Capítulo II: Contenidos fundamentales del Códice y el paradigma de su elaboración
II.8 Los enciclopedistas europeos y la estructura del Florentino
II.8.3 El reestablecimiento de las propiedades de las cosas, importancia de la analogía y el
Bartolomé Ánglico.
También el franciscanismo dio a conocer en el siglo XIII a un seguidor de la tradición isidoriana, Bartolomé Ánglico. El inglés sigue al obispo sevillano, pero con un matiz específico que enfatiza
423 En palabras de Ascensión Hernández Treviño: ‘La estructura del Códice Florentino es un edificio diseñado para incluir en él la sustancia indígena, creando un espacio para armonizar el pasado’, en conferencia dictada en la UNAM durante la presentación del libro Bernardino de Sahagún, quinientos años de presencia, Op. cit.
424 ‘La meta está claramente delineada y los medios serán, evidentemente, los que determinan el aparato cognoscitivo occidental del siglo XVI, con todas las estructuras escolásticas que lo integran, pero también con la distancia perspectiva que caracteriza el conocimiento a principios del siglo de oro español’, en Patrick Johansson, ‘De la imagen a la palabra: un análisis comparativo del Códice Boturini y el texto correspondiente del Códice Aubin’, en Códices y documentos sobre México (México: Instituto Nacional de Antroplogía e Historia, 2000), 25.
425 Ascensión Hernández de León-Portilla afirma que los cuatro elementos que abrieron el nuevo campo de estudio instaurado por Sahagún son: la lengua, la investigación integral y sistemática, la teoría del conocimiento aristotélica y el uso de la analogía. Para la historiadora, Sahagún elige la lengua natural por influencia estoica, de la que hereda el énfasis en la importancia de la relación armónica entre lengua y conocimiento y emprende una investigación sistemática con un método preciso a través de sus cuestionarios y escrutinios. Del mismo modo señala, de la mano de Ramón Xirau, la influencia de la teoría del conocimiento aristotélico en la estructuración del
Florentino, así como el uso de la analogía al modo de las obras de Isidoro de Sevilla y Plinio. Cfr. Ascensión Hernández de León-Portilla, ‘Fray Bernardino de Sahagún y la génesis de la antropología’, en Jornadas Académicas del
Subproyecto 20 de la FES Acatlán (México: texto inédito, 2006).
130 ya no los términos, sino las propiedades de las cosas en una escala que va de lo superior —por incorpóreo— a lo inferior —corpóreo—.
Donald Robertson considera que la influencia de Plinio en Bernardino le ha venido a través de la obra De propietatibus rerum de Bartholomeaus Anglicus426 y, como es lógico pensar, puesto que el franciscano inglés fue muy conocido durante la Edad Media e incluso traducido al español y publicado en Toledo en 1529427.
Robertson apoya su afirmación en dos hipótesis principales: 1) La semejanza iconográfica entre las ilustraciones que aparecen en el libro VII del Florentino y en el libro X de la edición de Toledo de De propietatibus rerum; 2) las descripciones de los vicios y las virtudes de los diferentes tipos humanos divididos en buenos y malos, contenidas respectivamente en el libro X de la Historia general y en el libro VI del De propietatibus. Retomaré aquí este segundo punto, ya que refleja una semejanza bastante clara entre ambos autores.
El libro VI del Libro de las propiedades viene después de la explicación de las propiedades del cuerpo; así Bartolomé continúa la exposición de las variaciones, propiedades naturales y contra natura según las edades del hombre. En esta parte, aclara, pretende exponer el tenor de las virtudes naturales según la edad. Sin embargo, conforme avanzan los capítulos, incluye en este libro una exposición maniquea de los vicios y virtudes humanas. He aquí la coincidencia con el Florentino. El De propietatibus describe, por ejemplo, al siervo bueno frente al siervo malo y compara al buen señor con el malo. De este mismo modo, en el trabajo de Sahagún aparece la relación del hombre vicioso frente al virtuoso en el libro X. El Códice Florentino se asemeja a la obra del inglés sobre todo en los libros décimo y undécimo, como nos muestra el siguiente cuadro comparativo:
Cuadro 5: Comparación entre De propietatibus y Códice Florentino de acuerdo con Robertson
De propietatibus Códice Florentino
Libro I: Dios y su esencia Libros I, II y III
Libro II: Ángeles buenos y malos
Libro III: Del ánima y sus propiedades Libro III Libro IV: De los humores y cualidades de los elementos
Libro V: Del cuerpo del hombre y de sus partes Libro X Libro VI: de las edades y sus propiedades Libro X
426 Donald Robertson, Op. cit., 617-627.
427 Ascensión Hernández de León-Portilla, ‘La Historia General de Sahagún a la luz de los enciclopedistas de la tradición grecorromana’, Op. cit., 55.
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Libro VII: de las enfermedades Libro X
Libro VIII: del cielo, el mundo y los planetas Libro IV: De la astrología judiciaria Libro IX: del tiempo
Libro X: (de la materia, forma y elementos)
Libro XI: (de la niebla, nieve, relámpagos, lluvia…) Libro VII
Libro XII: de las aves Libro XI
Libro XIII: de las aguas Libro XI
Libro XIV: de la tierra Libro XI
Libro XV: de las provincias Libro X, cap. XXIX
Libro XVI: Piedras y metales Libro XI
Libro XVII: árboles, plantas y yerbas Libro XI
Libro XVIII: de los animales Libro XI
Libro XIX: de los colores Libro XI
Aunque la semejanza temática entre los libros de los franciscanos no es tan grande como la que observamos entre Isidoro y Sahagún, vale la pena remarcar las pretensiones moralizantes de ambas obras. El propio Bartolomé explica en el prólogo a su obra que ‘como las authoridades divinas y humanas testifican las propiedades de las cosas, siguen las mesmas substancias, y debe ser según la orden y distinción de las substancias, la orden y distinción de las propiedades’428. Robertson apunta que, debido a la confusión que han dejado muchos filósofos y teólogos y por la oscuridad y profundos secretos que las cosas encierran, es difícil reconocer la verdad que en ellas se refleja. Establecer con claridad sus propiedades es clave para comprender el orden de las realidad y, a través de las realidades materiales, conocer las realidades más altas, espirituales e incorpóreas.
Por eso —nos dice Ánglico— la santa Escriptura convenientemente exemplificando usa de las moralidades, y poéticas ficciones que de las materiales cosas tratan, y corruptibles, a fin que por el conocimiento de tales cosas que nosotros son más conocibles por la materia sensible que en ellas vemos podamos mejor entender y saber las altas y contemplativas sustancias, y incorruptibles, y así procediendo en
428 Bartholomæus Anglicus, De Propietatibus Rerum, ed. & trad. Vicente de Burgos (Tolosa, Enrique Mayer, 1494), prol., 11.
132 el orden de nuestra humana cognicion, podremos de las bajas cosas y corporales a las altas proceder, espirituales.429
El libro de las propiedades de todas las cosas, además de este afán de conocer las sustancias existentes para comprender todo lo real, contiene un afán de dotar de contenidos morales a dichas realidades. Este interés moralizante de la obra de Ánglico lo ha probado la obra de otro franciscano, Juan Gil de Zamora (1240-1320), quien fuera estudiante en Santiago de Compostela y París. Gil de Zamora, considerado como uno de los últimos eslabones de la cadena de enciclopedistas medievales, supedita los conocimientos naturales al servicio de las verdades de la fe cristiana430, pues, como afirmara Tomás de Aquino:
Las creaturas menos nobles se ordenan a las más nobles, como las inferiores al hombre se ordenan a éste. Todo el conjunto de las creaturas se ordena a la perfección del universo. Y, por fin, todo el universo, con sus partes, se ordena a Dios como a su último fin, en cuanto que en todas ellas refleja la bondad divina, por cierta imitación, y esto para gloria de Dios. Sobre todo, las creaturas racionales, de un modo especial, tienen a Dios por fin, por cuanto pueden alcanzarle con sus operaciones conociéndole y amándole. Así queda patente como la bondad divina es el fin de todas las creaturas corporales.431
La edificación jerárquica de la cadena del ser, hemos visto, aparece en el estoicismo y prevalece en la tradición aristotélico-tomista medieval. No asombra, por esto, que Juan Gil de Zamora la siga también. Sin embargo, su punto de vista propio y personal ‘estriba en su expresa intención didáctica y de edificación religiosa y moral, de enseñanza al servicio de la predicación, para la que pretende aportar materiales de apoyo a partir de los temas naturales, que proclaman a su Creador’432, basado, claro, en el presupuesto de que todas las criaturas inferiores reflejan la excelencia de quien las ha creado433.
A mi juicio, igual que haría Juan Gil, Sahagún también tiene el proyecto de ayudarse del compendio formado por la Historia General para establecer analogías, simbologías y ejemplos que ayuden a la predicación de los frailes. Resalto la intención retórica del seráfico novohispano al notar la necesidad de usar ‘autoridades’ reconocidas y aceptadas para la persuasión de las almas indias. El compendio de Sahagún, como la obra de Juan Gil, pretende aportar los materiales de apoyo requeridos por los predicadores:
En el caso de los rasgos sacados de los tratados de cuestiones naturales, la moralización consiste, en general, en la cita de una autoridad que interpreta y da
429 Ibid., 12.
430 Cfr. José Martínez Gázquez, ‘Moralización de las piedras preciosas en la Historia Naturalis’, Faventia, no. 20 (1988), 177-186.
431 Tomás de Aquino, Suma de teología, Op. cit., I, I, q. 65, a. 2, r. (Título del artículo: ‘Si las creaturas corporales han sido hechas a causa de la bondad de Dios’).
432 José Martínez Gázquez, Op. cit., 179.
433 Johannis Aegidius Zamorensis, Historia Naturalis, ed. & trad. Avelino Domínguez García & Luis García Ballester (Valladolid: Junta de Castilla y León, 1994), 61-80.
133 garantía de la moralización propuesta o bien se lleva a cabo una breve interpretación moral puesta en relación con algún rasgo concreto que se ha destacado previamente y que ayuda a la vida cristiana.434
La Historia natural de Gil ha sido considerada como fuente de exempla procedentes de monumentos literarios profanos; tales tratados:
toman prestadas la descripción de las costumbres, las cualidades imaginarias o reales de los animales; las propiedades de las plantas, de las piedras y los astros; a los autores antiguos, Aristóteles, Plinio, Solino, etcétera, por parte de los moralistas y compiladores, para mediante la comparación con los escritos exegéticos de los Santos Padres y escritores eclesiásticos resaltar los rasgos instructivos para los fieles.435
Merece la pena recordar ahora que el novohispano ha emprendido dos proyectos en paralelo, uno, su trabajo doctrinal, el otro, el fundamento de éste: la Historia universal. En ésta reúne el material del cual extraer los ejemplos y comparaciones que las nuevas generaciones de frailes puedan usar en su predicación a los naturales, pues todas las realidades del mundo, en su consideración ordenada, ayudan a la predicación cristiana, porque se prestan (los animales, plantas, fenómenos y elementos de la naturaleza…) para resaltar algún aspecto o cualidad que trascienda al plano espiritual.
Lo anterior queda ilustrado con la primera voz que introduce Gil de Zamora en su libro: asbesto.
Comienza describiendo el color de la piedra para después abordar sus propiedades desde una perspectiva moral. Apoyándose en su patrono, Francisco de Asís, y en el santo de Hipona, remarca la resistencia del asbesto por no apagarse una vez encendido para resaltar la fuerza con que un alma pecadora se aferra a Dios una vez que ha experimentado la gracia del Espíritu Santo.
Cabe pensar que la utilidad del compendio de voces y rasgos culturales que Sahagún hace reunir en su Florentino podría también estar en rescatar un simbolismo autóctono de la antigua tradición para moralizar (revalorizar y cristianizar sin anularlo) el mundo americano. Esto buscando en las realidades naturales y otras consideraciones mexicanas el simbolismo de virtudes morales o elementos valiosos para la vivencia cristiana.
434 José Martínez Gázquez, Op. cit., 180.
435 Ibid., 180.
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