de la sobremortalidad parturienta observada en esas edades de la población fe- menina. Los avances médicos y una posible mejora de la asistencia sanitaria, so- bre todo en el parto, trajeron consigo el descenso de este tipo de mortalidad, bas- tante intenso en los períodos de alta mortalidad ordinaria del siglo pasado y, aún, de principio de éste. Fenómeno igualmente observable en el municipio como en la provincia.
4.4. ACTIVIDADES PRODUCTIVAS Y DISTRIBUCION OCUPACIONAL
exceptuamos a la población de la villa; porcentajes que asemejan valores de cual- quier población preindustrial de siglos anteriores (41). Estos índices ocupaciona- les guardan bastante relación con los bajos niveles medios de productividad agrí- cola y con los recursos naturales de la comarca. Un núcleo de población tan nu- meroso como la población de Yeste, dada la escasa productividad de los suelos, necesitaba mantener a grandes masas de productores dedicados al sector prima- rio, puesto que varias familias de campesinos a duras penas lograban producir el excedente preciso para sostener a otras tantas. Tan sólo la villa, por razones ex- plicitadas en capítulos anteriores, podía reducir este porcentaje por debajo de los niveles tradicionales, llegando a alcanzar el 70 por cien de población dedicada al sector primario, aunque dentro de éste existían variaciones que más adelante se- ñalaremos. La situación respecto de los primeros años del siglo anterior era algo diferente como también más adelante haremos constar.
La población empleada en el sector primario estaba, en su inmensa mayoría, compuesta por el nutrido grupo de población jornalera. En ella residía la princi- pal fuerza de trabajo de la comunidad, dedicándose, sin embargo, a varias ta- reas, tales como el cuidado de las huertas, trabajos forestales y las actividades la- borales de fuera del municipio, tales como la recogida de la aceituna y la vendi- mia. O bien hacia otro tipo de actividades de mayor renta, canalizadas al sector servicios en las primeras décadas de nuestro siglo. Sin embargo, los recursos fo- restales, considerados hoy como capital reproducible, en tanto que los árboles del bosque pueden ser y son plantados por el hombre, a diferencia de otros recur- sos naturales, eran los únicos recursos importantes de la comunidad en el período histórico determinado. Recuérdese el aumento de la superficie de bosque made- rable, del que la mayor parte de la población sacaba no sólo importantes rentas que le proporcionaban la alimentación durante unos meses, sino el carbón nece- sario para calentarse en los inviernos, además de su masiva utilización en las construcciones de viviendas. Sin embargo, la población bracera o jornalera, aun- que clasificada en el sector primario, no sólo se dedicaba a tareas específicas de la agricultura. Ya en 1929, cuando la construcción del pantano, más de mil jornale- ros emplearon su fuerza de trabajo en las obras de realización del embalse.
El incremento natural de la población que había determinado un crecimien- to espectacular de la población efectiva a lo largo del primer tercio del siglo, con la consiguiente fragmentación de la propiedad agrícola y la precariedad de las ex- plotaciones agrarias, habida cuenta de las escasas innovaciones en el proceso pro- ductivo —a excepción de la madera que, controlada por grandes propietarios, se insertaba en el engranaje de los mecanismos de producción y distribución capitalistas—, desencadenó y canalizó el desarrollo de las fuerzas productivas en
(41) Anterior al siglo XVIII, los indices de población activa empleada en la agricultura oscilaban, por regla general, entre el 65 y el 90 por cien, y sólo en casos excepcionales alcanzaban mínimos del 55-65 por cien, C.M. Cipolla, Historia económica de la Europa preindustrial, p. 85.
el marco de la progresiva proletarización del campesinado de la comarca. Cierta- mente, las pequeñas explotaciones familiares dominantes o las medianas explota- ciones agrícolas entran en crisis al no desarrollar las formas de producción que requiere el mercado capitalista. En este sentido, los censos y padrones señalan un aumento de la población jornalera, tanto en cifras absolutas como en cifras rela- tivas. De un índice de 67.3 por cien en 1907 se pasa a un índice de 84.6 por cien en
1935, aún cuando el censo electoral de 1907 no refleje la población jornalera o de otros oficios de menos de veinticinco años que solían ser edades de población ac- tiva, mayormente bracera.
CUADRO N.° 14: DISTRIBUCION OCUPACIONAL EN EL SECTOR PRIMARIO.
1907 07o 1930 Olo 1935 Olo 1. Jornaleros 1315 67.3 2724 75.4 3079 84.6 2. Labradores 249 12.7 379 10.5 181 5.0 3. Propietarios 172 8.8 104 2.9 52 1.4
2+3 421 21.5 483 13.4 233 6.4
Fuente: Padrones municipales de 1930 y 1935.
Censo Electoral de 1907.
En el lado opuesto, los labradores y propietarios de la tierra, categorías so- ciales de rango económico más elevado, van disminuyendo sus porcentajes. En Otro momento, señalábamos como la crisis agraria finisecular había acentuado la pobreza de las capas sociales menos favorecidas y expulsado de sus tierras a una buena parte de pequeños propietarios. Nos encontramos, pues, inmersos en el proceso de proletarización del campesinado que se había iniciado ya a mediados del siglo pasado. Este proceso se precipita a raíz de la construcción del embalse en los años treinta, al dejar sin trabajo ni tierras a un buen número de labradores.
De un total de 379 labradores en 1930 se pasa, en un tiempo de cinco años, a 181.
En el mismo período, los propietarios que eran 104 en 1930 pasan a 52 en 1935.
Este proceso viene también confirmado a lo largo de todo el período histórico por los libros de nacimiento que nos señalan la profesión de cada uno de los pa- dres del recien nacido:
1886-7 1915-6 1922-3
Jornaleros 54.5 81.5 83.5
Labr./Prop. 38 11.9 II
Ganaderos 0.8 0.5 0.3
N.° de casos 484 594 703
Es muy significativo que la categoría de labrador observada en los libros de matrimonios del período de 1846 a 1855 sea superior a la de jornaleros en el
mismo período, procedimiento que aunque aproximativo, nos revela el grado de disgregación campesina en favor de la proletarización en lo que respecta al perío- do histórico de la segunda mitad del siglo pasado y primera mitad del nuestro.
Igualmente es ostensible el descenso de las actividades ganaderas que ya pudimos observar a través de otras estadísticas. En este sentido, el Censo de 1907 señala la existencia de cuarenta personas dedicadas al pastoreo y a la ganadería, mayores de veinticinco años y localizadas en las pedanías de Gontar, Tus y Fuentes, mien- tras que ya en 1930 no hay ni una sola dedicada a ella, al menos según referencias hechas por los padrones de la década de los treinta, lo que por otra parte motiva nuestra sospecha.
La población empleada en los sectores secundario y terciario completaban el total de la población activa, grupos que estaban muy en relación con la estructura de la demanda del sector primario. El grueso de esta población se concentraba en la villa, viéndose así una relación entre la distribución espacial de la población y los niveles de renta de la misma. Dentro del casco urbano, la localización del ar- tesanado se hacía preferentemente en el Barrio del Cabezuelo, mientras que el sector servicios lo hacía en el de La Villa y Santiago.
CUADRO N.° 15: DISTRIBUCION DE LOS SECTORES SECUNDARIO Y TERCIARIO EN LOS TRES BARRIOS DE LA VILLA.
Secundario Cabezuelo Villa Santiago total
1907 12.5 2.8 12 11.2
1930 14.4 5.6 9.7 10.7
1935 8.1 9.2 8.7 8.6
Fuente: Padrones de habitantes de 1930 y 1935.
Censo electoral de 1907.
Terciario Cabezuelo Villa Santiago total
6.7 28.6 22.2 16.8
9.5 33.9 19.8 18.5
10.5 28.4 23.9 19.8
La villa agrupa durante todo este período a una población artesanal (sector secundario) que arroja porcentajes que oscilan entre el 18 y el 11 por cien, apre- ciándose un ligero descenso en la etapa final, derivado de la crisis de los años treinta. A diferencia de aquélla, el conjunto de las aldeas sólo concentra unos porcentajes no superiores al 4 por cien, siendo las pedanías que mayor lo osten- tan las de Sege, Gontar y La Graya, precisamente las más populosas, y las que mayor presión de demanda ejercen en estos sectores. El sector secundario, for- mado durante casi todo el período por una artesanía preindustrial de tipo tradi- cional: carpinteros, zapateros, herreros, caldereros, albañiles, sastres, etc., y por un reducido número de obreros cualificados y peones, ya en la etapa final del mismo, orienta su actividad en función de la demanda, muy limitada por cierto, de un mercado constituido, en su inmensa mayoría, por jornaleros y labradores, y por la presencia no muy elevada del sector servicios, constituido ampliamente
en la villa. Del total de la población artesana existente en el municipio, más de la mitad residían en la villa, y dentro de ésta eran los barrios populosos de Cabezue- lo y Santiago, como ya señalamos, los que tradicionalmente albergaban a este sector productivo. Sector que comienza a entrar en crisis a partir de 1930, mani- festándose más claramente en los barrios que ocupaban, como consecuencia de una ausencia de estructuras modernizantes que impidieran la competencia de otros productos de fuera mejor acabados, y precipitándose con la aguda crisis económica de los treinta. Del total de los grupos, el único que sobrevivió a la cri- sis fue el sector de la construcción, debido a la fuerte demanda de la población que influía, por tanto, en la estructura de su producción; constituido por albañi- les y carpinteros, residentes en la villa principalmente, representaban el 67 por cien de la población activa de todo el sector secundario. El índice de población activa dedicada al artesanado en las aldeas era, lógicamente, muy reducido y se limitaba, prácticamente, a la existencia de pequeños núcleos familiares de moli- neros, recoveros, carpinteros y algún que otro albañil, en torno a las poblaciones aldeanas más importantes, Sege, Gontar, La Graya, en donde la demanda de la población jornalera se hacía más efectiva, debido también al peso de ciertos es- tratos sociales económicamente más elevados. El caso de Sege es bastante signifi- cativo: la existencia de un mayor grupo de rentistas, propietarios y labradores atrae, con mayor fuerza que en otros lugares, a este sector productivo de la po- blación.
Sin embargo, junto a la demanda del sector manufacturero de la villa, el grueso de la misma se centraba en las actividades del sector servicios o terciario.
Y en ellas, cabe destacar las actividades de los grupos de alimentación, transpor- tes, profesiones liberales, tanto por parte del sector privado como del sector pú- blico, y asimismo el grupo del sector doméstico e, incluso, del eclesiástico. La existencia en la villa, por ejemplo, en 1935, de comerciantes en tan altas cifras ab- solutas como las de los artesanos nos confirma la importancia de la demanda del sector alimenticio, que se agrupa, mayoritariamente, en torno al barrio de San- tiago. En ese mismo año, carniceros, panaderos, mesoneros, comerciantes y otras categorías dedicadas a la producción y distribución de alimentos alcanza- ban el 28.6 por cien del total de la población activa dedicada al sector servicios de la villa, puesto que en las aldeas era prácticamente inexistente, dado el grado tan alto de autoabastecimiento de la población jornalera en este sector. En algunos casos, familias aldeanas se desplazaban a la villa para comprar los productos de- rivados del sector de alimentación, en días de mercado previamente señalados, o bien esperaban la visita de algún que Otro recovero que les expedía los productos en la propia aldea y, a veces, en no muy buenas condiciones.
El sector servicios se localizaba, preferentemente, en el mismo corazón del pueblo, los barrios más céntricos de la villa. Suponía un 15 o un 20 por cien de la totalidad de la población activa de la misma, y aproximadamente, un 5 por cien de la municipal, al no sobrepasar el 2 por cien en las aldeas. Junto al grupo ah-
menticio, en el que incluimos la población de empleados en ese sector, hay que destacar la población dedicada a los medios de transporte. Este grupo, emplea- dos y propietarios de los medios de locomoción y transporte, representaba el 12.4 por cien de todo el sector terciario. Yeste, por sus especiales características oro- gráficas, necesitaba de chóferes que pudieran desplazar a personas hacia lugares bastante alejados dentro del mismo municipio, máxime cuando en la villa existía un grupo no muy reducido de actividades burocráticas que los necesitaban para desplazamientos hasta la misma capital de la provincia.
Sin embargo, desde el punto de vista económico y social sobresalía la pobla- ción dedicada a profesiones liberales (42) y a las actividades específicas de la ad- ministración civil. El hecho de que el municipio de Yeste fuese cabeza de partido judicial y el mayor núcleo de población de toda la sierra, condujo a la presencia de personas vinculadas a las necesidades del poder político e instancias adminis- trativas locales y comarcales, tales como amanuenses, funcionarios del Ayunta- miento, del Juzgado, militares, miembros de la Guardia Civil, alguaciles, entre otras. Este grupo lo formaban alrededor de un 15 por cien de la totalidad del sec- tor servicios. Los profesionales, en particular, notarios, abogados, médicos, maestros, constituían, aún siendo un grupo reducido, un sector notable de la po- blación, ya que los servicios de estos profesionales eran requeridos, con frecuen- cia, por todos los anteriormente citados. Representaban aproximadamente el otro 15 por cien del sector terciario. Al disfrutar de elevados ingresos, junto con rentistas y propietarios —conviene recordar la existencia, por estas fechas de los años treinta, del primer banco creado en la localidad —Banesto—, estos grupos originaban una fuerte demanda de vestuarios, viviendas y otros servicios, incluí- do el doméstico. El barrio de la Villa era el lugar donde mayoritariamente se ubi- caban.
En lo que respecta al servicio doméstico, éste debió ser importante, aunque ello no se refleja en los padrones, pero debieron concentrarse en torno a familias de comerciantes y entre las familias más adineradas. Normalmente era llevado por mujeres que, viviendo o no en la villa, accedían a ello de forma casi periódi- ca. Otros servicios destacables son los dedicados a barbería y empleados en secto- res públicos o privados. También el grupo de los eclesiásticos tenía su importan- cia, aunque ya no tanta como en otras épocas. Desaparecido el convento y la Vi- caría, que en 1839 albergaban a unos 14 miembros del estado eclesiástico, (43) su
papel en la época que estudiamos, se redujo considerablemente. No obstante, aún siendo reducido, su particular tipo de servicio era objeto de una gran 'de- manda', de ahí que se haya incluido en la parte de la población económicamente activa. Es más, en muchos aspectos se le ha dado el papel que en la sociedad
(42) Ha sido el historiador C.M. Cipolla quien ha puesto de manifiesto el interés, generalmente des- cuidado, hacia los profesionales en la historia económica y social del pasado, debido a la ex- traordinaria demanda que ocasionaban, op. cit., pp. 43-6 y 92-4.
(43) A.M.Y., leg. 47. Padrón de vecindario y reparto de contribuyentes de 1839.
moderna adquiere el psiquiatra (44). Por otra parte, no debemos olvidar, que el cura de la parroquia, sobre todo en las áreas rurales, ejercía funciones de maestro y, a veces, exclusivas de los médicos. Ya en 1935, sólamente quedaban tres, dos de ellos localizados en la villa y el otro en la aldea de Sege.
CUADRO N.° 16: LOCALIZACION DEL SECTOR PRIMARIO EN LA VILLA (1907).
Cabezuelo La Villa Santiago TOTAL
Jornaleros 75.0 48.6 46.9 58.2
Labradores 4.2 2.8 9.4 6.6
Propietarios 1.7 17.1 9.4 7.2
TOTAL 80.9 68.5 65.7 72.0
Fuente: Censo electoral de 1907.
A pesar de la fuerte presencia de los sectores productivos no agrarios en la villa, ésta todavía englobaba a un buen número de población activa que, dispo- niendo tan sólo de su fuerza de trabajo, se dedicaba mayoritariamente a las ta- reas del agro. Y aún cuando sabemos que se dedicaban a otras actividades se han incluido en el sector primario. Más de dos tercios de la población activa de la villa era dependiente directamente de las actividades agrícolas, véase el cuadro arriba presentado. En 1930, el sector primario constituía poco más del setenta por cien de la población activa, pero siguiendo la norma establecida de relación entre dis- tribución espacial de la población activa y desigual distribución de la renta, pode- mos apreciar como los jornaleros en altos porcentajes se diseminaban por los ba- rrios y calles más periféricas de la villa. De este modo, se concentraban en los ba- rrios de Santiago y del Cabezuelo, de manera preferente, si cabe, en el primero.
El barrio del Infierno, dentro del de la Villa, pero en las afueras del mismo, a las faldas de la iglesia, estaba compuesto exclusivamente por jornaleros. El centro de la villa y algunas calles del barrio de Santiago quedaban, sin embargo, limpias de este sector, frecuentado ya por artesanos y otras categorías sociales del sector ter- ciario. Aunque los rentistas, labradores y propietarios, incluídos en el sector pri- mario, fijaban su residencia también entre los sitios más céntricos del pueblo, junto a otras categorías socioprofesionales de cierta respetabilidad social adquiri- da, cumpliendo, así, una finalidad social muy determinada.
La distribución de la población dedicada a la agricultura adquiere singular importancia en el conjunto de las aldeas. Aquí, el sector primario oscila entre el 90 y el 100 por cien del total de la población activa. El peso del mismo lo llevaba el grupo de jornaleros, en más de un setenta por cien del mismo. Los labradores y los propietarios adquieren, no obstante, una cierta presencia en las aldeas de Fuentes, Sege, Jartos y Gontar, aunque la desaparición de las huertas del sector
(44) Véase en C. M. Cipolla, op. cit., pp. 89-92.
más oriental del término, tras la inundación de la presa, reduce este grupo a más de la mitad. Sin embargo, el porcentaje de la población empleada en el sector pri- mario puede inducirnos a error, como se ha venido señalando, pudiendo sobre- valorar el trabajo efectivo dedicado a este sector. Para una valoración más preci- sa del input trabajo, hay que tener en cuenta que, por razones climáticas, el cam- pesino no trabajaba durante largos períodos de tiempo. En el transcurso de un año, la población bracera pasaba largas temporadas en situación de paro o su- bempleada. Las actividades productivas en el extrarradio se limitaban a los tra- bajos domésticos y a las tareas que requería la propiedad agraria familiar, ma- yormente llevada a cabo por las mujeres o los ancianos, a no ser que de una gran hacienda se tratara. El jornalero de edades jóvenes era el que llevaba las activida- des forestales y, que como asalariado, realizaba tareas de fuera de la localidad, en busca de excedentes que le permitieran vivir holgadamente, junto a su familia, en el resto del año, puesto que tanto la tala o conducción de maderas en los mon- tes de Yeste o la vendimia y recolección de aceituna, fuera de la localidad, eran insuficientes por sí solas para la alimentación de una familia, habida cuenta de su carácter marcadamente estacional. Aún así, no se estaba activo todo el año.
Si la economía doméstica corría a cargo, exclusivamente, de la mujer, tam- bién ésta se va a encargar, la mayoría de las veces, del cuidado de los animales y de las actividades necesarias para el funcionamiento del hogar, tales como la re- cogida de leñas o hierbas. Durante la época de los trabajos extralocales, la fami- lia entera se vuelca sobre las actividades de la huerta, sin distinción aquélla de se- xos ni edades, recayendo el trabajo, así, sobre la madre, los hijos pequeños, las hijas mayores e, incluso, sobre los abuelos. De este modo, el padre y los hijos mayores llevaban el peso de los trabajos remunerados que les permitían, por tan- to, la máxima entrada de beneficios en la renta familiar. La seguridad económica de la familia dependía de estos últimos y, en consecuencia, del número de miem- bros activos que componen la familia. Sin una clara división del trabajo, éste quedaba condicionado a las necesidades de producción y consumo familiares (45).
4.5. EL ANALFABETISMO COMO RASGO CULTURAL DOMINANTE
DE LA COMUNIDAD.
A lo largo del siglo XIX y casi primera mitad del siglo XX, uno de los rasgos culturales de las sociedades campesinas lo componen sus elevados índices de analfabetismo. Si el desarrollo económico de una sociedad, en sentido moderno, se traduce también, según algunos autores, en un progresivo aumento de los índi- ces de población alfabeta, parece evidente que, a juicio de los parámetros econó-
(45) Sobre las actividades productivas, las tareas domésticas de una pequeña comunidad en la época actual, puede verse la obra de Cristóbal Gómez Benito, Boche. Estudio Sociológico de una pe- queña Comunidad, memoria inédita de Licenciatura, presentada en 1974 en la Facultad de Filo- sofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid.