• No se han encontrado resultados

En el siglo XVIII

In document ALFOMBRAS DE ALCARAZ Y LIÉTOR (página 139-145)

3. Las formas de organizacion y comercializacion de la

3.2. LOS SISTEMAS PRODUCTIVOS

3.2.2. En el siglo XVIII

tos y beaterios, que conservaban el proceso de producción, pero aquí los productores no estaban cualifi cados profesio- nalmente ni agrupados corporativamente.

La distinta dedicación al proceso permite diferenciar los obradores conventuales de los familiares. Las monjas y beatas trabajaban en verdade- ros talleres y, aunque no estaban “examinadas”, eran auténticas especialis- tas en estos tejidos, a cuya confección dedicaban muchas horas diarias; de sus manos salían excelentes alfombras. En las familias, las tejedoras –prác- ticamente todas las alfombras eran confeccionadas por mujeres– tenían que compatibilizar la producción de alfombra con otras tareas domésticas y su tiempo de dedicación diaria a la actividad era variable y generalmente escasa; aunque se registran ejemplos excepcionales por su gran calidad, en las casas, sobre todo de Liétor, se solían confeccionar las alfombras más comunes y estandarizadas, es decir, las de más baja calidad técnica y ornamental.

Justifi carían este tipo los contratos de adquisición de producciones completas por un determinado tiempo que se han visto en Liétor, las escri- turas de poder y representación otorgadas por los comerciantes en Liétor y Alcaraz a otras personas que pueden comprar en su nombre y las numero- sas cartas de compra-venta de alfombras comunes ya confeccionadas que aparecen en ambas poblaciones.

La industria dispersa no agremiada era la predominante, tanto en Al- caraz como en Liétor, hasta la gran crisis del siglo XVII y ya ha sido ca- racterizada anteriormente. Es de suponer, no tengo noticias de ello, que a partir de principios del siglo XVIII volviesen a abrirse algunos obradores de este tipo y que de forma muy residual y aislada se mantuvieran en escaso número durante el siglo XVIII en ambas poblaciones.

• La industria concentrada en talleres

A partir del siglo XVIII, aunque se mantienen ciertos rasgos, apare- cen en Liétor importantes diferencias con respecto a los siglos anteriores y no tengo noticia alguna de que ocurriera también en Alcaraz. Se reduce enormemente el número de personas que tejen y el obraje de alfombras deja de ser una actividad dispersa en la que interviene la mayoría de la población.

El modelo que se instaura en Liétor como nueva fórmula produc- tiva es la de la manufactura en talleres. En realidad, los talleres no eran algo completamente distinto al sistema de trabajo individual de los mode- los productivos anteriores; nacieron solamente como consecuencia de la concentración en un recinto de la serie de labores que antes se hacían en los domicilios de los diferentes trabajadores, sin que esto representase un serio cambio técnico en el modo de producción, aunque sí en la iniciativa y la gestión del proceso y en la comercialización del producto, que ejercían empresarios particulares.

El pedido de 1701 a Alonso de Villaescusa y Miguel de León, el con- tenido del acuerdo municipal de abril de 1723, la anteriormente transcrita escritura de obligación fi rmada en 1743 en Murcia por Patricio Gandía y Luis Valero –propietarios de una fábrica de alfombras en Liétor, en la que se contratan un crecido número de alfombras con el duque de Montemar–

el ya citado expediente de 1787 en el que el tapicero Matías Escribano Buendía protesta por no haberle sido respetado el derecho que según él tenía a las exenciones de ciertos pagos, y algunos otros documentos, pocos, que hacen referencia a alfombras de Liétor, proporcionan algunas carac- terísticas de los establecimientos de la localidad y de su actividad en esta época:

• Los talleres eran propiedad del empresario y en ellos estaban instalados los telares, tintes y demás medios necesarios para la producción de alfombras de lana.

• Los empresarios asumían las direcciones técnica y comercial de las fábricas y muchos de ellos solían tener graves problemas de capitalización.

• No existían ordenanzas municipales que regulasen la produc- ción y eran las fábricas las que subordinan trabajo, calidad y precio a sus intereses.

• Los trabajadores –entre los que seguían predominando las mu- jeres– se concentraban en talleres, estaban especializados en las distintas fases de la producción y recibían un salario por su trabajo.

• En los talleres se realizaba el proceso completo de fabricación de los tejidos.

• La producción era confeccionada generalmente por encargo y en el documento municipal de 1723 se indica que los fabrican- tes cobraban por adelantado la mitad del importe de cada pieza para con él comprar los materiales con los que fabricarla. He hallado un testimonio documental de 1712 por el que se sabe que también se vendían alfombras al fi ado, aunque no sé la frecuencia con la que se haría esta forma de venta.

• En los talleres se vendían exclusivamente los productos pro- pios.

• Las alfombras se les enviaban directamente a los clientes a tra- vés de arrieros.

Ahora la producción se concentra en pocos talleres, algunos de no- table importancia. El ámbito de las ventas sigue siendo muy amplio y con- tinúan existiendo las fi guras de los representantes o agentes comerciales dependientes de los talleres.

a materia prima empleada en las alfombras de Alcaraz y Liétor era la lana de oveja. Algunas veces se solía usar el pelo de cabra, pero esto parece que es una práctica de sólo algunos talleres. En el siglo XVIII se utilizó el yute y también el lino para elaborar los elementos mencionados, pero el hilo con el que se hacían los nudos siempre era de lana.

Los ganados lanar y cabrío abundaban en los términos de Alcaraz y Liétor, constituyendo particularmente el primero una fuente de riqueza de suma importancia.

En el siglo XIV, el ganado era, quizás, la principal riqueza de Alcaraz.

Las rentas de herbaje y paso eran un importante ingreso para el concejo.

La preponderancia económica de esta actividad fue motivo de graves con- fl ictos251 y a partir de mediados de la centuria fueron continuos los enfren- tamientos planteados entre dos formas de pensar y de vivir (agricultores y ganaderos) que continuaron hasta bien entrada la Edad Moderna, cuando la ciudad entró en el rápido declive que la iría empobreciendo, a pesar de las ordenanzas y sentencias reales que se fueron repitiendo para remediarlo.

Superando las difi cultades, la ganadería alcaraceña experimentó un amplio desarrollo y a mediados del siglo XV eran abundantes los rebaños propios y los que venían desde villas cercanas y desde poblaciones interiores y ale- jadas a los ricos pastos de su alfoz.

En los trabajos de Rodríguez Llopis se documenta que la ganadería era la fuente de riqueza más importante de Liétor y ya se dijo que la confec- ción de alfombras en esa villa nació ligada a ganaderos y mercaderes.

251 PRETEL MARÍN, A. Una ciudad… Op. cit. Págs. 60 y 61.

En Alcaraz y Liétor son numerosos los protocolos notariales que do- cumentan el importante comercio de animales y lana y, en general, son multitud los documentos, protocolos y ordenanzas que prueban la existen- cia de gran número de cardadores, peinadores, urdidores, tejedores, etc.

que trabajan esta fi bra, aunque casi nunca encontramos entre ellos a tapice- ros y alfombreros, como ya ha sido expuesto anteriormente.

En la documentación se encuentran referenciadas tres tipos de lana.

En los protocolos alcaraceños se distinguen dos tipos: la bellorí, la más fi na y de mayor precio, y la burel; en los protocolos del escribano de Lié- tor Pedro Belmar, se expresa con mucha frecuencia en las operaciones de compra-venta el concepto “…lana grosera de alfombras”252, de lo que parece desprenderse que se utilizaba un determinado tipo de lana para la confección de las alfombras y que el tipo no era de la mayor fi nura. No obstante, esta califi cación sólo la he encontrado en este notario y creo que en la manufactura de ellas se elegirían calidades y que las denominaciones de común, entrefi na y fi na de las que habla la documentación estarían es- trechamente relacionadas con la clase de lana que se empleaba en el tejido.

Por ello, pienso que según la fi nura y el precio de la alfombra a tejer, el artesano elegiría la lana adecuada y, quizás, la “lana grosera” de los docu- mentos esté únicamente en función de una calidad de alfombra concreta a la que se le denominaba común, que era muy corriente en los obradores de estas poblaciones desde mediados del siglo XVI, o también que ésta fuera destinada a los elementos estructurales, de los que dependía la duración y la resistencia del tejido como eran la urdimbre y la trama, que no se veían una vez terminada la pieza.

In document ALFOMBRAS DE ALCARAZ Y LIÉTOR (página 139-145)