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Memoria personal del tiempo
después de ir a los Salesianos
Herminio Otero (Coord.)
Grupo Astudillo66
Publicaciones del grupo Astudillo66
1. Confi(n)ados [25 de abril de 2020. Tercera edición]
2. Cuando yo era niño [24 de mayo de 2020. Segunda edición: 8.6.20] 3. Cuántas veces en la vida [12 de octubre de 2020. 2ª edición: 15.10.20] 4. Historias de Las Salinas [De próxima preparación]
5. La primera vez [En proyecto]
6. Las canciones de nuestra vida [En proyecto]
BERNARDO ALONSO ALONSO
JESÚS ÁLVAREZ PRADA
JERÓNIMO ANDRÉS DE LA RED
JUAN ARCE VIDAL
JOSÉ ANTONIO ASTORGA PLAZA
GONZALO DE BERNARDO PÉREZ SDB CASIMIRO BODELÓN SÁNCHEZ
EMILIANO CABEZÓN MERINO
ÁNGEL CARVAJAL CARRERA SDB JESÚS MARÍA CASTAÑO DE LEÓN
RAFAEL CASTRO VEGA SDB JESÚS MARÍA CASTAÑO DE LEÓN
MANUEL ÁNGEL CELADA OLMEDO
JESÚS GREGORIO CHICO BAJO
PEDRO CHICO BARREALES SDB FÉLIX ESTEBAN ESCOBAR MARTÍNEZ
MANUEL FERNÁNDEZ LÓPEZ SDB SENÉN FERNÁNDEZ LÓPEZ SDB JAVIER FERNÁNDEZ PEREIRA
VICTORINO GARCÍA ÁLVAREZ
CARLOS GARCÍA GEIJO
ÁNGEL ANTONIO GETINO LLAMERA
EUGENIO GONZÁLEZ DOMÍNGUEZ SDB
ESTEBAN GRIJALBO OBESO
CARLOS MARÍA LABARTA TAPIA
ELEUTERIO LOBATO GONZÁLEZ SDB CARLOS LÓPEZ GUTIÉRREZ
LAURENTINO LÓPEZ REDONDO
ISIDRO LOZANO LOZANO SDB VÍCTOR MARTÍNEZ PAREDES
PEDRO MERAYO MÉNDEZ
JOAQUÍN NIETO ISIDRO SDB HERMINIO OTERO MARTÍNEZ
ÁNGEL PELLITERO SANTOS SDB BENITO PÉREZ HENARES
AMANCIO PRADA PRADA
JOSÉ RAMÓN RODRÍGUEZ LAGO
ALFREDO ROSCALES OLEA
VIRGILIO RUBIO LÓPEZ
JOSÉ MARÍA SANTAMARÍA JAMBRINA
JOSÉ ÁNGEL TOLEDANO NAVA
ÁNGEL TÉLLEZ SÁNCHEZ
FRANCISCO TRINIDAD
JOSÉ ANTONIO UÑA SEIJAS
MATÍAS VALLEJO ROMERO
Publicación en PDF. Edición no venal. Foto superior: Cursos de1963 a 1965 Primera edición: 12 de octubre de 2020. Segunda edición: 15.10.20
© de los autores. Corrección: Julio Revilla
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Antes de que se agranden los huecos de la memoria queremos posar nuestra mirada en la cernada de nuestra común infancia salesiana y aventar las cenizas para descubrir las ascuas que sin duda –y como se ve en estas colaboraciones– aún siguen muy vivas, aunque cada vez más difuminadas por el paso de los años. La letra de la canción que da origen al título de esta obra dice: ¡Cuántas veces en la
vida Cambados tiene que ser como una ilusión perdida, como una gota de miel!
[Véase en la colaboración de Jerónimo Andrés (página 19) el origen de la letra puesta a una tonadilla italiana]. La canción se centra en Cambados, donde la mayoría pasamos tres y algunos cuatro años, pero también estaban Astudillo y
Celanova para el primer curso (e incluso dos grupos que estuvieron un año en Medina) y Allariz para el segundo curso. Los coadjutores tuvieron la formación
inicial en Herrera de Pisuerga.
La propuesta [véase en la página siguiente la convocatoria o sentido de la
publicación] no quiere ser un ejercicio nostálgico de regreso a épocas pasadas sino
una ayuda para descubrir las raíces que nos han configurado y que sin duda han dado fruto a lo largo de nuestra vida. Parece que la alteración de ciertas áreas del cerebro, especialmente las de la memoria autobiográfica, hace que a la hora de la muerte se vea el desplazamiento de la vida con la visualización de algunas escenas del pasado. Nosotros pretendemos hacer en vida un breve recorrido de esa memoria autobiográfica, especialmente centrada en los años de la formación inicial.
La propuesta se hace a través del grupo Astudillo66, cuyo curso inició su formación en 1960, hizo el noviciado en 1965-66 y salió al trienio en 1969. Se formó, pues, a lo largo de la mágica década prodigiosa, una década que sin duda marcó también su formación, lo mismo que la de los cursos de alrededor. Precisamente 16 participantes en esta publicación pertenecen a ese grupo, al que se añaden 11 de cursos anteriores y 9 de cursos posteriores. Contamos también con la participación de media docena de superiores (un director y cinco clérigos más otros tres que aluden a ello pero se centran en el aspirantado). Desgraciadamente otros muchos superiores han ido desapareciendo. Y al final no hemos podido contar la colaboración de Nicolás Ruiz (88 años) y de Paco Chomón, que de palabra me dijo: “Los años de trienio de Cambados fueron los años más felices de mi vida. Recuerdo especialmente mi dedicación al teatro”.
Toda la siembra, muy bien planificada por una experiencia de siglos, ayudó a una educación invisible que fue impresionando poco a poco nuestras vidas infantiles y adolescentes con una espiritualidad del siglo XIX aunque dulcificada por la experiencia de Don Bosco pero recargada por la vivencia de la postguerra española que tenía consecuencias en una disciplina marcial. Llevábamos estilo de vida monacal que poco a poco fue rompiéndose con la entrada de los aires de los 60, década prodigiosa en la que hubo un Concilio (1962-1965), irrumpieron los Beatles (1965 en Madrid), murieron Kennedy (22.11.63) y Martin Luther King (4.4.68), se celebró el mayo francés del 68 y el hombre llegó a la luna (29.7.1969).
Ahí estábamos nosotros, casi sin enterarnos, pero viviéndolo de alguna forma. Y al final fuimos distintos. Para bien y para mal. Y aquí estamos, por lo general muy agradecidos, a lo que entonces recibimos, fuimos y vivimos.
Herminio Otero
CONVOCATORIA [SENTIDO DE LA PUBLICACIÓN]
Después de la aparición de CONFI(N)ADOS y de Cuando yo era niño, propongo una nueva publicación en la que sigamos profundizando sobre nosotros mismos y resumiendo lo que hemos vivido y qué influencia ha tenido en ello la formación que tuvimos en los salesianos. Y ahora, que todavía estamos sin movernos mucho, os propongo lo siguiente:
Propuesta: Preparar una publicación sencilla con la participación de todos los
que quieran, que enviaremos al final a todos en PDF, como hicimos con
CONFI(N)ADOS y Cuando yo era niño.
Disculpa: Muchos –extrañamente no todos– hemos cantado una canción que
decía: Cuántas veces en la vida / Cambados tiene que ser / como una ilusión
perdida, / como una gota de miel… / Ilusiones por siempre ilusiones / que el tiempo las mata / con guadañas de oro / y con hoces de plata. / Ilusiones por siempre ilusiones / que robáis el alma y los corazones.
Nos fijamos en el primer verso.
Tema: Se trata de concretar cómo vemos ahora en qué ha resonado en nuestra vida (personal, familiar, profesional…) la formación que tuvimos en los años iniciales (aspirantado, noviciado, filosofía…, cada uno hasta donde haya llegado).
Podemos hacerlo a partir de alguna anécdota, recuerdo de alguna persona
(superiores, compañeros), un hecho concreto o rasgo repetido, frase o pensamiento de alguien, canción… Cada uno lo que quiera.
En ese sentido se pueden incorporar datos de la vida posterior de cada uno, siempre en conexión con el recuerdo de la formación. No se trata de escribir un autobiografía sino de recalcar alguna dimensión que cada uno quiera destacar. [Recordad, además, que, para quienes pasamos por Medina, habrá otra publicación con recuerdos –sin más– de Las Salinas. Por lo tanto es mejor centrarse en tiempos anteriores].
Una sugerencia: El inicio puede ser para todos: “Cuando yo fui a los salesianos…” El final lo vamos a dejar libre en esta ocasión, pero quienes lo
deseen y si están de acuerdo– pueden terminar con algo así como: “Y por todo
ello estoy muy agradecido a los Salesianos”.
Extensión: Cada uno escribe lo que desee. Es suficiente con una o dos páginas.
Mejor que no sean más de cuatro páginas.
Fotos: Conviene adjuntar alguna foto, tanto de los tiempos de formación como,
sobre todo, de nuestra vida profesional posterior. Es importante poner un pie.
Modo de envío: Podéis enviarlo a mi correo (no al del grupo):
[email protected]. O a mi teléfono, por wasap: 609267686. También los textos o las fotos se pueden enviar por wasap. Si alguien no tiene internet, puede escribirlo a mano, sacar una foto y enviármelo. También se puede enviar por mensaje hablado. Yo lo transcribo. Si alguien necesita aclarar algo, que me lo diga y yo le llamo.
Fecha: 7 de julio. [Por el COVID-19 y el verano se fue retrasando hasta el 30 de
septiembre de 2020]. Yo seguiré dando cuenta de los que voy recibiendo para… envidia y acicate de los demás.
Participantes: Todos estáis invitados. Después de las dos experiencias
anteriores veis que no es tan difícil. Además aquí podemos aprovechar para decir los datos que queremos y que los demás no conocen.
Título. Cuántas veces en la vida.
Edición: Yo me encargaré de editar y preparar la publicación y convertirla en PDF
LUGARES
Para quienes no hayan sido protagonistas de estas historias –y también para todos nosotros– recordamos que en Cambados (Pontevedra) hubo aspirantes desde 1947 hasta 1997. Astudillo (Palencia) fue el aspirantado de la Inspectoría Céltica desde 1942 hasta 1947, y de la León desde 1947 hasta 1973. Y fue noviciado desde 1957 a 1973 y, más tarde, desde 1981 a 1992. También fue filosofado un año (1959-1960). En Allariz (Orense) hubo aspirantes desde 1955 hasta 1975, y en Celanova (Orense),
desde 1959. Este colegio se cerró en 1967. Incluso en Medina del Campo (Valladolid) hubo aspirantes durante los dos primeros años [1959 hasta 1961], aunque fue especialmente filosofado (1960-1979). En Herrera de Pisuerga (Palencia) los coadjutores tuvieron la formación inicial desde1959. El colegio se dejó en 1969.
EXPLICATIO TERMINORUM
Para quienes no hayan sido protagonistas de estas historias señalamos también el significado de algunas palabras
• Aspirantado: Periodo de formación antes entrar en el noviciado. A quienes lo seguían se les llamaba aspirantes.
• Superiores: Son todos los religiosos en la casa. Nótese que llamamos casa no convento, comunidad o colegio. Y nótese también que a los superiores nunca se les llama padre (excepto al padre maestro de novicios, como designación general) o hermano, sino por su nombre precedido de don delante del nombre o señor delante del apellido.
• Encomiendas: Inspector equivale a provincial religioso (Tiene su orígenes en Don Bosco, que fue el primer Rector Mayor). El encargado de cada casa es el director. El prefecto era el encargado de la economía y el consejero era el encargado de la disciplina. El catequista se encargaba de coordinar las actividades religiosas (después se le llamó pastoralista). • Coadjutores: Religiosos que no se ordenan de sacerdotes. Tenían un
currículum especial más centrado en profesiones técnicas.
•
Clérigos: Religiosos en prácticas después de estudiar la Filosofía y antes de ir a la Teología. Se les llamaba también trienales porque las prácticas duraban un trienio (tres años).•
Asistente: Encargado de un grupo de clase. Como el actual tutor, pero más.Escudo del colegio. Vidriera en la iglesia de Cambados.
DATOS PARA LA HISTORIA
Para acercarnos a Astudillo podemos ver la publicación de Ángel Martín y Cipriano San Millán Astudillo. Aproximación a la historia salesiana de un pueblo castellano, Inspectoría Salesiana de León, 1981. [Se puede ver todo el libro aquí]. Ver sobre todo el capítulo 9, pp. 336-379.
Un breve resumen de la historia de Allariz, que fue aspirantado de 1955 a 1975, se puede ver aquí. Y podemos encontrar un resumen sencillo de la historia de Cambados en Anxo Martínez, “De casa de monjes a colegio mixto”, Faro de Vigo (20.10.2008), cuyo original completo se puede ver aquí. E Ildefonso García Nebreda espera enviar a la imprenta la Historia del colegio a principios de 2021. También en la publicación A los 50 años. Revista conmemorativa de las Bodas de Oro de la Inspectoría de Santiago el Mayor de León (1954-2004) se puede ver un resumen de la historia de las casas de Allariz (pp. 22-23), Astudillo (pp. 24-25) y Cambados (pp. 26-27). Ver el archivo en PDF. Y reproducimos la placa que se encuentra en la sacristía de Cambados para ver de un golpe los datos de esta casa:
PAZO DE SERANTELLOS Y DOÑA DOLORES
“En una esquina del jardín del colegio de los Salesianos hay un banco y una mesa de piedra en la que, según la tradición, hace cuatro siglos los monjes de un priorato dependiente del monasterio de Armenteira cobraban los impuestos a los agricultores de las aldeas del curso bajo del río Umia. El edificio central de este centro educativo de Castrelo (Cambados) empezó a construirse en agosto de 1948. Pero la historia de esta finca se remonta mucho más atrás. Una lápida que aún se conserva indica que la edificación más antigua se concluyó en 1666, y que se corresponde con lo que luego fue el pazo -una pequeña construcción situada a la izquierda del colegio-, y en la que tendrían sus habitaciones los monjes del priorato”. (ANXO MARTÍNEZ, Faro de Vigo, 21.10.2008)
Escalera de entrada a la parte posterior del pazo. Y puerta de salida del pazo, junto a la capilla. Véase en esta imagen el banco y la mesa.
Doña Dolores del Valle (en el centro), acompañada de su madre Lucía Bechade (a la derecha) y de su hermana María (a la izquierda) y del esposo de esta, Enrique. Detrás, don Vicente Ríos y don Olegario Salán. Al fondo, el invernadero. Foto aparecida en “Dolores del Valle Bechade. A Francesa”, Cienfollas de artes e letras, 2, Cambados, 2020.
José R. Pacheco (a la izquierda) fue el último inspector de León (2006-2014) antes de la reunificación de las inspectorías. A su lado Herminio Otero, Manuel Cachaldora y Senén Fernández en Cambados en el
EL ENTORNO DE CAMBADOS
La ría de Arosa (arriba) y la desembocadura del Umia, con marea baja, y La roca como lugar mágico a poca distancia del colegio de Cambados-Castrelo (abajo).
Documento entregado a cada aspirante para preparar el ingreso en el aspirantado (En este caso, a Herminio Otero, número 28, para el curso 1960-1961). “No sé cómo con tan poco se pudo hacer tanto”.
HERMANOS
SALESIANOS
Bernardo Alonso Alonso
Allariz, Cambados, Astudillo, Medina, Coruña, Salamanca, Madrid… (1958-1996)
[
Ver currículo
]
Hemos nacido y crecido en la fraternidad universal de los hijos de Dios, en la donación generosa de nuestra vida, recibida como don gratuito, a repartir para todos igual, solo más a los más pobres y necesitados.
En el ámbito de nuestras comunidades, hermanos para siempre, vivimos como partícipes de otras muchas fraternidades en red, conexionadas en vivo por entre por todos los pueblos de todas las culturas. Estando enclaustrados en Astudillo o entre los pinos de Medina, abrimos nuestras ventanas a compartir los cielos de Venezuela, Japón y Senegal o Zaire. Es la Humanidad abierta del cristiano salesiano, vivida en Don Bosco.
Desde que salimos de nuestros pueblos o, en mi caso, desde la recién estrenada estación de Zamora hace 62 años, con Vitín y Narciso, fuimos encenizados con la carbonilla del tren atravesando los 99 túneles hasta Orense para llegar a Allariz, por hatillo la maleta de cartón que duró hasta Salamanca, quince años después. Yo mismo he convivido y conmorido en más de veinte ciudades de tres continentes con más de diez
mil destinatarios, como digo, de 6 a 66 años, ocupado solo en repartir lo recibido, en sembrar sin mirar el surco atrás, sin esperar a ver crecer la semilla. Nuestro devenir personal lo tomamos como un proceso de impregnación comprometidos con nuestros destinatarios que no tomamos como nuestros sino nosotros de todos. Esto lo ha propiciado nuestro sentido de familia extendida sin limitaciones, de humanidad solidaria.
Hemos vivido solos encarnados en todos. Soledad comunitaria, también yo mismo ahora, que utilizo, pero no necesito las redes sociales para sentirme unido a Chavarín y a Nadia en Tlaquepaque a Manolo en Roma, a Felipe en la Pagoda [desde el curso pasado en la Procura, y ahora en León], a las intrépidas hermanas salesianas en la Kafubu, A Tony en las Viñas, a mosén Joan y a Juanito en el Carmelo de Barcelona.
Una especia yo solo añadiría a la receta de nuestra formación. Hemos aprendido que existía el mal solo al estudiar libros de moral y solo para perdonar, no para detectarlo, denunciarlo y combatirlo. Pero el mal es enemigo del bien, y no se rinde por sí mismo; se propaga implacable y cruel, como este virus.
Se nos ha inculcado hacer el bien, decir la verdad, pero no hemos ejercitado la lucha contra mal y la mentira. Quizá por eso nos ha pillado a traición desprevenidos ante
Bernardo ante el lago Tahoe (USA).
sacude y desgarra una gran rama de nuestro árbol esparciendo al viento sus frutos ya maduros. Hijos y herederos de mártires héroes, nunca supimos de sus verdugos. Don Lucas Pelaz [nuestro padre maestro] contaba el fervor de los hermanos a quienes llevaba los últimos sacramentos en checas antesala de las cunetas y no pescudábamos de que hubiera asesinos, admirábamos el riesgo que sorteaba y eludía mentar a los agentes del mal.
Y es que estamos hechos para el bien. De cada uno de mis hermanos me digo que es la mejor persona con quien he vivido, siga en pie o haya sido llamado por Dios. Eugenio, Modino, Eusebio, Egozcue, Isidro, mirando hacia arriba en los más próximos. Ángel de Carabanchel y más Ángel del Vaticano, en los más jóvenes. Nuestros padres don Rubuano, don Agustín Benito, don Emilio Corrales, Salvador, tan mejores que como los no nombrados, cada uno la mejor persona con quien he convivido. Me afloran los nombres a borbotones y todos los siento personalmente en el pico de la curva de la excelencia. Hechos de bondad maciza, amasados y esculpidos en el trabajo, la entrega abnegada, la alegría. Porque congelo las imágenes de nuestra vida, y siempre se fijan en una sonrisa, o una risa a carcajadas, y es que hemos sido felices, y hemos dado felicidad. Se nos contagió la alegría desde niños zamoranos vecinos de los Bloques, o venidos de Rabiche, o la plaza los Ciento, con aquella farándula gloriosa de coadjutores en el oratorio de la Universidad Laboral de Carlos Pinilla: don Orestes, Germán, con los que siempre asocié a Machado y Cayetano, por nombrar solo algunos.
Vivimos como eremitas comunitarios, anacoretas en el mundo. Pobres que solo tienen para dar, castos para solo querer, obedientes para la misión encomendada y asumida. Humildes orgullosos de lo recibido y entregado. Fecundos para criar todos los hijos de Dios.
Nuestra planta solo pudo crecer desde el vivero de nuestra familia natural, mis padres Jesús y Eufemia, mi hermana mayor, mi hermano, las tres pequeñas, la abuela Carmela, todos en un piso de 40 metros cuadrados donde ya no caben los hijos de los hijos de mis hermanos.
Sigo descifrando una fichita que se me confió con un lema, tautología o revelación sublime: “Si el vivir solo de Dios te lleva a la vida de Dios solo, solo la vida de Dios solo te procura el vivir solo de Dios”, para los demás. Esta es la clave. Concentración personal para la efusión universal, un retiro
que es un vuelo a cielo abierto.
Los hermanos que nos preceden ahora, son fruto maduro, que se entrega, para rebrotar… Feliz de ser salesiano para siempre, agradecido a Dios y a los hermanos, que espero me esperen un poquito más.
Bernardo Alonso Alonso Villarrín de Campos (Zamora),
15 de abril de 2020 Bernardo con voluntarios de Querétaro en una familia Oaxaca (1990).
LOS QUE SALIMOS DE LA GRAN FÁBRICA
Jesús Álvarez Prada
Allariz, Cambados, Astudillo, Medina, Llaranes, Salamanca, León CHF, Madrid (1958-1977)
Cuando fui a los salesianos, el 8 de septiembre de 1958, se cierra una etapa de mi vida y se abre otra. Ese día, lentamente, muy lentamente, un numeroso grupo de jovencitos de unos 12 años, del que formo parte, acompañados por sus padres, el padre por lo general, sube al Shanghái en Ponferrada: Alfredo y Balboa, de Cacabelos; Manuel Tahoces, Jesús Merayo, José López; Constantino, de Arganda; Luis, de Baber; Lisardo, de Magaz… y alguno más que no recuerdo. Además de nuestro padre o madre, nos acompaña una maleta, un baúl y un colchón de lana convenientemente enrollado y atado con cuerda de pita.
El grupo se incrementa en cada estación hasta llegar a Orense, tras ocho horas de viaje. La cuadrilla de triste-alegres jovencitos, ayudados por su progenitor, se van ubicando en el autobús que les esperaba para llevarlos hasta Allariz: su punto de destino.
Una hora más y empezarán una muy distinta vida: aspirantes salesianos, aunque ellos todavía no lo saben. Lo irán asimilando poco a poco hasta quedar impreso en el ADN.
Se nos asigna una cama, y todos mal que bien, nos metemos entre las sábanas confiando en el buen quehacer de Morfeo.
Tras el desayuno del primer día y con el despiste propio de un pulpo en un garaje, nos reparten los cargos. A mí me tocó quitar las telarañas del pórtico (telarañero). Claro está que hasta que supe qué era el pórtico y dónde acudir para hacerme con un palo digno de tal misión, con los correspondientes trapos, se pasó la hora de los cargos y empezó la jornada del estudio.
Antes de subir al estudio nos encontramos a varios chicos de la misma edad que eran del pueblo o alrededores…, aborígenes. Nos dividieron en dos grupos: A y B. De nuevo a discurrir tocan: Qué es eso del grupo A y del grupo B. Unos 30 éramos del A además de un “clérigo”. Un clérigo, pensaba yo para mis adentros, será un cura porque viste como el cura de mi pueblo y como don Rosendo, el cura que me examinó en Cacabelos y me aprobó a pesar de mis fallos con los verbos irregulares. Pues no. No eran curas; eran clérigos: don Isauro, don Mariano y don Benigno. Los curas eran don Luis (el director), don Eloy (el consejero): otra vez el lío en mi cabeza: consejero porque aconseja… Pues no, más bien hace que hagan, y si no hacen, él sí hace… Don Esteban, el catequista, y don Albino, recién expulsado de China, según se oía, y experto músico, amén de confesor y jugador de baloncesto. Un espacio que recuerdo especialmente es el comedor, en la casa vieja. Era un espacio grande, con vistas a la calle, suelo de madera y con “respiraderos" para la planta baja, habitada, parecía, por gallinas, conejos y sabrosos cochinillos… según se oía.
Muy pronto descubrimos otra utilidad de los “respiraderos”: compartir parte de nuestra alimentación con los menos exigentes comensales de la planta inferior. Su plato preferido era, o parecía ser, la sopa de lechuga que nosotros les hacíamos llegar por vía aérea.
Los jueves, bajo la tutela del Clérigo asignado, don Isauro, creo recordar, salíamos de paseo por los alrededores. La búsqueda de uvas, terminada la vendimia, y de castañas, terminada la recolecta, nos mantenía dentro de las normas que abrían las puertas de los viñedos y de los castañares.
Allí pasé los dos primeros cursos de bachillerato; 3º, 4º y 5º los cursamos en Cambados.
El colegio de Cambados estaba ubicado, y sigue estando, en un lugar de privilegio, rodeado de grandes árboles, arbustos, frutales, viñedos… El mejor albariño, dicen los expertos, sale de la bodega de los frailes de Castrelo. Dicho sea esto en homenaje a don Luis Ordóñez.
Y vuelvo sobre los cargos. En la rutina diaria los cargos eran un factor importante, desarrollaban las habilidades que tenías o adquirías unas nuevas, aparte de colaborar en las tareas de mantenimiento y a su vez hacer equipo.
Algunos ejemplos de cargos eran los de zapatería, peluquería, refitolero, electricista, encuadernador, pocero, brigadista… En la distribución de cargos a mí me tocó ser el encargado de la sacristía e iglesia. Esto me permitía estar exento de la recolección de la remolacha y de cualquier actividad que me distrajera de lo esencial.
Cambados fue para mí un ejemplo de solidaridad. Éramos un equipo en todos los sentidos, tanto para trabajar, como para discutir o hacer cualquiera de las actividades diarias. Uno de mis recuerdos más nítidos es la caída mientras vendimiábamos. Estábamos vendimiando, entre otros, Ángel Gómez, Eduardo Blanco, Ramón Azofra, Felipe Bandera, Bernardo Alonso… y yo.
Para llegar a las uvas y poderlas vendimiar usábamos dos bidones y
encima poníamos un tablón de andamio a modo de pasarela. Ángel Gómez, de improviso, se puso a balancear el tablón… y el que suscribe dio con sus huesos en el suelo, con tan mala suerte que al chocar con una piedra me rompí el húmero del brazo izquierdo…
Esa caída me supuso estar 45 días fuera del mundanal ruido, viviendo en otro pabellón junto con Antonio Estébanez y Luis Ordóñez. En estos días de minusválido temporal sólo me dedicaba al estudio y a la holganza pues estaba exento de cualquier otro quehacer, por llevar un aparatoso cabestrillo en avión. Otro recuerdo pero más doloroso y significativo fue enterarme de la muerte de mi hermano pequeño. Yo tendría más o menos catorce años y él ocho. Un día, el director, don Justi, me entrega una carta de mi padre donde me dice que mi hermano pequeño, al que llamábamos “el niño”, estaba muy grave. Todavía me emociona recodarlo y me resulta difícil expresar los sentimientos que me embargan. Más o menos a los tres días el director me vuelve a dar otra carta de mi padre donde me anuncia que mi hermano ha fallecido. En esos tiempos en los que las comunicaciones no eran fáciles me tuve que conformar con lo que mi padre me escribía y el consuelo que me ofrecían los compañeros, los clérigos, el consejero, el director y los coadjutores. Gracias a ese apoyo pude ir superando, no sin cierta dificultad, el dolor que aquella circunstancia me produjo. Y así fui aprendiendo a superar las dificultades con la ayuda de quienes me rodeaban.
Mas recuerdos: Con ocasión de la inauguración del Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1962, todo el colegio fue de paseo largo a la otra parte de la ría… Fuimos en barcas y regresamoshasta Cambados y, desde allí, andando hasta el colegio. Y yo con el artefacto del que no podía librarme. Al final de ese suplicio… y tras la labor de rehabilitación, que me hacía don Antonio Estébanez, hubo recompensa pues mi brazo quedó como si nada hubiese ocurrido.
Un hito que dejó nuestras huellas en el entorno, ahora llamado medio ambiente, fue la plantación de 1.000 árboles, pinos y eucaliptos fundamentalmente llevada a cabo en la finca que había frente al colegio. De esa brigada, capitaneada por don Justi,
Cambados, siempre rodeado de viñas
sólo recuerdo formando parte de ella a Gerardo Marcos… La memoria ya va teniendo sus huecos, a ver si alguno de los que leéis esto lo podéis completar. Todo, en Cambados, estaba orientado hacia una única meta: el noviciado. Y a Astudillo nos fuimos. No recuerdo a qué hora llegamos, pero sí recuerdo la pésima iluminación del convento de las Clarisas y sus edificios cercanos. Recuerdo que un novicio de los que terminaban se dedicaba a ir apagando las luces que otros descuidadamente habían dejado como se las encontró, encendidas. A este diligente novicio don Nicolás Ruiz, que nos había acompañado, le llama y le dice:
–¿Por qué no pides una escalera y quitas las bombillas? Sería un ahorro mucho mayor.
El novicio bajó la cabeza y se alejó.
Y los frutos de nuestro paso por Cambados, Astudillo y otros lugares son fácilmente contrastables: los que salimos de la gran fábrica fuimos profesores universitarios o de enseñanzas medias o maestros, directores de grandes colegios, médicos, directores comerciales, abogados, secretarios judiciales, obispos –Segismundo Martínez (novicio en 1961), Julio Parrilla (novicio en 1966)–, cantautores… O sea un popurrí que ha ido dejando la huella salesiana por donde ha pasado. Esto y más se fraguó en Cambados.
Después, en mi caso, ya se sabe: director de un colegio de 4 líneas durante los últimos 22 años… antes de jubilarme. Y por fin jubilado ilustre haciéndose amigo del Sr. Parkinson a tiempo completo.
Jesús Álvarez Prada
Majadahonda (Madrid), 20 de septiembre de 2020
Imposición de sotana del curso de Jesús (él, arriba a la izquierda; al otro lado, Felipe Bandera) con una larga fila de representantes jerárquicos y profesores de Cambados. Don Juan Antal en el centro, entre don Emilio Corrales, inspector, y don Sabino, párroco de Astudillo.
SALESIANO COMO DON BOSCO
Y LOCO COMO DON QUIJOTE
Jerónimo Andrés de la Red
Astudillo, Cambados, Astudillo, Medina, Cambados, Salamanca, Cambados, Vigo, Madrid, Zamora, Colombia, Masaveu… (1954-1985)
Trienio en Cambados (1962-1965) y catequista (1969-1971)
Amigo Herminio: Llega el día 30 de septiembre y otra vez seré el último en enviarte estos apuntes. Los envío por ser vos quien sois, pero no tienen mayor importancia. De mi aspirantado en Astudillo tengo buenísimos recuerdos. Fui en septiembre del año 1954. Aquel año habían canonizado a Domingo Savio. Así que aquel curso estuvimos muy marcados por esta devoción, las visitas a su altar, las Compañías de la Inmaculada, el Santísimo, etc. Teníamos de clérigo, entre otros a don Francisco García, buen amigo mío desde entonces.
Al principio de aquel curso, durante el mes de octubre, sufrimos una epidemia de paperas que luego se agravó siendo difteria. El colegio se convirtió en hospital de campaña con médicos y enfermeras que llegaron de Palencia y hacían la guardia noche y día. Murió un aspirante en Astudillo y otro murió en Palencia. Don Paco García te puede contar más. Los superiores disimulaban muy bien la gravedad, pero la situación fue gravísima.
Nota del editor: Hablo con don Paco García y me confirma:
“Ese mes de octubre fue fatídico. La enfermedad se originó con alguno que venía de casa con paperas… La cosa se puso muy mal. Se llamó al inspector con la intención de repartir a los aspirantes por sus casas, pero la Delegación de Sanidad de Palencia lo prohibió terminantemente por el peligro de difusión de la enfermedad. El aspirante que murió en el colegio era hijo único. Los padres lo aceptaron muy bien dentro del dolor que suponía y quedaron muy agradecidos de la celebración que se hizo. Y uno que estuvo bastante mal fue José Martín Villaverde –le llamábamos Pepito–. Estuvo muy grave en la enfermería de Astudillo y se le llevó unos días a Palencia al Hospital. Ahora está en el centro Don Bosco de León.
Fue un mes muy duro. No parábamos ni de noche ni de día… Don Rosendo, el director, me había encargado de purificar todo lo que se utilizara en la comida: hervíamos los platos y todos los utensilios de la comida. Además de don Rosendo, estaban don Esteban de la Torre de catequista, don Tomás Díez de consejero, don Glicerio de administrador (prefecto), los clérigos Gregorio Aranda y Manuel Izquierdo conmigo, y los coadjutores señor Manero, gran cocinero y actor de teatro, Ivo Díez y José Antonio Alcalde, que después murió en Medina. Y el enfermero don Manuel López Vilches. En noviembre la cosas se fueron normalizando, aunque algunos tenían que seguir cuidándose”.
Al finalizar aquel curso 1954-1955 nació la inspectoría de León, la de Santiago el Mayor. A los aspirantes nos distribuyeron según la provincia donde habíamos nacido. Los de Asturias, Castilla y León y Galicia iríamos a Cambados, y los otros irían a Arévalo. Por vez primera ya sonaba Cambados como un lugar de ensueño. También los de Arévalo querían ir a Cambados.
Los cursos 1955-1957 fueron dos años de ensueño. Éramos pocos y vivíamos en el Pazo de Serantellos. La galería de cristales hacía de todo: estudio, teatro y refugio cuando llovía. Mientras tanto veíamos cómo construían el nuevo colegio. No sé cómo podíamos estudiar con los ruidos de los picapedreros y albañiles, que eran muchos.
Tuvimos lo dicha de tener unos superiores muy sa-crificados, muy trabaja-dores, muy inteligentes, muy santos, que crearon un ambiente de familia y de alegría que es difícil superar. Yo nunca los olvidaré y siempre les he estado muy agradecido. Aquellas excursiones a la isla de Sálvora, los teatros, los paseos, la vendimia del albariño, los rezos en la capilla del
Pazo de Serantellos, los juegos, las fiestas..., todo era fabuloso y lleno de pedagogía para la vida. Todos aquellos buenos salesianos eran fantásticos. No puedo dejar de nombrar a don Vicente Linares, bondadoso y misericordioso confesor con un corazón de oro, y a don Olegario Salan Fernández, nuestro director en aquellos dos cursos.
Don Olegario nos enseñaba muchas canciones, algunas en italiano y alguna en francés que cantábamos en honor de doña Dolores del Valle, la benefactora que donó los terrenos donde está el colegio. Y entre esas canciones está Cuántas veces en la vida Cambados tiene que ser... Yo creo que don Olegario es el autor de la letra. Aquellos años don Olegario soñaba con ir a Agua de Dios, en Colombia, con los leprosos del Padre Variara. Allí estaba el salesiano Fernando Ortega, muy amigo suyo. Don Olegario no hizo realidad su sueño, pues falleció viviendo en la comunidad salesiana de la Universidad Laboral de Zamora donde yo también me encontraba. Yo comprendí el significado de la letra de la canción Cuántas veces en la vida..., lo comprendí cuando en el año 1980 los misioneros del Ariari, en Colombia, visitamos Agua de Dios, la ciudad de los leprosos a donde quería ir don Olegario. Allí se percibía todo el profundo sentido de "ilusiones que el tiempo las mata con guadañas de oro, con hoces de plata... Cuántas veces en la vida Cambados tiene que ser como una ilusión perdida, como una gota de miel". Así lo vivió don Olegario, el autor de la letra, y así lo he vivido y lo vivo yo. Nosotros le
Parte posterior de la iglesia de Cambados. Bajo el coro están los dos confesionarios. (Foto C. M. Labarta)
respondíamos cantando: “Oiga usted, don Olegario / no se vaya a Agua de Dios, / que sus chicos de Cambados / le recuerdan con amor”.
Creo que todo esto tiene mucho de poesía, de existencialismo radical, de quijotismo, de idealismo... Pero también mucha frustración. La realidad se impone y me alegra muchísimo recordar está canción y mi querido MCM [Misioneros con María], que tantas y tan buenas alegrías, ilusiones e ideales han aportado a mi vida y me han ayudado a ser lo que soy.
[Nota del editor: Ante un comentario por el envío de Cuando yo era niño, don Jerónimo me escribió este wasap: "Yo también me acuerdo de todos vosotros. Erais fabulosos. Y yo con el MCM, loco como don Quijote... Fueron años muy felices. No te preocupes por mandarme lo que estás recopilando. Me basta con saber que mis amigos estáis bien".]
De mis años de clérigo y catequista en Cambados fue más de lo mismo. Yo hice el trienio mientras se celebraba el Concilio Vaticano ll, años 1962-1965. Los aires del concilio, la muerte del buenazo papa Juan XXIII, el papa Pablo VI, los estudios de teología muy serenos y profundos, el amor a la Iglesia, las misiones, los jóvenes, etc., todo fue configurando mi identidad. He vivido cada momento y cada etapa de mi vida con bastante intensidad.
Estar en un aspirantado como clérigo y catequista no era fácil en aquellos años del concilio que ya anunciaban los nuevos cambios que se presagiaban. A pesar de todo, con luces y sombras, algo bueno sembramos en la viña del Señor. Nos quedan los buenos amigos como tú, Herminio, y muchos otros, salesianos o no, que juntos hemos hecho y todavía estamos haciendo el camino de la vida.
Todo lo que soy se lo debo a
los salesianos. Don Bosco y María Auxiliadora dan identidad a mi vida y, cuando leo el Boletín Salesiano, lo vivo como mi propia vida. ¿Será por aquello de la canción "...ay por siempre, por siempre ilusiones que robáis el alma y los corazones"? Hasta aquí he llegado y ya está bien. Que todo te vaya bien. Yo estoy bien.
Jerónimo Andrés de la Red
Alcorcón (Madrid), Parroquia de San Saturnino, 24 de septiembre de 2020 Esquina inferior del examen final de dibujo en 4º. Nótese el MCM que acompaña al nombre.
Confirmaciones en Cambados (1970): Herminio Otero (en el atril), Manuel Cachaldora, Jerónimo Andrés, obispo de Tuy, Eleuterio Lobato y Nicolás Ruiz.
Nota del editor: Ya que estamos en tiempo de coronavirus COVID-19, reproducimos la
reseña que se hace sobre la epidemia de difteria en el libro de ÁNGEL MARTÍN y CIPRIANO
SAN MILLÁN Astudillo. Aproximación a la historia salesiana de un pueblo castellano, Inspectoría Salesiana de León, 1981, 304-306.
«El foco de la enfermedad lo trajo un aspirante de la provincia de Burgos. El hecho lo atestigua don Francisco García, entonces clérigo trienal en Astudillo: “Cuando el Sr. Prefecto don Glicerio Santiago, acompañado de otro salesiano, fue al pueblo a comunicar a la madre la triste noticia del fallecimiento de su hijo, ésta le abordó, sin más, diciéndole que no tratara de ocultarle la verdad: que su hijo había muerto de difteria... La razón que le dio fue que, meses antes, le había fallecido de la misma enfermedad una hija pequeña”. El niño, de 10 años, se llamaba Santos Barbero.
La crisis comenzó así: El 28 de septiembre (1954) varios niños caen enfermos aquejados, según el dictamen médico, de anginas. El médico diagnostica no ser, por el momento, caso de gravedad y da varias normas para el tratamiento oportuno.
El niño antes referido, que ha pasado por la noche muy inquieto, es encontrado cadáver a la mañana siguiente. Se avisa a la familia y esta acude resignada. Se le hacen solemnes funerales y se le acompaña al cementerio. El 13 de octubre son vacunados todos los niños contra el tifus. Pero siguen cayendo enfermos más chicos y el médico dice que es de anginas. A dos o tres les aprieta fuertemente la enfermedad. Ante la gravedad que presenta un muchacho, llamado Alberto Vega, don Rosendo lo lleva urgentemente a Palencia. Al verlo el médico teme que no sea capaz de superar la crisis.
En el Colegio siguen cayendo niños en cama. Se les hace análisis de sangre, detectándose que lo que tienen es difteria. Hay 4 muy graves.
Es avisado urgentemente el Sr. Inspector que se persona en Astudillo y ordena tomar las medidas más oportunas. Se hace venir inmediatamente un especialista de garganta, de Palencia: el Dr. Escapa. Hace un reconocimiento a fondo de los enfermos, prescribe un severo régimen de aislamiento de todos los contagiados, receta las inyecciones y medicinas del caso; hace que todos, superiores y alumnos, sean vacunados contra la difteria. El mismo día de la visita del Dr. Escapa se recibe la triste noticia del fallecimiento del niño que fue internado en el hospital de Palencia.
Vienen dos Hermanas de la Caridad de Palencia para asistir a los enfermos. Muchas personas del pueblo se ofrecen a colaborar en los trabajos que exige la profilaxis de la enfermedad... Son días de verdadera angustia y preocupación.
Don Rosendo encomienda a las Claras de Astudillo que hagan especiales oraciones y penitencias para que pase pronto la epidemia. Luego va en compañía del Ecónomo Inspectorial don Joaquín González, en busca de algún Colegio donde poder trasladar a los aspirantes no afectados todavía por la enfermedad. Recorren varios pueblos, entre ellos Paredes de Nava, y no encuentran ningún edificio en condiciones para el traslado. Pero, gracias a Dios, a finales de aquel mes de octubre, la epidemia se cortó y quedó resuelta la grave crisis del Colegio. Los salesianos y el personal sanitario que ha colaborado pueden respirar tranquilos y descansar de las fatigas físicas y morales que ocasionó la infección. El Sr. Inspector permaneció en Astudillo hasta que vio solucionado el caso. Entonces reunió al personal de la Casa y dio una hermosa conferencia. “ [...] El Sr. Escapa, al constatar médicamente la desaparición de la difteria, afirmó que podría haber sido una verdadera tragedia, no solo para el Colegio sino también para todo el pueblo».
“MEMORIA
AGRADECIDA”
Juan Arce Vidal
Celanova, Allariz, Cambados, Astudillo, Medina (1959-1968).
Celanova
Llegué a Celanova en septiembre de 1959, sin haber cumplido los 11 años. Había llegado en el coche de línea “Auto Industrial”, acompañado de mi hermana, 9 años mayor que yo. La primera impresión ante aquel enorme edificio, en parte destartalado, fue impactante; a punto estuvimos de regresar a casa. Los cristales del llamado “claustro do poleiro” estaban todos rotos; los lavabos, más bien letrinas, sucios y atascados... Yo con mi maleta, de aquellas de madera, y mi colchón... La palabra poleiro se utiliza en gallego para designar el lugar donde duermen las gallinas (cuando era monasterio, allí dormían los frailes). Mi ánimo se fue levantando un poco cuando me encontré con Alfonso Quintana, a quien conocía del Oratorio de Allariz.
El antiguo monasterio benedictino fundado por San Rosendo era, en aquel momento, un auténtico galimatías; por una parte había sido cárcel durante la guerra y, en el claustro gótico alto, aún había zonas tapiadas. Era también un centro de “Auxilio Social”, la organización que había fundado Mercedes Sanz-Bachiller, la viuda de Onésimo Redondo, y que estaba inspirada en el “auxilio en invierno” alemán, de la época nacionalsocialista. Estos niños eran huérfanos, abandonados o miembros de familias desestructuradas, eran cuidados por chicas de la Sección Femenina, fundada por Pilar Primo de Rivera; no hace falta profundizar mucho para darse cuenta de la cantidad de problemas que se planteaban a los Salesianos Vista aérea del monasterio de San Rosendo, en Celanova.
para hacer funcionar aquello. Al frente de todo estaba don Andrés Sanz, capaz de aguantar todos los problemas, incluido el mal comportamiento de un miembro de la Comunidad. El aguante de don Andrés quedó demostrado: murió habiendo superado ampliamente los 100 años.
Los llamados aspirantes tuvimos un ángel protector, llamado don Lázaro Revilla Barriuso. Nos daba clase de Latín, clase de Música, y era el asistente en la clase, en el dormitorio, cuando íbamos de paseo, etc... Noche y día con nosotros. Aún me maravilla ahora ver cómo consiguió tener un coro coordinado en dos meses, hacer funcionar el enorme y abandonado órgano del Monasterio y que en las horas de estudio el silencio era tan intenso que se podía percibir el vuelo de una mosca. El silencio y el consumo de legumbres eran responsables de que los movimientos intestinales y/o la consiguiente apertura del tubo de escape se oyeran claramente. Uno estaba condenado a identificarse y abandonar la clase para “airearse”, a la voz de “Lázaro, sal fuera” (pasaje del Evangelio cuando Jesús acude a la tumba de Lázaro y sus hermanas le dicen: “Señor, ya huele”).
Se me dio bien el Latín, menos en la declinación: era incapaz de pronunciar correctamente la m de rosam; tras varios intentos fallidos, don Lázaro me dejó por imposible con la frase “Eres más terco que Prisciliano”. Era un auténtico forofo del Real Madrid y aquel año lo pasó mal porque el Atlético los humilló en la llamada copa del Generalísimo; no entendía cómo su equipo podía tener un defensa tan malo como el canario Pantaleón... Don Lázaro, auténtico y maravilloso personaje Allariz
Al año siguiente volví al que considero mi pueblo predilecto, pero esta vez interno y con disciplina. Tenía el consuelo de que mis padres me veían cada 15 días.
Seguía don Albino al frente del Oratorio y de la rondalla, en la que entré a formar parte en la modalidad de mandolina; algunos títulos que interpretábamos aún me suenan: Susita, Homenaje, El .gato montés, Gernikako arbola,
Picolisima serenata... Don Albino fue una auténtica figura en el pueblo, tanto que la pequeña calle que va desde la calle Pardo Bazán hasta la entrada del antiguo Colegio se llama “Rúa Don Albino”.
Don Isauro [García] había acabado su trienio y estaba en Teología; habían llegado don Anselmo [Duque] y don Félix [García], ambos de Astudillo, y Don Bernardo [Bodelón], con quién me fue difícil convivir. Yo era un niño y él era muy joven y un poco inmaduro; todas las trastadas me las atribuía a mí y además cometió el error de llamarme por el apodo que me pusieron cuando iba al Oratorio, “Ceboleiro”, debido al tamaño considerable de mi cabeza.
No todo lo que empieza mal acaba igual; don Bernardo nos daba francés y, en el examen de fin de curso, que era oral, puso una palabra trampa, PAYS; todos los que iban delante la leyeron como se escribe y, cuando yo pronuncié “peí”-, me felicitó tan efusivamente que me di por reconciliado.
Los que habían estado el primer año en Cambados y se nos unieron en Allariz, nos hablaron tantas maravillas del Colegio y de la zona que teníamos ganas de conocerlo. ¡Además allí el pan no estaba racionado y no había que llevar el colchón! Cambados
A pesar de que la distancia no es mucha para ir desde mi pueblo a Cambados, tiene un poco de Odisea: primero llegar hasta el autocar que lleva a Ourense, después tren hasta Redondela, cambio de tren hasta Villagarcía y nuevo autocar hasta el Pazo de Serantellos.
Me impresionó el mar, que veía por primera vez, la belleza del paisaje y lo que veía como un inmenso Colegio.
Acostumbrado a compañeros del mismo curso, el cambio representaba convivir con personas de edades y cursos diferentes.
Seguía la rondalla, ahora bajo la batuta de un gran músico, don Rudesindo Olmos. Los títulos musicales también se habían ampliado: En las estepas del Asía Central, Los remeros del Volga, Las ruinas de Atenas, Agua, azucarillos y aguardiente…
Don Rudesindo hasta se atrevió con El barberillo de Lavapiés, el primer éxito clamoroso como solista de Amancio Prada, amigo y compañero de curso.
Algunos de los números de esta zarzuela los interpretamos con rondalla, piano y la banda de Castrelo-Cambados, bajo la dirección del maestro Montañés. Este músico se puede considerar un prototipo de lo que ha pasado en nuestro país: director de orquesta a los 19 años; al ser considerado como simpatizante de la república, cuando acabó la
Arriba, don Rude con los miembros de la rondalla. Detrás de él están Juan Arce, Herminio Gil y Amancio Prada. Abajo, J. Arce y A. Prada en 2013 en un concierto que este dio en Celanova.
guerra tuvo que dejar su pueblo de Castellón y buscarse la vida en Galicia; durante varios años fue director de la banda de Castrelo- Cambados. Muchas veces la vida es injusta y el profesor Montañés murió antes de que se estrenara La lengua de las mariposas, en la que una de sus composiciones más conocida, Agárrate, saxo, ocupa una de las escenas cumbre del film.
Uno de los profesores más recordado fue don Nicolás Ruiz, que enseñaba Francés y Geometría. Para el estudio de la lengua francesa utilizaba un método de inspiración militar: si contestabas bien a las preguntas podías ir ascendiendo y llegar a mariscal, De Gaulle, Salan o Petain. En mi curso, Salvador Álvarez y yo accedimos varias veces a la máxima graduación. Salvador llegó a jefe de estudios del Instituto Castelao de Vigo y es un gran profesor de francés, y yo presumo de un buen vocabulario. No sé si por esto don Nicolás fue durante años capellán castrense.
En cuanto a la Geometría, el asunto era un poco más movido. Cuando eras llamado a la pizarra para demostrar un teorema o similar, tenías que seguir un orden y acabar con la expresión “es decir”, y terminabas lo que querías demostrar... Si no acertabas, inclinabas la cabeza, recibías una pequeña bofetada y te sentabas. Uno de los alumnos era Ángel Téllez, de aquellas ya muy alto; si no acertaba, tenía que arrodillarse a la voz de “Flectamus genua”, bofetada y vuelta al asiento después de oír “levate”. Entre las personas de muy grato recuerdo destaco a nuestro asistente don Francisco Chomón, a los dos directores, don Justiniano y don Benito, y a los dos confesores y profesores de Historia don Pedro y don Vicente. En los libros de Historia que teníamos Napoleón era poco menos que un monstruo; para don Vicente era un gran personaje que de haberse quedado en España nos hubiera ido muy bien.
A don Pedro alguien le preguntó qué quería decir que don Juan de Austria era hijo natural de Carlos V; contestó que si se juntaban un hombre y una mujer era “natural” que pasaran esas cosas.
No puede acabar el recuerdo de Cambados sin alusión a nuestros coadjutores: don Ulpiano, que igual reparaba balones que zapatos; el omnipresente don Luis Ordóñez, auténtico factótum, desde enólogo experto en albariño como conductor para lo que se necesitara o recitando de manera admirable a Rosalía de Castro; la Juan Arce, Jaime Jiménez y Salvador Álvarez
("Chapela") invitados por don Luis Ordóñez en 2013 en Cambados.
eterna sonrisa del señor Estébanez o las informaciones deportivas de don Elías Cosgaya.
Apareció de manera imprevista un sacerdote mayor, italiano, don León Cartosio. Nos advirtieron que era un poco raro y tenía manía persecutoria; nos daba clases de griego y ponía tal entusiasmo que cuando explicaba la Anábasis, a mi me daba la impresión de que iba a aparecer Jenofonte en cualquier momento.
Astudillo
Se me hizo un poco duro no ver a la familia antes de llegar al Noviciado; el paisaje castellano también me resultó duro, sobre todo comparado con Cambados. Teníamos de director del Colegio a don Tomás Díez, el mismo que habíamos tenido en Allariz, hombre profundamente místico: no parecía terrenal. El padre maestro, don Lucas Pelaz, me inspiró confianza desde el primer momento. Nos hablaba de su anterior destino en Cataluña y nos enseñó varias palabras en catalán; durante la guerra tenía un carné de repartidor de bebidas gaseosas, para pasar desapercibido, y nos explicó por qué don León Cartosio tenía aquel comportamiento extraño: unas milicianas lo habían paseado varias horas en un camión, con los fusiles apoyados en su cuerpo.
Todos los colegios tienen un personaje adorable; en Astudillo era don Valentín Grasso, encargado del Oratorio y siempre dispuesto a jugar al “burro vuela”.
Durante un tiempo, como trabajo establecido me encargué de tener siempre a punto la habitación asignada al Inspector cuando nos visitaba; recuerdo a don Emilio Corrales como a una persona muy pulcra y educada.
Imposición de sotana en el noviciado. Juan Arce, por orden de lista, el primero.
En la huerta de Astudillo: Domingo Martínez, José Antonio Uña, Jaime Jiménez y Juan Arce. Abajo, Salvador Álvarez con su madre y su hermano y su mujer.
Medina
Llegamos en tren hasta la estación y, desde allí, al Colegio caminando en plena noche. La vista del Colegio iluminado, mientras sonaba música de la película West Side Story, me impactó; había sido y es actualmente un balneario y el edificio es del mismo arquitecto que el Palacio de la Magdalena de Santander.
Los tres años de Filosofía conmigo cumplieron su misión: me di cuenta de lo importante que es pensar y ver lo que piensan otros. Junto con Salvador seguimos nuestra afición al teatro, representamos Esperando a Godot y números para las sobremesas de los festivos. Y volví a encontrarme con don Isauro, gran músico.
Tengo un gran recuerdo del jefe de estudios, don Luis Sánchez, que nos daba clase de Química a una hora inapropiada; las cabezas y los ojos se movían a su aire y tenía una frase genial:
–Por favor, no me miren con ojos de carnero degollado.
El último año llegué a la conclusión que yo no estaba preparado para aquella vida y se lo planteé al director, don Francisco. Me aconsejó que lo pensara bien, incluso que hablara con el inspector, don Santiago Ibáñez, pero lo tenía decidido y me marché de Medina en junio de 1968.
Santiago
Para mí el cambio fue muy fuerte al principio: empezabas una etapa para la que no estabas preparado, pero además dejabas atrás amigos y conocidos para empezar otra situación totalmente nueva. Realmente el primer curso de Medicina fue muy duro, sobre todo porque en el examen de acceso a la Universidad me suspendieron de... ¡Latín! Y tuve que hacer el primer curso de Medicina matriculado por libre, ¡pero lo superé!
El catedrático de Latín, de infausta memoria, tenía manía persecutoria contra todos los que habían estudiado latín en los Seminarios; a nosotros nos enseñaban a buscar el verbo, el nominativo... y ordenarlo, y la frase del profesor Díaz era: –¿Quién es usted para desordenar una frase que ha ordenado Cicerón?
Los cinco años siguientes fueron completamente diferentes. Hice nuevas amistades, volví a encontrarme con antiguos compañeros como Salvador [Álvarez], Jaime [Jiménez], los Quintana, José María Bello, etc... Y, acabada la carrera, faltaba la especialidad.
Antonio R. Ontaneda, Carlos de la Lama y Juan Arce en Medina representando una escena con el método de Teatro Abierto del dramaturgo argentino Osvaldo Dragún.
Barcelona
Nuevo cambio, deja tus conocidos y amigos y... empieza de nuevo
Llegué a la Clínica Dexeus el 1 de julio de 1974, con la carrera recién acabada (y la mili), con la intención de terminar la especialidad de Obstetricia y Ginecología y volver a Galicia. Allí conocí a mi mujer, enfermera, y nos casamos en 1977. Fuimos una buena pareja hasta que un cáncer de pulmón se la llevó en 2011.
Mis conclusiones
• De una manera u otra todo lo que aprendí en los Salesianos me ha servido, pero destaco el saber callar, no interrumpir al que está hablando, guardar silencio, educación y respeto esmerados.
• Encontré personas excepcionales cómo don Lázaro, desgraciadamente muerto muy joven; a don Isauro, que se murió casi en los mismos días que mi mujer; a don Lucas Pelaz, cuyo paradero perdí y me enteré de su muerte, estando ya en Barcelona, al abrir la necrológica de La Vanguardia.
• La vida siempre es una mezcla de buenos y malos recuerdos, pero siempre tienen que predominar los buenos.
Juan Arce Vidal
Sant Feliù de Codines (Barcelona), 26 de septiembre de 2020
Arriba, Juan Arce con quien fue su mujer, cuando eran novios. Abajo, con Julia Otero en la celebración de su reciente jubilación como ginecólogo.
EL
CEMENTIÑO
Y
OTRAS
RECETAS
José Antonio Astorga Plaza
Cambados, Astudillo, Medina, León Centro Don Bosco (1061-1971)
Cuando yo fui a los salesianos era el 11 de octubre de 1961: llegué a Cambados con mi madre desde Verín. Ella regresó al día siguiente con don Tomás Díez en el autobús que había llevado al grupo de los mayores de Allariz para hacer segundo en Cambados. Yo me quedé ya en la cocina como aspirante a coadjutor.
Desde ese día hasta que salí en 1971 desde el Centro Don Bosco de León, estuve en la cocina la mayor parte del tiempo. Al salir, también fui cocinero… siempre. Lo seguí siendo en la mili, aunque no en el periodo de instrucción, que hice en Viator (Almería), donde ahora está la Legión. Un día el jefe de cocina me vio cortando cebollas. Cuando vio cómo lo hacía quiso que me quedase de cocinero con él pero yo quería ir a Melilla y no acepté ser cocinero allí. Mi destino era asistente del comandante de la base de Automovilismo de Melilla, pero falló un cocinero y me quedé yo de cocinero durante todo el tiempo de la mili. El día que hacíamos paella no fallaba ninguno a comer ninguno de los chóferes de los jefes de toda Melilla: de Caballería, de la Legión…, de todo. Cocinábamos para unos 270; total, algunos menos que en Cambados.
Con 4000 pesetas que me dio mi madre me vine a Madrid. El coadjutor salesiano Alfonso Martín, con el que había hecho un cursillo en Paseo Extremadura, me dijo que estaba de vicario inspectorial don Santiago Ibáñez, que había sido nuestro inspector, y fui a verlo. Me dio dos opciones: ir de cocinero a Paseo Extremadura o darme una carta para ir a ver al jefe de seguridad del hotel Meliá Castilla, del que era íntimo amigo. Elegí esto último. Fui a verlo y al día siguiente estaba trabajando “Chana”, Federico Vallejo, José Antonio Astorga y
Manuel Nóvoa en la cocina de Cambados.
José Antonio Astorga, a la derecha, cocinero en la mili, en Melilla, después de una comida con bebidas “para agotar el presupuesto a final de mes”.
en el hotel, donde me jubilé. Empecé como pinche del jefe; al mes era ayudante de cocina y, al año, cocinero. Tras estar varios años sin querer ascender a causa de los turnos y por atender a la familia, hasta que me dieron un buen turno de 8 a 4 y sábados y domingos libres. Entonces ascendía a jefe de partida y así estuve hasta que me jubilé en el año 2008.
Durante los primeros años ayudaba también al cocinero de Estrecho y hacía algunos servicios en Paseo Extremadura con don Ubaldo, gordo y diabético, muy amigo de don Ulpiano, pues iba todos los años con los chicos del colegio a las colonias de verano a Cambados.
Superiores de Cambados (1962-1963). Fila de arriba: los coadjutores citados: Luis Ordóñez, Manuel Nóvoa, Elías Cosgaya, Antonio Estébanez, Ulpiano Pérez. Fila del medio: Pablo Bartolomé, Laureano Cerezo, Paco Chomón, Jerónimo de Andrés, Pedro Antonio Gil, Rudesindo Olmos. Fila intermedia: don Vicente Linares y don Pedro Rodríguez. Fila de abajo: Nicolás Ruiz, Rosendo Sendino, Justi Septién, Benito Bercedo, Roberto Belarmino de Juan.
Quiero recordar a los superiores de Cambados del curso 1962-1963, de los cuales tengo muy grato recuerdo. Y quiero centrarme especialmente en los de la última fila: los coadjutores, que, con su esfuerzo y lucha, eran un ejemplo cada uno en sus quehaceres.
• Don Luis Ordóñez, que, con su decaúve, iba a Cambados a hacer las compras y traía el correo o nos llevaba al médico a Pontevedra o a hacer el carné… Y su famoso albariño.
• Don Manuel Nóvoa en la cocina, del que tanto aprendí, y que tenía que hacer la comida para más de 300. Aprendí a hacer potajes, arroces…, de todo. No había cámaras ni neveras y había que trabajar al día. De primero siempre teníamos legumbres o pasta y los domingos arroz. Aprendimos a hacer también hasta gazpacho, que lo hacíamos con la máquina de picar chorizos ya que no había túrmix…
• Don Elías Cosgaya, que tan buena hortaliza y maíz producía en la finca del pazo y en la de las Concheiras, y que tan bien llevaba la granja de los cerdos y patos…
• Don Antonio Estébanez, que nos cuidaba en la enfermería del pazo y llevaba la lavandería y la ropería.
• Don Ulpiano Pérez, que nos arreglaba el calzado y los balones de fútbol y preparaba los postres y las meriendas. El pórtico guarda su memoria… Y a pesar de todo eso, tenían tiempo para preparar los sainetes y teatros. O, en las grandes fiestas, levantarse temprano, ir a misa a la capilla del pazo de la Merced, donde nos decía la misa a nosotros solos don Rosendo Sendino, para, a continuación, preparar los churros con chocolate para el desayuno. O hacer, a primeros de diciembre, la matanza de doce cerdos y una vaca para hacer chorizos, que tanto juego daban para hacer la comida. La matanza duraba unos cinco días y todos trabajaban en ello. Y a mediados de enero lo volvían a repetir con otros doce cerdos y otra vaca.
Por eso, cuando años después trabajé en el restaurante La Fragata del Meliá Castilla, llegaban los alumnos de la escuela de hostería de la Casa de Campo, de Tres Cantos y de Las Rozas y se extrañaban de que yo había empezado la cocina en el pazo de Serantellos con una magnífica huerta y, sobre todo, de que las primeras herramientas que me dio don Manuel Nóvoa fue un tronzador, un hacha y una vara larga con un gancho… para ir a buscar leña y piñas al bosque, porque la cocina era de leña. Todos miraban como no entendiendo, ya que las cocinas han cambiado mucho y hoy tenemos cocinas de gas ciudad con hornos que hacen de todo y se regulan para cocer y asar, y traen un libro de instrucciones. No hay problema ninguno. Sin embargo aquellas cocinas de leña y carbón eran muy buenas en su tiempo, pero, cuando les daba por no tirar a causa de las tormentas, había que estudiar porque la necesidad era mucha y las soluciones pocas.
De las cocinas de leña y carbón pasamos a las de gasoil hasta llegar a las de propano. En Astudillo, en el noviciado, la cocina era de carbón. Metíamos también leña que los novicios iban a buscar al monte y que servía también para la calefacción.
Don Eleuterio Lobato, que era el administrador, y don Tomás como director, hicieron todo lo posible para que no faltara nada: entre las los cerdos y los pollos de las cochiqueras y los productos de la huerta salimos adelante. ¡Y la carne de ballena, y de caballo!
En Medina la cocina era de leña y carbón al principio y después se pusieron quemadores de gasoil. Los llevó el ecónomo inspectorial, don Aureliano Laguna, cuando pasó por allí el rector mayor, don Ricceri.
José Antonio Astorga, cocinero en Estrecho.
En Cambados también nosotros teníamos tiempo de estudio de 6 a 8 de la tarde. Nos daban clase don Rafael Castro, don Vicente Linares, don Pedro Rodríguez y, al final, también don León Cartosio. Éramos 7 y nos exigían más de lo que queríamos. Yo algún día me quedaba dormido, pues me levantaba a las 6:30 de la mañana y poníamos en marcha el desayuno para estar a tiempo a misa con los demás.
Hacíamos la vida en el colegio y teníamos que preparar cada día las tres comidas. Nuestra salida, especialmente a partir de la primavera, era a La Roca para la merienda cena, en la que comíamos… el cementiño. Por eso recuerdo su receta. El cementiño no es más que una ensalada campera y muy refrescante en verano. Los ingredientes son: patatas cocidas, huevos cocidos, verduras frescas, tomate, pepino, pimiento rojo y verde, cebolla, bonito en aceite, aceitunas… Todo ello, cortado en trozos y sazonado con aceite de oliva, vinagre y sal.
El único ingrediente especial que lleva el cementiño es algo propio de Cambados: el traqueteo del carro, conducido por una vaca, que iba desde el colegio a la playa. Cuando se bajaban las marmitas y cacerolas, la comida se había reducido a un poco más de la mitad de lo que habíamos llenado y formaba una masa apelmazada que todos cariñosamente la llamaban cementiño. Pero después de una tarde de playa, daba energía y motivada para hacer las famosas veladas en La Roca. Teníamos otras recetas. Voy a poner aquí algunas por si alguno quiere animarse a hacerlas todavía ahora. Y dejamos otras las la siguiente ocasión.
OTRAS RECETAS
Lentejas estofadas con verduras
Ingredientes para 6 personas: 300 gramos de lentejas, una cebolla, dos dientes de ajo, una zanahoria, un pimiento rojo o verde, un puerro, 200 ml de aceite de oliva, una patata a discreción, pimentón dulce, una hoja de laurel y sal. En una olla con agua ponemos a remojo durante una hora las lentejas. A continuación tiramos esa agua y lavamos las lentejas con agua fría. Y ponemos todos los ingredientes, las verduras picadas finas, y lo ponemos a cocer. Cuando empiece a hervir, bajamos el fuego y hacemos que cuezan lentamente durante una hora más o menos procurando que no se nos queden secas. Si hay que añadir agua, que sea fría.
Lubina Cambados
Ingredientes para 4 personas: 4 lomos de lubina de 250 gramos, un vaso de vino de albariño, medio litro de nata líquida, un bote pequeño de tomate frito, aceite, harina, dos dientes de ajo.
En una sartén ponemos aceite calentamos fuerte y, en ella, previamente sazonada, ponemos la lubina de sal y pasada por harina y la retiramos cuando está hecha después de tres o cuatro minutos por cada parte. En este mismo aceite doramos el ajo finamente picado, añadimos el vino albariño, y dejamos reducir a la mitad. Añadimos la nata liquida, el tomate. Dejamos a fuego medio que vaya cociéndose y espesándose y ligándose al gusto hasta que se haga la salsa. La añadimos a la lubina. La podemos servir impregnada con la salsa o poniendo la salsa aparte en un recipiente y que cada uno eche lo que guste.
Postre: Copa de natillas cuajadas
En una copa de champán de las bajas ponemos natillas, que las podemos hacer o comprar de Danone u otra marca. Si son de las hechas, ponemos media copa de natillas, encima media cuajada, un par de nueces por copa decorándolas con soporte de caramelo o miel. Son muy sencillas de hacer; por eso os animo a que las hagáis. Y además, porque gustan mucho a la gente.