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5.6. PARENTESCO, ENDOGAMIA Y MOVILIDAD GEOGRAFICA DE LOS CONYUGES
CUADRO N.° 15: DISTRIBUCION MENSUAL DE LAS NUPCIAS.
YESTE PROVINCIA YESTE
(1846-1900) (1900) (1901-1935)
ENERO 8.6 10.8 9.2
FEBRERO 19.1 13.7 14.1
MARZO 2.4 4.1 4.4
ABRIL 6.2 6.7 9.3
MAYO 8.9 9.1 9.9
JUNIO 5.0 9.6 4.9
JULIO 3.4 4.2 2.1
AGOSTO 5.5 5.0 4.8
SEPTIEMBRE 6.2 7.9 8.4
OCTUBRE 6.9 9.8 6.6
NOVIEMBRE 25.4 13.2 20.9
DICIEMBRE 2.4 5.9 5.3
Fuente: Libros parroquiales de matrimonios.
INE, Censo de población de 1900.
En general, si la tendencia de la nupcialidad mostraba las inflexiones propias de la coyuntura económica, el ciclo estacional de la nupcialidad muestra, con ma- yor rigor y precisión, la estrecha vinculación entre aquél y las actividades labora- les predominantes en la sociedad agraria. Y en menor grado las influencias de las diversas manifestaciones religiosas de la población. En suma, la población de Yeste, al igual que otras muchas poblaciones del pasado, mantiene, durante la se- gunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del XX, una conducta nupcial regu- lada en mayor o menor medida por conocidos factores de marcada significación económica que se incluyen en el marco de una sociedad agraria de carácter tradi- cional.
5.6. PARENTESCO, ENDOGAMIA Y MOVILIDAD GEOGRAFICA DE
(37). El procedimiento utilizado, derivado de los recuentos globales, ha contado con ciertas irregularidades debido a la falta de información referente a la proce- dencia y vecindad geográfica de los cónyuges en determinados períodos históri- cos, aunque ello no ha sido obstáculo para la comprensión global del comporta- miento endogámico y de las relaciones de parentesco de la población que nos ocupa.
Al parecer, por los estudios hasta la fecha realizados, la endogamia ha sido un fenómeno que, condicionado por factores socio-económicos, ha predomina- do en las relaciones sociales de las pequeñas comunidades aldeanas. Lo habitual en el medio campesino de las aldeas e incluso en las villas de no muy elevadas proporciones numéricas de población era que se celebraran matrimonios exclusi- vos entre miembros de una misma condición social y de la comunidad en que se enraizaban. Así, la coincidencia entre medio social y parentesco, que favorecía las solidaridades parentales, era sistemática en el medio campesino de las socie- dades agrarias del pasado (38). Incluso en la época actual, las relaciones endogá- micas están bastante extendidas en las comunidades que estudiamos. En el perío- do histórico comprendido, los matrimonios celebrados con contrayentes del mis- mo municipio ostentaban un índice por encima del 80 por cien respecto al total de los matrimonios y rozando casi, en determinados momentos, el 90 por cien de los mismos; véanse las tablas VII A-E. En los períodos que los libros de matrimonio recogen información detallada sobre la vecindad y la procedencia exacta de los contrayentes observamos índices de matrimonios de una misma pedanía del or- den del 60 por cien del total de las uniones celebradas: en el período de 1876 a
1895, el 70.1 por cien de las nupcias pertenecían al tipo de relaciones endogámi- cas más puras, puesto que los contrayentes lo eran de las mismas aldeas dentro de las pedanías; y, aún, entre 1925 y 1935 existía un coeficiente del 69.5 por cien. No cabe duda que el medio montañoso, que impedía y hacía más difíciles las comu- nicaciones con otras áreas, era propicio para estos porcentajes tan elevados de matrimonios endogámicos (39).
(37) véase al respecto bibliografía citada en Edward Shorter, Naissance de la famille moderne, XVIIIe -XXe siécle, Editions du Seuil, Paris, 1977, pp. 187-196. Más recientemente en Jeremy Millard, 'A New Approach to the Study of Marriage Horizonts', Local Population Studies, 28, 1982, pp. 10-31, basado en la tesis del autor, Marriage Distances and Spatial tnteraction In North Buckinghamshire, 1754-1913, Birbeck College, University of London, 1976; también en B. Maftby, 'Parish Registers and the Problem of Mobility', Local Population Studles, 26, 1971, pp. 32-42.
(38) Jean-Louis Flandrin, Los origenes de la familia moderna, pp. 48 y ss.
(39) En las aldeas del valle de Liébana, los indices de endogamia oscilaban entre los 53.8 y 68.7 por cien durante las primeras décadas del siglo XX, J. López Linage, op. cit., p. 85. Pero en general, los indices de endogamia eran elevados en las poblaciones rurales de principios de siglo; en Tie- rra de Campos (Carrión de los Condes y Támara), los índices sobrepasaban el 50 por cien, Victor Pérez Díaz, Pueblos y clases sociales en el campo español, Siglo XXI, Madrid, 1974, p. 181.
GRAFICO 16: INDICE DE ENDOCAMIA EN LAS ALDEAS.
so- so-
1890 -95 1896-00 1901 -05 1906-10 1911-16 1916-20 1920-25 1926-30 1931-35
80
1
601 40- 20]
100- 80-1
60]
aft
40
1H
20
1 -
O]LI
1899 00 1901 - 05 1906 -10 1911 -15 1815 __ -20 1921 -25 1926 -30 1931 - 35% lOO]
80-
60.1
W LH
40.1 20:1 0]
O Matrimonios entre convecinos.
Matrimonios con otras pedanías de Yeste.
- Matrimonios con municipios de la Sierra de Segura.
D Matrimonios con otros municipios.
SEGE
QONTAR
TUS LA QRAYA
La relación de las cuatro parroquias de aldea era la siguiente:
SEGE GONTAR IAGRAYA TUS
77.8% 68.0% 71.4% 86.6%
De estos resultados, cuya evolución puede observarse más detenidamente en las tablas anteriormente citadas y en gráfico n.° 16, pueden extraerse las siguien- tes conclusiones. Las costumbres que reglamentaban la vida campesina tendían al reforzamiento de las relaciones de pertenencia aldeana o de vecindad. A la ho- ra del matrimonio, la mayoría de los muchachos preferían 'ponerse novios' con las muchachas de la misma aldea. En este sentido, las preferencias a la proceden- cia familiar y el alcance económico y social de las familias eran oportunas. Era necesario saber de que familia procedía, ya fuera de parte del cónyuge como de la cónyuge, y las habilidades y cualidades de trabajo de cada uno de los futuros contrayentes. En la comunidad se conocían todos y las relaciones familiares —'es de buena familia'— incidían de manera especial en la formalización de los con- tratos matrimoniales.
Uno de los factores que mayor peso tenían en la valoración del noviazgo apunta a la pertenencia de medios de producción, más especialmente a la pose- sión de la propiedad de la tierra, que era considerada como un indicador de la po- sición social del individuo. La posesión de medios de subsistencia, de bienes de patrimonio y herencia marcaba las diferencias entre las distintas familias, deter- minando las relaciones sociales entre los aldeanos y el conjunto de la población, y orientaba la formación de los matrimonios. Tanto las familias económicamente potentes como las menos favorecidas tendían a una sobrevaloración de la propie- dad de la tierra. Era cuestión de supervivencia física y social. Pero eran las gran- des familias de propietarios, hacendados, las que tendían mayormente a aumen- tar, concentrar y perpetuar los medios económicos de que disponían. Los enlaces matrimoniales iban, preferentemente, dirigidos a reproducir los esquemas clasis- tas que socialmente distinguían a las sociedades agrarias del momento. Así, la consideración social de Don y Doña aparecía complementándose en cada uno de los contrayentes de este tipo de parejas, formadas exclusivamente por los hacen- dados más potentes, militares y determinadas profesiones liberales; sin embargo, su número era muy reducido. Del total de los matrimonios entre 1875 y 1900 sólo el 1.9 por cien señalaban esa distinción social entre los contrayentes.
Uno de los factores que más incidían en la permanencia secular de elevados índices de endogamia es, sin duda, la excesiva parcelación y la baja productivi- dad de la tierra. En el medio aldeano, los enlaces matrimoniales tienden, prefe- rentemente, al fortalecimiento de las relaciones de parentesco como medio de su- pervivencia social, sobre todo en el ámbito de los pequeños propietarios y jorna- leros. Los matrimonios entre hermanos de varios núcleos conyugales no eran, por tanto, excepcionales, véase a guisa de ejemplo la figura siguiente:
Familias de jornaleros de la aldea de Quebradas (Raspilla).
FeIi (1
Teodoro Adolfina Juana Cortés Sagrario Juan Pilar Emiliano N'lanuc!a (1919) (1924) Antonia (1913) (1916) Antonio (1921) (1924) (1930)
(1930) (1918)
Fuente: Padrón de habitantes de 1930.
En la aldea de Tus y a través del procedimiento de reconstitución de familias he podido averiguar como dos familias reforzaban los vínculos de parentesco me- diante el matrimonio de sus respectivos hijos entre sí: los hermanos Angel y M . Alarcón se casaron con los hermanos Joaquina y Timoteo Martínez respectiva- mente. A su vez, sus hijos, primos hermanos, se casaron también entre sí: Ma- nuel y Francisco Alarcón M. con María Dolores y M. Eusebia Martínez Alar- cón, respectivamente.
Los jóvenes aldeanos pretendían generalmente al matrimonio con las mu- chachas de la misma aldea, llegando incluso a impedir el trato de éstas con extra- ños, ya que el casamiento de aquéllas con éstos representaba una oportunidad menos para dejar de ser solteros y dependientes de otra, cuestión que se evitaba a toda costa. Por regla general, los parientes veían con malos ojos y preocupación que la muchacha se llevara en dote una parte del patrimonio de la aldea para en- tregarlo a un extraño que no participaba de las cargas fiscales o de las tareas pro- ductivas de la aldea (40). Desde bien temprano, la familia preparaba el camino nupcial de sus hijos a la comunidad en la que se realizaba la vida familiar desde antaño. Y de ahí la importancia de los índices de endogamia y las dispensas de consanguinidad. A continuación presentamos un romance que de antiguo se co- noce en la aldea de Boche, de la pedanía de Fuentes, pasado oralmente de genera- ción en generación y que expresa no sólo la idea de matrimonio en la comunidad bochera y de Yeste en general, sino la identidad de intereses entre los cónyuges de
(40) J. L. Flandrin. Los orígenes de la familia moderna, p. 65.
una misma condición social, determinando, en definitiva, el fortalecimiento de las relaciones parentales del medio campesino:
Un día, de matrimonio le vino a Juan el deseo y poniéndose a pensar pronto encontró su remedio, y le dijo: Juana, escucha mi atrevido pensamiento, pues yo he pensado casarme y me canso de andar suelto, y a que seas mi mujer si quieres estoy resuelto.
Poco hemos de perder tú y yo en este cuento, tu eres pobre y yo soy pobre, tu eres tuerta y yo soy tuerto, con que di si te conviene, contéstame y acabemos.
Juan, si has pensado casarte, tengo el mesmo pesamiento, y como semos iguales pronto nos arreglaremos.
Pero es preciso pensar y saber, que es lo primero cómo hemos de vivir y ver el ajuar que tenemos.
Hablas como un libro, Juana, y a nombrar mi ajuar empiezo, que sin duda, como el tuyo será poco más o menos (41).
La endogamia, pues, se revela como una forma de interacción igualitaria
(42), una práctica social de las clases en la que se reconoce actualmente la perte- nencia de un miembro determinado a su propia condición social. La coincidencia entre medio social de los distintos cónyuges: vínculos parentales entre hijos de propietarios, labradores y entre jornaleros. Existen escasísimos casos de matri- monios entre cónyuges de diferentes condiciones sociales. La frecuencia de las re- laciones endogámicas se sustenta también en la frecuencia de idénticos apellidos en las aldeas, encontrándonos ambos esposos, a veces, con idénticos apellidos y viendo repetir nombres y apellidos de los abuelos y de los padres en los nietos. El
(41) Reproducido en Cristóbal Gómez Benito, op. cit., p. 88.
(42) Salvador Giner, Sociología, Península, Barcelona, 1979, 11. cd. pp. 132-3.
análisis a través del padrón de habitantes del municipio de 1930 así lo demuestra.
Escogiendo 22 aldeas del término he podido comprobar la correlación entre fre- cuencia de apellidos y endogamia. Es curioso notar como hoy en día los apellidos orientan a la población para saber el lugar de nacimiento de un determinado miembro de la comunidad. Los apellidos que más frecuencia señalaban en cada una de las aldeas elegidas eran los siguientes.
CUADRO N.° 16: LOS APELLIDOS DE MAYOR FRECUENCIA EN LAS ALDEAS.
Apellidos Lugar
Alarcón Majada Carrasca (Moropeche)
Blázquez Collado Tornero (Tus) y Rala
Bonaque Prados (Arguellite)
Chinchilla Ladonar (Alcantarilla), Prados (Arguellite)
Cózar Paules y Antegil
Elbal Fuentes
Fernández Arroyo Sujayar (Sege) y Sege
Galera Boche (Fuentes)
García Collado Tornero (Tus), Sege y Claras (Tindavar)
Linares Raspilla
López Quebradas (Raspilla)
Lozano Boche (Fuentes), Moropeche y Rala.
Martinez Pajareles (Jartos) y Arroyo Morote (Jartos) Muñoz Majada Carrasca (Moropeche) y Moropeche Palacios Llano Torre (Rala), Raía, Quebradas (Raspilla) Rodríguez Arroyo Morote (Jartos)
Ruiz Chorreones (Gontar)
Sánchez Marchana (Gontar)
Serrano Paules.
Fuente: Padrón de habitantes de 1930.
En la aldea de Pajareles de la pedanía de Jartos, uno de cada cuatro habitan- tes ostentaba el apellido Martínez; proporción que igualmente presentaba la al- dea del Villar en la pedanía de Tus con el apellido García. Todavía más, el mismo apellido representaba al 40 por cien de la población de Collado Tornero, también en la misma pedanía. Casi idénticos porcentajes ostentaba la aldea de Arroyo Su- jayar con el apellido Fernández —38 por cien— y la populosa aldea de Sege, que en 1930 tenía 412 habitantes. Uno de cada cinco se apedillaba Palacios en la aldea de Rala y de Llano la Torre, y así en otras tantas. Su frecuencia probablemente deviene del asentamiento originario que en siglos anteriores realizaron las fami- lias con estos mismos apellidos, sobre todo en el siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX. Pero entre los factores que propiciaron y acentuaron la endogamia del gru- po de población aldeana cabe destacar el papel que la incomunicación y el aisla- miento montañoso posibilitan en su desarrollo.
Los fuertes lazos de parentesco se pueden observar también en la consangui- nidad de los matrimonios. Endogamia y consanguinidad estarán en cierta medida relacionados. Los 538 matrimonios consanguíneos observados representan el 8.9 por cien del total celebrados entre 1846 y 1935, alcanzando en algunas décadas porcentajes bastante más elevados: entre 1876-1885, el 13.1 por cien fueron dis- pensados de diversos grados de consanguinidad, y aún en 1906-1915 el índice as- ciende al 16.9 por cien. La última década del primer tercio de nuestro siglo sólo registra un 1.3 por cien de matrimonios consanguíneos, confirmando indicios de un comportamiento demográfico de rasgos modernizantes, véase la tabla VII del apéndice. De las series analizadas parece desprenderse un aumento de la consan- guinidad tras los períodos de auge de la mortalidad. Ello presupone que en los períodos de crisis de mortalidad y carestías aumentan, en términos relativos, los matrimonios entre parientes como medio de supervivencia física. Sin embargo la cuestión de la tierra debió influir decisivamente como se desprende de los valores de consanguinidad de las parroquias de aldea, que a continuación presentamos
(43):
TUS LA GRAYA SEGE GONTAR
13.4 12.1 8.5 6.6
En cuanto a la distribución de los matrimonios consanguíneos según su gra- do de consanguinidad hay que destacar que sólo 11 de ellos lo fueron en primer grado —un 2 por cien— y justamente la mitad, 281 —52.2 por cien—, lo fueron entre primos hermanos de segundo y tercer grado. Normalmente las dispensacio- nes de consanguinidad tardaban cierto tiempo en realizarse lo que conducía, ine- vitablemente, a que un determinado porcentaje de parejas se juntaran. En conse- cuencia, una parte de las relaciones concubinales y el incremento de los hijos 'ile- gítimos' vendrían determinados por el alto grado de parejas consanguíneas en al- gún grado. No es de extrañar, por tanto, que en muchas aldeas estuviesen todos o casi todos sus habitantes emparentados, y que los vínculos de parentesco tendie- sen incluso a aumentar hasta fechas muy tardías, hasta que el fenómeno migrato- rio de las últimas décadas actuales rompiera definitivamente las relaciones que secularmente han pervivido en estas poblaciones.
Las relaciones endogámicas respondían, pues, al complejo sistema de solida- ridades parentales o de vecindad que estructuraban la vida cotidiana de la comu- nidad. Y a ello contribuía la escasa densidad de la población de la sierra, la
(43) La parroquia murciana de huerta de Algezares en el siglo XVIII registró mayores índices que la ciudad y el campo de Murcia durante el mismo periodo, vid. F. Chacón y Guy Lemeunier, 'La vida conyugal...', p. 201.
Por otra parte, Roland Pressat ha señalado un incremento de la consanguinidad en las po- blaciones que progresivamente practican el control voluntario de natalidad; sin embargo, no es el caso de la población yesteña que va descender la tasa de consanguinidad en el preciso momen- to del declive de la natalidad, Introducción a la demografía, Ariel, Barcelona, 1977, p. 105.
estructura de la propiedad de la tierra y el aislamiento en que se encontraban es- tos pequeños núcleos de población (44). Por otra parte, la pertenencia de los cón- yuges a un determinado grupo social era condición indispensable para la forma- ción de una familia. A veces tan sólo el hecho de pertenecer a una aldea consti- tuía todo un vínculo de parentesco, aunque éste no fuera conocido. Como ha se- ñalado J. L. Flandrín todo ocurre como si la noción de pariente se basara más en la pertenencia a la comunidad aldeana que a los mismos vínculos de sangre o de alianza (45). Ello podría tener una relación con el hábito plurisecular de los cam- pesinos o jornaleros de estar emparentados con todos los habitantes de la aldea.
Boche con un total de 215 habitantes es un claro exponente de ello; todos los veci- nos se encuentran emparentados entre si y lo prueba además la frecuencia de sus apellidos Galera, Lozano, García y Tauste, que representan más de las dos terce- ras partes del total de los apellidos, según el padrón de 1930.
Junto a los factores que desencadenaron la endogamia, exponente claro de una sociedad autárquica (46), cabe, por último, señalar los factores que confor - man la movilidad de la población. La ausencia casi total de padrones ha orienta- do el análisis de la movilidad de la población —en este caso de la inmigración— a través de los libros parroquiales de matrimonio, de reconocida valía por los estu- diosos de la misma (47). La exogamia —matrimonios celebrados entre contrayen- tes de distintas poblaciones ya fuera o dentro del municipio— responde también a mecanismos de índole socio-económico en su mayor parte. Generalmente, los cambios de residencia de una aldea a otra, o bien hacia otros municipios, solían coincidir con el momento del casamiento. De esta manera, el establecimiento de una familia recién constituida en un lugar determinado venia condicionado por los bienes de patrimonio y herencia y la necesidad de vivir lo más cerca posible de las propiedades. Si el marido no era de la misma aldea que la mujer y aquél tenía una dote mayor, el núcleo conyugal podría establecerse en el lugar previamente fijado por el marido, y justo al lado de sus bienes patrimoniales. En caso contra- rio, solía residir en la aldea de la mujer, ya que ésta prefería tener cercanos sus la- zos familiares. Pero generalmente la movilidad de la población se orientaba en
(44) La relación entre endogamia y distancia geográfica de los futuros cónyuges puede verse en Jean Sutter, 'Frequence de l'endogamie et ses facteurs au XlXe siécle', Population 2. 1968, (marzo- abril), pp. 303-24; y en Jeremy Millard, 'A New Approach to the Study of Marriage Horizonts', Local Population Studies, 28, 1982, pp. 10-31.
(45) Jean-Louis Flandrin, op. cit., pp. 49-50.
(46) L. Granelli Benini, Introduzione alta demografia storica. La Nuova Italia, Florencia, 1974, p.
39.
(47) Y. Blayo, 'La mobilité dans une village de la Brie vers le milieu du XIXe siécle', Population, 25, 1970, pp. 575-578; G. Dupeux, 'L'étude de la mobilité sociale. Quelques problémes de méthode', en Hommage A Ernesi 1.abrousse. Conjonclure économique. Struclures sociales, Mouton, París, 1974, pp. 79-81; Jean-Pierre Poussou, Introduction á l'étude des migrations an- ciennes', en Démographie historique, ed. de Maria Luiza Marcilio y Hubert Charbonneau, PUF., París, 1979, pp. 153-188.
función de la mejora de las condiciones de trabajo y vida.
El estudio de la movilidad de la población, realizado a través de la proceden- cia geográfica de los contrayentes, parte de la agrupación de los cónyuges en tres tipos de movimientos: los especificamente interlocales (contrayentes de distintas pedanías del término municipal de Yeste), los integrados por contrayentes de los municipios de la comarca de la sierra de Segura. Y finalmente, aquéllos que pro- ceden de otros municipios españoles. Normalmente, solía existir cierta movilidad poblacional entre los distintos núcleos de población aldeana; así en el período de 1876 a 1895 el índice de matrimonios formados por contrayentes de diferentes pe- danías del término fue del 20.1 por cien, y entre 1921 y 1935 lo fue del 14.6 por cien. Tasas que parecen aumentar en los períodos de alza demográfica y dismi- nuir en aquéllos de recesión económica.
Pero más interesante que la anterior lo es la relación de inmigrantes, contra- yentes de fuera del municipio, que se registran en los libros de matrimonio. El to- tal de cónyuges inmigrados a Yeste durante el período de 1846 y 1935 es de 903, es decir, el 7.5 por cien del total de los contrayentes; repartidos en 634 varones
—10.5 por cien— y 269 mujeres —4.5 por cien— procedentes de los diversos pa- rajes españoles. Claro está que la proximidad al municipio explicará el alto por - centaje de contrayentes de aquellos matrimoniados en el término. Los índices de matrimonios formados por contrayentes del término de Yeste con otros de los municipios de la Sierra de Segura oscilan entre el 3 por cien del quinquenio de 1921-25 y el 16.4 por cien del período de 1886-90. En todo el período el índice es de 9.8 por cien respecto al total de los matrimonios, por lo que cabe señalar que la mayoría de los matrimonios exógamos corresponden a los que estaban forma- dos por contrayentes de esta comarca. En las zonas próximas a los municipios li- mítrofes los índices se elevan por encima de la media municipal, fenómeno que revela la intensidad de relaciones entre las zonas más cercanas. En las parroquias de aldea la relación de matrimonios formados por uno de los contrayentes de los municipios cercanos era la siguiente:
GONTAR SEGE LA GRAYA TUS
18.0 10.7 10.4 5.8
Los primeros años de nuestro siglo, marcados por un ciclo de buenas cose- chas, los años consecutivos al año de la gripe (1918) y los últimos años del perío- do, durante la fase de construcción del pantano, son los momentos de mayor in- cremento de los indices de exogamia. Y fueron los municipios más cercanos a Yeste y los lugares más próximos a las aldeas y caseríos del término los que eleva- ban el número de matrimonios exógamos. A mayor proximidad, mayor incre- mento de matrimonios, habida cuenta de la intensidad de las relaciones: