Introducción
3. Caso 2: La industria electrónica (Huawei)
3.1. La industria global de los equipos de comunicación y el rol de Argentina
cambios “actitudinales” importantes que se aprecian al analizar la evolución de las firmas proveedoras a lo largo de la vigencia del pro- grama (PAE, 2013).
En conclusión, está claro que las empresas, en particular PAE, es- tán desarrollando activamente programas destinados a promover el desarrollo de capacidades locales en las firmas contratistas que ope- ran en la región. Ahora bien, esta política no sólo que antecede a la llegada de los capitales chinos a la compañía —si bien éstos han mantenido vigente la iniciativa— sino que además ha sido claramen- te inducida por los elevados niveles de conflictividad social existentes que afectan negativamente las operaciones de la compañía en la re- gión —de hecho, la producción de PAE en 2013 se ha visto seriamente dañada por la toma de pozos—. En este sentido, sólo recientemen- te el gobierno local ha incluido dentro de los contratos petroleros cláusulas que específicamente contemplen la adopción de distintos tipos de programas para promover la transferencia de tecnología y el desarrollo de proveedores locales de las operadoras petroleras.
Habrá que ver hasta qué punto la capacidad de enforcement del gobierno impulsa a las firmas —tanto chinas como de otros oríge- nes— a adoptar algún tipo de estrategia más integral en este sentido.
En efecto, el gasto de dicha industria en Investigación y Desarrollo (I+D) en la economía estadounidense llegaba a alrededor de 15% de las ventas en 2009 según datos de la National Science Foundation.
Entre las mayores 100 empresas del mundo por su gasto en I+D figuran varias pertenecientes a las diversas etapas de la cadena de valor de este sector, incluidas Samsung, LG, Nokia, Cisco, Ericsson, Huawei, Siemens, Alcatel Lucent, Apple, Qualcomm, Broadcom, Re- search in Motion (Blackberry) y ZTE. En muy poco tiempo China ha ganado un espacio relevante en esta industria. En el año 1995, las exportaciones chinas de equipos de comunicación y sus partes su- maban poco más de 8 mil millones de dólares y representaban 4%
de las exportaciones mundiales. En 2012, las exportaciones chinas en dicho rubro alcanzaron más de 210 000 millones millones de dólares, casi un tercio de las exportaciones mundiales (estimaciones basadas en datos de la UNCTAD).
La industria doméstica china recorrió un proceso de aprendiza- je tecnológico y escalamiento upgrading a partir de un comienzo basado en el ensamblaje de partes importadas para exportar bienes finales. Si bien en buena medida esta lógica sigue estando vigente en algunos casos (e.g. iPhones, donde el valor agregado en China es bajo), a lo largo de dicho proceso se consolidaron, tal como se mencionó más arriba, un grupo de jugadores globales de origen chi- no con capacidades tecnológicas propias. Esto fue posible debido a una serie de elementos que favorecieron la transferencia de tecnolo- gía estado del arte (por ejemplo, los joint ventures formados entre multinacionales y firmas locales), así como gracias a los esfuerzos de in- vestigación realizados en firmas e instituciones académicas chinas (ver Amighini, 2005; He y Mu, 2012; Lee et al., 2012).
En Argentina la producción electrónica tuvo su momento de ma- yor auge en la fase final del período de sustitución de importaciones, momento en el cual convivían algunas grandes firmas multinaciona- les junto con pequeñas y medianas empresas locales que general- mente operaban en segmentos más especializados. En este contexto, la capacidad local de producción de equipos de comunicación fue en ascenso, en un marco donde la política comercial general y las prácticas de compra de la empresa estatal monopólica favorecían fuertemente a los fabricantes domésticos.
El dinamismo de esta industria fue decayendo primero con la ex- periencia de sobrevaluación cambiaria y apertura del período militar
(1976-1981), y luego en la década de 1980 en el contexto de una agu- da inestabilidad macroeconómica y de fuerte retraso en la inversión en telecomunicaciones. Ya en la década de 1990, en un contex- to de apertura y privatizaciones, se produjo un significativo proceso de inversión y renovación tecnológica en el sector. Si bien el mis- mo abastecido crecientemente por equipamientos importados, Siemens y NEC, los anteriores jugadores dominantes en el mercado local, continuaron fabricando en Argentina algunos equipos de tele- fonía y transmisión.
Sin embargo, la rapidez del ritmo de cambio tecnológico y la con- solidación de nuevos jugadores en el mercado global en este sector determinaron progresivamente el cese de la producción local de equipos de transmisión y la fabricación doméstica quedó limitada fundamentalmente a algunos terminales para telefonía y ciertos ni- chos pequeños de equipamiento especializado.37
En este contexto, el boom de la telefonía celular experimen- tado en la década de los 200038 fue abastecido fundamentalmen- te por importaciones, pese a cierto repunte de la producción local de componentes electrónicos al amparo de una paridad cambiaria más favorable para la producción local.39 Mientras que en 2003 las impor- taciones de equipos de comunicación llegaban a 326 millones de dólares contra apenas 16 millones de dólares de exportaciones, hacia 2008 las importaciones totalizaban más de 2 400 millones de dólares, contra exportaciones que habían crecido a casi 50 millones de dóla- res (datos de COMTRADE).
En este contexto, el gobierno nacional decide en 2009 introdu- cir un régimen (Ley 26 539) que incrementó el Impuesto al Valor Agregado y los aranceles de importación para diversos productos electrónicos (incluyendo celulares) y simultáneamente redujo el IVA
37 Según Krämer (2012), toda la industria electrónica argentina hacia el 2000 consis- tía en 130 establecimientos que ocupaban apenas 10 mil personas.
38 La cantidad de aparatos en servicio pasó de de menos de 7 millones en 2001 a casi 60 millones en 2012 (datos del INDEC).
39 De acuerdo con Krämer (2012), hay alguna oferta local en las siguientes áreas:
radiotelefonía rural, estaciones base para radiomensajería, teléfonos públicos, módems, radio módems, concentradores digitales y analógicos para telefonía y radioenlaces digitales, duplexores, filtros, preselectores, amplificadores, conver- sores de norma y repetidores para telefonía celular.
a los bienes similares producidos en la isla de Tierra del Fuego para su venta en territorio argentino.40
Si bien el régimen logró promover fuertemente la producción en la isla (en el caso de celulares, el incremento fue de 398 000 a casi 14 millones entre 2009 y 2012, según datos del Centro de Estudios para la Producción del Ministerio de Industria), en realidad se trata de actividades con muy bajos encadenamientos y valor agregado local (limitado básicamente a la remuneración de factores en la activi- dad de ensamblaje). Los componentes locales se limitan a cajas, ma- nuales, folletos y bolsas, siendo muy difícil que se pueda esperar, dadas las limitaciones de escala (el régimen está pensado para abas- tecer el mercado doméstico), que puedan producirse en Tierra del Fuego otro tipo de componentes más complejos.
El siguiente dato evidencia este proceso: para 2012 las importa- ciones totales de equipos de comunicación alcanzaron 3 360 millones de dólares (en tanto que las exportaciones apenas superaban los 30 millones). Pero mientras que en 2008 apenas 15% de esas impor- taciones correspondían a partes, para 2012 esa cifra había trepado hasta 85% (datos de COMTRADE).
En otras palabras, lo que ha ocurrido es que se han sustituido importaciones de productos finales (en este caso celulares) por im- portaciones de kits y otros insumos; si las empresas proveedoras de celulares, salvo Apple, han aceptado producir en Tierra del Fuego, es porque con las modificaciones impositivas antes citadas se hace prácticamente inviable económicamente competir en el mercado argentino en base a importaciones (además de que el gobierno ha venido aplicando restricciones discrecionales a las importaciones en diversos rubros). Todo esto a un elevado costo fiscal por cierto (ver Levy Yeyati y Castro, 2012) y con efectos probablemente adversos sobre los consumidores en términos de precios.
40 En realidad, esta isla cuenta desde 1972 con un régimen promocional especial, que ha tenido varios avatares a lo largo del tiempo, y a través del cual se exime a las empresas allí radicadas de aranceles para importación de insumos y del pago al impuesto a las ganancias (beneficios de los que también gozan los fabricantes de electrónicos, obviamente).