Porque nuestra organización se había dedicado plenamente a la investigación y no solamente a la verificación y análisis de las teorías HUNA, siempre estuvimos abiertos a las ideas y acciones de otros que se dedicaban a áreas similares. A mí me llegaban informaciones y comunicaciones acerca de todo tipo de teorías, hechos, experimentos e hipótesis raras y poco conocidas. Tal vez en ninguna otra área haya una abundancia tal de suposiciones como en la psicología, en la religión y en las ciencias psíquicas. Una gran parte de ese material no tenía para nosotros ninguna importancia. Pero a veces nos encontrábamos con ideas que eran dignas de consideración.
Ya en la primera fase de nuestras investigaciones nos llamaron la atención los trabajos de L. E. Eeman de Londres. Sus descubrimientos y teorías tenían valor para nosotros, sobre todo porque éstas se dedicaban a lo que llamamos Mana. Después de un interesante intercambio de cartas, Mr. Eeman se unió a la HRA como miembro. Él había descubierto que se puede inducir a la fuerza vital a fluir desde un polo positivo a uno negativo, tal como la electricidad. Con sus trabajos estableció que el cuerpo humano está polarizado al lado derecho e izquierdo. Él pudo hacer fluir la fuerza vital a través de un alambre de cobre aislado, desde la mano derecha hasta la base de la espina dorsal y de la mano izquierda hasta la cerviz.
Esa variación de la corriente normal de fuerza vital (Mana) en el cuerpo, produce, como él estableció, un relajamiento que promueve el sueño. A ese circuito él lo llamó “circuito de relajación”. Después de ese descubrimiento básico, intentó establecer en otros experimentos, qué más se puede lograr por medio de dirigir la corriente de Mana a través de alambres. Él conectó a diversas personas “una detrás de la otra” – tal como se hace con varias baterías – y observó el efecto. Después conectó el alambre en forma paralela y desarrolló combinaciones de experimentos de diversos tipos.
Él descubrió, además, que con la corriente de Mana que fluye a través de alambres aislados, también se pueden transferir, por ejemplo, materias corporales tóxicas. Si se conectaba a un enfermo infectado con fiebre con una persona sana en un circuito común, se transfería algo de fiebre y de la molestia corporal a la persona sana. Con eso ocurrió el extraño hecho de que el enfermo se sentía mejor, incluso cuando la persona sana se enfermaba temporalmente. Pero lo esencial en eso era que los microbios o virus no se traspasaban a la persona sana.
Igualmente sorprendente fue su descubrimiento de que alguien que alguna vez había tenido tifus, sarampión o viruela y se había mejorado, es decir, alguien, que como se supone, tiene en la sangre los antídotos correspondientes, podía ayudar bien a otros que sufrían de la misma enfermedad. Al conectarlos juntos en un circuito común, las personas que habían superado la enfermedad entregaban con su corriente de Mana, algo de su materia inmunizante a través de los alambres.
Todo eso era totalmente acientífico, incluso misterioso. Los alambres no son tubos de conducción, y según las leyes de la física y de la mecánica, tales traspasos son simplemente imposibles. Pero como pasa con tantas cosas imposibles, realmente ocurrían efectos que eran comprobables y que exigían una explicación.
Con ayuda de médicos, Eeman continuó sus experimentos y comenzó a examinar medicinas, drogas y materias tóxicas. Su método era muy sencillo. Le pedía a la persona que se ponía a su disposición para el experimento, que se tendiera en una camilla; primero se cerraba el circuito de relajación con los alambres. Luego se cortaba uno de los alambres y los extremos que se originaban se hacían pasar a través del corcho de una botella. Debajo del corcho se unían a ellos electrodos que se sumergían en la solución de la materia a examinar.
En su excelente libro “Co-Operative Healing”, Eeman describe con todos los detalles más de setenta experimentos, como también las reacciones de las personas de experimento a las substancias que llegaban a su cuerpo con la corriente de Mana. Con un minucioso cuidado se eliminaban todas las posibilidades de sugestión o telepatía. El médico que estaba presente en los experimentos echaba las substancias en botellas numeradas. Una vez que al término del experimento se había mostrado el efecto, la substancia utilizada era identificada y se comparaba su reacción habitual en el cuerpo humano con el resultado del examen. En todos los casos, el tipo de las reacciones corporales o emocionales de la persona de experimento era exactamente como si se le hubiera suministrado una dosis de la substancia introducida en el circuito. Los experimentos comprobaron en forma concluyente que efectivamente algo de la botella se traspasaba a la persona. Con eso se abrió un nuevo campo para la aplicación de medicamentos. Naturalmente surgió de inmediato la pregunta, qué se había hecho pasar en realidad desde la botella a lo largo del alambre. Como muy obviamente no podía tratarse de una parte de la solución que estaba en la botella, tiene que haber sido un tipo de radiación que había sido emitida por la substancia. Después de años de experimentos y reflexiones, Eeman llegó a la conclusión que las substancias emiten un tipo de radiación energética o “dinamismo”.
La doctrina HUNA ofrece en este caso una posibilidad de explicación. Según la creencia de los
Kahunas, todos los objetos o substancias tienen su propio cuerpo-Aka o de sombra (el cuerpo
etéreo de la moderna ciencia psíquica); éste es un duplicado de lo que representa. En el “acto de la creación”, al originarse una cosa se forma primero el cuerpo-Aka y después el cuerpo físico. Además, los Kahunas enseñaban que todas las cosas tenían que contener consciencia y Mana, ya que de lo contrario no podrían existir ni mantener sus formas particulares típicas.
Si suponemos que las medicinas de los circuitos vitales de Eeman poseían tales cuerpos-Aka, entonces es obvia la deducción que la materia de cuerpo-Aka del medicamento llegó al cuerpo de la persona de experimento en la corriente de Mana. Eso simplifica el problema muy esencialmente y sólo queda la pregunta, si todo el efecto va al cuerpo-Aka del sujeto o indirectamente a través del cuerpo-Aka al cuerpo físico.
En sus escritos Eeman lanza la pregunta, si en la propagación de enfermedades infecciosas no participan fenómenos similares, como el paso de materias tóxicas a lo largo de alambres. Si fuera así, deduce él, entonces quizá bastaría la constitución psíquico-emocional de una persona para rechazar tales infecciones.
Una nueva prueba de que el cuerpo-Aka (o cuerpo etéreo) existe y que con lesiones e incluso con la muerte del cuerpo físico permanece intacto, fue aportada por Eeman a través de sus experimentos con drogas. Un hombre que había perdido ambas piernas fue conectado a un circuito de un tipo especial; se colocaron bandas metálicas donde anteriormente habían estado los pies. El resultado fue como si el hombre realmente hubiera tenido sus pies en el lugar respectivo. Se indujo entonces al hombre a imaginarse que él había encogido las rodillas, de manera que sus pies “teóricos” ya no tenían contacto con los polos de la banda. El efecto fue como si se hubiera interrumpido el circuito.
Después de más de 25 años de trabajo de investigación y experimentación, Eeman reemplazo en sus circuitos los alambres por hilos de seda o lana. Éstos trabajaban igual de bien. Pero como esos materiales no conducen electricidad normal, resultó que existe una diferencia entre la fuerza vital y la electricidad producida por un proceso electromagnético o químico. También el Dr. Brunler había dejado de trabajar con alambres; en sus experimentos había conducido con hilos de seda las radiaciones desde la banda de la cabeza hasta el extremo de la regla del biómetro.
Con eso se demostró que la suposición original de que la fuerza vital era lo mismo que la electricidad, era errónea. Como en los circuitos de Eeman, los alambres de metal podían reemplazarse por seda, lana e incluso por hilos de algodón, hay que preguntarse por qué la ropa normal no produce ningún circuito entre los polos del cuerpo. La posibilidad de un “corto
circuito” de fuerza vital por medio de la ropa, hace que toda la teoría parezca irracional. Pero también en este caso viene nuevamente HUNA a ayudar con una explicación.
Uno de los fundamentos de la doctrina HUNA es que el Yo inferior origina todas las corrientes de fuerza vital y que el verdadero conductor de Mana es la substancia de la cuerda-Aka, es decir, no es el alambre o el tejido textil. Como el Yo inferior se deja influir fácilmente por medio de sugestión, está dispuesto de buena gana - con la correspondiente indicación sugestiva – a hacer fluir Mana a lo largo de alambres o cuerdas. Pero como el Mana sólo puede fluir a través de substancia-Aka, se extiende un “dedo” de substancia-Aka a lo largo del alambre o de la cuerda. De ese modo, el Mana fluye entonces a lo largo de alambres o cuerdas, pero la cuerda visible solamente es una especie de guía, que le indica al Yo inferior hacia donde tiene que dirigir su dedo-cuerda-Aka, es decir, por ejemplo, desde la mano a la cabeza o a la botella, a la medicina y desde allí nuevamente a la cabeza. Como sabemos con qué habilidad el Yo inferior sabe manejar la combinación Aka-Mana en un hilo o en una cuerda y emplear su consciencia, ya no nos sorprende que se oriente en nuevas áreas de trabajo cuando se le hace claridad acerca de lo que se espera de él.
Y aquí otra de las muchas preguntas sin resolver a las que se dedica la HRA. ¿Es posible que una muy antigua “bandeja para orar” babilonia, tenga todavía en su substancia gredosa una radiación que ha absorbido hace muchos siglos? Se quería establecer si la fuerte radiación que incluso actualmente todavía sale de una de esas bandejas, se deba tal vez a que siga estando conectada a través de una durable cuerda-Aka con el sacerdote fallecido hace siglos, quien al producirla realizaba los ritos a través de ella y le dio las extrañas fuerzas.
La bandeja en referencia se parece en tamaño y forma a un plato sopero. En su interior está pintada en antigua escritura babilonia, una oración para proteger a un israelita, a su familia y a sus animales domésticos. No se sabe lo que hacía el sacerdote con la bandeja antes de que el nuevo dueño se hiciera cargo de ella, ni qué tipo de fuerza mágica la rodea. Durante siglos estuvo cubierta de polvo, hasta que hace pocos años fue desenterrada y llevada a un museo en Sydney. Allí fue exhibida con otras piezas de exposición, al auditorio de una conferencia sobre antiguas civilizaciones. Una mujer que era miembro de la HRA que estaba presente, escuchó con atención la traducción de la inscripción que se encontraba en la parte interior de la bandeja y la descripción del uso de este tipo de bandejas con fines de sanación y para la protección contra enfermedad y desgracia. Le habría gustado saber si se podía despertar la antigua energía que estaba en la bandeja para utilizarla nuevamente.
Cuando ella tocó la bandeja después de la conferencia, sintió repentinamente una picazón en los dedos. Suponiendo que su deseo había reactivado la energía de la bandeja, ella pidió en su interior ser liberada de un doloroso padecimiento, que los médicos desde hacía años no habían podido eliminar. Los dolores desaparecieron casi instantáneamente; el desgarro se había cerrado y permaneció así durante varios meses. En una ocasión posterior, su esposo visitó el museo y obtuvo el permiso para tomar la bandeja en la mano. Él también fue sanado (que la sanación no fue durable en este caso, parece atribuirse a que los complejos que habían ocasionado las dificultades no habían sido eliminados).
La ciencia enseña que todos los objetos irradian una fuerza de un tipo característico. A través de esa irradiación consumen su energía vital y pasan a un nivel de substancia menos activo o sufren la forma de “muerte” que es característica para su plano actual de existencia.
Por lo tanto, ya de la greda de la bandeja para orar sale sin duda una radiación natural. Pero en este caso la radiación parecía estar reforzada y haber obtenido un nuevo y muy diferente potencial. Podemos decir con seguridad que había sido agregado algo, de lo cual salía la frecuencia portadora de sanación.
Como el efecto curativo de la radiación reunida requiere una consciencia que dirija su fuerza curativa, hay que buscar esa consciencia ya sea en el Yo inferior de la persona sanada (aunque
ésta no hubiera podido sanar el propio cuerpo solamente con el Mana propio) o hay que pensar en un ser vivo o existente como espíritu, que está conectado con la bandeja por medio de una cuerda-Aka y que – al producirse el contacto – todavía es capaz de ejercer su influencia conductora, para activar la energía de radiación contenida en la bandeja y producir en los tejidos del cuerpo los cambios necesarios para la sanación.
Mientras todavía trabajábamos en ese problema, algunos miembros de la HRA buscaban establecer por medio de experimentos, si era posible producir “iconos” portadores de sanación, por medio de influencia mental, oración, bendiciones rituales o llamadas a espíritus amables de personas fallecidas. Un miembro inglés del grupo HRA tenía un icono que tenía más de 400 años. Era una pieza tallada que representaba a Jesús en la cruz. La escultura, hecha de un trozo de madera, estaba abundantemente decorada con colores y plata. El icono fue fabricado en Etiopía y conseguido por medio de un artista amigo, oriundo de ese país.
Por medio de ese icono-crucifijo se podía, casi a petición, tomar contacto con el espíritu de una mujer etíope, que por cierto estaba muerta desde hacía mucho tiempo, pero que parecía tener un interés activo por el nuevo dueño. Ese ente ayudaba de diferentes maneras. Aconsejaba, por ejemplo, adónde se debía viajar y qué se debía hacer. Había inducido a la dueña del icono a estudiar mi libro “Conocimientos secretos detrás de milagros”, y después que lo había leído le dio el consejo de visitar diversas islas en el océano Pacífico, para estudiar en el lugar mismo la creencia de los nativos y las imágenes creadas por nativos de tiempos antiguos.
Bajo la conducción de ese ser espiritual, se llegó a la fabricación de nuevos iconos. Se examinaron diferentes materiales y finalmente se llegó a la conclusión de que el marfil natural era lo más adecuado para ese propósito. Para el primer experimento se adquirió una pequeña figura japonesa de una mujer, que había sido tallada en marfil africano. Después se recibió la figura de un dios hindú danzando, tallada en marfil hindú; ambas figuras formaban una pareja hombre- mujer.
Esas dos estatuillas fueron ceremonialmente lavadas, bendecidas y colocadas por un tiempo junto al icono-crucifijo. Por último, el ser espiritual declaró por terminado el proceso. A una figura estaba unido un ser espiritual femenino, a la otra uno masculino. En el examen con el péndulo, ambas figuras mostraron un fuerte aumento de su energía de radiación. Finalmente me las enviaron a mí y Mr. Cameron las examinó con su aurómetro, de la manera descrita anteriormente. Constatamos que el área de aura de las dos figuras era esencialmente más grande que el de objetos similares que no habían sido tratados. De las dos figuras salían radiaciones de energía, y probablemente en el interior de las radiaciones había hilos-Aka, que conectaban las figuras con los seres espirituales que estaban designados a actuar por intermedio de éstas.
Mucho tiempo antes de la formación de la HRA, una inglesa que era conocida como una importante sanadora naturista, como pintora y también como experta en el uso del biómetro de Bovis para el diagnóstico de enfermedades corporales, había intentado crear un tipo de icono portador de sanación. Con gran éxito le había hecho un tratamiento espiritual previo a pinturas al óleo y a lienzos que utilizaba para sus cuadros; después había finalmente bendecido los cuadros terminados y en cierto modo los había impregnado con radiaciones curativas.
Para probar la fuerza curativa de un cuadro terminado, ella lo hacía observar atentamente por largo tiempo por un paciente y enseguida establecía su aumento de valor biométrico. Si la medición del paciente indicaba 600 grados o más, el cuadro se consideraba terminado. Se colgaba el cuadro en la pared para su uso y se le hacía observar en forma concentrada por un momento, por la persona que buscaba sanación. Probablemente al mirar el cuadro, se forma un contacto con él y con su irradiación; pero también se puede pensar que el cuadro solamente es el punto de fijación de una cuerda-Aka que se dirige hacia el sanador y tal vez – a través de él – hacia su Yo superior. En todo caso, tales cuadros promotores de sanación han resultado ser muy efectivos. La pintora me regaló uno de los más hermosos de esos cuadros; éste fue examinado con el aurómetro
y con el péndulo. El cuadro mostraba un aura muy intensa; especialmente fuerte era la radiación de la mitad inferior del cuadro. Yo realicé el trabajo del grupo de sanación recíproca en mi cuarto de trabajo, bajo ese cuadro y ante dos iconos de marfil.
Uno de los programas de experimentos del grupo HRA fue dedicado a examinar instrumentos electrónicos, como los que utilizan algunos médicos y quiroprácticos para diagnosis y tratamientos. Con eso descubrimos que algunos de esos instrumentos no necesitaban en absoluto ser conectados a la corriente eléctrica. Todo dependía - tal como con el biómetro, el péndulo y el aurómetro – de las capacidades psíquicas y de la experiencia del que usaba el aparato, como también del contacto con el paciente o con algo que estuviera conectado a él y formara un hilo-
Aka hacia él. Para esto resultaba muy adecuada una gota de sangre sobre un pedazo de papel
secante, pero la saliva también actuaba muy bien. El ajuste de las diferentes escalas en los instrumentos examinados por nosotros, hacía variar solamente la longitud de la ruta del alambre, desde el paciente, a través del instrumento, hasta un indicador que en este caso era utilizado en el biómetro, como reemplazo del péndulo.
La acción curativa que sale de esos instrumentos parece en realidad no provenir del instrumento, sino – como en el caso de los cuadros curativos – directamente desde la persona que maneja el instrumento. Las “mediciones” ocurren en valores numéricos que corresponden a la medición en centímetros con el biómetro. El productor de un conocido instrumento de ese tipo,