuna es todavía común actualmente y significa "guardianes del secreto". La palabra para nombrar la doctrina secreta nunca fue encontrada. El reglamento para guardar el secreto era tan estricto, que tal vez no se le haya dado nunca un nombre al secreto. Pero si ha habido un nombre para éste, tal vez era demasiado sagrado para ser pronunciado -como el nombre de Dios en algunos cultos. Por eso hemos elegido para nuestros trabajos el nombre Huna, que significa "secreto". A nuestra organización, cuyo propósito era la investigación de ese sistema y de otros similares, como también el trabajo en problemas de la psicología y de la ciencia psíquica, le dimos por eso el nombre de "Huna Research Associates" (Comunidad de Investigación Huna).

Bajo ese nombre comenzamos con el trabajo, por medio de cartas. Poco después uniformé el reparto de las determinadas informaciones para todos los miembros, emitiendo cada dos meses una circular fotocopiada de ocho páginas, el "Boletín HRA". En nuestra comunidad de investigación figuraban algunos de los mejores investigadores de nuestro campo de trabajo. Otros miembros, en cambio, apenas entendían lo que investigábamos, pero necesitaban con urgencia sanación para el cuerpo, la mente o el portamonedas y ayuda contra circunstancias de vida desfavorables; por eso, participaban en el trabajo lo mejor que podían. Algunos miembros disponían de excelentes capacidades psíquicas o de fuerzas curativas naturales. Otros, por el contrario, eran "simpatizantes" por curiosidad; ellos mismos hacían poco, pero se dedicaban a averiguar lo que otros lograban y descubrían. Muchos hacían experimentos propios con

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entusiasmo y energía. A veces también se retiraban miembros; pero en su reemplazo se agregaban nuevos una y otra vez. Cada seis meses eran borrados de la lista aquellos que no habían enviado los informes solicitados, que eran precisamente la pauta para medir nuestros progresos. De ese modo, la solidez del grupo en promedio se mantenía siempre igual; éste contaba con un poco más de trescientos miembros.

Al momento de redactar este libro, alrededor de cinco años después de la fundación de la HRA, la investigación de la sabiduría Huna y su prueba práctica han avanzado tanto, que es necesario un nuevo informe. Mucho se ha logrado entretanto, y nosotros hemos aprendido algunas cosas más que al principio no sabíamos. En este informe me esforzaré para transmitir al lector los resultados más nuevos del trabajo de la HRA y de mis propias investigaciones. También voy a explicar los métodos, que de acuerdo con nuestra experiencia, son especialmente buenos para la aplicación práctica del Huna. Así como el estudio del libro "Conocimientos secretos detrás de los milagros", es una excelente preparación para la aplicación de la doctrina Huna, las explicaciones fundamentales de este libro quieren dar una imagen del concepto de fe y prácticas del sistema y con eso una base sólida para el trabajo experimental.

La discusión de nuestros conocimientos y experiencias no se efectúa en la secuencia en la que los hemos logrado en 5 años de investigación común. Primero se discuten las bases necesarias para la formulación y presentación de la oración HUNA. Las otras exposiciones tienen que ver con otros tipos de sanación, que pueden llevarse a cabo con o sin uso de oración.

Las exposiciones de este libro están frecuentemente entremezcladas con explicaciones acerca de los puntos de partida de nuestras conclusiones, como también sobre símbolos y palabras que son típicos de la doctrina HUNA, pero que también existen en otras religiones, principalmente en el cristianismo. Con esto se pretende recalcar la importancia de la doctrina HUNA como corresponde. Esto es importante para que desde el comienzo se le manifieste suficiente confianza y fe al sistema HUNA, para poderlo adoptar. Ya que mientras no se esté convencido de que las exposiciones se basan en hechos auténticos y válidos, no se puede sacar provecho de nuestra experiencia y de los resultados de nuestro trabajo. Que la misma verdad y la misma fe se encuentran en todos los sistemas psico-religiosos, está a la vista. Los puntos fundamentales de la doctrina HUNA pertenecen a la antiquísima sabiduría de la que se encuentran partes en todas las religiones. La doctrina HUNA se lleva completamente bien con otros sistemas; no está en contradicción con ninguno de ellos, sino que incluso conduce a una comprensión más amplia de las antiguas sabidurías.

Con este trabajo no se pretende desarrollar ningún "culto" nuevo. Éste debe más bien ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas y a sus semejantes, a través de la utilización de los métodos HUNA. Todavía falta mucho para que la investigación esté concluida. Las opiniones presentadas aquí y ahora tendrían que ser corregidas, si nuevos conocimientos justifican o exigen un cambio. El propósito final no es solamente la sanación del cuerpo o de la mente o el mejoramiento de las condiciones ambientales sociales y económicas, sino el redescubrimiento del casi perdido conocimiento, para llevar una vida sabia, como la que ha sido enseñada no sólo por los Kahunas, sino también por Jesús y otros grandes iniciados del pasado, bajo un código secreto antiquísimo. Por medio del desciframiento del secreto, el mundo puede recibir nuevamente la "verdadera luz", para que todos los que tienen ojos para ver y oídos para escuchar, la comprendan y aprendan a utilizarla.

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I

REDESCUBRIMIENTO DE UNA CIENCIA ANTIQUÍSIMA

Desde el punto de visto geográfico, el sector de estas investigaciones está en Hawai, la parte más distante de la Polinesia; desde el punto de vista de nuestro asunto es un área virgen. Aunque los Kahunas (los sacerdotes y magos nativos de la antigüedad) han dado pruebas asombrosas de su poder y de sus capacidades, su fe y su trabajo han sido rebajados a la categoría de superstición por los antropólogos. Los misioneros cristianos que llegaron a Hawai en 1820, desaprobaron los milagros de los aborígenes e hicieron todo lo posible para exterminar la fe de los Kahunas.

Durante siglos las islas hawaianas permanecieron aisladas del resto del mundo conocido, hasta que el capitán Cook las descubrió en 1778. Los aborígenes eran primitivos, pero personas de una gran inteligencia. El historiador Toynbee relata que ellos tenían una civilización "estancada". Los habitantes habían llegado de otras tierras lejanas por el océano Pacífico, y la leyenda relata que navegaron en canoas a vela y a remo y que el conocimiento de las estrellas los había hecho encontrar el camino. Su patria original no se ha podido comprobar con seguridad. Algunos historiadores creen haber establecido que vienen del cercano oriente y que de ahí llegaron a Hawai a través de la India.

Yo deseo adherirme a esa opinión. Pero vengan de donde vengan, a donde llegaban llevaban relatos legendarios, parecidos a los del jardín del Edén, del diluvio, de Jonás y la ballena y a otras historias del Antiguo Testamento. Pero que en ninguna de esas historias se haya mencionado a Jesús, parece indicar que la emigración ocurrió antes del nacimiento de Cristo.

La tesis de Toynbee de la civilización "estancada" parte de la reflexión que los recién llegados encontraron en Hawai condiciones climáticas realmente ideales. Tenían alimento en abundancia y se podía almacenar con facilidad, y no fue necesario esforzarse por mejores condiciones de vida. Yo estoy convencido de que los Kahunas eligieron ese lugar aislado con premeditación, para poder proteger durante el mayor tiempo posible sus conocimientos secretos contra influencias externas perjudiciales. Antes de que abandonaran su antigua patria, tal vez habrán reconocido en una visión interior que su gran conocimiento sería alguna vez deformado, reprimido y olvidado por dogmas autocráticos. En Hawai pudieron seguir utilizando sus conocimientos en beneficio de su pueblo; y de hecho demoró siglos hasta que finalmente sobreviniera la temida amenaza.

Por cierto los polinesios no han logrado ningún invento técnico-mecánico que en general sea calificado como símbolo de las civilizaciones en desarrollo. Ellos no podían ni hilar ni tejer; no conocían ni la alfarería ni la cestería. De tiras mojadas de corteza de árboles fabricaban una especie de toalla de papel por medio de golpes, y sus recipientes los elaboraban de cascaras de calabaza o de otros frutos. De cordones de fibra hilados, hacían redes sencillas para pescar y para llevar recipientes adentro, y usaban cuerdas para capturar pájaros y animales terrestres. Sus cuchillos y hachas estaban hechos de conchas y de piedras filosas. Conocían y utilizaban el fuego. Como casa les servían armazones de madera cubiertos con paja.

Pero todo eso no indica falta de inteligencia y de talento. El talento racial característico del

pueblo no estaba en lo técnico, sino en una extraña comprensión profunda de la naturaleza y de la estructura de la consciencia humana, como también de las fuerzas de las que se sirven los elementos de la consciencia en su trabajo. Este conocimiento, que los Kahunas utilizaban en sus milagros, lo mantenían en secreto, lo cuidaban y lo protegían con todo esmero. Y cuando empezó la nueva época y los hawaianos se vieron frente a frente con lo moderno, cambiaron en una sola

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generación, del estado de su civilización "estancada" a un pueblo que adoptó todos los adelantos de la civilización moderna y supo sacarle provecho.

Cuando me di cuenta que detrás del velo de idioma cotidiano se ocultaba un "idioma sagrado", tuve en claro que éste tiene que haberse originado junto con la lengua materna y por consiguiente había que remontarse a los tiempos inmemoriales del comienzo de la historia, mucho antes de que el pueblo abandonara su antigua patria. Esta opinión encontró posteriormente, después de la publicación de mi primer libro, una sorpresiva confirmación. En aquel entonces me escribió el inglés W. Reginald Stewart, de Brighton, que cuando era joven y trabajaba en África como corresponsal en el extranjero, había escuchado de una tribu berebere de las montañas Atlas, que disponía de grandes conocimientos de magia y cuya tradición parecía indicar que antiguamente había emigrado desde Egipto al occidente.

Stewart buscó y encontró esa tribu. Era muy pequeña, y allí había solamente una mujer que conocía el antiguo sistema secreto y que dominaba su aplicación. Esa mujer era llamada Quahini, que no es palabra berebere, sino - como se comprobó posteriormente - la unión de las palabras hawaianas Kahuna Wahine, que significa "Kahuna femenina". Después de muchos esfuerzos, Stewart logró ser adoptado como hijo sanguíneo por la Quahini, con muchas ceremonias y diversos rituales, ya que sólo como su hijo sanguíneo él podía ser iniciado por ella en la antigua doctrina surtidora de efectos maravillosos y recibir enseñanza acerca de su aplicación.

La Quahini comenzó a enseñarle al joven y a la hija de ella. La primera parte de la instrucción trataba la teoría general del antiguo sistema psicológico junto con sus aspectos religiosos. Los puntos más importantes eran explicados por medio de demostraciones. También se advertía que la enseñanza solamente podía efectuarse en el llamado "idioma sagrado". Pero éste no era el dialecto berebere que usaban los miembros de la tribu. A Stewart le resultaba difícil comprender el sentido de las palabras, ya que éstas tenían que traducirse primero al idioma berebere y después al francés, que él y la instructora dominaban. Él progresaba lentamente. Pero poco a poco él hizo una lista de las expresiones más importantes del "idioma sagrado". Pero antes de que pudiera terminar la enseñanza sobre la teoría del sistema, un día ocurrió un final repentino. En un tiroteo entre dos tribus vecinas enemistadas, una bala perdida dio muerte a la Quahini.

Muchos años después, cuando Stewart ya se había retirado a la vida privada, se encontró con mi informe y estableció que éste describía en esencia exactamente lo que él había aprendido en el norte de África en aquel entonces. Él comparó sus amarillentos apuntes y su lista de palabras y se dio cuenta, profundamente impresionado, que el "idioma sagrado" era sin duda un dialecto del actual idioma polinesio, es decir, del mismo idioma del que yo había sacado ejemplos de palabras para poner en mi libro.

Se desarrolló entre Stewart y yo una intensa correspondencia, que se mantuvo hasta su muerte (durante la segunda guerra mundial) y que contribuyó mucho para fundamentar mis conocimientos y experiencias y para impulsar mis investigaciones posteriores.

La prueba más convincente de que esa antiquísima sabiduría proviene del cercano oriente y que antiguamente fue utilizada allí, se encontró después de un trabajo de 4 años de la HUNA-Research-Associates. Encontramos justamente que el Antiguo Testamento - comenzando por el Génesis - relata en muchas partes acerca de doctrinas HUNA, como también de milagros que fueron causados por iniciados en HUNA. Esos iniciados poseían, por cierto, los mismos conocimientos que los Kahunas de la Polinesia, pero no pertenecían ni a las tribus que en aquel tiempo se disponían a emigrar a su nueva patria en el océano Pacífico, ni a la única tribu que se trasladó al occidente y se instaló en Atlas.

En todos los casos se ocultaron las encubiertas indicaciones detrás de los típicos símbolos HUNA, sobre los cuales se hablará más adelante. Esos símbolos forman en cierto modo un "código secreto". A éste le debemos que actualmente todavía podamos comprender lo que en aquel entonces querían decir los Kahunas iniciados, cuando escribieron la historia del Jardín del

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Edén y relataron acerca de los milagros que realizaron Moisés y Aarón en Egipto, y también después, cuando los hijos de Israel vivían en el desierto. También en pasajes posteriores del Antiguo Testamento escuchamos hablar a iniciados en HUNA, y con los desciframientos de las profecías de Isaías y Jeremías nos encontramos claramente con conocimientos de HUNA. Detrás del mismo código y de los mismos símbolos se oculta también la doctrina HUNA en el Nuevo Testamento. Jesús, el gran iniciado, se esforzó por presentar las mismas creencias fundamentales con los mismos símbolos e iniciar a sus alumnos y discípulos en la doctrina. Él realizó típicos milagros-Kahuna y se mantuvo cuidadosamente en el mismo culto antiquísimo de mantener el secreto. Él les daba a sus discípulos, en relación con el "reino de los cielos", las necesarias indicaciones de los misterios o HUNAS, para que ellos también pudieran producir milagros y comprender la verdad oculta.

Antes de que sigamos avanzando, deseo darle una breve mirada retrospectiva al camino que yo recorrí con mi larga investigación de la antigua doctrina HUNA.

Cuando llegué por primera vez a Hawai en 1918, tuve la suerte de ganarme la amistad del notable erudito, Dr. William Tufts Brigham. Él ya tenía una edad avanzada y trabajaba desde hacía mucho tiempo como administrador del Museo Bishop en Honolulú. Cuando me encontré con él allí, él ya llevaba 40 años dedicado a observar y a anotar los hechos milagrosos de los

Kahunas del lugar. Había sido testigo de muchas sanaciones milagrosas y caminado él mismo

una vez sobre lava ardiendo, bajo la protección de Kahunas. Él también podía probar, mediante el material que había juntado, que los sacerdotes del lugar podían dominar el tiempo atmosférico y que eran capaces de muchos otros milagros.

Pero él jamás había podido descubrir cómo los Kahunas realizaban sus milagros. Ellos eran sus amigos; lo querían y confiaban en él, pero nunca hablaban con él acerca de sus secretos. Él sólo podía constatar que en su trabajo ellos siempre utilizaban oraciones, cantos y ciertos rituales. Él los había podido escuchar y observar. ¿Pero cómo provocaban sus milagros? Él me aseguró que ni las hojas de Ti, que utilizaban para caminar sobre el fuego, ni las cascaras rituales de calabaza, que usaban para influenciar el viento y el tiempo atmosférico, tenían fuerzas mágicas.

Evidentemente la fuerza que provocaba milagros era la consecuencia de la oración a un gran poder o inteligencia invisible, con la que los Kahunas sabían entrar en contacto. No se trataba de casualidades o de resultados únicos, ya que ellos causaban una y otra vez nuevos milagros con sus oraciones. Siempre me había fascinado que hubiera personas cuya influencia sobrepasara las "leyes" del mundo terrenal. Durante años me había dedicado a fondo a religiones que admiten que con ayuda de poderes superiores son posibles los milagros. Yo había seguido las indicaciones de la ciencia psíquica y tratado de encontrar una explicación a eso por medio del estudio de psicología.

Cuando el Dr. Brigham al final de su vida encontró un hombre joven, cuyo total propósito de vida era introducirse profundamente en el misterio, le brindó su apoyo. Me aconsejó cómo yo podía avanzar de la mejor manera y me dio todos sus apuntes, que había reunido con un arduo trabajo de años.

Él me indujo a comprobar con exactitud sus informes con aborígenes y blancos. Al hacerlo encontré todos los hechos confirmados y pude reunir todavía más conocimientos de todo tipo. Repetidamente yo preguntaba cómo producían los Kahunas sus milagros. Nadie me lo podía decir. Para los aborígenes todo el asunto era tabú. Lamentablemente los hawaianos jóvenes estaban más interesados en los asuntos de la vida moderna que en la doctrina antigua; ya no se les había enseñado a realizar hechos sobrenaturales. Y así entonces, no había nadie más que hubiera podido transmitir las enseñanzas. Los antiguos Kahunas, con los que el Dr. Brigham había tenido amistad desde hace años, habían muerto. Ya no vivía ninguno de los grandes conocedores. Por cierto logré todavía encontrar algunos Kahunas, pero cada uno de ellos solamente conocía una

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parte de la doctrina; y por ellos me enteré sólo de muy poco acerca de aquello que hacía que sus oraciones y actos rituales surtieran efectos tan maravillosos. Finalmente sólo pude comprender que los Kahunas habían mantenido fielmente su promesa de silencio inquebrantable. Después de la muerte del Dr. Brigham traté todavía durante dieciséis años de llegar yo solo a nuevos conocimientos y de descifrar el secreto. Encontré, por cierto, muchos informes nuevos y auténticos acerca de milagros, pero en todos los casos el verdadero secreto permaneció oculto para mí. Finalmente, en 1931 me di por vencido y me fui de Hawai. Yo seguía estando convencido de que son posibles los milagros de los tipos más diversos, si sólo se supieran los procedimientos internos para hacer surtir efecto completamente a la oración o ritual.

En el año 1934, cuando hacía tiempo que yo había renunciado a toda esperanza de encontrar la solución del problema, desperté una noche con una idea. La investigué con seria dedicación, y ésta me entregó por fin una señal acerca del misterio.

Para hacer corta la larga historia, sólo quiero hablar aquí de los resultados de las nuevas investigaciones, sin detallar los muchos penosos pasos que todavía tuve que dar para llegar hasta ahí;

Partiendo de la consideración que en el idioma nativo de los Kahunas tenían que haber existido palabras con las que los Kahunas principiantes eran iniciados en la doctrina secreta, examiné entonces, con el diccionario hawaiano, todas las palabras que de algún modo tuvieran que ver con la naturaleza mental o espiritual del ser humano.

Casi de inmediato me encontré con tales palabras. Para mi sorpresa, éstas denominaban inequívocamente "partes de la personalidad", tal como las conocemos de la psicología moderna. Denominaban y describían el subconsciente y la consciencia; denominaban incluso el supraconsciente, que solamente la religión reconoce como parte espiritual de la persona. Encontré palabras para tres tipos de fuerza vital e incluso para el "complejo", que el psicoanálisis descubrió recientemente. Para aquello que nosotros llamamos moral, había una docena de palabras, para diferenciar las graduaciones más finas, como por ejemplo, entre el "pecado contra el prójimo" y el complejo, que los Kahunas veían como pecado. Poco a poco se vio que los Kahunas ya habían tenido una comprensión muy profunda del trabajo de la mente humana. Con eso comenzó el desciframiento del secreto. Ahora me dedique con todo entusiasmo al estudio de las palabras. El idioma polinesio es muy simple. Las palabras largas descriptivas se forman simplemente de palabras cortas radicales. (Según su aplicación, una palabra vale como verbo o substantivo. El pasivo se forma por medio de un pequeño sufijo. La forma temporal se expresa en la oración añadiendo una palabrita). Con la traducción de las palabritas radicales ya han resultado revelaciones asombrosas.

Así por ejemplo, la traducción de subconsciente es Unihipilí. Esa palabra me llamó la atención porque uno de sus tres significados designa a un "espíritu", mientras que los otros dos designan a una "langosta" o bien a los "huesos de las piernas y los brazos". La palabra larga se forma de la unión de diferentes palabritas radicales. Cada una de las palabritas radicales tiene a su vez diferentes significados. Pero ninguna de ellas designa a una langosta o a los huesos de los brazos y las piernas. Muchas de ellas parecen no tener nada que ver con un espíritu, y sin embargo, todas juntas describen el subconsciente tan acertadamente, que cualquiera que esté familiarizado con los conocimientos modernos acerca de la naturaleza de éste, realmente encontrará que se está describiendo el subconsciente - que el "ser espiritual" no puede ser otra cosa que el subconsciente.

Las palabritas radicales describen el subconsciente como un "espíritu" que hace cosas de las cuales el Yo consciente (el espíritu consciente) no sabe. El subconsciente es misterioso; trabaja en silencio y cuidadosamente. Ocurre que se niega a hacer lo que debería hacer. El miedo a un castigo le puede impedir su actividad (palabra radical nihí). Es un ser espiritual que está adherido estrechamente" a otro - en caso normal al Yo consciente; actúa como servidor del Yo consciente

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y recibe órdenes de éste. Pero muchas veces es obstinado y le niega la obediencia (palabra radical

puf). Es un Yo o ser espiritual independiente, autónomo (raíz u) e igualmente autosuficiente como

el Yo mental y el Yo superior. El ser espiritual subconsciente está habitualmente estrechamente ligado con el Yo consciente. Produce fuerza vital y la transmite. El subconsciente vive en el cuerpo físico, que no sólo cubre al subconsciente, sino también al Yo mental consciente, el

Uhane, "espíritu parlante". El subconsciente oculta cosas (por ejemplo, el complejo). Se debilita

cuando un ser espiritual posesivo le quita fuerza vital.

Esto basta para mostrar el método que utilicé para encontrar los significados que están ocultos detrás de las palabras. Así se muestra también que los Kahunas ya conocían las tres "partes del espíritu" y que veían en ellos tres diferentes entes o Yoes. En vez de utilizar los términos hawaianos originales para los tres Yoes, los miembros del grupo HRA preferían hablar de Yo inferior, medio y superior.

Trabajos igualmente largos y pacientes me llevaron a descubrir que según la creencia de los

Kahunas, cada uno de los tres Yoes vive en un propio cuerpo invisible de "sombra", que de

acuerdo con los términos corrientes actuales se podría designar como "doble etéreo" de los tres Yoes. Pero aquí hemos mantenido el término hawaiano cuerpo-Aka.

También hemos mantenido la palabra Mana. Ésta designa la fuerza vital en la que se basa la actividad de los tres Yoes. El Yo inferior produce Mana automáticamente de la comida que consumimos y del aire que respiramos. También es utilizado por los otros dos Yoes, y es transformado respectivamente a otro nivel de vibración, cuando se traspasa al siguiente Yo superior.

Los tres Yoes están unidos entre sí en sus cuerpos-Aka y con sus partes de Mana, por cordones de la misma substancia-Aka.

Estos asuntos y contextos se explicarán más adelante de manera exacta y detallada. Aquí basta con mencionarlos y con indicar que se refieren a una relación de trinidad. Entonces sigamos por el momento y examinemos los símbolos que se encuentran en el idioma antiguo.

Los Kahunas no solamente ocultaban su conocimiento secreto detrás de palabras y palabritas radicales, sino que también utilizaban símbolos. Así pude constatar, por ejemplo, que cuando se hablaba de fuerza vital, muchas veces reemplazaban la palabra Mana por wai, que significa agua. Como estas palabritas también aparecían en muchas palabras y frases compuestas que evidentemente se referían al Mana, tuve en claro que el "agua" es el símbolo- del Mana. El agua como substancia, simboliza la fuerza vital que produce el Yo inferior por oxidación de los alimentos. Pero si se hablaba de agua que subía y se desbordaba - como de una fuente -, entonces ésta era el símbolo de una intensa recarga de Mana que producía el Yo inferior. La fuerza vital del Yo superior - tomada del Yo inferior a través del cordón-Aka que los unía - era simbolizada por nubes y niebla, que precisamente están formadas por finas gotitas de agua. Si éstas caían como lluvia fina, eso simbolizaba la devolución de la fuerza vital transformada por el Yo superior y llena de su bendición, al Yo medio e inferior, para su ayuda y sanación.

El árbol y la parra eran igualmente símbolos; en ellos las raíces correspondían al Yo inferior, el tronco y las ramas al Yo medio y las hojas al Yo superior. La savia que circulaba a través de las raíces, las ramas y las hojas representaba al Mana.

El ser humano tiene que aspirar a aprender a comprender sus tres Yoes y a averiguar cómo se pueden llevar a una colaboración armónica. Sólo entonces la persona puede lograr la plenitud y llegar a ser aquello para lo cual ha sido hecha. Por cierto casi siempre creemos conocer bien -a nuestro Yo medio o consciente, pero a menudo constatamos sorprendidos que en nuestra costumbre de pensar existen cosas que obstaculizan y perturban la integración. Sólo pocas personas conocen suficientemente bien su Yo inferior y subconsciente y saben acerca de sus capacidades y límites. Pero nosotros tenemos que aspirar a aprender a conocerlo y comprenderlo, para que podamos educarlo de manera que colabore armónicamente con los otros dos seres

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espirituales, con el Yo consciente y con el Yo superior. El efecto del Yo superior no tiene límites, aparte de aquellos que surgen del trabajo defectuoso del Yo inferior y medio. Nosotros experimentamos la demostración práctica de su beneficioso poder, cuando hemos aprendido a tomar y a mantener con él un contacto efectivo.

Para muchos miembros de la HRA era especialmente importante aprender cómo se logra una oración efectiva, ya que ellos buscaban una ayuda que sobrepasara los marcos de lo normal y cotidiano; ellos necesitaban una ayuda con la que pudieran solucionar los muchos problemas con los que se enfrentaban en la vida. Ellos vieron que una verificación del método trazado por los

Kahunas, sólo era posible si se esforzaban seriamente para comprender los tres Yoes en sus

cuerpos invisibles, si se recargaban intensamente con Mana y si ponían en práctica sus conocimientos teóricos.

También resultó muchas veces necesario deshacerse de formas de pensar habituales, que se basaban más en dogmas que en reflexiones. Si se quiere aprender a orar en forma efectiva y si para eso hay que reemplazar antiguas formas habituales de pensar por otras nuevas, entonces es indispensable estudiar a fondo una y otra vez este informe y analizarlo cuidadosamente.

Muchos de los que han leído mi libro "Conocimientos secretos detrás de milagros" han buscado ser liberados de sus enfermedades y sufrimientos por un Kahuna, aunque desde el principio he advertido que actualmente en Hawai ya no practica ningún Kahuna y que yo mismo no soy un

Kahuna. Ellos tenían en claro, tal como todos nosotros, que la sanación por medio de colocación

de manos surgió de una antigua tradición. De hecho ha habido unas pocas personas especialmente dotadas, que saben sanar sin que hubieran escuchado alguna vez algo acerca de Huna o de las muchas cosas que ocurren en el subconsciente al realizar la sanación. Lo mismo sucede con los pocos afortunados que dominan intuitivamente el don de la oración efectiva; el resultado de sus oraciones es muchísimo mayor que la "posibilidad" promedio. Algunas de esas personalidades altamente dotadas pertenecían a la comunidad HRA, y a la mayoría de ellas les urgía saber cuáles eran en realidad los factores esenciales que producían efectos y que estaban detrás de sus acciones. Trataron de conocerlos para poder trabajar de manera aún más exitosa. El sentido común exige que utilicemos para nuestra salud todos los medios de efecto intenso de la moderna ciencia médica. También los Kahunas sanadores utilizaban los medicamentos que conocían, como por ejemplo, todo tipo de hierbas; además, para sanar enfermos utilizaban Lomi-Lomi, un tipo especial de tratamiento. Pero de vez en cuando ocurre que un caso desahuciado por la ciencia médica actual es sanado de "manera milagrosa".

Lo más importante es, en todo caso, que aprendamos a utilizar nuestras ilimitadas fuentes de energía todavía no interceptadas, para llegar a estar y permanecer sanos. Si alguien desea desarrollarse hasta llegar a ser un Kahuna y sanar a otras personas, eso es - según creo - posible en muchos casos.

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II

FAMILIARIZARSE CON EL YO INFERIOR

Comencemos - como con el trabajo de la HRA - averiguando todo lo posible acerca de nuestro Yo inferior. Cuando hablamos de Yo "inferior", naturalmente no nos referimos de ningún modo a que el subconsciente sea "inferior" en un sentido despectivo y de devaluación. Únicamente debe expresarse más bien que el Yo inferior es, entre los tres Yoes de la persona, el que está más abajo en la escala de crecimiento y evolución.

El subconsciente, su trabajo y sus formas de conducta, fueron investigados en nuestra época primero por Sigmund Freud. A él y a sus sucesores les debemos mucho; sin embargo, él realmente provocó una guerra. Incluso hoy algunos psicólogos agresivos e irritados todavía combaten sus conocimientos. Al hacerlo han vuelto a caer obligatoriamente en el "behaviorismo" y han puesto en duda la naturaleza de la consciencia, porque no se puede explicar a partir de los procesos químicos del cuerpo. Pero felizmente la gran mayoría de los psicólogos ha aceptado la idea del subconsciente (del Yo inferior) incluso como un descubrimiento muy valioso. Por lo tanto no necesitamos ocupamos mucho tiempo más con la pregunta si la creencia de los Kahunas en el Yo inferior era fundada o no. También aquí puedo desistir de las detalladas explicaciones que tuve que dar en mi libro "Conocimientos secretos detrás de milagros", para demostrar que el Yo inferior es un ente autónomo e independiente, y no solamente una parte del Yo medio.

Evidentemente los Kahunas consideraban el Yo inferior como algo que hay que comprender cueste lo que cueste. Lo llamaron Unihipili, y detrás de las pequeñas palabras radicales que componen ese nombre hay todavía más significados que los que se citaron en el párrafo anterior al explicar la palabra. Otra palabra para designar el Yo inferior era Uhinipili. Algunas de las palabritas radicales concuerdan con la primera expresión, pero las restantes dan todavía algunos significados adicionales. Además, hay palabras y símbolos que en cierto modo representan una conexión transversal.

Si se resumen esas reflexiones y análisis, se obtienen los siguientes enunciados acerca del Yo inferior:

(1) Es también un ser espiritual autónomo y consciente, tal como el Yo medio y superior. Es en cierto modo un Dios pequeño en desarrollo.

(2) Es el servidor de los otros dos Yoes y está unido con el Yo medio como un hermano menor; está adherido a él como si ambos fueran partes de un todo común "compuesto" por ellos. (3) El Yo inferior maneja el conjunto de los variados procesos del cuerpo físico y todas sus actividades, con excepción de los movimientos musculares voluntarios. Envuelto en su cuerpo de sombra puede entrar al cuerpo físico o salir de él. Está dentro del cuerpo como una estilográfica en su funda. Penetra en cada célula, en cada partícula de los tejidos del cuerpo y del cerebro y las llena; su cuerpo de sombra es una copia exacta de cada célula y de cada partícula de los tejidos y de los líquidos del cuerpo humano, por pequeños que sean.

(4) El subconsciente es la única sede de las emociones. Sólo el subconsciente derrama lágrimas. Quien no crea esto, que intente llorar lágrimas de pena totalmente de sí mismo, de su Yo medio pensante; constatará que es imposible. Las lágrimas pueden fluir sólo una vez que la emoción de la pena despierta en el Yo inferior. En el caso antes mencionado, eso tendría que ser ocasionado por el Yo medio, al esforzarse por pensar en cosas tristes. A través de eso, el Yo inferior sería inducido a recordarlas claramente, a vivirlas otra vez. Pero incluso eso a veces no

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basta para producir lágrimas. Sin embargo, a veces tal vez uno lee, ve o escucha inesperadamente algo que provoca emociones; el Yo inferior actúa entonces por sí solo y a veces nos avergüenza por medio de un repentino arranque de lágrimas.

El amor, el odio y el miedo salen del Yo inferior como emociones; pueden llegar a ser tan intensos, que inundan la voluntad del Yo medio, metiéndolo en el remolino de emociones y de las reacciones ocasionadas por éstas. La comprensión de estos contextos es de gran importancia, ya que con mucha frecuencia somos simplemente arrastrados y desconcertados por las emociones de nuestro Yo inferior. La tarea más esencial del Yo medio es aprender a dominar al Yo inferior y a impedirle que simplemente se lleve a la persona.

(5) El Yo inferior produce la fuerza vital que necesitan los tres Yoes, el Mana. Normalmente comparte el Mana con el Yo medio; por él puede entonces ser empleado como "voluntad"

(Mana-Mana - Mana compartido entre compañeros). Al orar, el Yo inferior se conecta con el Yo

superior a través del cordón Aka. El Yo inferior activa el cordón y envía a lo largo de él una ofrenda- Mana, que el Yo superior utiliza para el cumplimiento de la oración, para la realización de sus deseos.

(6) El Yo inferior recibe las impresiones sensoriales de los cinco órganos de los sentidos y se los presenta al Yo medio para su evaluación. (El Yo medio tiene discernimiento; sabe aprovechar las impresiones ofrecidas y de acuerdo con éstas da sus órdenes cuando son necesarias las acciones).

(7) El Yo inferior registra todas las impresiones y pensamientos. Se puede decir tal vez, que éste fabrica diminutas formas con la substancia Aka de su cuerpo de sombra, algo así como se registra un tono en un disco o palabras en un papel. Sonidos, impresiones visuales, pensamientos y palabras, vienen en "grupos" que están compuestos de muchas impresiones individuales unidas entre sí. Los Kahunas las simbolizaban como racimos de pequeñas figuras redondas, tal como, por ejemplo, uvas o frambuesas. Normalmente esas aglomeraciones microscópicas de substancia invisible, son guardadas en aquella parte del cuerpo-Aka del Yo inferior que penetra en el cerebro o que se identifica con él. Pero al momento de la muerte, el cuerpo-Aka abandona el cuerpo físico y el cerebro - como cuando una pluma de escribir es sacada de su estuche - y se lleva todos los recuerdos consigo.

(8) Los recuerdos que se utilizan con frecuencia, el Yo inferior se los entrega casi instantáneamente al Yo medio, cuando éste los requiere. Por eso nosotros creemos, es decir, nuestro Yo medio cree, poder disponer en todo momento por sí mismo de todos los recuerdos, al hablar o escribir rápidamente. Ese es el estado ideal o normal, cuando ambos Yoes trabajan juntos casi de manera perfecta. Si además, el Yo superior actúa como compañero de igual valor en aquellas acciones que requieren de su ayuda, entonces todo está bien. Si por alguna razón el Yo inferior fracasa en su colaboración, de modo que los tres Yoes no trabajan juntos de manera armónica, con seguridad se tienen dificultades.

(9) El Yo inferior puede ser influenciado o dominado por medio de sugestión mesmérica o hipnótica. Éste también juega el papel principal, cuando se trata de implantarle como sugestión al cuerpo-Aka de una persona receptiva, las formas de pensamiento de ideas.

(10) El Yo inferior dispone plenamente de la utilización, tanto del Mana inferior, la fuerza vital básica, como de la substancia Aka de su cuerpo de sombra.

(11) El Yo inferior también puede almacenar, como racimos de recuerdos, en su cuerpo-Aka, pensamientos irracionales, es decir, pensamientos que al originarse no fueron analizados razonablemente por el Yo medio. Los recuerdos de esos pensamientos están solamente rara vez a disposición del Yo medio, porque él no sabe nada de su existencia y por eso no puede ordenarle al Yo inferior que se los entregue. Pero porque el Yo interior reacciona tan fuertemente a tales "fijaciones" o "complejos", de modo que el Yo medio ya no puede dominar esas reacciones, vienen muchas dificultades desde esa dirección.

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Todavía se conoce mucho más acerca del Yo inferior, de sus capacidades y de sus aptitudes, pero nos ocuparemos de esos puntos cuando sea necesario en el transcurso del informe. Sólo a un punto hay que referirse aquí con énfasis. Los psicólogos modernos han escrito repetidamente cuán terrible, salvaje y malo es el Yo inferior o subconsciente. Ellos hablan de sus experiencias con el psicoanálisis y con los efectos de sobresalto y susto que se muestran en sus pacientes, en cuanto se pone al descubierto el subconsciente, junto con sus complejos, impulsos irracionales y contenidos de memoria.

La doctrina HUNA puede corregir en gran parte esa incorrecta opinión unilateral. Si suponemos, igual que los Kahunas, que en todas partes donde se expresa consciencia de alguna forma en algún plano en el mundo, predomina el crecimiento y la evolución, entonces también tenemos que admitir que el Yo inferior – tal como el Yo medio y el Yo superior – ha ascendido desde planos más profundos por medio de evolución. La espiritualidad del Yo inferior es muy limitada; el Yo medio se ha desarrollado hasta tener un juicio considerablemente superior, mientras que la espiritualidad aún mucho más elevada del Yo superior supera en un grado tan alto la capacidad humana de memoria y de juicio, que nuestra comprensión no puede captarla.

En comparación con animales más desarrollados, como por ejemplo, caballos, perros o gatos domesticados, se comprueba que el plano de desarrollo evolutivo del Yo inferior no es mucho más elevado. Él observa y recuerda como esos animales y evalúa de un modo igualmente elemental. Tal como ellos, él siente emociones de amor, de pena, de temor y de terror. Dicho brevemente, el Yo inferior es una especie de Yo animal – el animal en el ser humano -. Él vive – tal como los animales - en un cuerpo, pero tiene la decisiva ventaja de vivir en ese cuerpo junto con el juicioso Yo medio como guía más sabio y permanecer con él como compañero también después de la muerte, cuando sólo están habitados los cuerpos de sombra.

Considerado desde ese punto de vista, la aversión contra sacar a relucir el Yo inferior en algunos análisis emocionales, es una actitud completamente errada. El animalesco Yo inferior sigue teniendo muchos instintos e impulsos puramente animales. A un salvaje le podemos tolerar muchas cosas sobre las que nos horrorizaríamos si las hiciera una persona civilizada. Tenemos comprensión de que un perro o un gato ataquen a una rata y la maten salvajemente y con satisfacción. Si en un análisis profundo nos encontramos con los impulsos primitivos ocultos en el Yo inferior, (o recuerdos raciales, como los llama Jung), eso no es ningún motivo para condenar al Yo inferior con repugnancia.

La tarea del Yo medio es instruir y dirigir al Yo inferior, hacerlo avanzar lo más rápidamente posible en su camino de desarrollo evolutivo y ayudarle a deshacerse más y más de su naturaleza animal y a llegar a ser cada vez más humano. (Precisamente del mismo modo, el Yo superior nos ofrece a nosotros, los Yoes medios, su conducción e instrucción, para que nos desarrollemos hasta el siguiente plano de consciencia con su mayor espiritualidad.

El peor y más frecuente error del Yo medio consiste en que él mismo se pone en cuatro patas – por así decirlo - y comparte todo el salvajismo animal y todas las emociones con el Yo inferior. Desgraciadamente eso ocurre demasiado a menudo, especialmente cuando el Yo inferior escapa de nuestro control porque está lleno de complejos. Esto no debe convertirse en norma de ninguna manera. Casi no existe algo más triste que cuando un Yo medio olvida su labor como instructor y su dignidad como guía del Yo inferior, - tal vez incluso las olvide tanto, que no sólo comparta con el Yo inferior la rabia obstinada, la furia salvaje y los miedos profundos de éste, sino que incluso las fomente. No hay que revolcarse con el Yo inferior en la mugre; hay que sacarlo de la suciedad, limpiarlo y enseñarle a actuar como una persona. Como Yoes medios tenemos que aprender ante todo a trabajar juntos con el Yo inferior y superior, conscientes y en buena forma. En las páginas siguientes se explicará cómo tiene que ocurrir eso.

No hay que olvidar jamás que el Yo inferior normalmente es atento, listo y amoroso, que siempre es concienzudo y confiable, servicial y esmerado. Pero si no es así, forma parte de

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nuestro deber establecer cuál es la causa, ya que nosotros también buscamos establecer, cuando nuestro niño está enfermo, por qué está malhumorado u obstinado, para que podamos detener la falla.

Muchos amigos de la HRA encontraron sumamente atractivo conocer a su Yo inferior. Ya en los primeros boletines se discutieron los medios y modos necesarios para eso, y nosotros nos acostumbramos a referirnos al Yo inferior como “Georg”. El nombre surgió como por sí mismo, de la expresión norteamericana “Let George do it”, - ¿y a quién se le ajustaba mejor que al Yo inferior, que realiza el noventa por ciento del trabajo en el cuerpo humano? Pero tal como un perro viejo, el Yo inferior sólo aprende “nuevos trucos” cuando el Yo medio se dedica a él en forma insistente.

Muchos de nosotros se dirigían a su subconsciente como “Georg” o “Georgette”, y constataron que el Yo inferior tenía opiniones bien determinadas acerca de quién y qué era y qué nombre deseaba. Pero yo quiero extenderme un poco y relatar la historia completa - ésta es muy útil, porque familiariza al lector con métodos que tal vez pueda utilizar para su propio beneficio. Con tal de que se crea en la existencia del Yo inferior y en la posibilidad de poder entrar en contacto con él, se puede proceder como sigue. Hay que sentarse en un lugar tranquilo e invitar al Yo inferior a que se haga notar. Se habla en voz alta con él, si es posible, y luego se espera pacientemente si se presentan determinadas impresiones en el centro común de consciencia de ambos Yoes. Tal vez Georg envíe un pensamiento por iniciativa propia, pero quizás espere también, porque no sabe lo que se quiere de él; después él espera un pensamiento-orden que le diga lo que tiene que hacer en el nuevo asunto.

Muchas veces vale la pena llevar una larga conversación unilateral con Georg en la primera sesión. Dígale, por ejemplo, que desea conocerlo mejor y que sería agradable jugar juntos. Esto tal vez pueda parecernos infantil, pero el Yo inferior no es otra cosa que un niño precoz. Él puede ser – según su tipo – caprichoso, listo, cortés, servicial, voluntarioso o esmerado. Tal como ocurre con los Yoes medios, entre los Yoes inferiores tampoco hay dos que sean iguales entre sí. No se puede saber de qué tipo es el Yo inferior propio, mientras uno no se tome el tiempo para conocerlo.

En general, primero no ocurre mucho. Pero después de algunas explicaciones, a menudo se puede comenzar pronto con uno de los juegos nuevos. El Yo inferior encuentra placer en el juego casi sin excepción, y por cierto le gustan los mismos juegos que a usted mismo (ya que de lo contrario éstos no le inspirarían a usted ninguna emoción de alegría). Hágale a Georg en voz alta la proposición de que usted quiere preguntarle por determinados recuerdos divertidos y él debe esforzarse por evocarlos rápidamente. Se puede tomar, por ejemplo, un juguete preferido del tiempo de la infancia, el viejo autito rojo o la muñeca con las trencitas rubias, u otra cosa o juego que se ha querido especialmente. Esas cosas las puede buscar uno mismo o dejar que Georg elija. En mis primeros experimentos dejé que Georg eligiera.

Yo propuse que me hiciera recordar el regalo que habíamos recibido en nuestra tercera fiesta de Navidad. Obedientemente me trajo Georg la imagen mental del pequeño burro de trapo que inclinaba la cabeza. Yo lo observé con interés y sentí que incluso ahora, después de tantos años, surgía en mí una pequeña alegría. Pero mientras esperaba, se me vino a la mente un aluvión de recuerdos olvidados hace mucho tiempo. Me veía como un muchachito sentado en el banquillo delante de la silla de la cocina, sobre la cual hacía un dibujo con mucha dedicación. De pronto estaba parada a mi lado mi hermana, un poco mayor que yo, y hablaba conmigo acerca del dibujo. Yo sentí una cálida emoción y la impresionante concentración del muchacho que estaba completamente absorbido por su dibujo; y de algún modo misterioso, el muchacho parecía ser una pequeña parte de mí mismo. Era una extraña sensación de satisfacción, y yo hice lo mejor que pude para expresar mi reconocimiento y hacer participar a mi Yo inferior en el recuerdo y en sus agradables emociones.

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Pronto ese juego se fue convirtiendo en una experiencia muy satisfactoria. En él yo casi no tenía nada que hacer, sino solamente necesitaba estar sentado y en cierto modo observar atentamente de reojo y disfrutar lo que Georg me traía. El viejo cuarto, que primero aparecía todavía borroso, recobraba más y más vida. Por aquí aparecía un rincón, por allá un mueble… ; pero aunque Georg hacía todo lo posible y yo esperaba, no podíamos reconstruir todo. Entonces Georg me presentaba impetuosamente sus tesoros, polvorientos por la cantidad de años y vagos en los detalles, pero reales y resplandeciendo de alegría y satisfacción, que ahora se volvía a experimentar. De repente era verano y nosotros pasábamos por un pequeño charco que había detrás de la casa. Allí estaba la pequeña tortuga que tanto queríamos y admirábamos; y luego lo mejor de todo: el llamado de la mamá desde la cocina. Con él volvía tal olor agradable de panqueques recién sacados del horno, que se me hacía agua la boca. Después de una pausa, en la que Georg y yo disfrutábamos el buen olor de los panqueques y nos comíamos las últimas sabrosas migas aún calientes, le pregunté a Georg si no podía traerme todavía alguna otra hermosa experiencia que habíamos tenido juntos.

Vino la imagen viva de un niño aún más pequeño, y nosotros disfrutamos mucho con ésta. Estábamos sentados en una silla alta en la mesa de la abuela. Nos habían puesto algunos libros debajo, para que estuviéramos sentados a una altura suficiente; todo a mí alrededor me era inusual y maravilloso. Yo miraba desde la ventana, delante de la cual había geranios rojos florecientes. Sobre la mesa había un mantel a cuadros rojos y blancos. En mis manos sostenía con mucho cuidado una copa con pie largo y bolitas en los lados. Yo sentía claramente el buen sabor de la substanciosa leche y veía la barbuda cara de mi abuelo y el parpadeo en sus ojos.

Al día siguiente y todavía en muchos otros días más, continuamos nuestra conversación. Juntos investigamos nuestras tendencias y aversiones, reflexionamos qué nos había gustado más y nos acordamos de eso. Pensamos sobre lo que habíamos hecho antes, nos ocupamos nuevamente con cosas que habíamos aprendido a confeccionar, con lo que habíamos aprendido y hecho en la escuela o que deberíamos haber aprendido – bueno, nos acordamos también de cosas que no nos habían gustado.

Paso a paso nos acercamos más y nos conocimos cada vez mejor… Yo encontraba que a Georg le atraían poco algunas cosas que a mí me interesaban mucho. Así, por ejemplo, me habría gustado ver nuevamente la sala de clases en Wyoming, donde cursé mi último año de enseñanza básica, como también a la profesora que yo tenía en ese tiempo. Pero Georg no sentía ninguna satisfacción por ese año escolar. Pese a todos los esfuerzos, no pude inducirlo a traer de vuelta ni el más mínimo detalle de ese año escolar. Todavía no sé qué aspecto tenía la sala de clases ni quién era la profesora, aunque los años escolares anteriores a ese, como también los años posteriores en la escuela superior, en el seminario de profesores y en la universidad, se pudieron recordar incluso con bastante claridad y con todos los detalles. Cuando se presente la ocasión, voy a intentar nuevamente descubrir ese ángulo ciego de nuestro recuerdo común y revisar qué ha enterrado Georg allí – tal vez es algo muy importante. A lo mejor él oculta una asociación especial que se refiere a ese año escolar - o lo que es aún más posible - a la respectiva profesora. Mis experiencias eran de un tipo completamente normal. Algunas cartas de miembros de nuestra comunidad informaban también acerca de esos ángulos ciegos en el recuerdo y de algunos caminos secretos por donde había ido el Yo inferior.

Es sorprendente lo rápido que de un singular modo interior se llega a estar consciente de la existencia y de la personalidad del Yo inferior con estos ejercicios. Se desarrolla un espíritu de camaradería y una nueva consciencia que jamás había existido antes. Al darse cuenta con el tiempo, cada vez más claramente, que hay que poner en marcha todas las emociones de Georg que están ligadas con los recuerdos, uno se desprende más y más de esas emociones. Uno observa con interés, cómo éstas vibran, zumban y echan espuma – pero no se deja más inundar y arrastrar por ellas.

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Vale la pena desarrollar más y más la capacidad de apartarse y de vigilar como un sereno juez, cuando Georg se conmueve profundamente con sucesos. Si uno está aparte y no es arrastrado por el aluvión emocional, se puede, además, estirarle la mano a Georg y sacarlo rápidamente del torbellino. Las olas perjudiciales de la cavilación y de las desgastadoras preocupaciones, que regresan una y otra vez y que muchas veces aparecen justamente cuando se necesita sueño y tranquilidad, son tan difíciles de evitar, porque casi siempre crecen inesperadamente convirtiéndose en una avalancha. Pero con ejercicio en aumento se pueden eludir en el momento en que aparecen, entregándole a Georg una orientación constructiva y positiva de ideas.

La mayoría de nosotros seguramente ya ha constatado que no solamente hay que educar a Georg. También el Yo medio necesita educación. Muchas veces nos sobresaltábamos, cuando de pronto nos dábamos cuenta de que la mayor parte de nuestra vida habíamos estado inactivos, le habíamos entregado todo el protagonismo a Georg y habíamos dejado que eligiera el camino según su propio criterio.

Cuando se ha hecho amistad con el Yo inferior, se ha hecho el comienzo; se puede empezar entonces con su educación en el nivel siguiente. Pero hasta ahí hay que darse por satisfecho con los conocimientos mezclados, algunos de los cuales provienen solamente de Georg, otros, completamente o por partes, de indicaciones que le hemos dado. Por lo tanto, tenemos que encontrar el modo de que Georg se valga por sí solo.

Ese propósito lo cumple el uso del péndulo. Para nuestros fines basta un pequeño objeto que sirva como peso. Se le cuelga de una cuerda o de un hilo (de preferencia de seda) de aproximadamente 8 centímetros de largo y se le deja oscilar. Como peso se puede utilizar una perla grande de vidrio, un botón redondo, un pequeño prisma u otro objeto pequeño. También he visto que se ha utilizado un anillo o una pequeña cruz colgando de una cadena.

Se sostiene el péndulo de la cuerda como a 8 centímetros sobre el peso y se le pide a Georg que lo haga oscilar totalmente a su gusto, con ayuda de los músculos involuntarios. Por medio del uso de los músculos involuntarios en movimiento, el Yo inferior puede – sin estar bajo la tutela del Yo medio – expresar su propia opinión cuando contesta una pregunta. La opinión del Yo inferior se pone en conocimiento del Yo medio a través de determinadas oscilaciones del péndulo.

El Yo medio pone para eso ciertas reglas de juego (el rabdomante las llama “convención”) y se las explica muy minuciosamente al Yo inferior, para que Georg sepa cómo tiene que responder correctamente. El tipo de oscilaciones o vibraciones puede ser muy diferente con distintos rabdomantes y personas que manejan el péndulo. En la convención que yo utilizaba, una oscilación paralela al cuerpo significa “Sí”, una en forma perpendicular hacia el cuerpo (es decir, hacia y desde el cuerpo) significa “No”. Una oscilación diagonal hacia el cuerpo expresa duda, una que gira en el sentido de los punteros del reloj significa “bueno”, una oscilación que gira en el sentido contrario significa “malo”.

El diestro sostiene el péndulo con los dos primeros dedos y el pulgar de la mano derecha, el zurdo utiliza los mismos dedos, pero de la mano izquierda.

Georg entiende a menudo más fácilmente, si se le dibuja la convención de oscilaciones en una hoja de papel. Con líneas de 10 centímetros de largo aproximadamente, se marcan las oscilaciones “Sí”, “No”, como también las diagonales, y con las oscilaciones en círculo, unas flechas indican el sentido del movimiento para “bueno” y “malo”. Al responder las preguntas, los números se pueden expresar por medio de la correspondiente cantidad de oscilaciones. El péndulo siempre se sostiene de modo que cuelgue libremente sobre el papel. En los primeros intentos con el péndulo uno no debería apoyar el codo, porque el brazo le deja un poco más de libertad a Georg. Más adelante él también hará oscilar el péndulo aunque usted se ponga más cómodo y apoye su codo sobre la mesa. Hay que tener mucho cuidado de no hacer oscilar el péndulo por medio de movimientos musculares voluntarios.

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Cuando se hayan hecho todas las preparaciones, se le pide a Georg que ponga atención minuciosamente, mientras se le indica cómo debe transcurrir el juego. Se sostiene el péndulo sobre el papel y se dice, por ejemplo: “Así tienes que hacer cuando digas “sí”, y así tienes que hacer cuando digas “no”, etc.” En ese caso naturalmente se hace oscilar el péndulo en forma consciente con los músculos voluntarios y se demuestran los respectivos movimientos que se establecen como convención. Georg aprende rápido y participará de inmediato en el juego, si no existen motivos especiales que se lo impidan. Después se termina con las oscilaciones conscientes, se sostiene el péndulo sin que oscile y se le dice a Georg: “Ahora intenta tú mismo. Dame la oscilación-Sí”. Se le deja un poco de tiempo. Si no ocurre ninguna oscilación, entonces se le demuestra una vez más, o quizás incluso varias veces con toda tranquilidad, lo que tiene que hacer. Tal vez también se postergue el intento para otra vez y entonces se pruebe todo nuevamente con Georg. Tal vez ayude si se le dice a Georg que es un muchacho importante y que sería muy importante también que ambos aprendan a conversar así mutuamente; ya que sólo así él también podría más adelante dar su opinión acerca de los asuntos de la vida.

Sólo unos pocos de la comunidad HRA no lograron ganarse a Georg para el trabajo con el péndulo. Por el contrario, algunos de los Georgs estaban como niños juguetones y se divertían en grande con el péndulo. Lo hacían oscilar frenéticamente en círculos y en línea, sin preocuparse en lo más mínimo de las reglas establecidas en la convención acerca de los movimientos. En otros casos resultaba que Georg rechazaba el objeto utilizado como péndulo; si después de algunos experimentos con diferentes joyas u otros objetos pequeños se encontraba uno que el Yo inferior aceptara, ocurrían de inmediato oscilaciones que correspondían a la convención. (A propósito, muchas veces se trabaja mejor con un péndulo más pesado).

Cuando el Yo inferior ocasiona él solo las oscilaciones del péndulo, el Yo medio siente poco o nada de eso – es decir, no debe presentarse la sensación de que el Yo medio contribuye de algún modo a la oscilación del péndulo. Esto se funda en parte, en que los movimientos de la mano por medio de los cuales se provocan las oscilaciones del péndulo son tan mínimos, que no se notan. El menor impulso hace aumentar la oscilación; la resistencia automática que la mano, en el momento de la oscilación, le opone al tirón de la fuerza de gravedad del peso que oscila, actúa como un amplificador, de manera que el péndulo más oscila mientras mayor sea la resistencia. El péndulo le da al Yo inferior la posibilidad de expresarse libremente por iniciativa propia. Sin el péndulo no tenemos ninguna oportunidad de conocer más detalladamente la personalidad del Yo inferior. Los Yoes inferiores son completamente diferentes en su carácter. Uno es tal vez un ente sereno y sobrio, mientras otro es juguetón o temperamental o le cuesta mantenerse en una labor. Las diferencias son parecidas a como con los niños. Para ganarse la amistad del Yo inferior, tenemos que proceder de un modo similar a como lo hacemos con un niño. Se trata de ganar confianza y de encontrar cosas de interés común y una relación confiable de afecto y amistad. Con algunos Yoes inferiores se puede regañar si es necesario, pero otros se ponen malhumorados con eso y se niegan a obedecer. A muchos hay que halagarlos; pero normalmente uno obtiene mejor su cooperación, cuando trata con ellos cariñosamente, cuando los alaba con frecuencia y los perdona rápidamente si se han negado a obedecer o a cooperar.

Mientras no se conozca lo suficiente a su Yo inferior y sus tendencias, es conveniente, según nuestra experiencia, proceder lenta y prudentemente y sobre todo evitar mostrar impaciencia frente al Yo inferior o a todo el plan de instrucción. Si uno pierde el ánimo, aunque sea una sola vez, o en su enojo grita algo así como: “Esta cosa no funciona”, o “mi Yo inferior es un completo idiota”, puede ocurrir que el Yo inferior rechace para siempre el “juego del péndulo” y no se le pueda conseguir nunca más para eso.

Las recompensas han dado buenos resultados en el adiestramiento de animales y por eso también son útiles para la educación del Yo inferior. Como recompensa se alaba al Yo inferior cada vez que cumple una orden correctamente. Algunos le han dado incluso pequeños ágapes, ya

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que al Yo inferior le gusta mordisquear algo que le apetece. (Naturalmente el Yo medio también se alegra con eso, por cuanto ambos están muy estrechamente ligados en el cuerpo).

Cuando el Yo inferior haya aprendido a utilizar correctamente el péndulo, comience con conversaciones sencillas. Usted hace preguntas y Georg contesta con el péndulo. Las preguntas tienen que referirse a cosas que usted sabe que el Yo inferior conoce y comprende bien. Naturalmente, al principio ustedes dos conocen las respuestas correctas; por eso usted puede controlar la exactitud de las respuestas del Yo inferior y evaluar sus progresos.

Pronto usted puede proceder a pedirle su opinión a Georg en asuntos sencillos, o dejar que él los evalúe. Usted no sabe exactamente, por ejemplo, qué hora es y calcula que podría ser una hora determinada más 15 minutos. Ahora deje que calcule el Yo inferior; éste debe indicar la cantidad de minutos después de la hora determinada, por medio de la cantidad de oscilaciones correspondiente. O usted manifiesta su cálculo, por ejemplo, las 9 y 12 minutos, y Georg debe entonces indicar “no” con oscilaciones, hasta que usted acierte el número correcto. Después vea la hora en el reloj y alábelo si lo ha hecho bien. Pero no lo reprenda si no ha sido exacto. Tal como saben aquellos que están acostumbrados a despertar a la hora exacta sin despertador, Georg realiza justamente un muy buen trabajo cuando se trata de calcular el tiempo; habitualmente él reacciona bien con este ejercicio. Por eso, tales sesiones se pueden comenzar muy bien con una conversación acerca del tiempo.

A algunos Georgs les gusta contar y lo hacen bien. Un miembro del grupo HRA sacó de la caja de botones de su esposa un puñado de botones y los extendió sobre la mesa. Después calculó él y Georg la cantidad de botones. En este juego Georg resultó ser el doble de rápido y de exacto que él mismo y fue correspondientemente alabado.

Pero si Georg deja una pregunta sin contestar, aunque se le haya dado tiempo suficiente para contestarla, se abre así la posibilidad de conocerlo mejor. Se le pregunta entonces precisamente por los motivos de por qué él rechazó esa pregunta. Tal vez Georg haya estado harto del juego al momento de la pregunta. Él también reconoce eso ocasionalmente, cuando se le pregunta amablemente por eso. Pero si Georg ya no está interesado en el juego, entonces se le debería disculpar por la sesión correspondiente y dedicarse nuevamente a las actividades normales del día. Georg es frecuentemente muy testarudo, a veces también está malhumorado o impaciente. Mientras no lo domine bien, no debería tratar de obligarlo a jugar en momentos en que él no quiere. (Tal vez usted haya tocado un complejo y Georg se siente inducido por eso a terminar la sesión o a reaccionar físicamente, lo que quizá se haga notar como sensación o reacción corporal).

Al contrario que en los casos en que se reproducen recuerdos y se vuelven a vivir juntos con todo su contenido emocional, el juego del péndulo lleva a una separación de los dos Yoes, de manera que el Yo medio comparte poco o nada las emociones. Pero es conveniente poner atención a cualquier sensación emocional que Georg comparte con usted. Si no aparece una sensación así con preguntas sobre personas o cosas, de las cuales se supone que tendrían que ocasionar en el Yo inferior sentimientos como amor, temor u odio, investíguelo y pregúntele a Georg por su propia opinión. Usted tal vez le puede preguntar: “¿Te agrada el señor Schwarz?” Ponga mucha atención en lo que él contesta. Puede ser muy importante para usted. El Yo inferior del señor Schwarz podría probablemente tener, frente a usted y a su Yo inferior, la misma posición que su Yo inferior tiene frente a él, y el Yo medio del señor Schwarz podría haber sido inducido a sentir también así. Si Georg tiene una aversión infundada por el señor Schwarz, a veces es posible quitársela. En todo caso se debería intentar, porque puede ser que con eso se pierda un poderoso enemigo y se gane un amigo útil.

Pero ante todo protéjase como de la peste de caer en la tentación de pedirle a Georg que prediga sucesos futuros o que tome contacto con espíritus de personas fallecidas y anuncie noticias de

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ellas a través del péndulo. ¡En la primera fase del trabajo de desarrollo, eso no sólo es peligroso, sino también completamente inútil! Cualquier forma de recalcar esto es poco.

Normalmente Georg es amable y servicial. Muchas veces él desea hacerle un favor, cuando usted le pregunta con respecto al futuro o sobre alguien que está muy lejos. Como él no quiere desilusionarlo, trata entonces de encontrar una respuesta que le satisfaga a usted. En casi todos los casos él elegirá una respuesta que cree que usted espera con temor o expectativa. El esfuerzo por hacerle un favor, tiene como consecuencia, aparte de la falsa información - que tal vez lo induzca a usted a acciones poco cuerdas – que Georg o Georgette sea tildado de Yo inferior poco confiable y mentiroso de marca mayor.

Pero cuando el Yo inferior ha hecho que usted se enoje con él y está avergonzado, finalmente se negará a continuar el trabajo de desarrollo. Entonces él ya no aprenderá jamás a desempeñar su importante papel en la oración HUNA de manera correcta y con habilidad; pero la oración solamente puede tener éxito, cuando LOS TRES YOES cumplen su labor completa y en forma correcta, desde el comienzo de la oración hasta la realización del deseo expresado en ésta.

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