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Los espacios públicos y el juego

9. SOCIOTOPOGRAFÍA URBANA

9.3. Los espacios públicos y el juego

El concejo fue encargado de reglamentar y hacer cumplir las orde- nanzas, administrar el dinero que se recaudaba y controlar incluso el me- naje de las prostitutas, en Albacete disponen de “dos camas de ropa”152. La propiedad de los locales de lenocinio podía corresponder al mismo ayuntamiento, a notables de la ciudad, a instituciones asistenciales e incluso a órdenes y corporaciones religiosas. Los particulares que arren- daban estos locales los alquilaban a su vez a las mujeres públicas, perci- biendo las rentas correspondientes153. En el libro de cuentas de Albacete de 1522 se consignan como ingresos los mil maravedís que Antonio de Molina debe pagar por el censo de la mancebía.

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aunque lo que alteraba el orden social y moral no era el juego en sí, sino las apuestas en metálico que inducían al timo, a las reyertas, a los robos y a las blasfemias. En Toledo se llegó incluso a señalar que la peste que padecía la ciudad en 1472 era un castigo divino derivado de aquel am- biente156.

El juego se veta en Albacete especialmente en épocas de conflictivi- dad política, así ocurre en 1435 cuando se prohíbe jugar a dados, naipes y azares salvo fruta y vino y que no jueguen a las tablas en el portal de la plaza nueva. El 15 de octubre de 1450 se repite tal ordenanza, lo que de- muestra que se solía incumplir, ampliando el nombre de los pasatiempos ilícitos: “Nin dados, nin naipes, nin estanques, nin azares, nin al ojuelo, nin toloncha” ni otros juegos de dinero, salvo fruta y vino para comer beber, so pena de cincuenta maravedís cada vez y cuatro días en prisión en la torre de la Villanueva157.

Carlos Ayllón señala que las multas impuestas por contravenir la or- denanza sobre el juego en las primeras décadas del siglo XV se destina- ban al pecunio personal de alcaldes y alguaciles, no a las arcas del con- cejo, lo que expresa la voluntad de penar el juego no de que desaparez- ca158. Siempre hubo intereses económicos que hacían que se mantuviese una tolerancia encubierta, la ambigüedad de las normas municipales así lo demuestra, el 18 de octubre de 1456 se permite jugar a tablas y aje- drez, pero no a dados y naipes, siempre que las apuestas consistieran en fruta y vino, pero a continuación se introduce una frase ambigua: “Salvo que puedan jugar los dichos juegos e cualquiera de ellos desde la víspe- ra de Navidad hasta el día de Aparicio (Reyes)”, y aquí surge la duda,

¿en Navidades se permitían todos los juegos prohibidos? ¿O acaso era el ajedrez y tabla los que estaban autorizados en esa franja tan breve de tiempo? Y es que independientemente del arraigo que el juego tenía en todas las capas de la sociedad y el gusto preferente que parecen tener los dados y naipes, ¿cómo se iba a erradicar una práctica que al mismo tiem- po reportaba ingresos? Tanto es así que se arrienda a particulares -como un negocio más- la pena de los juegos, y pasa a ser un ingreso más para el concejo, un acta de 2 de diciembre de 1459 en la que se subasta “la

156 IZQUIERDO BENITO, Ricardo: Un espacio desordenado: Toledo a fines de la Edad Media…, p. 110.

157 PRETEL, Aurelio: La villa de Albacete en la Baja Edad Media…, p. 116, quien lo extrae a su vez del libro de cuentas. AHP AB, caja 452.

158 AYLLÓN GUTIÉRREZ, Carlos: “Propios y gestión económica en un concejo bajomedieval (Albacete 1435-1505)”. Albasit, 25. IEA. Albacete. 1989, p. 199.

renta de los peones e zapateros e sastres e ferreros e penas de carniçeros e pena de juegos e penas de tejedores e penas de los que jugaren a la pelota en la sala de la plaza nueva arriba nin ayuso” así lo demuestra159.

159 AHP AB. Caja 452.

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EL CRECIMIENTO DE ALBACETE 10 Y LA AMPLIACIÓN DE SU MURALLA

10.1. La cerca o barrera

La bajada al llano de la población desde el recinto fortificado de la Vi- llanueva llevó aparejada la necesidad de dotar a la villa de un nuevo cinturón amurallado, o mejor dicho cercado, pues se trataba de una obra de tapial - no de piedra-, que la aislara y delimitara del exterior. Las funciones defensivas de las cercas se perpetúan hasta el siglo XV en el panorama de las contiendas castellanas bajomedievales, a partir del siglo XVI será más propio de éstas el control sanitario, sobre todo en Al- bacete por el temor a la peste que asoló Castilla, Levante y poblaciones próximas como Chinchilla160.

Esta cerca o barrera que rodeaba a modo de valla las casas de la villa, consistía en una obra que cegaba las calles mediante tapial, abriéndose algunas puertas y portillos en determinados lugares, algunas de ellas se construían en el exterior, y, otras en el interior a modo de refuerzo del caso urbano. Dentro de su sencillez es una obra bajo dirección técnica pues en ella intervienen siempre maestros y peones. La primera noticia

160 CARRILERO MARTÍNEZ, Ramón: “Aproximación a la villa de Albacete..., pp.

13-28. Con respecto a la enfermedad en Albacete, el autor subraya que “la gran laguna de documentación municipal del concejo albacetense para estos años no nos permite saber la incidencia que tuvo esta epidemia en la villa y las medidas que pudieron adoptarse”.

de la existencia de las barreras la encontramos en las cuentas del año 1439, fecha en que se aprueba un gasto por llevar y traer las puertas de las barreras, obra en consonancia con todas las que se recogen en el expediente de 1440-1441 sobre los gastos de la guerra que fueron reali- zados para defender y fortificar Albacete en la contienda de los infantes de Aragón por el control del marquesado de Villena, expediente en el que se nos especifica que fueron siete pares de puertas, unas reparadas y otras fabricadas de nuevo, las que se pusieron en las dieciséis barreras que estaban abiertas, algunas en el exterior, “a los cabos” y otras en medio de la villa161. Intervienen en las barreras cinco maestros y quince peones que tardaron quince días en cerrar la villa, la suma de los jor- nales es de 4.875 maravedís, casi lo mismo que cuestan los siete pares de puertas (de dos hojas cada una) utilizando en ellas madera y clavos, montando en total cuatro mil maravedís162.

Parece que se invierte más en las puertas que en las barreras a juzgar por el dinero gastado, atendiendo, quizá, al simbolismo que toda puerta conlleva, dignificando la imagen urbana y marcando el ingreso a un re- cinto acotado y diferenciado. El porte de la cal, arena y piedras ascendió a quinientos maravedís. La piedra que se compra junto con la cal y la arena pudo ser la base o zócalo de mampuesto, colocado por hileras, rellenado con piedra pequeña y un mortero de cal, arena y agua.

161 AHP AB. Caja 552, expediente 63.

162 AHP AB. Caja 452.

Figura 43. “Item que pagó de sueldo el dicho conçejo este dicho anno en que estamos de faser dies e seys barreras de tapias en esta dicha villa para

guarda e defendimiento della en dies e seys calles…” Expediente de los gastos de fortificación. Años 1440-1441. AHP AB. Caja 552, 63.

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Hacia 1450, cuando se vuelve a acometer una segunda fortificación alrededor de la Villanueva volveremos a encontrar obras en las barreras, el 8 de febrero de 1451 se contabiliza el pago a Benito Martínez de don Adan por “diez et seys tapias que fiso en las barreras” más otra tapia en la barrera de Juan Benítez. Las barreras no permanecen inmóviles sino que se irán ampliando o removiendo según necesidades o perspectivas, sus lugares varían pero siempre acotando el centro de la villa, en 1450 se había construido una barrera desde la casa de Gome López “açerca del adarve”, es decir, en las proximidades de la Villanueva; dos años después es un portillo de la Cava, cerca de la casa de Pascual Sánchez de El Bonillo, el que se mueve de lugar pagando dos jornales por ello.

Barreras que, a su vez, generaban otro gasto, el de los guardianes de las mismas, no sólo los jornales sino otras servidumbres necesarias como el vino o las cargas de atochas (tomillos) para alimentar el fuego.

Desde principios del siglo XVI la peste había obligado a reforzar las barreras y cerrar las puertas y portillos, será a partir de esta fecha cuando conozcamos más detalles técnicos sobre su factura, tenemos documen- tada la reparación de la barrera a través de las cuentas de muchos años, en 1513, por ejemplo, se acomete el derribo de parte de ésta y la cons- trucción de otra reforzada con piedra163. En 1518 los gastos reflejan lo siguiente: “Nueve pares de tapiales por un día que anduvieron tapiando las barreras e calles de la villa porque non entrasen los extranjeros que morían de pestilençia en logares comarcanos”164.

El 23 de junio de 1523 se paga a “Gómez de Iniesta ochenta mara- vedís porque llevó tres carretadas de piedra del Altoçano a la barrera de la Cuesta para los recantones”165. La epidemia causa tanto pavor que incluso se aprueba el 8 de octubre de 1523, una ordenanza sobre el cierre de los portillos (mucho más fáciles de burlar que las puertas) ya que hay sospechas de padecerla en Yecla, Caravaca y Mula.

10.2. Las puertas de las barreras

En las puertas es donde se subraya el concepto político y administrativo de la villa sobre la originaria función defensiva de la muralla urbana,

163 AHPA AB. Caja 4.575.

164 AHP AB. Caja 347.

165 AHP AB. Caja 92.

como ya hemos visto la villa se cerraba con las barreras pero en deter- minados puntos se abrían las puertas para control de personas y mer- cancías, su ubicación obedecía a razones de tránsito o concentración humana, su colocación era prioritaria, expropiando alguna casa si era menester, así en 1451 se tomó media façaneta (en valenciano diminuti- vo de “fachada”) para la puerta de la barrera de la plaza vieja..

En 1523 la epidemia de peste en Levante apremia a la colocación de puertas, para ello lo primero que se hace es colocar los umbrales, uno de ellos en La Cuesta, otro en la calle de la Feria, otro en la calle de Pero de Gil Ximénez, el 10 de julio166:

Tapiaron en la barrera de la Cuesta sobre lo nublares (sic) […] e más compré de la de Juan Maestro dos umbrales para la calle de la Feria que fueron tasados en quinze reales”, […] e mas compré otro unblar para la barrera de la cuesta de Martín Garçia e más otros dos para la misma puerta e uno de Juan Alonso que costó çient e setenta maravedís.

Las puertas eran sencillas pero fuertes, elaboradas por maestros espe- cializados, se colocaban y se quitaban si era necesario, o se abrían y se cerraban en función del peligro La madera, los herrajes y “la clavazón”

con la que se engarzaban los listones de madera es la única descrip- ción que nos proporcionan los libros de cuentas, ésto, y, los maravedís invertidos en ellas, así la de Pedro de Cantos, que aísla el Altozano de la Cuesta, tenía este aspecto: “E más, fizo las argollas e rejas e tejuelos e chapas para la puerta de do casa de Pedro de Cantos que pesó todo çinquenta e quatro libras167”, puerta que se adereza posteriormente “con treinta agujas e veinte clavos que puso en las puertas, que costaron çin- quenta dineros”. Prosigue el documento con el pago a Benito Sánchez de veintiocho reales por las puertas que hizo de la Cuesta e por ser ma- yores que ninguna dellas e ir tras las paredes”. Por contraposición otras puertas son inferiores, por ejemplo, la de casa de Pedro Sánchez Felipe pesa menos de la mitad y está compuesta por “dos tejuelos e dos chapas e dos argollas e ocho clavos que pesó todo veinte libras”. Y de menor entidad son los portillos o accesos aptos sólo para el paso de peatones y

166 Los gastos de las barreras y puertas se encuentran en un único expediente de obras municipales. AHP AB. Caja 347.

167 La libra castellana equivale a 460 gramos, en total los herrajes pesaron 23 kilos.

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no de carretas, regulados por varias ordenanzas que prohíben su apertu- ra, mucho menos controlada y más peligrosa.

A través de los documentos conservados observamos como las puer- tas se clasifican de muchas maneras, si se habla de las más fuertes y grandes, éstas son las de La Feria y La Cuesta, tienen dos umbrales y sobre ellas se colocan las almenas, cuyo gasto también está contabi- lizado, desde su altura podían los guardianes controlar los accesos a las mismas; si se habla de enfermedad, las más perjudiciales son la de Chinchilla, la de la mancebía, la de salida a la huerta de Juan Maestro y la de la calle de La Feria, es decir las de más tránsito de viajeros o de reunión de personas.

Las más emblemáticas eran las de Chinchilla y la Feria, por cuyas puertas pasaban todos los viajeros, de todas las condiciones sociales, que transitaban desde el centro hasta Levante168. En el interior destaca- mos la de La Cuesta, llamada también de casa de don Pedro de Cantos, la que separaba el Altozano de la mancebía, la puerta de casa de Martín de Cantos y Pedro Sánchez Felipe. Conforme se expandía la villa se colocaron más puertas a modo de segundo cinturón como la de San Se- bastián, incluida en un libro de cuentas de principios del siglo XVI169.

El 15 de octubre de 1524 los oficiales municipales se reúnen para dictaminar unas normas que tienen como fin controlar el contagio de la peste “platicaron sobre razón que en nuestra villa hay cuatro puertas principales” y dos de ellas son muy perjudiciales, una, la de la mancebía

168 Aunque queda un tanto lejos de nuestro estudio, por la puerta de Chinchilla, engalanada al efecto, pasó en el siglo XVI Felipe II.

169 AHP AB. Caja 437. de los gastos en las calles de San Sebastián y Feria.

Figura 44. Puerta de la Feria, con sus almenas, en su salida hacia la ermita de San Sebastián (D). Plano, 1767.

Museo Provincial.

porque allí “todos los forasteros que vienen de fuera parte aunque no los dejan entrar en la villa se van a la mancebía e estando allí van muchas personas del pueblo e participan con ellos de lo qual puede venir mucho daño” y así mismo la puerta que está entre la casa de Martín de Cantos y la de Pedro Sánchez Felipe, pues hay sospecha de que en la zona co- nocida como huerta de Juan Maestro han fallecido algunas personas de

“pestilençia”, siendo este lugar un punto de concentración de muchas mujeres que acuden a lavar allí. Los informes del físico, el bachiller Die- go López, no pueden ser más desalentadores, pues en una semana han fallecido cinco personas en los alrededores de la huerta de Juan Maestro y cinco más en Matilla, ante la elevada y rápida mortandad, el concejo acuerda echar a las familias de los fallecidos fuera del pueblo, constru- yendo unas chozas lejos, donde no haya peligro y que no se abran mas la puerta del camino de Chinchilla ni la puerta de la calle de la Feria170.

Sin embargo, la incomodidad de las puertas en las calles estrechas de Albacete se hace patente y aunque el peligro de la peste no había

170 AHP AB. Caja 92.

Figura 45. Cerca de Albacete y puertas más importantes.

1 Puerta de Chinchilla. 2 Puerta de la Feria. 3 Portalillo de detrás de la iglesia de San Julián. 4 Puerta entre la casa de Martín de Cantos y Pedro

Sánchez Felipe. 5 Puerta de la Cuesta o de Pedro de Cantos.

6 Puerta del Altozano a la mancebía. 7 Puerta de San Sebastián.

8 Zona de la Huerta de Juan Maestro. Elaboración propia.

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desaparecido, en 1524, no queda más remedio que cerrar la villa en unas partes y abrirla en otras para que pasen los carros, tomando otras medi- das de control, como la prórroga por un mes más de la vigilancia de la puerta de la mancebía y obligar a todos los forasteros a entrar por esta puerta y no por la de Chinchilla. El control se intensifica contratando un portero que solo deja pasar a quien lleve cédula, si alguien no la trae, debe conseguir una licencia municipal, si no, se le sanciona con una multa destinada en su mitad a obras publicas. El resto de las puertas se prolongan en su vigilancia.

El 8 de enero de 1525 se acuerda abrir las puertas y quitar los guar- das, pero no derribarlas ni abrir ningún portillo sin licencia, el peligro aún es latente. Sin embargo, unos meses después, cuando la villa de Albacete es entregada como dote por Carlos I a su esposa Isabel, en la ceremonia de toma de posesión, el representante de la emperatriz, doc- tor Garcés, pregunta a las personas del concejo y testigos del ceremonial si la villa tiene puertas y llaves para tomarlas simbólicamente, a lo que responden “que esta villa no tiene puertas al presente, e algunas veces por algunas nesçesidades ponen quatro puertas, e al presente están quitadas e las llaves dellas están en una arca del dicho conçejo171.

171 AHP AB. Caja 4653, expediente 30

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EL AGUA 11

11.1. Distintas formas de aprovechamiento del agua

Molinos, pozos, aljibes, abrevaderos, pesca, acequias por las que se rie- gan las viñas, las huertas y el trigo, tenería para curtir cuero, tejeras, batanes para la lana y los tejidos… Todo alrededor del agua, que consti- tuía una fuente de riqueza y no un problema para el Albacete medieval;

necesaria no sólo en los usos agrícolas sino en todas las actividades industriales enumeradas incluida la construcción, pensemos cómo hacer un tapial sin una buena dosis de agua.

Los recursos hidráulicos, como enumeramos arriba, fueron múlti- ples, sin embargo hay que destacar las conducciones de agua o acequias por lo extenso de su trazado y por el rico y amplio aprovechamiento de su caudal.

El agua proveniente del Acequión parece que es el primer recurso explotado mediante una conducción o canal, su construcción data de muy antiguo pues ya es mencionada y ubicada cerca de la ermita de Santa Cruz en 1414 cuando se amojona el término municipal concedido a Albacete, a ella se alude como río y no sólo encontramos referencias a la acequia sino que también aparecen aljibes y pozos que sirven como hitos delimitantes del terreno172. El paraje de Santa Cruz cuenta desde finales del siglo XV con un abrevadero para ganados en la corriente del

172 Las aguas del Acequión convergen abajo con otros recursos hídricos dimanantes de las lagunas de Albaidel y las Albaidas.

agua173. Pero hubo más conducciones de agua que arrancaban del siglo XIV, otra de ellas fue la creada por don Juan Manuel quien había logra- do que Alcaraz permitiese que la mitad de las aguas del río Balazote fueran utilizadas por los de Chinchilla y las hizo traer a su término por aquel entonces extensísimo pues Albacete aún no se había segregado, lo sabemos por carta posterior de noviembre de 1363 en que Pedro I orde- na a Alcaraz que no estorbe a Chinchilla el disfrute del agua que con- cedió don Juan. En 1501 Albacete y Chinchilla levantan sus protestas contra los de Alcaraz que están sacando agua del río Balazote, mediante

“un edifiçio” (acequia) con perjuicio del derecho de ambas a la mitad del caudal total que venían disfrutando desde mitad del siglo XIV174. La traída del agua implicaría un cauce de drenaje para su aprovechamiento:

el canal de La Lobera.

Y, por último, los ojos de San Jorge, estudiados más adelante al ha- blar de los molinos. Roa Erostarbe nos describía así los ojos a fina- les del siglo XIX175: “Cinco ojos o fuentes principales que en forma de hervidero manan un volumen de agua del diámetro del cuerpo de un hombre”. Cuantificado posteriormente el caudal en 20 litros de agua por segundo176. La explotación de los ojos también parece arrancar del mismo siglo XIV pues los vecinos de Albacete argumentan su derecho a pescar en la acequia que tiene la villa de tiempos inmemoriales, quizá mucho antes de ser incluso villa, lo que según A. Pretel equivaldría a remontar las obras a época islámica. Considera probable el mismo autor que estas infraestructuras partan del gobierno de don Juan Manuel quien promueve un complejo programa de recuperación del poblamiento y de obras hidráulicas. Queda claro que don Juan Manuel promovió la repo- blación de Albacete, en 1306 había ordenado a Chinchilla plantar viñas en los eriales en la pequeña aldea con el fin de repoblarla177. Algunos documentos los escribió estando aquí, quizá porque la villa se había do-

173 El 8 de octubre de 1496: “Otrosí dijo que dio a Antón de Cuenca para quel apropiase el abrevadero de Santa Cruz 40 maravedís”. AHP AB. Caja 4574. En las ordenanzas de 1482 sobre los límites de las veredas también aparecen la balsa y la acequia juntas.

AHP AB. Caja 417.

174 AHP AB. Planero 1, carpeta 20 y caja 12, expediente 5. Mencionados también por Aurelio Pretel en La villa de Albacete en la baja Edad Media…, p. 39.

175 ROA Y EROSTARBE, Joaquín: Crónica de la Provincia de Albacete. Albacete.

Imprenta J. Collado, 1891, p. 174.

176 MATEOS ARCáNGEL, Alberto: Del Albacete antiguo: imágenes y recuerdos…, p. 203.

177 AHP AB. Planero 1, carpeta 24.