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El primer trazado viario

8. LAS CALLES MEDIEVALES Y SU EVOLUCIÓN

8.1. El primer trazado viario

Las vías urbanas de este incipiente Albacete son cortas, las de la Villa- nueva por razones obvias, su perímetro mide hoy en día unos setecientos metros lineales, salvo la calle de la Cortesa, en su lateral noroeste, el resto del recinto se considera una unidad en los primeros padrones con- servados del siglo XVI115. Su función, eminentemente defensiva, perdió su sentido al desaparecer la inestabilidad social y el peligro bélico de los siglos XIV y XV, por lo que muy pronto comenzó el descenso de los habitantes a la parte llana donde el desenvolvimiento de la vida en general contaba con mejores posibilidades, desplegándose de este modo arrabales fuera de los muros de la Villanueva. Las calles crecieron al amparo de la paz y del desarrollo económico, olvidando las necesidades militares de los primeros tiempos.

Fuera de la Villanueva las vías tampoco eran largas, pues la distancia desde la Villanueva a San Juan, primeros núcleos, apenas es de qui-

115 No tuvieron nombre hasta el año 1854 en que se bautizaron con poéticos giros pero sin saber a qué criterio obedecieron: Luna, Damas, Amparo y Desengaño, cuatro calles principales, cortadas por dos callejones y un ensanchamiento en forma de plaza en su extremo oeste. Contenidos en el Reglamento de guardias municipales. 1882. AHP AB.

Caja 359. También, F. Javier Sánchez Torres. Apuntes para la historia de Albacete, nos remite a un acuerdo municipal de 1854 en que se aprueban el nombre de estas y otras calles sin que conste el motivo, tan sólo un listado. p. 109-114.

nientos metros, el recorrido urbano se completaba con algunas calles de antigua tradición, como la de la Feria, más corta que en la actualidad -su puerta estaría colocada en el cruce con la calle Baños- las que desembo- caban en la plaza Nueva, el Altozano, algunas calles en el barrio de La Cuesta (hoy Carretas) y numerosos callejones perpendiculares a las vías principales; y, por último, más allá del arrabal, el mesón y la mancebía situados en el camino que cruza la villa norte-sur, integrarían la visión urbana de este Albacete del siglo XV.

En total, son dieciséis las calles y siete puertas las que se mencionan en el expediente de los gastos de fortificación de Albacete en 1440 y 1441, número que nos parece excesivo teniendo en cuenta que en los padrones de 1571 y 1572 el total de vías asciende a veintiuna, sólo cinco más para una población duplicada, la razón haya que achacarla a que se contabilizaron como distintas las que quedaban divididas por las barre- ras interiores en aquellos años del siglo XV 116.

116 AHP AB. Caja 552, expediente 63.

Figura 37. Mapa de Albacete hacia 1450 con el trazado viario y las zonas más importantes. Elaboración propia.

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La configuración de las calles medievales tenía su razón de ser, a pro- pósito de éstas, Fernando Marías, nos resume el texto que, basado en De re aedificatoria (año 1450), les dedica el autor anónimo de un manuscri- to que se conserva en la Biblioteca Nacional117; si primaba las seguridad del pueblo frente a un posible ataque, se preferían las calles cortas y quebradas pues defendían mejor la población, al tiempo que resguarda- ban de los vientos, sin embargo, si primaban razones estéticas, las calles debían ser largas pues ofrecían una visión más bella y armoniosa.

No se contemplaba en las disposiciones legales de los Reyes Católi- cos la expansión de las villas y ciudades más allá de las murallas, éstos fueron reacios a permitir la construcción particular fuera de los cercos urbanos por razones defensivas; extramuros debían quedar los hospita- les o los monasterios y conventos, las fábricas artesanales que ensucia- ban o necesitaban de los cursos de agua, rastros, lavaderos, rollos o pi- cotas y otros elementos de ajusticiamiento. No obstante, los reglamentos fueron eludidos en algunas ocasiones. Mansiones y villas de recreo de la nobleza civil y eclesiástica fueron creando barrios nobles suburba- nos o cinturones verdes de finalidades recreativas o visitas esporádicas;

el arrabal de Burgos o los alrededores de Valencia e incluso el propio Altozano albacetense son claros ejemplos. Sin embargo, los arrabales crecieron sobre todo como zonas que aliviaron los excesos demográfi- cos y por ello abundaron y tuvieron mayor importancia en las ciudades de más alta densidad demográfica y más fuerte inmigración del campo u otras regiones118.

Estos arrabales de aluvión progresivo tuvieron como característica su formación preferentemente espontánea, orgánica, aunque un principio generador de un orden radial y un trazado rectilíneo de sus calles más importantes se impuso a causa de la necesidad inexorable de seguir los cursos de los caminos que salían de las ciudades en unas u otras direc- ciones; el trazado de las carreteras españolas sería, a fin de cuentas, el esquema regulador de estos arrabales.

Es en esta línea marcada por los caminos este-oeste en la que se de- sarrolla urbanísticamente Albacete, por lo que la villa será tildada de

“larga y derramada” por los propios regidores municipales a propósito

117 MARÍAS, Fernando: “Las ciudades del siglo XVI y el urbanismo renacentista”.

Ciudades del Siglo de Oro. Las vistas españolas de Anton van den Wyngaerde. Madrid.

Ediciones El Viso. S.F., pp. 90-91. El manuscrito 9681.

118 MARÍAS, Fernando: “Las ciudades del siglo XVI y el urbanismo renacentista”…, p. 100.

de la ubicación de las tres tabernas de aceite, que abastecían a la po- blación desde 1498 -aunque el dato lo conocemos por un documento posterior119-. Éstas se habían ubicado así: una en la Cuesta, otra en el centro, cercana a la plaza, y la última en la zona de Cantarranas, lugar de paso alejado del casco urbano y situado entre el camino de Balazote y el de Meledriz, lo que nos indica, a su vez, la existencia de una población diseminada y lo transitado de los caminos albacetenses120.

Se acusa en el trazado viario un cierto desorden, a juzgar por los solares abandonados que existen en las calles y que el Ayuntamiento tratará de poner a disposición de los vecinos; parece que el lema de las ordenanzas de Sevilla del siglo XVI referido a las calles, plazas y rin- conadas: “Labre cada uno y faga lo que pudiere” imperaba también en nuestra villa121.

La segunda característica, como todas las calles medievales, era su estrechez, sabemos por los itinerarios de las visitas reales que la calle más ancha y espaciosa era la de la Feria. La angostura y taponamiento se verían incrementados por las barreras y puertas levantadas ocasional- mente en el interior de la villa que dificultarían el tránsito de viandantes y carros, de ello dan cuenta las medidas tomadas por el concejo en 1513 para lograr una mayor fluidez vial: “Mandaron que la barrera que está de casa la Cortesa y todos los poyos y tamberillos que están bajos que por cuanto son muy perjudiciales que los derriben”. Y no sólo en esta calle, la medida se hizo extensiva al resto de las vías eliminando los

“poyos, recantones, calzados y pedrizas”122, habituales sobre todo en las tiendas de los artesanos, donde los poyos servían de banco a modo de escaparate para exponer las mercancías, estos obstáculos sumaban un inconveniente más a la transitabilidad, pues suponían la privatización del espacio público.

Por si fuera poco, todo parece indicar que su reducida anchura, e in- cluso su luminosidad, eran continuamente disputadas y con frecuencia menoscabadas porque muchas veces las casas se expansionan constru-

119 AHP AB. Caja 486. En 1581, el bachiller de Vera, alcalde ordinario, en una sesión del concejo nos proporciona indirectamente esta descripción “que en esta villa ha habido y hay costumbre que los abastecedores de aceite sean tres […] por causa de ser esta villa muy larga y derramada”.

120 AHP AB. Caja 486.

121 MARÍAS, Fernando: “Las ciudades del siglo XVI y el urbanismo renacentista”...

p. 87.

122 AHP AB. Caja 92. Sesión de 16 de octubre de 1513.

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yendo saledizos, algunos, aun habiendo conciencia de su peligrosidad social por ser refugio para delincuentes, perduraron hasta que razones de fuerza mayor -la visita de Felipe II en 1586 incluía un recorrido desde el Altozano a la iglesia de San Juan- urgieron su eliminación123.

Las donaciones de solares en 1513 a los nuevos habitantes que vie- nen a vivir a Albacete nos proporcionan otro dato sobre las calles: su anchura, ya que entre las medidas de las casas, largo del solar por ancho, se nos menciona otro dato, “el cabo”, es decir, la distancia que media hasta la construcción de enfrente revelándonos en un caso diez pasos y en el otro trece, o lo que es lo mismo, tres y tres con nueve metros, lo que corrobora la angostura del trazado viario.

La calle era no solamente un lugar para transitar sino que constituía un marco de concurrencia donde se desarrollaba una importante par- te de las relaciones sociales; en las calles se pregonaban los asuntos municipales de interés general, se cumplía la justicia, se purgaban las penas, se convivía y se trabajaba pues era el espacio habitual para mu- chos artesanos que a menudo se agrupaban por oficios en torno a tal o cual vía dejando la impronta de su habilidad en el callejero, calle de los Zapateros, del Tinte, de los Mesones y de las Carnicerías, que aparecen documentadas en los primeros padrones que examinaremos después.

La plaza Nueva y la Cava fueron desde sus comienzos lugares ideales para instalación de comerciantes y artesanos, algunos de estos obradores debían tener una superficie mínima, pues en algunas tiendas su profun- didad fue “robada” excavando en las paredes de la denominada cava o foso124, así ocurría en 1523 con el zapatero Juan Navarro, quien, al pare- cer, no tiene más título de propiedad que la ocupación de parte de la cava donde había instalado su taller125. La cava rodeaba toda la Villanueva, el lado noroeste (hoy calle Albarderos) era el más codiciado para el empla- zamiento de tiendas. El lado sur (la actual calle de la Caba) limitaba con el campo o la huerta de Juan Maestro, lugar clave o punto estratégico que dio nombre a un barrio y a una familia, los apellidados “de Juan Maestro”. En esta cava desembocaban los portillos desde la Villanueva, de este lugar también se extraía tierra y barro para hacer teja.126.

123 SANTAMARÍA CONDE, Alfonso: “El paso de Felipe II por Albacete en 1586”.

Albasit. 12. IEA. Albacete. 1983, p. 153.

124 De ahí el nombre de la calle de la Cava escrita con –v en los siglos anteriores y con b en la actualidad.

125 AHP AB. Caja 347

126 Los vecinos de Albacete habían sufrido una nueva prohibición por parte de

El resultado urbanístico era similar al de un laberinto de calles sinuo- sas, angostas y notablemente quebradas hasta el punto de que en 1526 se ordena derribar una pared del corral de una casa para enderezar la calle. Rodeando la zona urbana encontramos las huertas, las viñas, el bosque que se extendía desde el Altozano a la ermita de San Antón y que era conocido como bosque de los Villanuevas, las eras, los tejares y las tierras de sembrado, espacios amplios, libres y llanos donde se ubicarán desde finales del siglo XV inmensos conventos, si no en el número de religiosos, sí en extensión. Por lo demás, es una villa eminentemente agrícola y ganadera.

Albacete creció progresivamente en los siglos XIV y XV y sus ca- lles, lógicamente, también acusaron el progreso. Desde aquellas ocho calles que sabemos tenía en 1415 para una población de cuatrocientos vecinos hasta los mil del año 1528 según consta en la Real Provisión sobre ensanchamiento de la dehesa carnicera. Pero la villa ya se consi- deraba bien poblada desde mucho antes; satisfactoriamente, un acuerdo municipal de 1484, así lo expresa: “Por quanto la villa, bendiso nuestro Sennor Dios, está bien poblada127.

Chinchilla que se había negado a que éstos siguieran extrayendo barro en su ciudad, a pesar de tenerlo como uso y costumbre de tiempo inmemorial, con lo que las ollerías y canteros de Albacete habían sufrido un grave revés que los obligaría, hasta que el pleito se fallara en Granada, a buscar otras alternativas, aunque dado el peligro que supone socavar los cimientos de la propia Villanueva se prohibió tal práctica en 1512.

AHP AB. Caja 551, expediente 99.

127 AHP AB. Caja 452. Una sesión de 1484 nos dice que la villa está bien poblada y Figura 38. Imágenes de faenas agrícolas y ganaderas en el Breviario de la reina Isabel. Siglo XV. The British Library.

Londres. Ediciones Moleiro.

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