Desde el comienzo nos llamó la atención que algunos miembros de la HRA no eran capaces de tomar contacto con sus Yoes superiores y que a menudo fracasaban en sus esfuerzos por lograr un propósito por medio de oración de acuerdo con el método HUNA. También había casos en que incluso el trabajo de los grupos de sanación recíproca había fracasado. Entre las razones de tales fracasos, hay que mencionar primero que muchas personas tienden a probar nuevos métodos solamente por un tiempo corto; después pierden el interés en éstos y se dedican a otras cosas. Otros “simplemente no encuentran tiempo” para educar a su Yo inferior o para ponerse en el estado de ánimo adecuado y producir una carga de Mana antes de la oración. Otros preferirían que otra persona realizará el milagro para ellos, y que éste se manifestara en lo posible de inmediato y sin ninguna colaboración propia. Pero sin considerar todo eso, sigue permaneciendo el problema, que muchas personas que se toman el tiempo para rezar seriamente, pese a eso no pueden alcanzar su Yo superior.
En mi libro “Conocimiento secretos detrás de milagros” hablé acerca de las acciones de oración de los Kahunas, que con frecuencia tenían resultados asombrosos. Ahí relaté cómo curaban los
Kahunas, cómo ayudaban a sus pacientes a liberarse de sentimientos de culpa y que les exigían
reparar injusticias cometidas. Expuse, además, cómo ayudaban a eliminar “lo que consume por dentro”, “lo que bloquea el camino” (los complejos) y en caso dado a expulsar seres espirituales ajenos, que a menudo ejercen malas influencias sobre las personas a las que se han adherido. Los
Kahunas también se ocupaban de aquellos seres espirituales que no se adhieren por mucho
tiempo al paciente, pero que de tiempo en tiempo lo inducen a hacer algo que le trae dificultades. (Habitualmente esto sucede para vengar personas o seres espirituales que han estado estrechamente relacionados con la persona respectiva, en caso de que éstas o éstos se sientan atacados u ofendidos).
También mencioné que se puede juntar Mana hasta que se haya alcanzado una carga intensa tan enorme, que con ella los Kahunas podían, por ejemplo, expulsar seres espirituales con intenciones de poseer. El efecto era con eso exactamente como con los tratamientos de Shock en la actualidad. Además, informé acerca de una utilización super mesmérica de la misma fuerza, para provocar sugestiones. Por medio del uso de un estimulante físico se reforzaba el efecto de la sugestión y se forzaba al Yo inferior a aceptar la sugestión.
Esos eran entonces los métodos. Pero nos resultaba difícil aprender la destreza de los Kahunas. Como médium entrenados, los Kahunas estaban en condiciones de percibir los espíritus que producían dificultades. Nosotros ya no podemos. Algunos de nosotros estaban recelosos contra el uso de sugestiones y un intento por interesar a un grupo de dieciocho hipnotizadores por el “método de shock con Mana” no dio resultado. Tampoco era conocido todo lo que los Kahunas habían emprendido para eliminar complejos, aunque sus palabritas radicales y símbolos indicaban un profundo conocimiento de cómo expulsar esas atormentadoras cosas del subconsciente. Probablemente el lector leerá este informe de una sola vez hasta el final, antes de preguntarse si él mismo puede utilizar el método HUNA de oración tal como está explicado. Pero hay que decir aquí que el intento es el único modo de constatar si se domina el método o si “el camino hacia el Yo superior está bloqueado”. Pero para eso es necesario que se aprendan las indicaciones y se establezca por medio de ejercicio sistemático, si se recibe o no una respuesta a oraciones ofrecidas correcta y minuciosamente. Si una oración así permanece sin respuesta, entonces hay que emprender los pasos especificados abajo. Si se estudian los escritos religiosos más antiguos, se encuentra que el ser humano ya solía orar al comienzo de la historia y que ya en aquel
entonces las personas se asombraban de por qué las oraciones a veces eran escuchadas y a veces no.
En ese aspecto es importante ante todo la Biblia, ya que muchos de sus pasajes hacen referencia a la oración y a los métodos de preparación de ésta. En la literatura religiosa antigua de la India, el problema no está muy claramente tratado a causa de la doctrina del karma, ya que de acuerdo con esa doctrina, el pueblo consideraba mejor pagar la antigua deuda kármica por medio de sufrimiento, que rogar por la ayuda de Dios por algo que sólo les trae nuevos sufrimientos a las personas.
Naturalmente los sacrificios son tan antiguos como la idea de “dioses” o de seres sobrenaturales. Los sacrificios eran los ritos más generalizados para apaciguar a los dioses; después de los sacrificios figuraban las penitencias y el ascetismo, para compensar aquellas cosas que se habían establecido como “pecados” contra los dioses. Autotormentos, usar camisas con espinas, automutilaciones, ayunos, como también votos de silencio y abstinencia, eran otros actos de reconciliación. Aparecieron determinados hombres para actuar en todas las aplicaciones de sacrificios. Poco a poco aparecieron en las hojas de la historia como una clase especial, la clase sacerdotal. A ellos, y solamente a ellos, se les consideraba capaces de decir si los dioses estaban furiosos o calmados. Pronto esos hombres se abocaron el derecho a perdonar o a conseguir el perdón, como agentes o representantes directos colocados por Dios. Incluso actualmente se ejerce esa función representando al Dios supremo.
Por cierto el chivo expiatorio ya no es llevado al desierto cargado con los pecados del pueblo. La matanza de los animales sacrificados en los altares, rociar con su sangre a los creyentes y las instalaciones del templo y quemar su carne - todo eso pertenece esencialmente al pasado. Pero hasta ahora se ha mantenido solamente el sentido exotérico de la religión; ha disminuido el sentido interior de las antiguas religiones, en los cuales está contenido HUNA como núcleo secreto de conocimiento. En los tiempos modernos no faltan los intentos por deshacerse de los ritos y opiniones paganas, como también de la pretensión sacerdotal de tener privilegios divinos. Se han desarrollado numerosas teorías, que van desde la negación de toda realidad material – incluyendo los pecados - hasta la mayor expansión de las ideas de Dios, donde lo divino llega a ser infinitamente impersonal.
A la pregunta, por qué las oraciones muchas veces no son escuchadas, se escucha actualmente, tal como en los tiempos de los primeros cristianos, la explicación de que la persona que está orando no merece ser escuchada. Se cree que los pecados del que reza lo hace desmerecedor del cumplimiento de su oración.
Para limpiarse de los pecados y hacerse merecedor a que se escuche su oración, existen las siguientes medidas:
(1) Deja de pecar;
(2) Repara los pecados cometidos; (3) Pide perdón y espera obtenerlo.
Durante veinte siglos nos hemos mantenido leales a esas medidas; pero pese a eso, las oraciones siguen sin cumplirse demasiado a menudo.
Investigadores de la historia de la religión han supuesto desde hace tiempo, que algo no puede estar correcto en la interpretación de lo que se dice en el Antiguo y Nuevo Testamento acerca de la oración y de su frecuente fracaso. Eso incluye al mismo tiempo nuestra visión del pecado, de la reparación, penitencia y purificación, de las oraciones por el perdón de los pecados, del bautizo, de la conversión, de la confesión, etc.
Para llegar a la visión correcta del pecado, tenemos que regresar a la doctrina HUNA. Allí encontramos que el pecado en el fondo no es solamente la violación de una “ley” que nos entregó
un profeta y que nos dijo que ésta provenía de Dios. (Ciertamente los Diez Mandamientos fueron una importante obra legal para un pueblo primitivo, que le ofrecía bases morales sólidas para la convivencia. Incluso en la actualidad esos mandamientos tienen un valor fundamental).
El pecado es mucho más que eso; hay que captarlo mucho más amplía y profundamente. El pecado es - así nos enseña HUNA – todo con lo que una persona se daña a sí misma y daña a sus semejantes.
Dañar o herir a otros es pecado. No solamente el asesinato físico, sino todo perjuicio que se le hace a otra persona a través de pensamientos y emociones es pecado.
A Dios no lo podemos dañar en absoluto. Para eso el ser humano es demasiado débil y pequeño. Y no tiene importancia violar una “ley divina” inventada por personas, siempre y cuando no se perjudique a alguien con eso.
Pero todo lo que le impide a nuestro Yo inferior llegar al Yo superior a través de la cuerda-Aka y ofrecerle nuestra oración (es decir, el “bloqueo del camino”) es malo, ya que nos aparta de Dios… separa al Yo inferior y medio del Yo superior y dificulta el trabajo en conjunto de los tres Yoes. Por medio de esto, la vida desciende bajo el nivel normal y el Yo superior no puede ayudar a los dos Yoes inferiores (como ya se ha dicho anteriormente, el Yo superior parece tener que permitirles a los dos Yoes inferiores su libre albedrío ampliamente… por lo tanto, hay que permitirles despistarse, cometer errores, sufrir y enfermarse, para que puedan aprender por medio de la experiencia).
Lo malo, por medio de lo cual otra persona es dañada o perjudicada, se puede clasificar, según la doctrina HUNA, como sigue:
(1) Lo malo que se le ha hecho a otros con plena consciencia y premeditadamente con mala intención - pero con lo cual, sin embargo, se presentan sentimientos de culpa o remordimientos. En este caso, el Yo inferior del pecador “escapará de la vista de Dios”, tal como un niño huye de sus padres cuando teme recibir el castigo merecido. Un Yo inferior, que a causa de sus actos siente a) Culpabilidad b) Vergüenza o c) Temor, no producirá ningún contacto con el Yo superior y no intentará ofrecerle una oración a través de la cuerda-Aka.
(2) Una persona mala por naturaleza, que perjudica a otra con mala intención, pero que se siente con el derecho para eso y no sólo no siente ninguna culpa o vergüenza, sino quizás un cierto triunfo, por haberle “dado su merecido” al otro, NO necesita temer que su Yo inferior se niegue a producir el contacto con el Yo superior. TAMPOCO SU YO SUPERIOR LO RECHAZARÁ. SU ORACIÓN PARA PEDIR AYUDA EN LAS COSAS BUENAS QUE ÉL TAL VEZ PUEDA HACER, SERÁ ESCUCHADA. Dios no se fija en la “persona” y en tales casos “prosperan los malos” – por lo menos por un tiempo; su castigo se produce finalmente con el entorpecimiento de su desarrollo ascendente. Muchos encontrarán difícil hacer armonizar ese hecho con la “justicia divina”; pero si se observa bien, es posible darse cuenta cómo los malos prosperan y no son molestados ni por remordimientos ni por autoreproches o vergüenza. El sentimiento de “injusticia” puede desaparecer tan sólo una vez que liberemos nuestra visión del “pecado” de todas las antiguas creencias tradicionales y lo juzguemos solamente de acuerdo con la pregunta fundamental: ¿TIENE EL HECHO COMO CONSECUENCIA, QUE UNA PERSONA SEA APARTADA DEL PROPIO YO SUPERIOR POR MEDIO DE SU SUBCONSCIENTE? Si no es el caso, entonces una persona así está libre de pecados – según la clasificación aquí vigente. Esta sola prueba nos enseña por qué algunas oraciones no son escuchadas. Todo depende de si el Yo inferior puede ser inducido por algo para rechazar la producción del contacto con el Yo superior. Ni la justicia humana ni la divina, ni el karma ni los pensamientos de venganza son importantes para el problema de las oraciones no cumplidas.
Si podemos hacer nuestro ese punto de vista, como un hecho o solamente como suposición (y por el momento dejamos totalmente fuera de juego el asunto de la “justicia”), entonces nos podemos dedicar a la pregunta acerca de qué retiene al Yo inferior de aportar su parte al trabajo de la oración. La mayoría de las veces son asuntos que tienen que ver muy poco con las malas acciones recién mencionadas.
El Yo inferior sólo puede ser afectado por,
(1) lo que puede percibir con sus cinco sentidos, lo que ve, oye, huele, palpa – es decir, por impresiones dolorosas, temibles, buenas, malas o agradables,
(2) lo que recuerda de tiempos anteriores o a causa de sucesos anteriores, es decir, lo que en aquel entonces registró por medio de formación de racimos de formas de pensamientos y almacenó en su depósito de recuerdos para una reproducción posterior.
Con esto llegamos a los dos tipos de recuerdo. A un recuerdo normal, originado de manera natural, pertenece el reconocimiento de la importancia o la racionalización del suceso, junto con sus relaciones con todos los sucesos anteriores, de los cuales la persona respectiva sabe que ocurrirán o supone, teme o espera que alguna vez ocurran. Todos los racimos de formas de pensamientos de un recuerdo, al originarse se entrelazan con todos los demás recuerdos que son atraídos para determinar la importancia del nuevo suceso y de sus relaciones con experiencias anteriores.
Para esa compleja red de relaciones, los Kahunas tenían el acertado símbolo de una tela de araña, en la que han quedado atrapadas algunas moscas. Cada mosca corresponde a un recuerdo y todas las moscas se conectan con todas las otras moscas por medio de los hilos de la telaraña. En el centro está la araña – la persona que se compone del Yo inferior y medio. La araña está consciente de la existencia de cada mosca; puede ir donde cada una de ellas y observarla en cada momento. Los delgados hilos de la telaraña simbolizan el hilo-Aka. Los recuerdos normales se entrelazan de ese modo con todos los demás recuerdos al originarse, dentro de los marcos de reflexiones a través de un proceso de racionalización.
Por el contrario, ocurre el otro tipo de recuerdo SIN RACIONALIZACIÓN; en este caso las formas de pensamiento no se conectan correctamente con otras formas de pensamiento. Pero porque el Yo medio fracasó con respecto a esos recuerdos y no los racionalizó cuando se originaron, no le son regresados cuando los requiere. Son recuerdos vagabundos, por así decirlo. Están deformados. El Yo inferior sabe que ellos no son normales ni correctos; se avergüenza de ellos y les teme.
Un Yo inferior que se siente culpable a causa de malas acciones que ha cometido junto con el Yo medio, rehuye dirigirse al Yo superior a través de la cuerda-Aka. Tampoco quiere presentarse ante el Yo medio con la deprimente sensación de vergüenza de un recuerdo no racionalizado. Bajo el peso de sus autoreproches, él se siente sucio e indigno y tiene el impulso de esconder el negro algo, cueste lo que cueste. En esa conducta, el Yo inferior es más obstinado y terco de lo que es posible imaginarse. Oculta los recuerdos vagabundos tal como un delincuente astuto esconde su botín. Tal como un criminal, se ocupa - inadvertido por el Yo medio, cuando éste duerme en la noche – de su botín mal habido, trata de clasificarlo y de racionalizarlo él mismo, pero a su propia manera ilógica.
A través de los esfuerzos del subconsciente por enderezar los defectuosos recuerdos, todo solamente empeora. Oculto en el “saco negro” donde guarda su botín, el Yo inferior se pone manos a la obra, ordena y compara y junto con eso llega a todas las conclusiones irracionales posibles (el Yo inferior no posee un poder de comprensión como el que se le ha dado al Yo medio).
Con eso, racimos de pensamientos de recuerdos vagabundos del Yo inferior pueden adherirse con hilos-Aka a otros racimos racionales de formas de pensamiento que están ligados entre sí, que representan el recuerdo y la evaluación de sucesos. Aunque el Yo medio no puede traer de
regreso a la memoria recuerdos no racionalizados, parece reaccionar como si estuviera fuera de sí, tal vez a causa de aquellos entrelazamientos con ciertos sucesos conectados con los recuerdos vagabundos. Con eso hay una gran cantidad de formas de reacción que pueden aparecer de a una o juntas.
(1) Alguien puede repentinamente ponerse furioso o ser sobrecogido por un miedo infundado o por otras emociones que salen inesperadamente desde el interior, que son tan fuertes que no puede dominarlas.
(2) Tal vez esa persona, a causa del hecho del recuerdo vagabundo, pierda la facultad de pensar en forma normal, razonable o tan rápidamente como lo hace habitualmente. De pronto siente un vacío en la memoria, que puede llegar hasta el límite de la amnesia.
(3) Tal vez esa persona de repente se imagine ciertas cosas, diferentes a como son en realidad. Así, tal vez pueda ver a su amigo como un enemigo. También puede ocurrir que de pronto se sienta superior a otras personas o tan acosado por éstas, que toda la vida le parece solamente como una cadena de aflicciones.
(4) La reacción también puede ser de tipo corporal; la persona afectada comienza a temblar o a contraerse, o por un tiempo corto o largo se pone histérica, ciega, sorda o muda.
(5) Tal vez no se llegue a reacciones observables exteriormente, sino que se desarrollen enfermedades corporales de los más diversos tipos. Nuestros médicos saben actualmente que una gran parte de las enfermedades humanas es atribuible a que los pacientes estén implicados, en mayor o menor medida, en dificultades del tipo mencionado recientemente.
Además de las anormales reacciones físicas, mentales, emocionales o de salud, interviene también otro factor que siempre tenemos que tener presente. A cada racimo de recuerdos se le asigna una cierta cantidad de Mana, que es consumido automáticamente cuando el recuerdo respectivo es tocado o activado por medio de un suceso o una palabra.
La mayoría de los hechos de la memoria casi no emocionan al Yo inferior; por eso casi no consumen Mana. Las emociones son lejos los más fuertes consumidores de Mana. Con seguridad todos han experimentado alguna vez en sí el efecto de una tormenta emocional. Al ocurrir eso, las reservas de fuerza vital a veces se agotan hasta que se produce un colapso corporal.
Si se ha originado un recuerdo vagabundo por medio de un suceso, con el cual el Yo inferior se descontrola por enojo, temor, pena u odio, en el transcurso del recuerdo se consume nuevamente casi la misma cantidad enorme de Mana que se consumió con la explosión emocional original. Si el Yo medio no pudo imponerse cuando el Yo inferior, bajo la influencia de la emoción original, contra toda razón agarró el bocado y se lo devoró, entonces ocurrirá lo mismo una y otra vez – aunque tal vez en una forma más moderada – cuando se active el recuerdo respectivo.
A causa de ese desperdicio de Mana, una persona, cuyo Yo inferior se enfurece ante recuerdos vagabundos entrelazados confusamente entre sí, está crónicamente agotada o enferma. Todos nosotros conocemos personas que están como poseídas por el demonio, que permanentemente conservan sentimientos de odio, de temor y de oscura suspicacia y – a pesar de todos los argumentos – están apegadas casi patológicamente a esas emociones casi siempre irracionales. En realidad, esas personas son psicóticas o neuróticas, en la medida en que son afectadas por una confusión de hechos de recuerdos vagabundos.
Alguien que lleva en sí pocas imágenes de recuerdos vagabundos, puede vivir bien. La mayoría