3. Las formas de organizacion y comercializacion de la
3.1.1. LIÉTOR
3.1.1.1. Finales del siglo XV y primeros tres cuartos del XVI
e este periodo apenas se sabe nada ya que de la esca- sa documentación se obtiene poca información sobre este aspecto. Rodríguez Llopis, en sus estudios sobre la época bajomedieval de la villa, llega a algunas con- clusiones.
Según este autor, el proceso productivo no estuvo organizado por los mercaderes como un sistema de industria a domicilio en el que ellos eran propietarios y distribuidores de la materia prima, como fue corriente en otras regiones. La unidad familiar mantenía una independencia total en el aspecto técnico y en el de la adquisición de los materiales necesarios para la tejeduría de las alfombras y el mercader centraba su atención en el con- trol del proceso de comercialización del producto acabado, que adquiere remunerando por piezas a la unidad familiar productora. Sí es posible que el mercader contratase por anticipado una determinada producción a las familias productoras, pero no participaba con materias primas o medios técnicos en la confección de las piezas, que una vez adquiridas eran ven- didas directamente a los clientes, a otros comerciantes o en las ferias de Alcaraz o en otros mercados castellanos aprovechando sus viajes en busca de alimentos para la villa.
3.1.1.2. De 1585 a 1629
Dividiré el periodo en dos fases: 1ª, de 1585 a 1621; 2ª, de 1622 a 1629.
1ª fase: de 1585 a 1621
De estos años se tiene mucha mayor información y esto permite co- nocer más a fondo las características productivas y comerciales que exis- tían en la industria alfombrera de Liétor.
En cuanto a la estructura artesanal y comercial de las alfombras, el estudio de los documentos notariales puede llevar a algunas conclusiones.
Para analizarlos convendré previamente unas condiciones generales.
Se denominarán compradores a todas aquellas personas que aparecen en los proto colos dando dinero a cambio de alfombras. Por el contrario, tendrán la consideración de vendedo res los que dan alfombras a cambio de dinero.
Me parece lógico pensar que entre los nombres de los compradores se deben en contrar las personas que las querían para sí, para regalar, para cumplir encargos que les hacían o para comerciar con ellas.
Igualmente me parece lógico que entre los vendedores estén los arte- sanos pro piamente dichos, los propietarios de talleres y los comerciantes.
En la intersección de ambos grupos estarían los comerciantes que limitaban su acti vidad a operaciones realizadas únicamente en la villa y los mercaderes que acumulaban partidas que luego enviaban a diversos mercados; los segundos serían aquellos que fi guran en los contratos como importantes compradores, pero que no aparecen como vendedores o lo ha- cen muy esporádicamente.
Si entre los vendedores aparece frecuentemente algún nombre que nunca o sólo ocasionalmente fi gura entre los compradores se puede pensar que se trata de un teje dor o de un propietario de taller o patrón.
De algunas personas que no se repiten sus nombres se puede saber si es tejedor o mercader por mención expresa en el documento, pero en la mayoría de las restantes no es posible sacar ninguna conclusión debido a que si ni con la frecuencia de apariciones en los do cumentos la fi abilidad es total, menos lo es cuando sólo se tienen una o dos refe rencias. Por ello, para elevar al máximo las posibilidades de acercamiento a la realidad no he tenido en cuenta una verdadera multitud de datos personales, tanto en com- pradores como en vendedores, encontrados en pocos documentos y sólo he toma do en consideración aquellos nombres que aparecen en un número de documentos su fi ciente, generalmente más de cinco, como para garantizar la corrección de la ob servación.
Aplicando estas condiciones a1 estudio de los protocolos notariales que contienen transacciones de alfombras he llegado a la serie de conclu- siones que expondré seguidamente.
De los 407 documentos aparecen 43 con compradores no avecinda- dos en Liétor y 361 que lo son. Se observan, pues, pocos compradores forá- neos en compra directa en Liétor, el 10’5% de los contratos (cuadro II).
Con la excepción de los de Toledo, los demás contratos de compradores son de gente de los pueblos limítrofes o cercanos a Liétor que bien en exclusiva o bien aprovechan do un viaje por otros motivos compraba alfombras. Los más signifi cativos son de gente de Ayna y Tobarra; los fi rmantes deben ser mercaderes que iban a Liétor a por estos productos, espe cialmente los de Ayna, ya que dos de ellos aparecen repetidamente, Ginés de Ocón –fi gura en cuatro ocasiones, entre 1608 y 1620, con un total de 15 alfombras– y Francisco López –aparece en cinco, entre 1618 y 1621; asociado en tres ocasiones con el anterior y con otros en las demás–.
Hay compradores avecindados en localidades productoras de alfom- bras, co mo Férez, Letur, Alcaraz y Hellín. Su número es muy escaso, pero ya pone de mani fi esto lo que más adelante seguirá observándose: comer- cialización por los mismos mercaderes de alfombras procedentes de dife- rentes centros de la zona.
CUADRO II
Las ventas y la comercialización de los productos estaban casi total- mente en manos de los lietorenses, con ventas por encargo o por partidas que los mercaderes efec tuaban a través de sus organizaciones comerciales, a los clientes, a otros interme diarios de otras poblaciones o a las ferias de las ciudades castellanas y andaluzas.
Entre los vendedores aún es menor el número de avecindados fuera de Liétor y fundamentalmente son de otras localidades alfombreras de la provincia, probablemen te tejedores domésticos, lo que indica que junto a las alfombras de la villa se vendían las de otros obradores, quizá sin distin- ción de origen (cuadro III).
CUADRO III
Por un acuerdo del concejo de 30 de Noviembre de 1590190 se sabe que estos compradores tenían que pagar determinados impuestos. Cuando se refi eren a “alfombras y su genero” dicen: “Ansimismo quel forastero que sacare desta villa alfonbras y alforaydas y cabeçeras aya de pagar y pague de cada alfonbra un rreal y de cada alforay da medio rreal y de cada cabeçera quatro maravedis...”.
En el acuerdo anterior al citado, que se refi ere a los paños, se dicta- mina que: “Ansimismo mandaron que qualquyer forastero que vendiere en esta villa paños y cordellates aya de pagar...”.
El artículo que se refi ere a las alfombras está en relación con compras efectuadas por forasteros, “...sacare desta villa...”, en el otro por ventas realizadas por ellos, “...vendiere en esta villa...”. Estos dos textos ya indi-
190 A. M. L. Libro becerro sobre Cuentas de Alcabalas y Servicios de Sisa. Acuerdo de 30- 11-1590. Fol. 37.
can claramente el signo de es tas transacciones comerciales en Liétor: ven- dedor en las alfombras, comprador en otros textiles básicos como paños y cordellates.
Esta información hay que matizarla ya que además de estas compra- ventas directas era habitual que los comerciantes en alfombras tuvieran en las localidades productoras de su interés agentes o intermediarios a los que daban determinados poderes para la adquisición en su nombre de estos tejidos o para que compraran toda la producción de algún artesano durante un tiempo establecido. Hay varios ejemplos de ello:
• De 1603 tengo seis documentos191 por los que otros tantos vecinos de Letur le venden un total de 12 alfombras a “Francisco de Soria veçino de Lietor y en su nombre Alonso Garcia Nieto en el Villar de Gutar termino de la dicha villa de Letur...”.
• En 1617, Martín de Cervantes y Juan de Tobarra, vecinos de Liétor,
“...dixeron que tienen fecho trato con Juan de Villegas veçino de la villa de Letur en que le compran todas las alfombras de a quinze y a veinte palmos que desde oy hasta el postrero dia del mes de março del año de mill seisçien tos diez y ocho les diere y entregare cada una alfombra de veinte palmos a noventa reales y cada alfom- bra de a quinze a quarenta e çinco rreales y el di nero sea en oro o en plata”192.
• También de 1617 es otro poder, ahora de un hellinero, por el que Damián de Ró denas dice que: “...otorgo que doi mi Poder el que de derecho se requiere a Pedro Sanchez Verlanga veçino y Regidor Perpetuo de la villa de Lietor espeçial para que a el fi ado compre de qualesquier persona ansi veçinos desta villa como de otras par- tes las alfombras y otras mercadurias y en la cantidad de marave- dis que le pareçiere y se conçertare en el tiempo que le pareçiere y aia reçibo y cobre las dichas alfombras y otras mercadurías...”193. Estos mercaderes y a la vez proveedores de otros comerciantes, lo podían ser de va rios a la vez. El caso más representativo que conozco es el de Felipe Rodríguez, ve cino de Liétor. De 1618 es un documento por el que Cristóbal López Tomás y Francis co Benavente, vecinos de Tobarra, mani-
191 A. H. P. A. Sec. Protocolos: Liétor. Esc. Alonso Sánchez. Todas en septiembre. Leg.
919. Exp. 1º.
192 Ibidem. Esc. Fco. Bezares. Leg. 923. Exp. 1º. 24 de diciembre de 1617.
193 A. H. P. A. Sec. Protocolos: Liétor. Esc. Miguel Alcantud. Leg. 926. Exp. 6°. 17 de octubre de 1618.
fi estan que: “...damos nuestro poder, el que de derecho se rrequiere a Feli- pe Rodriguez vezino de la villa de Lietor espezial para que de qualesquier personas de qualesquier partes que sean tome a el fi ado hasta la cantidad de mill rreales de alfonbras y otras mercaderias...”194.
Pocos días después ya aparece Felipe Rodríguez comprando, por la virtud del men cionado poder, a Juan Pardo de Liétor tres alfombras por un valor de 605 reales195.
En octubre de 1620 este personaje recibe de Pedro de Ocaña Rodenas, también ve cino de Tobarra, “...mi poder bastante como lo tengo a Phelipe Rodriguez vezino desta villa de Lietor para que en mi nombre en la dicha villa y otras qualesquier compre alfombras y otras mercadurias...”196.
Al mes siguiente se extiende otro poder en el mismo sentido que el anterior especi fi cando que puede comprar “...alfombras de qualesquier generos...”197 y el 30 de dicho mes el apoderado compra ya cuatro alfom- bras en nombre del tobarre ño. Este poder se vuelve a ratifi car el 31 de Mayo de 1621 y en la misma fecha lo hace efectivo con la compra de una alfombra de 25 palmos a Francisco Galera Alcantud, vecino de Liétor198.
Finalmente, también se conoce que Felipe Rodríguez recibe el poder de Ginés González Amores y Juan Juárez, vecinos de Ayna, y el 26 de Sep- tiembre de dicho año compra para ellos, de Francisco Gómez Moreno de Liétor, cuatro alfombras199.
Se confi gura, pues, una red de proveedores y mercaderes que con origen en Liétor y Alcaraz se debió extender por un mercado amplio de múltiples pueblos y ciudades. Es probable que cada mercader tuviese una zona preferente de infl uencia. Esto está probado en algunos casos como en el de Francisco Gómez Moreno que es siempre el vendedor de las alfom- bras contratadas por gente de Ayna.
Esta estructura comercial estaba completada por:
a) Los envíos directos desde Liétor a otros comerciantes lejanos. Las cargas de alfombras con diversas direcciones fueron continuas y los confl ictos sobre im puestos y contribuciones frecuentes, como se verá al tratar Al caraz.
b) Los encargos directos a los artesanos, a los empresarios o a los co- merciantes de diversos clientes nobiliarios, eclesiásticos (Catedral
194 Ibidem. 24 de diciembre de 1618.
195 Ibidem. 5 de Enero de 1619.
196 Ibidem. Esc. Fco. Bezares. Leg. 922. Exp. 6°. 23 de Octubre de 1620.
197 Ibidem. 17 de Noviembre de 1620.
198 Ibidem. 31 de Mayo de 1621.
199 Ibidem. 26 de Septiembre de 1621.
de Toledo en 1601 y 1616) o personas adineradas a través de repre- sentantes en la villa o de estantes temporales o por desplazamien- tos exclusivos con ese objetivo de sus servidores o funcionarios.
Una referencia, entre las múltiples que ofrecen los documentos, de un encargo di recto se halla en el testamento de Esteban López, de 1588200:
“Yten declaro que esta a mi cargo que tengo de dar hecha una alfonbra a Gaspar de Arebalo escribano (¿) de la cibdad de Baça la qual a de ser de dos varas y media de ancho y nueve varas y media de largo y esta conçer- tada en treynta y seys ducados y a cuenta dellos tengo rreçebidos dies y ocho duca dos y los demas a entregar el dia que se le entregare el alfonbra.
Quyero y es mi boluntad se faga la dicha alfonbra y se le entregue y se cobre la rresta que deviere...”.
c) Los pedidos que conseguían los mismos mercaderes o artesanos de Liétor en sus desplazamientos o a través de sus agentes comer- ciales en las principales ciudades castellanas. Este procedimeinto aparece con claridad en un documento de 1616201 en el que se con- tratan en Madrid alfombras entre el Colegio de San Miguel de Sa- lamanca y Martín de Cervantes y Lorenzo de Tobarra, “...vecinos de la villa de Liétor residentes en esta corte...” y Pedro de la Torre Coronel, “...agente de negocios en esta corte...”.
Este trato ya estaba concertado con anterioridad en Salamanca por el citado Martín de Cervantes y Pedro Pérez siendo este último, junto a Hernando Lo renzo, los tejedores que “...las han de hacer y acabar en toda perfección”.
Se percibe cierta complejidad en los tratos y a un Martín de Cer- vantes, vecino de Liétor, residente en la corte y estante en Salamanca que aparece con frecuencia, a par tir de 1617, en las escrituras de Liétor como comprador, casi siempre formando so ciedad con otros, y muy pocas como vendedor, lo que parece indicar que sus impor tantes remesas (sólo en cinco compras se le contabilizan 190 alfombras) salían hacia centros relaciona- dos con Madrid y zonas limítrofes.
En los dos cuadros que se muestran, el IV y el V, recojo los mayores compradores y vendedores, respectivamente, de alfombras avecindados en Liétor en la época de estudio.
Entre los catorce mayores compradores y los veintidós mayores ven- dedores sólo hay dos nombres repetidos, Pedro Sánchez Berlanga, Regidor
200 A.M.L. Legajo Registro de testamentos de vecinos de la villa de Liétor de los años 1588 y 1589. Testamen to de Esteban López. Carpeta 79.
201 Cit. PÉREZ PASTOR. Noticias... Op. cit. Págs. 280 y ss.
CUADRO IV
CUADRO V
Perpetuo de Liétor, y Martín de Cervantes. El primero ocupa en ambas lis- tas un lugar modesto, décimo y decimoséptimo, respectivamente. Se puede pensar que este notable de la villa tiene un complemento de su economía en el comercio de alfombras. Creo que es un intermediario de mercaderes más importantes, lo que parece que está justifi cado documentalmente con el poder, ya mencionado, que le otorga el hellinero Da mián de Ródenas para que le provea de estos productos.
En el caso de Martín de Cervantes se conocen sufi cientes datos como para saber que una de sus actividades principales era este comercio.
Los dos mayores compradores, Pascual Martínez y Juan Barba Al- cantud, no apa recen ninguna vez como vendedores. Se muestran como co- merciantes activos al mayor de alfombras o como inversores de fuertes sumas de dinero para obtener benefi cios con las ventas de las cargas que los arrieros se encargaban de llevar a los lugares de destino. Estas asocia- ciones de mercaderes y capitalistas están manifi estas en las cartas de obli- gación notariales. Algunos comerciantes se unían y negociaban juntos con in versiones fuertes de capital, unos, y con el desplazamiento y trato de la venta con el cliente, otros.
Las varias compras de más de medio centenar de alfombras cada una que tengo documentadas están realizadas por Martín de Cervantes, Pascual Martínez y algún otro (en una ocasión con Juan Barba Alcantud).
Al margen de estas grandes operaciones aparecen en el cuadro otras asociaciones para la compra de distintas partidas y aún fi guran otras meno- res en las escrituras, pero que no me ha parecido oportuno incluir por ser demasiado numerosas.
Además de los tres mencionados, existían una serie de tratantes de alfombras (a ve ces miembros de la misma familia, como los Tobarra o los Galera) que compraban en solitario, con frecuencia ostentaban cargos públicos, y que venderían individualmente o asociados y que en conjunto ponen de manifi esto una gran actividad mercantil, y por tanto económica, basada en esta manufactura textil.
La cantidad de pequeños compradores avecindados en Liétor que aparecen en los documentos es grande. Más de setenta nombres distintos, casi todos entre 1616 y 1621. Tal número de personas relacionadas con la compra de alfombras no puede signifi car más que una actividad enor- memente popular que penetraba en todos los estamentos de la villa y que propiciaba una saneada economía en torno a esta industria.
Pocos documentos señalan la profesión del comprador, no obstante, los que lo ha cen están mostrando una gama que incide nuevamente en la apreciación de que intere saban en todas las categorías sociales: médicos,
escribanos, presbíteros, sastres, zapa teros, tejedores, labradores, etc. com- praban alguna alfombra con, supongo, dife rentes fi nalidades.
Entre los que fi guran como vendedores, destaca mucho sobre los de- más Pedro Bel monte Juárez, que fue Regidor de Liétor (al menos en 1612 y 1613) y Alcalde Ordina rio en 1620. En los siete años que aparece vendió 190 alfombras y es el que proporcionó las partidas más importantes que se han nombrado con anterioridad. No he hallado ningún contrato en el que compre alfombras; esto y su condición de notable de la ciudad hace pensar que era un empresario o patrón que tenía asa lariados que tejían para él, hecho que era frecuente en los siglos XVI y XVII en el sistema produc- tivo castellano, aunque no está estudiado aún en la provincia: “...no falta- ron en aquella época formas de actividad industrial de tipo pre capitalista, con hombres de negocios (mercaderes), dueños del capital, que encomen- daban trabajos a obreros libres, asalariados, y vendían por su cuen ta la producción”202.
Generalmente este patrón entregaba la materia prima al tejedor y lue- go le abonaba la manufactura a tanto la pieza. Ocurre así en Chinchilla203 y se verá en Alcaraz. En las escrituras204 de esta última ciudad en las que se formalizaba el obraje de paños, tanto bureles como belloríes, se hacía fi gu- rar la cantidad de hilaza de estambre y tra ma o las arrobas de lana que se entregaban para urdir el paño, así como la cantidad de dinero para tejerlo.
Esta relación del empresario con los artesanos, de los que muchos trabajarían en obradores domésticos, no se ve bien refl ejada en los proto- colos. No obstante, será abordada más adelante y de una forma global para la zona.
2ª fase: de 1622 a 1629
Ya dije que de los años centrales del periodo tengo 96 contratos de compra-venta de alfombras que hacen referencia a un conjunto de 295 pie- zas. Utilizaré la información que proporcionan para caracterizar la fase.
En los documentos fi guran 6 compradores de pueblos limítrofes o cercanos a Liétor (Peñas de San Pedro, Férez, Chinchilla, Ayna –2 escritu- ras– y Letur) con una escritura cada uno; este grupo representa poco más del 6% del total frente al 10’5% que representaba en el periodo precedente,
202 PÉREZ, Joseph. «Economía y Sociedad». Cap. de La forja del Imperio: Carlos V y Felipe ll. Historia de España. Vol. 6. Madrid. 1981. Pág. 29.
203 SANCHEZ FERRER, J. y CANO VALERO, J. La manufactura... Op. cit. ant.
204 Son muy numerosos estos contratos en los legajos del escribano Blas Cano depositados en el A. H. P. de Ab. y que abarcan la época de 1584 a 1606.
lo que podría indicar un descenso de comerciantes foráneos y una concen- tración comercial aún mayor en manos de los lietorenses.
Entre los compradores de este periodo siguen fi gurando la mayor par- te de los mayores compradores de 1585-1621; Juan Barba Alcantud, Ginés López Romano, Alonso de Tobarra, Juan de Galera, Juan de la Matilla y Pedro Sánchez Berlanga fi rman varias escrituras y aparece ahora el hijo del gran comprador Martín de Cervantes. Junto a ellos algunos nombres nuevos, entre los que destaca, por la frecuencia de contratos, Fernando de Xea.
Siguen apareciendo con frecuencia las asociaciones de varios com- pradores, pero, en general, las transacciones son de pequeñas partidas. Los contratos más importantes los protagonizan: Miguel de Cervantes, Pedro Sánchez Berlanga, Alonso de Alcantud Escobar y Esteban Torres (54 al- fombras); Ginés López y su mujer, Andrés Giménez y su mujer y Juan de Galera y su mujer (26 alfombras); y Ginés López y Esteban García Galera (17 alfombras).
La cantidad de pequeños compradores continúa siendo grande, lo que no puede signifi car más que la alfombrera se mantenía como actividad en la que participaban todos los estamentos de la villa y que proporcionaba recursos económicos prácticamente a toda la población.
Como ocurre entre los compradores, entre los numerosos nombres de vendedores se encuentran muchas personas que fi guran como mayores vendedores de alfombras del periodo anterior: Ana Galera (en 7 contratos), Isabel de Alcantud, viuda, y Juan García Patricio (en 6 ocasiones cada uno), Pedro Belmonte Juárez, que fue el mayor vendedor de la época precedente, (en 5 escrituras) y Francisco Gómez Moreno (en 4 cartas). La frecuencia de contrataciones probablemente indica que eran patrones que encargaban alfombras a pequeños talleres domiciliarios para comerciar con ellas.
Nuevas fi guras son Isabel de Frías (en 8 escrituras), Juan de Tobarra (en 6) –sin duda empresario, ya que él es el que fi gura como vendedor del lote de 54 alfombras que se ha indicado–, Pedro Guerrero Pérez, Gonzalo de Belmonte –Familiar del Santo Ofi cio– y Cristóbal de Valenzuela –regidor–
(en 4) y Luis de Bonxorne (en 3). En uno de los documentos se indica que Isabel de Frías era mujer de Pedro de Belmonte; si fuera de Pedro de Bel- monte Juárez se estaría ante un matrimonio que gestionaba un importante negocio de alfombras y que tenía tejedores trabajando para su empresa.
El número de vendedoras sigue siendo numeroso; además de las 2 mencionadas aparecen 12; tres son viudas (una fi gura con su hija) y dos hermanas. Por tanto, permanecía la gran participación femenina en la con- fección de alfombras.