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EL SIGNIFICADO SECRETO DEL RITO DE COMUNIÓN

In document Magia Kahuna (página 143-149)

El estudio de la historia y de la Biblia nos enseña que la primera iglesia, en su extensión desde Jerusalén a Antioquía y Grecia, no podía basarse en escrituras sagradas, aparte de algunos rollos de pergaminos con antiguos registros, que más adelante se insertaron en el llamado Antiguo Testamento. Los ancianos de la iglesia cristiana eran apoyados en su trabajo por Pablo y otros evangelistas, por medio de cartas e informes ocasionales. Esas cartas eran leídas a la comunidad; pero éstas no figuraban de ningún modo como “escrituras sagradas”. Es incluso asombroso que se hayan mantenido. Tan sólo mucho después fueron aceptadas en sínodos de la iglesia organizada, como escrituras sagradas en el “Nuevo Testamento”, y Pablo fue canonizado.

Los cuatro Evangelios, de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, aparecieron mucho después que las cartas habían sido escritas, como 50 o 100 años después de la muerte de Jesús. Mientras la vida y la doctrina de Jesús demuestran, como hemos podido constatar, el trabajo de un iniciado en la doctrina HUNA, la teología de Pablo y una cantidad en aumento de dogmas, que provienen de hombres de menor importancia, han encontrado acceso a esos informes. Con eso, sólo se ha reforzado la confusión que ya resulta de las diferentes informaciones de los evangelios, que ha afectado intensamente la transmisión de la doctrina cristiana a través de los siglos. Investigadores de la Biblia han constatado que esos informes han sido recopilados de diversas notas de diferentes autores; sin embargo, Mateo, Marcos, Lucas y Juan fueron declarados “santos” de la iglesia organizada. La satisfacción que nos surge de esos informes, se basa en aquellos pasajes en que la doctrina original ha sido transmitida sin ser adulterada. Mi método para diferenciar la valiosa doctrina de Jesús y el dogma falso, se funda, como dije anteriormente, en la aplicación del examen HUNA. A la discusión del rito de comunión deseo anteponerle sólo unos pocos ejemplos, considerando el escaso espacio disponible.

Jesús comenzó su función de predicador con la lectura de un pasaje de Isaías. Que Isaías era un gran iniciado de la doctrina HUNA, se demuestra al traducir sus escritos, frase por frase, al “idioma sagrado”. Recordemos el momento en que Jesús anuncia su función, como está registrado en Lucas (4:16 – 21)

“Llegó a Nazaret, donde se había criado, y, según acostumbraba, fue el sábado a la sinagoga. Cuando se levantó para hacer la lectura, le pasaron el libro del profeta Isaías; desenrolló el libro y halló el pasaje en que se lee:

El espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para traer Buenas Nuevas a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver. A despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de la gracia del Señor.

Jesús, entonces, enrolla el libro, lo devuelve al ayudante y se sienta. Y todos los presentes tenían los ojos fijos en él. Empezó a decirles: ‘Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar’”.

Aquí vemos que Jesús asumió el pre-anuncio de un nuevo y gran profeta de la orden HUNA. Sabía que él mismo personificaba el cumplimiento de la profecía. Las profecías lo habían designado como el hijo de Dios y el unido con Dios (con el Padre-Yo-superior, con el Aumakua de la doctrina HUNA). Como él sabía de su unificación con su Yo superior y a causa de esa unión podía realizar sanaciones, comenzó su docencia demostrándole a la gente que es posible una unión así, y que él la había logrado.

Para comprender correctamente el punto de vista de Jesús, tenemos que permanecer siempre conscientes del hecho que él nunca dijo que solamente él y nadie más era capaz de una unión semejante, de una unificación similar. Por el contrario: Él les indicó siempre a los demás esa

tarea. Sólo por citar un ejemplo: Cuando él un día dijo: “Yo y el Padre somos uno”, fue culpado de blasfemia y estuvo cerca de ser apedreado. Pero Jesús les respondió a los acusadores: “¿No está escrito en vuestras leyes, como he dicho, que ustedes son dioses (él cito uno de los Salmos)? “Si él ha llamado dioses a aquellos a los que les ha llegado la palabra de Dios, y la escritura no puede ser quebrantada, ¿cómo dicen ustedes de aquel que el Padre ha santificado y lo ha enviado al mundo, que éste blasfema contra Dios, por que yo les digo que soy hijo de Dios?”

En otra oportunidad, cuando él conversaba en confianza con sus discípulos en la última cena, dijo:

“Las palabras que les hablo no las digo de mí mismo; el Padre, que permanece en mí, es el que lleva a cabo la obra. Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no, crean por lo menos por las obras”.

“Realmente, realmente les digo: Quien crea en mí, también realizará las obras que yo realizo; incluso realizará obras mayores”.

Qué otra cosa hubiera querido decir, aparte de que el Yo superior que está en él efectúa sus milagros, y que los discípulos serían incluso capaces de realizar obras mayores por medio de la fuerza de sus propios Yoes superiores.

En todas las partes de la doctrina de Jesús, las palabras “Dios” y Padre-Yo-superior son intercambiables, tal como “Espíritu Santo” y Yo superior.

Tenemos que comprender que Jesús muchas veces se encontraba en un estado de completa unidad con el Yo superior de aquel a quien le enseñaba, y que entonces hablaba como con la voz del Padre mismo. Eso también era habitual en los círculos de los adherentes de HUNA. Allí, los

Kahunas de grado sumo eran designados como portavoces de Dios. En las sanaciones, la orden

“que seas sanado” se decía en completa unidad de los tres Yoes y no solamente desde el Yo inferior.

Cuando Jesús hablaba como si él mismo fuera Dios o el Padre y no una persona, él seguía las costumbres HUNA antiquísimas. La falta de conocimiento de la doctrina HUNA y de sus costumbres ha llevado a una interminable cadena de confusiones y malas interpretaciones en ese punto. Simplemente no se ha podido comprender que Jesús podía ser persona y Dios al mismo tiempo. Pero como falta la comprensión adecuada, se estableció en forma dogmática que Jesús era una parte del triple Dios supremo, que se compone de Dios, el Padre, de Jesús, el hijo, y del Espíritu Santo. Pero esa teología no corresponde ni a la doctrina HUNA ni al judaísmo. El propio Jesús no enseñaba eso. Él enseñaba en forma simple y modesta, que cada persona se podía conectar con su propio Yo superior, que él llamaba “Padre” (“el Padre que vive en mí”), y unificarse con éste.

Un caso en que el dogma de Pablo fue insertado en el Evangelio, es Mateo (28:19). Jesús se les aparece a los discípulos como ser espiritual, después de haberse levantado de la tumba; él les dice: “Por eso, vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado…”

Conocemos HUNA y sabemos que el Yo superior es designado como Espíritu Santo, cuando baja como una paloma hacia Jesús. Cada Yo de una persona es para el Kahuna un espíritu; el

Aumakua es el espíritu “santo”. La palabra “espíritu” es en hebreo, latín o griego una palabra

extranjera.

Es útil revisar alguna vez los Evangelios, para darse cuenta que en todas partes donde Jesús expone una verdad y comienza con “Yo soy…” o termina con “…a través de mí”, etc., habla como el propio Padre-Yo-superior. Pero a veces se refiere - como todos nosotros - al Yo medio; eso se deduce del texto adjunto en cada caso. Pero en la explicación de verdades fundamentales, “yo” y “mí” representan al Padre-Yo superior.

Como suceso siguiente – y como una buena preparación para la comprensión del rito de la comunión – hablemos de la doctrina del “pan del cielo”, sobre la que informa Juan.

Impresionadas por las milagrosas sanaciones de Jesús, algunas personas le pidieron una señal, para ver que realmente se trataba de una obra de Dios. Se acordaban que en los tiempos de Moisés, sus antepasados habían recibido una señal así, en forma de maná que caía del cielo. Jesús les respondió:

“Les digo de verdad: No fue Moisés quien les ha dado el pan del cielo, sino mi Padre les da el verdadero pan del cielo. Él es el pan del cielo, que viene del cielo y le da la vida al mundo”. “…Yo soy el pan de la vida. Quien venga a mí no padecerá más hambre; quien crea en mí no padecerá más sed”.

Léase eso en sentido HUNA y obsérvese que Jesús habla como el Padre-Yo superior. Además, obsérvese que habla de sed y con eso da a entender que el agua o Mana es una parte de la “alimentación” de la que él habla. La expresión “pan del cielo” se refiere a la corriente de Mana superior que enviado de vuelta por el Yo superior; es comparable al maná que “caía” del cielo en los tiempos de Moisés, como alimento espiritual para los hijos de Israel.

En el mismo pasaje bíblico dice además: “Yo soy el pan de la vida que desciende desde el cielo. Quien coma de ese pan vivirá eternamente. El pan que yo daré es también mi carne, que la daré para la vida del mundo”.

Se ha interpretado ese versículo como una profecía de su propia muerte y como una prueba de que Jesús entregó su vida en la cruz para entregarle la vida al mundo – para “salvarlo”. Pero en vez de eso, él enseñaba que el Yo superior le da la vida al mundo, haciendo regresar el Mana que le ofrecen los Yoes inferiores, porque de lo contrario, el destino del mundo sería el pecado, la muerte y la maldad.

El informe dice, además: “Los judíos discutían entre ellos y decían: ¿Cómo ese nos puede dar su carne para comer?”

Por eso Jesús les decía: “Realmente, realmente les digo: Si ustedes no comen la carne del hijo del hombre y no beben su sangre, entonces no tendrán la vida en ustedes. Tal como a mí me ha enviado el Padre viviente y vivo la energía del Padre, así vivirá también a través de mí, quien me coma. Quien coma este pan vivirá eternamente”.

Los orígenes de la idea de “comerse a Dios” para adquirir su energía y su substancia, se pueden buscar hasta en el Antiguo Egipto. Esa idea llegó deformada a las más diversas partes del mundo y se creía que una persona que mataba a su adversario y comía de él, podía adquirir su fuerza o su valor. El canibalismo se ha originado más bien de esa idea que del deseo de comer carne humana.

Según la doctrina HUNA, el Mana que la persona inferior le ofrece al Yo superior como a un “dios”, es transformado por éste en una composición superior y con más energía y devuelto en ese estado a la persona física. Un proverbio polinesio dice que hay que alimentar a los dioses para que no mueran; si los dioses murieran, también tendría que morir el ser humano. La doctrina de la necesidad de esa donación recíproca de “alimento” fue representada exteriormente como si el cuerpo de Dios realmente se comiera y su sangre realmente se bebiera.

Sin duda Jesús esperaba que por lo menos algunas de las personas que venían a él con aquellas preguntas, pudieran poder comprender el significado interior de sus frases secretas. Él siempre cuidaba de llevar sus doctrinas a aquellos que tenían “ojos para ver” y “oídos para escuchar”. Pero en ese grupo, aparentemente no había nadie que lo comprendiera:

“Muchos de sus discípulos que habían escuchado dijeron: Es difícil soportar ese discurso; ¿quién va a querer seguir escuchándolo?”

(Jesús dijo:) “¿Se escandalizan por eso? ¿Si ven ahora al hijo del hombre elevarse hacia donde estaba antes? El espíritu es lo que hace vivir; la carne no sirve”.

“ La carne no sirve”. Mantengamos en mente ese comentario cuando examinemos ahora el rito de la comunión:

Ese rito fue insertado durante la dramática Última Cena. Cuando Jesús y sus discípulos se habían sentado a la mesa y antes de que hubieran comenzado a comer, Jesús miró a los discípulos amorosamente y dijo: “He deseado mucho compartir con ustedes esta comida de Pascua antes de padecer. Después “les determinó el reino” para su trabajo y que ellos debían comer y beber en su mesa en su reino.

Algunos pasajes de Lucas y Mateo están destinados a indicarnos cómo se fundó el rito:

“Entonces él tomó el pan, agradeció, lo partió y se los dio con las palabras: Este es mi cuerpo que les es dado a ustedes. Hagan esto en mi memoria. Porque yo les digo que no comeré más de él, hasta que llegue al reino de Dios”.

“Después él tomó el cáliz, agradeció y se los dio con las palabras: Beban todos de él: Porque esta es la sangre del Nuevo Testamento (alianza) que es derramada para muchos para la eliminación de los pecados.

Pero yo les digo: “Desde ahora no beberé más de la vid, hasta aquel día en que lo beberé con ustedes de un nuevo modo en el reino de mi Padre”.

Eso era, por lo tanto, un ritual ceremonial para recordar la obra de Jesús. El hecho de partir y de comer el pan simbolizaba y hacía recordar la verdad HUNA, de que hay que ofrecerle Mana al Yo superior y que éste después fortalece y alimenta a los fieles con su Mana superior. Lo mismo se considera para el hecho de beber la sangre. Es una parte del cuerpo y fluye simbólicamente como Mana. También la sangre simboliza al Mana que hay que enviar al Yo superior y que es enviado de regreso a las personas desde allí como “alimento”. Para aquellos que saben acerca del significado HUNA del rito, el sentido de esta doctrina es completamente claro.

Esta doctrina no es de ningún modo la más importante de las doctrinas HUNA que contiene la Biblia. Todas las doctrinas son importantes; todas son partes propias del gran proceso para la restauración de la relación normal entre los tres Yoes. El hecho más o menos casual, de que en el ritual de la iglesia se le haya atribuido la mayor importancia a la división del pan y a la ingestión del vino – este rito es el que se practica más frecuente y solemnemente - no demuestra que ese rito sea más valioso que, por ejemplo, la eliminación de fijaciones o la utilización de la cuerda-

Aka, para producir el contacto con el Yo superior.

En el hecho de que la “eliminación de los pecados” se declara como propósito esencial de comer el pan (carne) y beber el vino (sangre), se refleja el empleo de Mana, ya que se le ofrece

Mana al Yo superior, se eliminan fijaciones y bloqueos del camino, y el contacto con el Yo

superior restablece la reunificación, la comunión entre los tres Yoes.

Los hombres que después de la muerte de Jesús comenzaron a sancionar los dogmas, se apoderaron también del rito de comunión; y esto es lo que hicieron de eso:

El pan y el vino, así dicen ellos, son transformados por Dios en la verdadera carne y en la verdadera sangre de Jesús, de manera que ambas puedan ser aprovechadas por los creyentes. Con seguridad ellos, en sus reflexiones, no se fijaron en el comentario de Jesús de que la carne del cuerpo no sirve. Pero sin embargo, se produjo un progreso del que tendríamos que estar agradecidos. Las ofrendas que se le entregaban a Dios eran de otro tipo que antes; ya no fluía más sangre y no era necesario derramar más sangre. Ya no se intentaba ofrecerle a Dios carne incinerada o animales de sacrificio, como lo hacían Moisés y sus seguidores al venerar a Jehová. Una cosa se habría tenido que comprender – como uno de los pilares de la doctrina HUNA -, y esa cosa es el hecho de que el Mana era lo único que los sacerdotes y sus comunidades le podían ofrecer al Yo superior.

Sabemos que el acto de veneración a Dios, que es el sentido y el propósito de cada tipo de ritual colectivo y de acciones de culto, nada tiene que ver con cantos, letanías, oraciones y prédicas.

Veneración a Dios o hoo-Mana, significa más bien algo así como “producir Mana” y enviárselo al Yo superior a través de la cuerda-Aka de la persona que está orando.

Visto superficialmente, en la misa se le ofrece a Dios el cuerpo crucificado de Jesús en el altar. Después de la ofrenda, el fiel recibe a Dios dentro de sí en la comunión. Eso es correcto, siempre que con eso se haga referencia al significado interior. Pero si sólo se ve el significado exterior, entonces eso equivale a una ignorancia y a un barbarismo de gran magnitud.

En el capítulo XX se habló del “Nuevo Testamento” en relación con las doctrinas de Pablo. Con eso llegamos a la conclusión de que Jesús tiene que haber hablado de una “Nueva Alianza”, y en el párrafo respectivo también se indicó que Jeremías había anunciado la Nueva Alianza en una profecía. Pero como Jesús, con su vida y con sus enseñanzas cumplió las profecías por completo y al pie de la letra, es simplemente inimaginable que él se hubiera equivocado con la implantación del rito de comunión. Un olvido de las profecías, por las cuales él vivía y que provenían de Kahunas de su magnitud y perfección, de Kahunas de la misma escuela de iniciación, habría equivalido al olvido de su propia gran misión. Él tenía que establecer una Nueva Alianza con nuevas leyes, con leyes que se escribieran en los corazones de aquellos que fueran capaces de recibirlas.

La traducción polinesia de alianza es kumu. Observemos los significados secretos de esa palabra. El primero es “iniciar una empresa”, con lo que se hace referencia a la “alimentación” del Yo superior con Mana; el segundo significado es “fuente de agua”. El ascenso de agua en una fuente es uno de los símbolos gráficos del idioma HUNA del hecho de hacer subir Mana (agua) hacia el Yo superior a través de la cuerda-Aka. Por el contrario, la traducción de la palabra “testamento” no da como resultado ningún significado secreto, ni de las palabritas radicales ni de las palabras completas.

Juan no menciona la comunión en su narración del drama de la cena. Él se concentra en las valiosas últimas indicaciones de Jesús a sus discípulos. Entre éstas encontramos un nuevo mandamiento de Jesús. En las alianzas de la antigüedad estaba incluido casi permanentemente un mandamiento de Dios al pueblo. Los Diez Mandamientos eran una parte de una de esas alianzas.

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