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Capítulo 3. Los docentes universitarios

3.6 Ser docente universitario

3.6.5 Los desencuentros

En los foros se distinguen dos miradas que emanan de las conversaciones cuando se trata de describirse como docentes. Una que refleja una actitud más positiva de la propia práctica pues la mayoría se reconoce como docentes responsables, activos, abiertos y flexibles al cambio, a las demandas actuales de la profesión. Pero dentro de la dinámica de las mismas interacciones, al escuchar a otros describiéndose, mostrando dichas potencialidades ante los

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cambios y que proyectan la imagen de tener una actitud entusiasta, algunos plantean esa misma visión pero como un deseo que aún no se concreta en algunos de ellos. Quizá reflexionan sobre su propia acción al escuchar a los colegas y por eso más adelante, a la solicitud de describir qué percepción tienen de sí mismos como docentes en el futuro, se manifieste para ellos como un objetivo.

……. la intención a futuro es ser un docente abierto a las modificaciones educativas, que pueda ser propositivo, creativo e intencional en el beneficio de los alumnos; así me concibo yo en un futuro (GRUPO 2: 738).

¿Por qué a futuro? ¿Acaso porque ese planteamiento no se ha concretado todavía en algunos de ellos? La descripción es similar a lo que muy probablemente pudieron percibir de los otros en el grupo de discusión con la diferencia que lo plantean claramente como una meta que aún no se alcanza. Es posible que al escuchar a los otros colegas hablando de ciertas características de su profesión hayan manifestado ellos lo mismo en calidad de una aspiración para ellos pues, como ya se ha explicado en el fundamento metodológico, en una interacción profesional los docentes pueden confrontar los significados de su labor, rechazan algunos, integran otros a su propia práctica y generan a su vez nuevos significados al enfrentarse a la ejecución de su ocupación en el contexto educativo en el que se desenvuelven.

Otro de los desencuentros se refiere a la tendencia de considerar a otros colegas con actitudes menos comprometidas y un tanto negativas hacia la labor y responsabilidad docente. Es decir, dos visiones de cómo los docentes se ven a ellos mismos, algunos sostienen que sí hay compromiso, pero hablan de un compromiso personal, pero cuando se refieren al colectivo dan a entender que no todos se comprometen, ni son responsables.

Por ello, inferimos una propensión de hablar del ―otro” si se trata de describir los aspectos negativos de la labor docente. Salen a relucir ejemplos de docentes de la UNACH de la misma academia o de la profesión en general que tienen prácticas no apropiadas como la prepotencia, la improvisación y la irresponsabilidad. Se manifiesta en un discurso al hablar de los ―otros maestros. Un cuestionamiento mismo a la esencia de la vocación docente.

Hay profesores en mi facultad… que no son los apropiados para dar materias de octavo modulo. ¡Es decir, improvisan! (GRUPO 6:131).

(…) no lo quieren [refiriéndose a un docente estricto] porque ese sí los pone a trabajar. Son

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los menos populares desgraciadamente. ¡Claro! También hay unos tiranos, sádico- masoquistas, enfermos mentales porque hay de todo, acosadores sexuales, pero también hay buenos maestros (GRUPO 6: 369).

Generalmente los maestros tienen miedo a que sus alumnos los superen... (MARTHA: 573).

Habemos quienes estamos dispuestos al cambio. Pero desgraciadamente, hay maestros que ya no. Ellos siguen de manera tradicional llegando, gritando o usando el cañón, pero de ahí no van a salir; y haciendo los clásicos exámenes. Eso es prueba que el maestro no acepta el cambio (GRUPO 3:320).

En la intervención anterior es notorio cómo el docente se incluye dentro del grupo de los que hacen el esfuerzo por cambiar, o por mejorar su práctica, utilizando el pronombre ―nosotros”;

pero expresa utilizando el pronombre en la tercera persona del plural para exponer que en la profesión existen personas que no lo hacen. Según ese discurso no todos los docentes enfrentan con una actitud positiva su labor diaria en torno a los cambios profesionales demandados por las tendencias de la educación actual.

Analizando los extractos anteriores nos hemos percatado que son los docentes de la UNACH los que se han referido a los otros colegas, los que han usado la tercera persona para caracterizar a los docentes universitarios contemporáneos. En lo general, los docentes de la UNICH y de la UPChiapas no mencionan cosas negativas sobre sus otros colegas. Por ejemplo, Luis, docente de la UNICH y Manuel, docente de la UPChiapas, quienes en sus respectivos discursos evidencian ser asiduos lectores de una gran variedad de obras literaturas, nunca mencionan la falta de cultura lectora que según los otros participantes caracteriza a los mismos docentes y a los alumnos de esta región. En el caso de Manuel de la UPChiapas sí alude al uso restringido, limitado del vocabulario de los alumnos en cuanto a sus habilidades comunicativas, más no argumenta que es responsabilidad total de los docentes en general. Lo anterior indica que pudiese existir una diferencia institucional entre sus respectivos profesores.

Una explicación tentativa a esta condición pudiese ser la relación de años de trabajo docente en la institución lo que repercute sin duda en la forma cómo percibimos a los otros por el hecho de haber convivido con ellos más años. Recordemos que los docentes de la UNICH y de la UPChiapas tienen un rango de 5-6 años en la institución, mientras que los participantes de la UNACH cuentan con un mínimo de 14 años laborando en esa universidad.

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Pasando a un tema diferente, otra de las características que prevalece entre los docentes universitarios, de acuerdo a la opinión expresada en algunos de los grupos de discusión, es que la gran mayoría se muestran escépticos de ser observados, no les gusta que invadan su terreno de acción, el aula; lo cual no permite retroalimentar la práctica docente. Además, que no utilizan las TIC para su enseñanza cotidiana; que no leen, pues son personas que en general, como parte del habitus profesional no tienen el hábito de leer obras en general, y hasta cuestionan si al menos se tiene por costumbre leer información relacionada a la disciplina en la cual se labora.

Creo que también debemos recurrir a cuestiones tradicionales como el valor de la lectura, aunque sea lectura en pantalla, como lo quieran leer, creo que eso lo tenemos bastante abandonado por haber entrado... en este otro modelo de ser productivos con la tecnología, los equipos y sobre el terreno que es muy útil, pero se ha abandonado el tiempo individual de lectura y por lo tanto de reflexión, de análisis... (GRUPO 5:588).

El docente debe leer, analizar, invertir un tiempo para reflexionar sobre sí y sobre su actividad profesional. Existe el reconocimiento de algunos participantes de que una característica de nuestra práctica debe ser la reflexión, el tiempo necesario para analizar la propia práctica, las teorías en las que basamos nuestra labor. Por ello se habla de la necesidad de crear espacios ex profeso para la reflexión, para un proceso de interiorización, actividad propicia para promover el cambio. Esto se puede fomentar y desarrollar más eficazmente en las academias, partiendo de la iniciativa de los mismos docentes.