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Expresiones del vacío en diversas naturalezas

In document Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (página 63-66)

El vacío, entre el arte y la palabra

2. Expresiones del vacío en diversas naturalezas

En la península arábiga y compartido por cuatro países se encuentra uno de los desiertos de arena más grandes del mundo, El desierto de Rub al-Jali, traducido como «El lugar vacío» y conocido como la Morada del Silencio, en el que existen dunas de más de 300 metros de altura. La naturaleza no deja de sorprender, desde cuevas horadadas gracias a la erosión del aire y el agua, hasta inmensas llanuras o estepas que se abren ante nuestros ojos con la inmensa nada, en sentido metafórico de esa belleza. Un vacío contemplado en la naturaleza, que abarca esferas tales como ese mar abierto hacia el infinito, un cielo inmenso o el desierto.

Schelling, el Maestro Eckhart y Heidegger, tres autores de épocas diferentes que hablan del vacío, se unen en un breve artículo de Domingo Cía por su semejanza en

pensamiento respecto al espacio, la nada, el arte y el vacío. Eckart desde el lado más espiritual y religioso en ese siglo XIII como teólogo que era y profundo místico, y Heidegger desde esa visión próxima a todo lo oriental y su derivación al juego plástico.

Es Schelling el romántico y entusiasta por la embergadura de la naturaleza que lo expresa bellamente así: «La naturaleza es el espíritu visible, y el espíritu es la naturaleza invisible»

(Cía 3), una frase para entender esa unión metafísica entre hombre y universo, una visión también propia del romanticismo de toda la naturaleza y sus posibilidades, tanto en la energía como en la eternidad que esconde. Una idea romántica en la relación Zen entre hombre-naturaleza.

Desde el proceso humano, la idea de algo sencillo recoge infinidad de atributos de belleza, un aspecto oriental dirigido a lo simple, al trazo, a esa imperfección donde reside la plena belleza, también en la idea de less is more que aplica Mies van der Rohe en su arquitectura, e incluso el renacer del arte conceptual cuando Marcel Duchamp expone La Fuente de 1917, que no deja de ser una reminiscencia de otro tiempo, más bien un neoconcepto, ya que ha sido tratado en culturas antiguas como en pequeñas figurillas o símbolos paganos.

La arquitectura puede remontarse después de las cavernas a culturas de hace más de 6000 años que construían crómlechs y menhires, por lo que el juego del lleno y el hueco ya existía, con preponderancia de la masa, así como las pirámides y sus concavidades funerarias y de pasadizos; las catacumbas paleocristianas con sus extensas galerías subterráneas; o los jardines que afloran a partir del renacimiento con sus numerosos laberintos.

Esta vertiente de conceder el mismo orden de fuerza tanto a la masa como al vacío, donde se integran y no compiten, cuya unidad de ambas es mayor que la resistencia, preocupa en especial en el siglo XX, con el comienzo de un Rodin que se deja llevar por su expresionismo y que los escultores y pintores tratan de representar de muchos modos, como su obra La catedral (1908).

Aunque desde hace cientos de años se maneja el concepto espacial del vacío, su origen desde nuestro enfoque se puede remontar a dos artistas representativos como son Guo Xi (1020-1090) y Xia Gui (1195-1224). Ambos se ocuparon del género del paisaje, impulsores de los juegos de tinta, y esenciales para esclarecer ese vacío que siglos después, Turner explorará con arriesgados cuadros, e impresionistas curiosos (Monet, Mary Cassat, Degas, Renoir, etc.) tendrán referencias del japonismo, debido a esa época de colonialismo e imperialismo por oriente como así se refleja en obras como Almendro en flor (1890) de Van Gogh.

Esa estela prosigue y coge fuerza en el siglo XX occidental cuando toma conciencia de esa influencia directa, como el poner al servicio de las artes plásticas las composiciones en papel, conocido como el arte del origami, unos frutos que se perciben también en el volumen, desde las pinturas del suprematismo de Malévich con la abstracción geométrica, seguido de Kandinsky, los neoplasticistas como Mondrian y su conexión con la arquitectura como la casa Schöder (1924) del arquitecto Rietveld, pasando por los constructivistas como Lissitsky que proyectaba en plano y luego en arquitectura. Serán en estas primeras décadas de siglo XX cuando Rudolf Arheim explore estos ejemplos en su libro Arte y percepción visual. Psicología del ojo creador (1954), influido por la psicología de la Gestalt y la hermenéutica.

Y esa cierta influencia Zen tanto en la abstracción americana de los años 40, como en el expresionismo e informalismo europeo, proviene en gran medida de pintores chinos en torno a la dinastía Yuan del siglo XII y XIII, en el que se basa el tipo de pintura japonesa

del siglo XVIII, Bunjin-Ga, conocida como pintura de los letrados, propio de la escritura y la pintura, interpretando varias artes los hombres de letras.

El periodista José Marín-Medina indicaba que el historiador americano Robert Rosenblum, con el libro influyente para nuestro tema: La pintura moderna y la tradición del romanticismo nórdico (1981), «defiende el nacimiento de la modernidad a partir del espíritu del vacío, con artistas tan significativos como Turner y Friedrich» (Marín- Medina, s. p.).

Cierto es que parte de las manifestaciones artísticas a lo largo de la historia del hombre, se sujetan a las religiones, y los temas del silencio, soledad y vacío, se dirigen como experiencias propias de religiones orientales, tales como el budismo, taoísmo, hinduismo.

Hemos visto que hasta las salas de arte están vacías, una idea que podemos remontarla a Malévich y la supremacía del vacío en sus pinturas, y que se traduce después en 1958, cuando Yves Klein, al grito de ¡Larga vida a lo inmaterial!, vació por completo la galería Iris Clert y blanqueó las paredes. La exposición se denominaba «El vacío» o «Bloque de sensibilidad pictórica inmaterial» o «Zona de sensibilidad», y esta forma de intervenir ha proseguido con otros muchos artistas, como con la música de Jonh Cage, pionero del happening, que absorbió del budismo Zen como el libro I Ching o libro de las Mutaciones (s. XII), cuando en 1952 interpretó con una orquesta 4´33´´ de silencio, dividido en tres movimientos sin tocar una sola nota.

Sobre ello, seguro que tuvo repercusión la muestra de Dolores Cáceres en 2015 en el Museo Emilio Caraffa, su ciudad natal de Córdoba-Argentina, titulada SinLímite 567, dejando vacías y en blanco las tres salas más importantes del museo (la 5, 6 y 7), incluso editando 12 hojas en blanco del catálogo, indicando la propia artista que: «Es una inacción que modifica el rol del artista, incide en el comportamiento del espectador y cuestiona la institución arte» (Diario Digital Clarín, s. p.).

Recuerda otras intervenciones como la Bienal de Sao Paulo de 2008, cuando su comisario Ivo Mesquita vació parte de la misma en el pabellón de Oscar Niemeyer, atacada después por 40 grafiteros; o en 2009, cuando el Centro Pompidou de París inauguró una especie de tributo o elogio al vacío en nueve de sus salas, una exposición que se convirtió en Retrospectiva, titulada «Vacíos» donde paralelamente en otras salas habían trabajado artistas conceptuales y minimalistas este concepto del vacío como Klein, Robert Barry, Stanley Brouwn, Robert Irwin, Maria Nordman, Bethan Huws, Roman Ondak, Maria Eichhorn, con los que se querían celebrar los 50 años desde que Klein hizo algo así.

El premio Velázquez de 2012, Jaume Plensa, consideró en una entrevista que el arte y la cultura dejan vacíos y tiene fuerza cuando se pierden o abandonan espacios o lugares, como cuando los talibanes volaron aquellos budas, «su vacío tenía casi más fuerza que su presencia» (Molins, s. p.).

«En la danza el espacio por rellenar complementa al movimiento del cuerpo y el vacío que una bailarina asía con sus brazos, dará rigor y sustento al total movimiento del ejecutante» (Rodríguez s. p.). Pero más allá de esta afirmación en la danza de Margarita Rodríguez, el acto en sí, el movimiento o el baile transporta a la nada, como un trance, una Ménade en éxtasis, cuya mente vuela, porque el cuerpo permanece, con el desplazamiento del alma que divaga y siente flotar.

Un efecto similar podría ocurrir en la música, ya que existen estudios que ésta afecta al cerebro y activa el sistema nervioso central que interviene en el placer. Investigaciones llevadas a cabo como en la Universidad McGill de Montreal (Canadá), afirman que puede

equipararse al uso de drogas o el sexo. Un placer musical entendido por aquellos que en algún momento se han transportado o dejado llevar por la música sintiendo esa ingravidez o estado de bienestar (Levitin, s. p.).

Y la fotografía, tan unida a la pintura, al menos por su presentación bidimensional, puede trasladar esa idea de vacío, y es Yves Klein con su influencia japonesa, el cual vivió en ese país, impulsor de la fotografía unida al arte de acción, a la performance, logra unas imágenes inmateriales como su Salto al vacío (1960), o el lanzamiento de 1001 globos azules, llenos de helio al cielo, considerada en 1957 como escultura areostática.

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