ESPACIAL DE LA SIERRA
La población del municipio de Yeste, ubicada en el centro mismo de las sie- rras occidentales de la cuenca alta del Segura, se caracteriza en el período históri- co que nos ocupa por la distribución diseminada de la misma en pequeñas aldeas, cortijos y caseríos. Pequeñas células de poblamiento estrechamente vinculadas a la organización del terrazgo y a la explotación de los suelos agrícolas, aisladas unas de otras por la dureza de las condiciones físicas y desparramadas según la orientación de las distintas unidades del relieve montañoso. Junto a ellas, la exis- tencia de un núcleo urbano, el mayor núcleo de población, que agrupa a distintas condiciones sociales, con unos caracteres y funciones propias que lo distinguen de los otros tipos de poblamiento.
MAPA 1: LOCALIZACION DE YESTE EN EL SUDESTE ESPAÑOL.
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este y oeste de la fortaleza, como al sur de la misma, se desarrolla la población, amparada por dos barrancos que constituían una magnífica forma de defensa na- tural y que, todavía en el siglo XIX, suponían elementos naturales de separación de la población en tres barrios perfectamente delimitados: el Barrio de Santiago, en el sector occidental de la villa; el Barrio del Cabezuelo, al este de la misma; y el Barrio de la Villa, en el mismo centro del espacio urbano. Barrios que, en con- junto, forman el mayor núcleo de población constituido en todo el término.
El barrio más populoso durante el siglo XIX y principios del XX lo constitu- ye el de Santiago, agrupándose en torno a él los sectores artesanales, numerosos labradores, profesionales y un elevado porcentaje de población jornalera, distri- buida ésta última por las calles periféricas del barrio —calles de San Marcos, Ba- ja, Alta, etc.—. Constituye un puente de comunicación entre las huertas y la acti- vidad comercial y administrativa del centro de la villa. La calle Ancha y su inme- diata Plaza de la Corredera, en el mismo centro del pueblo, compuestas mayori- tariamente por profesionales (médicos, abogados, etc.), propietarios, ricos labra- dores y comerciantes, proyectan socialmente el status de los miembros que las ocupan, como se aprecia en la estructura de las viviendas, que más adelante des- cribiremos. Las calles de Guerreros, Santiago, Estrecha, Iniesta y resto forman un conglomerado generalmente de clases populares: artesanos, pequeños propie- tarios y jornaleros eventuales.
El barrio del Cabezuelo lo habitan, fundamentalmente, las clases populares, si exceptuamos algunas de sus calles que, por su proximidad al barrio céntrico, están habitadas por ricos propietarios y personal administrativo. Pero la pobla- ción jornalera, entendida ésta como masa de trabajadores, con escasas tierras, o sin ellas, que emplean su mano de obra en cualquier tipo de trabajo, directamen- te o no vinculado a la tierra, constituían la base numérica de este barrio, distri- buida por las calles de Santa Quiteria, Gloria, Bailadero, San Juan, Aprisco y Arriba. En el transcurso del siglo XIX y principios del XX, este barrio, junto con el de Santiago, conocieron un crecimiento espectacular de su población. Por últi- mo, la calle de la Orden, cercana al centro de la villa, reúne en sí a las categorías sociales y profesionales de rango más elevado.
Y el otro barrio, llamado de La Villa, en el centro del casco urbano, se ubica en torno a la antigua fortaleza, fácilmente delimitado por dos barrancos que lo diferencian de los otros dos barrios antes citados. Al este, el arroyo Enmedio, que divide el barrio del Cabezuelo del de la Villa; al oeste, el arroyo de la Carni- cería que separa a este barrio del de Santiago. Aunque no por ello incomunica- dos. Este barrio, por el peso mayoritario de su estructura socio-profesional (grandes propietarios, rentistas, profesiones liberales, administrativos, eclesiásti- cos y resto de las capas altas de la sociedad) y por la posición céntrica que ocupa, constituye el eje de las actividades burocráticas y político-administrativas de toda la comunidad. Las calles Solares, Cava, Rallo, Iglesia, Fuente Vieja y otras del barrio conservan la nominación originaria de los siglos XV-XVII, llegando al
siglo XX con el mismo trazado urbanístico de la época. Serán, pues, los otros ba- rrios los que amplíen y desarrollen sus calles en función de la expansión de la po- blación en el transcurso de los siglos. Al sur del barrio y enclavado a las faldas de la iglesia existe un pequeño grupo de casas y pequeñas callejuelas, habitadas por sectores de población social y culturalmente marginados de la localidad, es el lla- mado Barrio del Infierno, que estaba compuesto mayoritariamente por gitanos y pobres.
En conjunto, la localidad (Villa) se define por unos caracteres y funciones peculiares, derivados de las actividades de las clases sociales que la habitan. Uno de los caracteres esenciales es la función integradora de los grupos sociales que conforman el bloque de poder local en el que se integran; por una parte, los ma- yores hacendados del municipio y, por otra, los que están directamente vincula- dos al poder político concejil y a la administración local: alcaldes, secretarios de todo tipo de instituciones, concejales, notarios, jueces, etc. Unos y otros confun- didos, a veces, en la misma persona (2). Clases sociales que, siendo poseedoras de los medios de producción locales, residen en las principales calles y plazas de la localidad, y, generalmente, en el Barrio de la Villa o en la Plaza de la Corredera y calle Ancha del Barrio de Santiago, contiguas y en posición céntrica respecto al conjunto espacial urbano. Y habitando en grandes viviendas, algunas de ellas auténticas casas señoriales, llamadas a cumplir una finalidad social muy concre- ta: expresar la magnificencia, el poder y la respetabilidad del orden establecido.
Hay que tener en cuenta, además, que las funciones administrativas se desempe- ñan en el mismo centro de la villa, el Ayuntamiento, la Iglesia, el Convento, la Vicaría, el Juzgado Civil (3), y otras instancias que le confieren carácter de peque- ña ciudad, dada la animación e intensidad de relaciones entre la población de la villa y la de las aldeas. Allí acuden los 'cortijeros' y aldeanos a solucionar los pro- blemas acuciantes que se les plantean —pleitos sobre mojones, aguas, tala ilegal de pinos, etc.— y requisitos oficiales como la inscripción de hechos vitales en el Registro Civil o en la parroquia, o la compra de vestimentas y elementos de hogar
(2) Los casos de personas que han ocupado cargos políticos, vinculados al poder concejil y a la admi- nistración burocrática, con vinculación a la posesión de la gran propiedad territorial son revela- dores: Ramírez, Llopis, Beteta, Juárez, Gallego, Montanos, Quijano, Blázquez, etc.; seda el caso también de profesionales, comerciantes y otros sectores de la pequeña y mediana burguesía, que poseyendo importantes lotes de tierra, la mayoría de ella dedicada a madera, mantienen fuertes vinculaciones con el poder político local e, incluso, provincial: Alfaro, Córdoba Santoyo, Escribá Sobrevilla, Fernández Ugena, Mulero, etc.
Por el contrario, algunos de los que ocupan puestos en la administración local, cuya profe- sión es de menor renta, (albañiles, barberos, panaderos, etc.,) se ven obligados a dimitir por no 'asistir con puntualidad al desempeño de tales funciones, a no ser con quebrantos para sus intere- ses' (A.M.Y., Ac cap., ses. extra., 5-1-1925). Por lo que la 'cuestión política' se dejaba en manos, frecuentemente, de los mayores hacendados del municipio, que tenían más tiempo libre, o de los que tenían un sueldo fijo que les permitía vivir holgadamente.
(3) El Juzgado de 1a instancia comienza a funcionar a finales del siglo pasado (A.M.Y., Ac., cap., 8-11-1896).
necesarios para el consumo y trabajo doméstico familiar. La villa será, pués, el punto de unión entre el mundo aldeano y la sociedad española del momento, de- bido a las formas de vida de sus clases más elevadas, constituyendo una solución de continuidad entre la cultura urbana en transición, específica de los siglos XIX y XX, y la cultura campesina existente en el seno de la comunidad rural tradicio- nal.