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La resiliencia

La resiliencia aparece actualmente como una palabra casi común en la vida cotidiana, sin embargo no existe un consenso sobre su definición ya que son muchos los autores, incluso las marcas comerciales, que incorporan el concepto en sus trabajos.

Para Monroy y Palacios (2011) la resiliencia implica (1) sobreponerse a las dificultades y tener éxito a pesar de estar expuestos a situaciones de alto riesgo; (2) mantener la competencia bajo presión, esto quiere decir saber adaptarse con éxito al alto riesgo y (3) recuperarse de un trauma ajustándose de forma exitosa a los acontecimientos negativos de la vida.

En una visión similar Vera, Corbelo y Vecina (2006) sostienen que la resiliencia se refiere a (1) personas de grupos de alto riesgo que han obtenido mejores resultados de los esperados; (2) buena adaptación a pesar de experiencias (comunes) estresantes (cuando los estresares son extremos la resiliencia se refiere a patrones de recuperación) y (3) recuperarse de un trauma.

A pesar de las diferencias en terminología, la resiliencia tiene que entenderse como un proceso.

El estudio de resiliencia parte de la teoría de la Psicología Positiva en donde se ha profundizado la investigación en relación a las fortalezas del individuo. Según Morales y Díaz (2011) los seres humanos siempre estamos expuestos a situaciones adversas, y depende de cada persona el proceso de afrontamiento frente al problema. Los autores describen que ciertas personas pueden desarrollar patologías como resultado a su falta

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de adaptación, o por el contrario pueden tomarlo como un aprendizaje exitoso. Los autores definen a la resiliencia como la capacidad de las personas para lograr un desarrollo psicológico sano frente a situaciones que amenacen su integridad. Según González et al. (2008), la combinación de los atributos internos y externos del individuo favorecen la posibilidad de superar el riesgo, los atributos internos comprenden a las características propias del individuo y los atributos externos comprenden al ambiente familiar, social y cultural.

A lo largo de la vida el ser humano puede enfrentar eventos o experiencias estresantes que resultan negativas y que pueden contribuir al desarrollo de psicopatología. Sin embargo, los humanos tenemos la capacidad de adaptarnos a estas experiencias. A esta capacidad la podemos llamar resiliencia. El término resiliencia es una castellanización de la palabra inglesa resilience o resiliency. Se trata de un término originalmente utilizado en la termodinámica, que se refiere a la “capacidad de un cuerpo para recuperar su tamaño y forma original después de ser comprimido, doblado o estirado” o bien, ya dentro del campo de las ciencias biológicas es “la capacidad de un ecosistema u organismo para regresar a la estabilidad al sufrir una alteración”.

En las primeras investigaciones con orientación biopsicosocial no se usaba el término de resiliencia, sino el de “invulnerabilidad”. Sin embargo, se han señalado algunas razones para cuestionar el concepto de invulnerabilidad, ya que implica tener una resistencia absoluta al daño, ser intrínseca del sujeto, sugiriendo que es estable en el tiempo y que se aplica a todas las circunstancias de riesgo.

La palabra resiliencia se tomó prestada de la física, de donde su precursor en emplearla en psicología, el paidopsiquiatra conductista Michael Rutter, la reduce a "cierta flexibilidad social para la adaptación".

Posteriormente, la definición trascendió el conductismo, cuando el etólogo Boris Cyrulnik estudia a personas sobrevivientes de campos de

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concentración y niños, tanto de orfanatorios como los llamados "de la calle”.

Los seguidores de Rutter (2012) propusieron usar, más bien, el concepto de resiliencia, como un concepto dinámico que puede presentarse en diferentes grados en diferentes momentos. De esta forma, el término

“resiliencia” se desarrolló para describir la resistencia relativa a las experiencias psicosociales de riesgo y también, como un proceso de afrontamiento ante la adversidad, cambio u oportunidad que resulta en la identificación, fortificación y enriquecimiento de las cualidades resilientes o de los factores protectores.

La resiliencia involucra procesos genéticos, biológicos y psicológicos, y probablemente también dinámicos. Por tanto, existen diferentes formas de entenderla debido a la heterogeneidad de las posturas adoptadas. Es importante mencionar que existen definiciones que hacen referencia a la conservación de los recursos con los que cuentan los individuos ante eventos adversos (mantenerse bien, sobrevivir). En otras se evidencia que los individuos recuperan los recursos alterados modificados o perdidos como efecto del evento adverso (recuperación, resurgimiento) y otras respecto a los resultados positivos que los individuos pueden construir a partir de la adversidad (prosperar, crecer, mejorar).

El común denominador de planteamientos respecto a su definición la presenta como habilidad o capacidad personal.

Recientemente se ha conceptualizado como un proceso dinámico que involucra la interacción entre los procesos de riesgo y protección tanto internos como externos del individuo que se ponen en juego para modificar los efectos de los sucesos adversos de vida, así en la presente investigación se parte de la comprensión que la resiliencia es el resultado de la combinación y/o interacción entre los atributos del individuo (internos) y su ambiente familiar, social y cultural (externos) que lo posibilitan a superar el riesgo y la adversidad de forma constructiva (González Arratia, 2008).

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La resiliencia es entendida como la capacidad que poseen aquellas personas de sobreponerse ante una situación adversa y salir fortalecido, generando herramientas que permiten construir comprensiones diferentes de la vida y asumir posturas reflexivas frente a su historia; estas comprensiones sobre la vida, inmersas en un medio ecológico, posibilita la edificación de nuevas construcciones o por el contrario, promueve factores que imposibilitan al ser humano y lo llevan a la desgracia, hundiéndolo en su propia adversidad.

Si bien, la desgracia, el dolor, la adversidad, la crisis y todo aquello que denota sufrimiento, resulta ser repulsivo; se convierten en “pretexto” para la construcción de nuevos significados en torno a la realidad del evento que en algún momento resultó traumático, pero que gracias a la resignificación adquirió otra representación que le permite al “traumatizado” y en palabras de Cyrulnik (2003), metamorfosearse con el fin de ampliar su visión de sí mismo y del mundo que lo rodea. Ante esto, la crisis es vista como una oportunidad, tal como lo afirma Pittman (1990, p. 25) “La crisis es un estado de cosas en el que es inminente un cambio decisivo en un sentido o en otro. La crisis es el punto de viraje en el que las cosas mejoran o empeoran, [por tanto la tensión creada en un sistema genera un sinnúmero de cambios que conllevan a la reorganización de un repertorio usual del sistema] las situaciones de crisis exigen que las personas pongan en juego sus recursos, habilidades y capacidades para el afrontamiento de tales condiciones cambiantes”.

La resiliencia es un proceso que surge a través de la vida, dado que toda la gente debe superar episodios de dolor, adversidad y crisis a lo largo del ciclo vital; en ese sentido se deconstruye (se rompe, se transforma) la idea de que la adversidad conduce automáticamente a la disfunción y se le da paso a significar de forma distinta un hecho traumático, reconociéndolo como una oportunidad de aprendizaje para quien lo sufre y sirviendo de ejemplo para las personas a su alrededor. A partir de lo anterior, el cambio que surge como consecuencia de un hecho particular le permite a la persona relatarse de forma distinta a como vivió el hecho, siendo esto una

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forma de externalizar el dolor y compartirlo con el otro, esto con el fin de generar nuevas comprensiones de aquello que dejó una huella imborrable en la memoria.

Los modelos de la resiliencia tienen en común la combinación de factores internos y externos que, en una perspectiva procesual, protegen al sujeto de la adversidad. En la literatura especializada se describen diversos modelos, tales como: Compensatorio, Protector, y del mejoramiento o desafío, los cuales han orientado el estudio de la resiliencia en diversas situaciones de adversidad.

La naturaleza de la resiliencia es compleja y multidimensional e implica factores individuales, familiares y del ambiente socio-cultural (Monroy y Palacios, 2011). Se relaciona con perfiles de personalidad equilibrados y saludables y con personas capaces de cambiar de forma flexible sus respuestas afectivas y fisiológicas, para adecuarlas a las demandas del ambiente. La resiliencia, aunque requiere una respuesta individual, no es una característica individual ya que está condicionada tanto por factores individuales como ambientales, emergiendo de una gran heterogeneidad de influencias ecológicas que confluyen para producir una reacción excepcional frente a una amenaza importante.

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