• No se han encontrado resultados

Lenguaje y regimiento en los antiguos mexicanos

In document BERNARDINO DE SAHAGÚN (página 102-107)

Capítulo II: Contenidos fundamentales del Códice y el paradigma de su elaboración

II.5 Lenguaje y regimiento en los antiguos mexicanos

La conservación de la lengua mexicana lleva implícito el reconocimiento de la plena humanidad indiana. Dicho criterio de la defensa sahaguntina tiene como centro la sociabilidad humana343. Los indios no son ‘bárbaros’, pues fueron ‘devotísimos con sus dioses’, ‘entre sí muy urbanos’ y

‘alcanzaron el imperio’ teniendo por mucho a los ‘sabios retóricos, y virtuosos, y esforzados’344. Nada de esto pudo ver Sahagún. No pudo corroborar la fluidez de las relaciones sociales, las normas urbanas, la organización política o las prácticas tradicionales, ni tampoco comprobar la división económica que emanaba de los oficios o las castas sociales y mucho menos la devoción religiosa en todo su esplendor. Sin embargo, supo el fraile desentrañarlo todo, conservado en la más grande prueba de la sociabilidad indiana: el uso de la palabra.

341 CF, lib. IV, cap. XVII, fol. 39r-39v; Historia general de las cosas de Nueva España, ed. cit., vol. I, 381-382. El énfasis es mío. Lo acentúo por la clara sintonía que debió ver Sahagún con la pobreza franciscana: hasta lo último de potencia.

342 El estudio de los elementos lingüísticos expresivos, preformativos y teatrales, propios de la expresión oral, es indispensable, pues en el acto preformativo, el acto oral y la acción realizada son una sola cosa van en comunión, y lo que es más, están unidos también, no sólo al páthos, sino también al éthos de quien lo expresa.

343 Los sabios retóricos, y virtuosos, y esforzados, eran tenidos en mucho; y de éstos elegían para pontífices, para señores y principales y capitanes por de baja suerte que fuesen. Éstos regían las repúblicas y guiaban los ejércitos y presidían los templos’, en CF, prol. lib. VI; Historia general de las cosas de Nueva España, ed. cit., vol. II, 473.

344 ‘Fueron, cierto, en estas cosas extremados, devotísimos para con sus dioses, celosísimos de sus repúblicas, entre sí muy urbanos; para con sus enemigos, muy crueles; para con los suyos, humanos y severos; y pienso que por estas virtudes alcanzaron el imperio, aunque les duró poco, y ahora todo lo han perdido, como verá claro el que cotejase lo contenido en este libro con la vida que ahora tienen’, en CF, prol. lib. VI; Historia general de las cosas de Nueva España, ed. cit., vol. II, 473.

103 II.5.1EL LIBRO SEXTO

Empieza Sahagún, pues, hacia 1547, la recuperación de los discursos, exhortaciones y consejos de los ancianos. Estas informaciones constituirían, años más tarde, en la obra total, este libro VI, llamado De la retórica y filosofía moral y teología de la gente mexicana, donde hay cosas muy curiosas, tocantes a los primores de su lengua y cosas muy delicadas tocante a las virtudes morales.

El título que encabeza el libro ya es de por sí sugerente, pero lo es mucho más si se enfatiza el interés nominal del franciscano.

La tradición oral, las descripciones habladas de la antigua civilización, ya desaparecida, y los discursos —en suma, la lengua—, le revela a Bernardino una espiritualidad poética345, proveniente de una forma de racionalidad distinta a la europea. La espiritualidad arraigada en la lengua mexicana no podrá modificarse sin modificar ésta también. Ahí radica el eje desde el cual emprende Sahagún su nuevo proyecto evangelizador. Los dos intereses sahaguntinos vienen a entrelazarse en este punto: el interés lingüístico y el religioso.

La lengua mexicana, flexible y aglutinante, se prestaba para acomodarse a la nueva cosmovisión y a las exigencias de una sociedad cristianizada. La misma lengua que estos naturales usaban en tiempos pasados, serviría ahora para hacerlos transitar hacia una nueva concepción de mundo.

Éste es el intento de ‘fusión de horizontes’ que llevará a cabo Sahagún, en un transvase lingüístico que pretendía a la vez ser una transformación de la representación práctica del universo que tenían los indígenas: transvase basado en lo común, en la común cultura y humanidad, y apuntalado por una conciencia (que casi podríamos llamar hermenéutica ante litteram) que movió al fraile a trabajar directamente sobre los propios discursos morales indígenas, reinterpretándolos desde una cosmovisión cristiana y grecolatina.

En cuanto a esta modificación de la lengua debe subrayarse, por un lado, que los nuevos términos tocantes a la nueva religión fueron, seguramente, introducidos por el fraile ante la complejidad espiritual del cristianismo, prueba de la versatilidad y riqueza expresiva de la lengua mexicana; y, por otro lado, la falta de lenguaje escrito entre estos naturales derivó más tarde en una novedad expresiva al ceñirlos al alfabeto346. Más allá del transvase del que habla Miguel León-Portilla o la transculturación que ha reconocido Patrick Johansson, considero que el trabajo de Bernardino de Sahagún posibilitó la fundación de una lengua nueva. Que se trata de una obra fundacional queda más claro si se observa que al desintegrar la lengua oral del conjunto que formaba junto a la entonación, las disposiciones corporales, el uso de la memoria figurativa y la tradición, para transcribirla fonéticamente al modo occidental, el cambio no puede considerarse accidental347.

345 En cuanto materia y forma son inseparables.

346 Los franciscanos expresaron, desde que la aprendieron, las verdades de fe a través de la lengua mexicana.

Primero, fray Andrés de Olmos, Alonso de Molina y, más tarde, fray Bernardino, completaron la adaptación escrita desde la fonética mexicana.

347 ‘La expresión oral no se limita a su aspecto lingüístico, como podrían hacérnoslo creer los manuscritos que llegaron hasta nosotros. Es, al contrario, una proyección espacial del hombre en la que el verbo es sólo la parte integrante de un todo más complejo. Además de los atavíos y las pinturas faciales que fungen como verdaderos

104 He insistido, con este preámbulo sobre las peculiaridades de la oralidad de los naturales mexicanos, para entender lo que intentó concentrar nuestro autor en su sexto libro. Por las fechas en que iniciara su trabajo, ha de creerse que éste fue el primer texto que recopiló el fraile, después incluido hasta el apartado seis por la estructura global de la obra, que, seguramente, continuó al percatarse de las dificultades de descontextualizar estos discursos del entramado social, político y cultural en que fueran originalmente expresados. El sexto libro constituye, pues, la médula del trabajo del fraile desde el punto de vista cualitativo. Es a raíz de haber descubierto la riqueza humana de esta gente mexicana contenida en sus discursos morales que Bernardino procede a reconstruir el entorno que hará posible comprenderlos.

A continuación expondré la estructura del libro VI. Compuesto por 43 capítulos, es el libro más extenso de toda la obra. Los temas que trata pueden concentrarse en cinco grandes rubros: las oraciones dirigidas a los dioses, los discursos políticos, los consejos o exhortaciones morales, los discursos familiares y los adagios y metáforas. De tal manera que pudiera caber la siguiente clasificación, además de los tres capítulos acerca de los adagios, metáforas y zazaniles que usaba el mexicano (vocabulario y usos del vocabulario: capítulos XLI, XLII y XLIII.)

1.- Discursos teológicos (del capítulo I al VIII) 2.- Discursos políticos (del capítulo IX al XVI) 3.- Discursos familiares (del capítulo XVII al XXII)

4.- Discursos rituales: matrimonio, preñez, nacimiento, bautizo, etcétera (del capítulo XXIII al XL).

El libro va precedido por un interesante prólogo —que denota el interés humanista sahaguntino presentando una defensa indiana con base en la sociabilidad y en concreto en el lenguaje de los mexicanos—. Veremos más adelante cómo esta defensa no está exenta de evocaciones clásicas, en particular en lo que respecta a considerar la capacidad lingüística y retórica como signo de humanidad y de civilización.

El prólogo de este sexto libro recuerda que todas las naciones ‘por bárbaras y de bajo metal que hayan sido, han puesto los ojos en los sabios y poderosos para persuadir, y en los hombres eminentes en las virtudes morales’348; de tal suerte que justifica su interés en la retórica indiana desde dos ópticas: una, que estos naturales también han apreciado y utilizado estos modos de persuasión y, dos, que Sahaugún los aplicará como remedio contra la idolatría.

Es así que, ya desde el inicio, el libro VI descubre su triple función: 1) estudiar las formas discursivas de los naturales: ‘este lenguaje es propio de sus antepasados, y obras que ellos hacían’; 2) estudiar sus contenidos morales y costumbres loables: ‘fueron para con los suyos humanos y severos’; y 3) mostrar la apología indiana con base en la sociabilidad: ‘regían las repúblicas, guiaban los ejércitos y presidían los templos’349.

jeroglíficos de sentido implícito, el gesto con su sublimación estética, la danza así como la música, se unen al verbo para constituir el acto expresivo’, en Patrick Johanssion, La palabra de los aztecas, Op. cit., 34.

348 CF, prol. lib. VI; Historia general de las cosas de Nueva España, ed. cit., vol. II, 473.

349 Ibid.

105 En el primer capítulo, Sahagún hace hincapié en que los naturales ‘usan de muy hermosas metáforas y maneras de hablar’y recopila las oraciones que hacían a Tezcatlipoca Yaotl:

Pues, ¿qué es ahora, señor nuestro, valeroso, piadoso, invisible, impalpable, a cuya voluntad obedecen todas las cosas, de cuya disposición pende el regimiento de todo el orbe, a quien todo está sujeto, qué es lo que habéis determinado en vuestro divino pecho?350

Después, el siguiente capítulo continúan las oraciones a Tezcatlipoca y Yoalli Ehecatl demandando auxilio contra la pobreza. De ambos quisiera resaltar los paralelismos entre el Dios del cristianismo y los atributos de estos dioses mexicanos, lo cual responde al interés sahaguntino de darle continuidad a la antigüedad indiana con la cristiandad, con miras a que la evangelización se dé mediante la cristianización de lo indiano y no como una imposición de superpuestos.

También del segundo capítulo vale la pena resaltar el uso recurrente del símbolo de la flor y la vida, que más tarde se usará en algunos textos cristianos. De los capítulos IV, V y VI resalta la belleza de las formas expresivas en lengua mexicana, mientras que del capítulo VII es interesante la comparación —ya mencionada— entre la confesión indiana y la cristiana. Asimismo, el lenguaje y los contenidos del capítulo XXI recuerdan la castidad cristiana.

Lo que más llama la atención es el capítulo XXII, en que se contiene la doctrina que el padre principal daba a su hijo acerca de la policía exterior y que se repite tal cual, exactamente en el mismo orden y disposición, en el Apéndice a la Postilla, pero esta vez anteponiendo la afirmación

‘lo manda la Sancta Madre Iglesia’. Otro de los libros bajo los cuales subyace una apología del indígena es el libro De los reyes y señores y de su manera que tenían en sus elecciones y en el gobierno de sus reinos.

II.5.2EL LIBRO VIII

También es interesante la revisión del libro VIII con relación al lenguaje y regimiento de los naturales. En clara sintonía con una defensa indiana basada en la obra política aristotélica351, el libro octavo del Florentino permite establecer un vínculo y una continuidad entre la historia antigua de los naturales y la de la Nueva España, evitando la posible creencia de una irrupción violenta de los españoles y, con ellos, del cristianismo. Esto último lo muestran los capítulos V, VI y VII en relación con el libro XII de la Historia Universal. Estos capítulos tratan respectivamente de la destrucción de Tula, los pronósticos que aparecieron antes de la llegada de los españoles y de las cosas notables que sucedieron más adelante.

350 CF,lib. VI, cap. I, fol 2v; Historia general de las cosas de Nueva España, ed. cit., vol. II, 478.

351 ‘Estos primeros pobladores, según lo manifiestan los antiquísimos edificios que ahora están muy

manifiestos, fueron gente robustísima y sapientísima y belicosísima. Entre otras cosas muy notables…’, en CF, prol.

lib. VIII; Historia general de las cosas de Nueva España, ed. cit., vol. II, 719.

106 Por otro lado, el interés ‘político’352 de Sahagún se hace notar desde las primeras líneas en que recopila las dinastías de México, Tlatelolco, Tezcoco y Huexotla353, y que después se corrobora en los capítulos VIII, IX, X, XI, XII, XIII y XIV.

En términos generales podemos entresacar 3 puntos principales en este libro: 1) la investigación dinástica; 2) el establecimiento de las relaciones entre la historia antigua, la Vieja y Nueva España; y 3) la defensa de las costumbres y modos de vida de los señores354, como explica desde el prólogo a este libro:

Llegados los españoles cesó el imperio de los mexicanos y comenzó el de España y porque hay muchas cosas notables en el modo de regir que estos infieles tenían, copilé este volumen, que trata de los señores y de todas sus costumbres.355

Llamaré la atención sobre este tercer punto a partir del capítulo XVII al XIX en que Bernardino muestra el regimiento y orden en estos pueblos. En este capítulo XVII explica el orden que usaban en la guerra, de la manera de elegir a los jueces, de la manera de los areitos, de la vigilancia de noche y día sobre las velas, de los juegos en que el señor se recreaba y de la liberalidad del rey. En el siguiente capítulo expone la manera que tenían de elegir a los señores, cómo componían a los electos ornamentos penitenciales, de cómo hacían penitencia los electos. El capítulo XX es también importante porque en él se muestra la manera que tenían los señores y gente noble de criar a sus hijos. Quiero prestar especial atención al siguiente párrafo, donde se ve clara la importancia de la palabra, la tradición y la educación mexicana.

Instruían al niño estos que andaban con él, para que hablase palabras bien criadas y buen lenguaje y que no hiciése desacato a nadie y reverenciase a todos los que topaba por el camino que eran oficiales de la república, capitanes o hidalgos, aunque no fuesen sino personas bajas, hombres y mujeres, como fuesen ancianas; y si alguna persona, aunque fuese de baja suerte, les saludaba, inclinábanse y saludábanla también diciendo: vayas en hora buena abuelo mío.356

Y el que oía la salutación tornaba a replicar, diciendo: ‘nieto mío, piedra preciosa y pluma rica, hasme hecho gran merced; ve próspero en tu camino’. Prosigue el texto explicando detalles de la educación primera y posterior en el calmecac.

352 Me refiero a su interés por defender la existencia de regímenes políticos respetables entre los naturales y no, claro está, a un interés en la política de su época.

353 CF, lib. XII, cap. I-IV, fols. 1r & ss.

354 Por ejemplo, en los capítulos VIII y IX: de los atavíos y aderezos de los señores; capítulo X: de los

pasatiempos y recreaciones de los señores; XI: de sus asentamientos; XII: de los aderezos para la guerra; XIII: de sus comidas; y XIV: de las casas reales.

355 CF, prol. lib. VIII; Historia general de las cosas de Nueva España, ed. cit., vol. I, 720.

356 CF, lib. VIII, cap. XX. fol. 51r; Historia general de las cosas de Nueva España, ed. cit., vol. I, 778.

107

In document BERNARDINO DE SAHAGÚN (página 102-107)