Tal vez el lector tenga ahora la sensación de que se le ha hecho mirar en oscuras profundidades que a él mismo no le conciernen en absoluto. Tal vez no le conciernan las profundidades más oscuras. Pero hay, como dijimos anteriormente, muchos grados de oscuridad, muchos niveles de aquellos estados de los que hemos hablado en el párrafo anterior. Por eso, incluso si uno está convencido de tener un camino totalmente claro y sin bloqueos, es bueno, pese a eso, obtener certeza al respecto. Pero finalmente deberíamos, por esa razón, informarnos tan exactamente como sea posible, porque entonces podemos ayudar mejor cuando otros necesitan ayuda y no están en absoluto conscientes de necesitarla.
En septiembre de 1952, el psicoanalista Dr. Lawrence S. Kubie, se refirió en un artículo en el boletín de la Academia de Medicina de Nueva York, a la necesidad de una psiquiatría preventiva. Él postulaba que se debería instruir sistemáticamente tanto a los médicos como a los aficionados, para que los síntomas de problemas ocasionados por una fijación pudieran reconocerse y tratarse lo más pronto posible.
El Dr. Kubie describe el caso de una muchacha de 11 años, que fue llevada al hospital atacada por dolores estomacales persistentes. Un internista estableció que los problemas aparentemente habían sido producidos por causas mentales o psíquicas. Por eso recomendó dejar a la muchacha al cuidado de un psiquiatra para ser tratada. Pero eso no ocurrió, y los dolores estomacales volvían una y otra vez en los años siguientes. Hasta la edad de 25 años la paciente tuvo que soportar nueve operaciones en el abdomen y recibir en total 5.600 horas de tratamiento médico. Como los médicos todavía no habían encontrado ninguna causa corporal para sus molestias, ella fue finalmente donde un psiquiatra. Pero ya era demasiado tarde para reparar los daños ocasionados o para restablecer a la paciente hipocondríaca sin remedio. El Dr. Kubie diagnosticó enfáticamente que de ningún modo se trataba de un caso anormal. Con eso él explicaba la necesidad de la psiquiatría preventiva.
Con un sencillo examen que Kubie puso en manos de los médicos, se puede establecer si un paciente sufre de problemas psiquiátricos. “Mientras un paciente acepte y aplique un consejo basado en el sentido común, no está tan enfermo. Pero si el paciente no acepta el consejo, entonces está enfermo y necesita rápidamente ayuda médica”.
Ciertamente la mayoría de las veces hemos hablado de enfermedades, pero el bloqueo del camino puede repercutir también en otras dificultades igualmente opresivas. En lo que se refiere a bienestar general, vida feliz y éxito, nada puede actuar en forma tan destructiva que estar separado del Yo superior y tener que prescindir de su ayuda y dirección. Para nosotros mismos y para otros deberíamos hacer todo lo posible para llegar a tener un pleno contacto normal y mantenerlo. Una ayuda para lograr ese propósito es la clasificación siguiente. Se espera que ésta entregue una visión global de las causas de los diferentes tipos y niveles de bloqueo del camino. (1) Bloqueos que sabemos que tal vez tenemos, que se basan en nuestros sentimientos de odio y miedo, en la codicia y en la intolerancia, por los que nos hemos dejado conducir en nuestras acciones y que producen sentimientos de culpa en nosotros, porque sabemos que nuestra vida no es tan perfecta como debería ser. Nosotros parecemos no poder deshacernos de esos sentimientos de odio, de esos miedos y de las otras “tentaciones” que nos impiden obedecer a la llamada
superior o a las enseñanzas religiosas o morales, que en el fondo reconocemos como buenas, correctas y razonables.
(2) La segunda clase de bloqueos del camino hacia el Yo superior abarca la parte que tiene el Yo inferior, por medio de su tipo de reacciones, de las mismas ideas de miedo y codicia y especialmente de sentimientos de culpa, que se originan a través de que cedemos frente a los impulsos de “pecados”. Porque el Yo inferior no tiene lógica, posee confusas estructuras de fijaciones y complejos o racimos de formas de pensamientos de muchos recuerdos de tiempos en que la persona respectiva odiaba, tenía miedo, era codiciosa, hostil, etc. Como todos nosotros por naturaleza tendemos a justificar nuestros actos, aunque interiormente sepamos que éstos no han sido buenos ni amables, el Yo inferior adopta todas las justificaciones del Yo medio. Pero como éste guarda sentimientos de culpa, eso no le es suficiente y sigue trabajando con las ideas de codicia y con los recuerdos de las malas acciones; profundamente en un “saco negro” clasifica y examina sus experiencias y trata de encontrar mejores justificaciones. Al final se originan grupos de fijaciones, que si se les toca, salen a la superficie en forma explosiva como reacciones e impulsos emocionales y nos inducen a acciones o palabras amargas que producen dolor y que solamente nos ocasionan más preocupaciones.
Los bloqueos de ese tipo a menudo se descargan cuando es afectado nuestro orgullo, el sentimiento de nuestra importancia personal o la estructura de los argumentos falsos, con los que tratamos de justificar la injusticia. En ese estado se puede en general, por medio de autoanálisis o con ayuda de un amigo, llevar a la consciencia la causa del bloqueo y despejar nuevamente el camino.
(3) La tercera clase abarca fijaciones profundamente arraigadas, de las cuales sólo es posible acordarse con ayuda de un médico o de un psicoanalista. Muchísimo más que en las dos primeras clases, se muestra aquí la tendencia a que aparezcan enfermedades corporales, bajo la presión de la fijación. Si el irritado Yo inferior no encuentra suficiente relajamiento en la enfermedad corporal, se pueden agregar también síntomas neuróticos y psicóticos. Tales fijaciones pueden, como ya se ha dicho, provenir de vidas anteriores, de la fase embrionaria o de la primera infancia; pero también pueden haber sido causadas por efectos de conmociones psíquicas o corporales, con las cuales se ha enredado la estructura de los recuerdos.
(4) La cuarta clase se observa solamente en la doctrina HUNA y en aquellos pasajes de la Biblia que se basan en ésta. Las enfermedades corporales y mentales de esta clase, provienen de la influencia de seres espirituales ajenos. La designación moderna para estas enfermedades es “disociación de la personalidad”. Según la doctrina HUNA, se trata de seres espirituales que se adhieren a personas vivas y en su mayor parte viven del Mana de la víctima. Tales seres espirituales están en condiciones de implantarle ocasionalmente a la consciencia del Yo inferior de sus víctimas sus propias ideas y sobre todo sus propias emociones o estados de ánimo.
También hay que pensar en las causas corporales de sufrimientos emocionales y enfermedades mentales leves o graves. Toxinas en el cuerpo, disturbios en el funcionamiento de glándulas, enfermedades cerebrales o del sistema nervioso, tienen que ser tratados por un médico.
Con el trabajo de la HRA se comprobó que muchos de los tests psicológicos que actualmente se encuentran a menudo en libros o revistas, se pueden utilizar bien para establecer si han existido fijaciones o “acompañantes comedores” y en qué medida han determinado el matiz de la vida. (En efecto, justamente aquellas personas cuyo camino está fuertemente bloqueado, son las que menos saben acerca de su estado. Muchas veces creencias o formas de reacción arraigadas frente a determinadas ideas o situaciones, van de la mano con fijaciones, de manera que es difícil quebrantar el apremio de aquellas costumbres. Por eso, todas las costumbres sólidas deberían ser examinadas con exactitud e incluso cautelosamente).
Todos esos tests psicológicos se basan en formas ideales de reacción frente a determinadas condiciones y situaciones, formas de reacción que de acuerdo con la experiencia han demostrado
ser favorables para el individuo, la familia y la sociedad. Si se comparan las propias reacciones con las formas de reacción presentadas en los tests, a menudo se puede descubrir si existen fijaciones y en qué medida nuestra forma de pensar y de actuar se aparta de la norma ideal, a causa de la influencia de aquellas fijaciones. A continuación se resumen los puntos principales de diferentes tests que en el trabajo de la HRA han resultado ser valiosos.