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DISTRIBUCION DE LA POBLACION SEGUN SU EDAD

POBLACION

El estudio comparativo de las pirámides de edades de la población nos va a permitir analizar la dinámica general de la población y, en definitiva, el carácter de su estructura. De la misma manera, revelará el índice de dependencia de aqué- lla, es decir, la proporción de población no activa (los que consumen pero no producen) respecto de la población activa (los que producen y consumen). Tras el análisis de la población según su edad, sexo y estado civil, el análisis de la distri- bución de la población por actividades productivas y, finalmente, el grado de al- fabetización de la población, indicadores y componentes que permiten fijar la naturaleza y el carácter del tipo de población que se estudia.

entre los quince y los treinta años. La inflexión de estos grupos se debe funda- mentalmente al papel de la emigración, que ya en 1860 comienza a tener efecto en la distribución de los grupos de población de uno y otro sexo, afectando a los de veinte y veinticinco años. Inflexión que afectará más todavía a la población de la sierra.

Aún, en 1930, la estructura piramidal ofrecía rasgos verdaderamente de tipo tradicional, si bien hay que matizarlos. En este año, las pirámides introducen al- gunos cambios cuantitativos y cualitativos que afectan a su distribución. Tan só- lo la ciudad de Albacete, de toda la población de la provincia, encuentra un estre- chamiento en la base correspondiente al grupo de menores de cinco años (36), he- cho que no parece afectar en absoluto al resto de la población rural de la provin- cia, y muy concretamente a la población de la sierra:

CUADRO N.° 8: DISTRIBUCION DE LA POBLACION SEGUN GRUPOS DE EDADES.

1860 1877 1930

Edades Yeste Provincia Yeste Provincia Yeste Provincia

0-15 38.5 36.5 36.2 37.8 36.2 36.9

16-30 26.6 25.3 23.0 26.4 28.8 25.1

31-60 31.0 31.7 33.2 27.0 27.4 29.9

60- 3.8 5.9 7.5 8.6 8.7 8.1

Fuente: INE, Censos de población.

A.M.Y., Padrón de habitantes de 1930.

La ausencia de padrones de habitantes en todo el período para el municipio de Yeste, a excepción del de 1930, y la imposibilidad de reajustar los datos según la clasificación de los grupos de edad de los distintos censos de población explica que se hayan recogido de la siguiente manera en el cuadro n.° 8. Los resultados son sumamente reveladores. En Yeste, la suma de niños y adolescentes (0-15) años arroja los mismos resultados en 1877 que en 1930, 362 por mil; mientras a escala provincial parece existir un ligero descenso, motivado por el declive de la fecundidad, pero aún, así, mantiene similares porcentajes a los señalados en el censo de 1860. Junto a los elevados índices de natalidad de la época, hay que se- ñalar el ligero aumento de los grupos de edades comprendidos más allá de los se- senta años que resulta decisivo entre 1860 y 1930. En contraposición, no parece existir modificación real alguna de los niveles obtenidos en 1877 y en los años treinta. A través del padrón de 1930 se puede diferenciar la estructura de edades entre las aldeas y la villa. En ambas, mientras los valores relativos mantienen idénticos resultados para los grupos infantiles y juveniles, síntoma de una

(36) Juan Romero González, La despoblación de la Mancha, pp. 53-5.

fecundidad elevada en todo el municipio; en la villa, el índice de envejecimiento es más alto que en las aldeas. Las explicación de ello reside en la concentración de población vieja viuda, con niveles de renta elevados, residentes en el casco urba- no de Yeste. Pero habrá que esperar a 1950 para que la población cambie sustan- cialmente la distribución piramidal como síntoma de su modernidad demográfi- ca.

GRAFICO 5: ESTRUCTURA DE LA POBLACION POR EDADES Y SEXOS.

VES TE

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PROVINCIA 1877

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H.mbr., V.rO.I..

1171

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138

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PROVINCIA

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En lo que respecta a los grupos de población intermedia, ya se ha señalado con anterioridad el peso que la emigración ejercía, sobre todo, en aquéllos de edades más jóvenes. Conocemos la emigración estacional y definitiva que sin du- da la población de Yeste y su comarca inicia durante la segunda mitad del siglo XIX. Cuestión ésta que, aunque no estudiada exhaustivamente, podemos afir - mar como un fenómeno social de la época, común a todas las poblaciones agra- rias de la España interior. Los movimientos migratorios inciden en edades de 16 y 30 años. En Yeste, este grupo, de 266 por mil, afectado ya por la emigración, pa- sa en ese año de 1860 a 230 por mil en 1877. La provincia también se vió afectada por este fenómeno migratorio, cuyas direcciones ya han sido sobradamente seña- ladas. Llegado el año de 1930, el fuerte aumento de población de este grupo

—pasando de 230 a 288 por mil— se debe no sólo al retroceso del movimiento migratorio respecto a niveles del siglo anterior, sino, también a la llegada de un nutrido grupo de trabajadores de fuera del término para las tareas de construc- ción del pantano.

YESTE 1930

Ci.nt.. a. hab.

P RC 18 V*r

Mi.. a. hab.

El otro grupo de población intermedia, considerado como población econó- micamente activa, al igual que el anterior, comprendido en edades entre los 31 y 60 años, pierde peso durante el período de 1877 y 1930, de 332 por mil se pasa a 274 por mil. Este grupo presenta una disminución en valores relativos derivada M cese migratorio y progresivo envejecimiento de la población que pudimos apareciar, de modo ligero, en el grupo de edades de más de 60 años. La esperanza de vida media aumenta ante la mejora de las disponibilidades alimenticias y al progreso de la medicina, aunque lo haga de manera muy sensible. Asimismo, también debe su reducción al ensanchamiento de los grupos de edades de menos de 15 años y al aumento de la población jóven económicamente activa. En suma, las pirámides de población aún presentando diferentes manifestaciones, mantie- nen en el transcurso de este período una estructura típica de población subdesa- rrollada, señalando escasos índices de envejecimiento y caracterizándose por la permanencia de elevados niveles de población jóven, como consecuencia de una fuerte fecundidad.

El índice de dependencia de una población determinada constituye uno de los indicadores demográficos más precisos para comprender el tipo de población que se analiza. El índice se mide por el número de personas menores de quince años y los mayores de sesenta años, en algunos casos a partir de los cincuenta, tratándose de poblaciones históricas, es decir, los grupos de edades más jóvenes y más viejos de la población, económicamente no productivos, aunque sí consumi- dores, por cada cien o mil individuos de entre quince hasta cincuenta o sesenta años, según se trate. El índice de dependencia de la población moderna se mide, lógicamente, por el grupo de primeras edades y los mayores de sesenta y cinco años, edad más o menos en que la población deja de ser productiva económica- mente. Sin embargo, la población que estudiamos, ante las características presen- tadas, debe medir su índice de dependencia según la población anciana de más de cincuenta años, habida cuenta de los escasos índices de envejecimiento de la po- blación y el hecho de que las defunciones de más de cuarenta y nueve años de edad no superaran el 25 por mil del total de las mismas en lo que respecta al siglo pasado, como se verá más adelante. El considerar, por tanto, persona anciana o vieja a una de más de cincuenta años responde a que el hombre o mujer que llega- ra a esa edad, toda vez que había atravesado toda clase de vicisitudes y calamida- des, había quemado más energía y estaría físicamente más desgastado que el hombre actual. Además, a ello habría que añadir las diferentes condiciones de vi- da y trabajo respecto a las de hoy, en que está muy extendido el trabajo intelec- tual (37).

(37) Véase al respecto la contribución de C.M. Cipolla, Historia económica de la Europa preindus- trial, Alianza cd., Madrid, 1981, p. 80, y Vicente Pérez Moreda, Las crisis de mortalidad.... pp.

189 y ss.

CUADRO N.° 9: INDICES DE DEPENDENCIA.

1860 1877 1930

De más de Yeste Provincia Yeste Provincia Yeste Provincia

50 años 95.3 98.1 108.2 106.2 113.7 109.4

60 años 73.2 73.8 77.8 73.2 96.5 79.1

Fuente: INE, Censos de población.

A.M.Y.. Padrón de habitantes de 1930.

De acuerdo con estos criterios, los índices de dependencia para el municipio según la población anciana de más de cincuenta años eran superiores, incluso, al 100 por cien, caso concreto de 1877 y de 1930. La provincia también superaría es- tos niveles. De este modo, a cada persona considerada como activa le correspon- dería soportar la carga de otra persona inactiva y dependiente del trabajo de la primera. Considerando como población activa la de los grupos de hasta cincuen- ta y nueve años, la población que estudiamos presenta un índice de dependencia superior a los que pueden encontrarse en la actualidad, debido a la elevada pro- porción de población infantil y juvenil existente. En general, de cada cien perso- nas potencialmente activas le corresponderían más de setenta y noventa depen- dientes de ellas. La provincia en el mismo período, y según el segundo procedi- miento tendría índices de dependencia no superiores al 80 por cien, pero tampoco por debajo de los 70 por cien. Es más, si consideramos población activa a las per- sonas de más de sesenta y cuatro años para el año de 1930, procedimiento segui- do en las poblaciones 'modernas', nos encontramos con índices de dependencia del 72.9 por cien, mientras que con el mismo criterio establecido lo era de 51.5 por cien en 1950. En consecuencia, el proceso de transición demográfica de estas poblaciones se ve consumado en el período que media entre ambas fechas del si- glo (38).

Respecto a los índices de envejecimiento, éstos se miden por el número de personas consideradas viejas o ancianas por cada cien o mil jóvenes menores de quince años en una población dada, como previamente se ha venido señalando.

En el cuadro n.° 10 se aprecia como la población de la sierra alcanza por lo gene- ral unos índices de envejecimiento bastante más bajos que en el resto de la pro- vincia, aumentando progresivamente en el transcurso del período, conforme a los avances en las disponibilidades alimenticias e higiénicas, que posibilitan una menor intensidad de la muerte y unas mayores posibilidades de vida. En suma, un aumento de la esperanza de vida. El peso de la emigración en el siglo pasado ha ejercido cierta influencia en los índices de los primeros años, de 1860 y 1877,

(38) Los índices de dependencia de Otero de Herreros, población serrana de Segovia, también supe- raban el 70 por cien a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado, corroborando así la validez de los supuestos de estas poblaciones serranas de Albacete, V. Pérez Moreda, op. cii., p. 191.

ya que en la medida en que la población activa más joven emigre, el índice de en- vejecimiento se intensifica. También el alza de la fecundidad puede tener efectos rectificadores en aquéllos. No obstante, a pesar de todo ello los indices de enveje- cimiento de la población son representativos de lo hasta ahora afirmado: escasa población anciana y fuerte peso de la población infantil y juvenil.

CUADRO N.° lO: INDICES DE ENVEJECIMIENTO.

1860 1877 1930

De más de Yeste Provincia Yeste Provincia Yeste Provincia

50 años 26.8 35.5 43.4 51.2 46.8 49.6

60 años 9.9 16.1 20.7 24.1 24.6 26.5

Fuente: INE, Censos de población.

A.M.Y., Padrón de habitantes de 1930.

En resumen, la población nos presenta unos índices de dependencia respecto a la población activa bastante altos, pero en consonancia a los rasgos descritos por otras poblaciones de similares características, que responden no tanto al total de ancianos, que pudieran superar aquellos límites, como al peso de la población infantil y adolescente. Por tanto, la población agraria albacetense soportará has- ta bien entrado el siglo XX unos porcentajes de población dependiente de elevada consideración, aliviadas en áreas como ésta por la intensidad de la muerte en los grupos de edades de población dependiente, pero compensada por los niveles de fecundidad de la época. No obstante, dada la baja productividad media de los grupos económicamente activos, no podían permitirse a sus espaldas tal cantidad de personas dependientes, por lo que, normalmente, la población anciana se veía obligada a trabajar hasta el fin de sus días, y los jóvenes a trabajar mucho antes de cumplir los quince años.