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Capacidad crítica y autocrítica
Capacidad para tomar decisiones
Habilidad para trabajar en forma autónoma
Seis competencias de veintisiete que se proponen desarrollar en la educación universitaria representan 22.2% de la atención que se les debe dar para fomentar y desarrollar las competencias con el fin de progresar en los grados de autonomía en el aprendizaje de los universitarios. Esto indica la relevancia y continuidad que se le está otorgando a nivel mundial y regional para encaminar esfuerzos que centren las prácticas pedagógicas en el aprendizaje.
En el informe final del Proyecto Tuning se advierte que el énfasis debe recaer en el aprendizaje no en la enseñanza, pero reconoce que existe un conflicto entre lo que el estudiante debería aprender y lo que es capaz de aprender en un período de tiempo determinado. Por lo mismo, señala que es esencial una precisa estimación de tiempo de trabajo del estudiante necesario para alcanzar las competencias y una definición razonable de los resultados del aprendizaje (Beneitone et al., 2007).
Por tanto, en los paradigmas educativos aquí expuestos, el docente tiene que fungir principalmente como facilitador para potencializar la reflexión de los estudiantes en los planos personal, profesional y social y participar activamente en la gestión de proyectos académicos y de investigación donde el alumno tenga un rol más activo y participativo.
Además, entre otras competencias el docente está invitado a promover con su práctica docente una vinculación sistemática entre a) los saberes (saber conocer, saber hacer, saber ser y convivir); b) los saberes y el mundo de la práctica profesional de los alumnos; y c) los saberes, el mundo del trabajo y el desarrollo de un mayor compromiso acerca de la necesidad de compartir y construir el conocimiento, a través de un trabajo colaborativo que fomente la mejora del entorno y de las personas que lo habitan (UNESCO, 2005).
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que las IES Mexicanas se están enfrentando actualmente están descritos en el siguiente fragmento del documento electrónico de ANUIES (2000) en el rubro 1.1.3, el cual expone:
La educación superior enfrenta el desafío de fortalecer sus objetivos fundamentales y de encontrar un equilibrio entre la tarea que implica la inserción en la comunidad internacional y la atención a las circunstancias propias; entre la búsqueda del conocimiento por sí mismo y la atención a necesidades sociales; entre fomentar capacidades genéricas o desarrollar conocimientos específicos; entre responder a demandas del empleador o adelantarse y descubrir anticipadamente el mundo futuro del trabajo que probablemente se sustentará más en el autoempleo (ANUIES, 2000:
s/p).
Eso indica que hay una serie de tensiones entre lo global y lo local; es decir, entre cumplir con las exigencias de un mundo en constante cambio, integrado, con estándares internacionales exigentes en la aplicación de sus procesos y funciones y, por otro lado, cumplir con objetivos propios para responder a las necesidades del contexto local. La sociedad del conocimiento (UNESCO, 2005) es definitivamente universal, no obstante, existen condiciones socio- culturales muy particulares a cada contexto educativo que no pueden ser ignoradas.
En México, la SEP (2007) ha reconocido que uno de los múltiples retos al que se enfrenta la educación superior es la capacidad de generar y aplicar nuevo conocimiento para poder lograr ser competitivo en los mercados laborales. Así pues, las estrategias planteadas para la educación superior involucran entre otras, la creación de un ambicioso programa de educación para la vida y el trabajo con el que se pretende impulsar el desarrollo y la utilización de tecnologías de la información y la comunicación para apoyar el aprendizaje de los estudiantes, así como ampliar sus competencias para la vida y favorecer su inserción en la sociedad del conocimiento (SEP 2007).
Como política nacional para avanzar hacia el logro de los perfiles planteados, el Programa Sectorial de Educación (2007) sostiene que la SEP debe alentar a las instituciones escolares a desarrollar en los estudiantes capacidades para la vida, actitudes favorables para "aprender a aprender" y habilidades para desempeñarse de manera productiva y competitiva en el mercado laboral. Para ello, esa Secretaría ha puesto en marcha la renovación de programas de estudio en el marco de un modelo de educación basada en competencias. Con el afán de elevar la calidad de la educación, este organismo establece en su Programa Sectorial de Educación que las instituciones educativas deben favorecer la introducción de innovaciones en las prácticas
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pedagógicas de cada sector mediante estrategias o líneas de acción claramente estipuladas, como son las que se especifican en el rubro 1.18:
Apoyar la incorporación de enfoques y modelos educativos centrados en el aprendizaje y la generación del conocimiento.
Lograr un equilibrio entre el aprendizaje guiado, el independiente y en equipo.
Promover un balance adecuado en la interacción maestro-alumno, en el mejor aprovechamiento de los recursos que ofrece la tecnología y en el establecimiento de planes de estudios menos recargados en horas-clase y más en la autonomía de los estudiantes para su aprendizaje (SEP, 2007:28).
Por su parte, la ANUIES (2000), además de reconocer los planteamientos y políticas de la SEP, agrega que una de las funciones de la educación superior debe ser también la de formar profesionales emprendedores que inicien y desarrollen sus propias empresas y no solo estar restringida a la formación de cuadros de empleados (ANUIES, 2000:1.1.3). Es decir, existe una clara visión en México que la educación superior debe contribuir a que los alumnos se incorporen a corto plazo al trabajo productivo, al desarrollo nacional a través de la participación económica laboral de manera emprendedora y creativa.
Tanto la SEP como la ANUIES también recalcan el papel central que juegan los docentes para llevar a cabo los programas de cambio en la enseñanza. En particular, se refieren al nuevo perfil del profesor para conformar el paradigma del aprendizaje que desplazará al de la enseñanza, pues éste deberá estar más asociado con el rol de asesor o coordinador en el proceso de formación.
En resumen, la tarea de las IES en cuanto a su labor de formación es contribuir a la formación integral de los alumnos, a la preparación de profesionales técnicamente competentes que a su vez sean ciudadanos conscientes, críticos y participativos de la vida nacional. A nivel nacional ya se reportan trabajos de investigación cuyos objetivos buscan indagar sobre las repercusiones que estas demandas tienen en los alumnos y en los profesores (Correa, 2007;
Guzmán y Sánchez, 2006).
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