Capítulo II: Contenidos fundamentales del Códice y el paradigma de su elaboración
II.6 Los vicios y virtudes de esta gente mexicana
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108 He mencionado ya que Sahagún no sólo reconoce la virtud intrínseca y la plena racionalidad a los indios, sino que los considera dignos hijos de Dios capaces de alcanzar la santidad. Ante esta realidad y aparente dilema, Bernardino recurrió (y es aquí donde pretendo rescatar, aumentar y profundizar en una tesis que comparto con Martiarena) a la teoría medieval que aseguraba que vivir según la virtud era una forma de seguir la naturaleza humana original y que, por lo tanto, las prácticas morales ya existentes en los indios eran un buen comienzo para encaminarlos a la evangelización.
Refiriéndose a la influencia medieval que permea toda la obra de Sahagún y que ya hemos analizado a conciencia, Martiarena señala que:
En el segundo volumen, en el que Sahagún reconoce virtudes morales entre los indios mexicanos, encontramos también vínculos con la metafísica medieval. Sobre todo en tanto que para los moralistas cristianos el alma de un hombre virtuoso se dirige siempre al bien y, por tanto, a Dios. Es decir, un hombre virtuoso es aquel que no cae en pecado y, por consiguiente, no hace más que seguir la naturaleza con la que fue creado por el ser supremo. De hecho, lo que al ‘parecer hace Sahagún en el Libro VI […] es mostrar como relevantes diversas acciones morales de los indios que a sus ojos se corresponden con lo que en la Escritura se muestra como bueno y virtuoso.360
La intención primera de Sahagún en el libro décimo no es, a mi parecer, el identificar o siquiera analogar las prácticas de los indios con los rituales cristianos, pues reconoce una diferencia profunda en el orden de todo lo prehispánico que hace que la religiosidad indígena no obedezca a las mismas maneras discursivas ni argumentativas de las culturas occidentales. Sahagún reconoce desde su primer acercamiento a la cultura mexicana que ésta no se cimenta en los mismos supuestos gnoseológicos ni antropológicos que la europea. Lo que Bernardino muestra en su obra es, más bien, que los indígenas eran capaces de la vida virtuosa, lo cual mostraba, en primer lugar, el pleno ejercicio de la racionalidad de la que gozaban y, en segunda instancia, que poseían una ‘moral natural’ que únicamente requería de ser guiada por la senda del cristianismo.
Es por todo esto que Sahagún considera tan importante rescatar las virtudes tradicionales mexicanas, que, cabe decir, resultaban infértiles por no estar orientadas a la salvación, y, a partir de ahí, educar las almas de los indios y reorientar sus prácticas hacia la salvación; en este punto Sahagún resulta heredero fiel de la tradición de San Agustín, quien asegura que ‘si la dirección del alma es hacia la nada o hacia algo necio o insensato, se sale del verdadero camino de la sabiduría’361.
La existencia de hábitos virtuosos en el modo de ser del indio podría probar, como ya he dicho, su naturaleza racional, pero también mostraría que estos hombres, por reflejo de la acción de Dios en sus almas, eran capaces de justicia y bondad y que, por ello, de alguna manera habían entrado
360 Ibid.
361 Agustín de Hipona, De las costumbres de la Iglesia Católica y de las costumbres de los maniqueos, en Obras, Op.
cit., vol. IV, I, VI, 9.
109 ya al camino de la ‘preparación para la gracia’ del cual hablaba Tomás de Aquino —y así lo hemos constatado en el apartado anterior sobre influencias filosóficas de Sahagún—, pues, en sus propias palabras, a veces sucede que: ‘Dios mueve al hombre al bien, pero no al bien completo; y ésta es la preparación que precede a la gracia’362.
Los medievales definieron a la virtud como una disposición para lo óptimo363 y un hábito electivo364, es decir, que requiere de la deliberación personal, siempre voluntaria y siempre buena.
Pasemos ahora al tratamiento que les da Sahagún a los hábitos y virtudes de los nativos y que, como él mismo explica, no sigue el orden que normalmente se les da a estos asuntos, sino ‘el orden de las personas, dignidades y oficios, y tratos que entre esta gente hay’365. De tal manera que en el texto encontramos una peculiar clasificación de los vicios y virtudes de acuerdo a dos criterios básicos: por parentesco y por oficios o dignidades (edad o linaje).
Las siguientes citas sirven como ejemplo:
El hijo virtuoso:
El hijo bien acondicionado es obediente, humilde, agradecido, reverente, imita a sus padres en las costumbres y en el cuerpo; es semejante a su padre y a su madre366.
El hijo vicioso:
El mal hijo es travieso, rebelde o desobediente, loco, travieso, no acogido a buen consejo; echa a las espaldas la buena doctrina con desdén; es desasosegado, desbaratado, fanfarrón, vanaglorioso, mal criado, bobarrón o tosco; no recibe ninguna buena doctrina; los buenos consejos de su padre y de su madre, por una oreja le entran y por la otra le salen; aunque le azoten y castiguen, no por eso se enmienda367.
El buen pintor:
El pintor, en su oficio, sabe usar de colores, y
El mal pintor:
El mal pintor es de malo y bobo ingenio y por
362 Tomás de Aquino, Suma de teología, Op. cit., I-II, q. 112, a. 2, ad. 2.
363 Ibid., I-II, q. 56, a. 1.
364 Ibid., I-II, q. 64, a. 1.
365 Llama la atención que Sahagún incluya en el libro décimo las partes del cuerpo humano y las medicinas contra las enfermedades. Quizás esto se deba a que entre los antiguos no existió una dicotomía entre los males del alma y los del cuerpo, de manera que el daño moral causaba al mismo tiempo un mal corporal. La falta de virtud era también un mal corporal. Cfr. Alfredo López Austin & Josefina García Quintana, Op. cit., 853 & 880. Cfr. Louise Burkhardt, The Slippery Earth: Nahua-Christian Moral Dialogue in Sixteenth-Century Mexico (Tucson: University of Arizona Press, 1989), 170-183.
366 Ibid., 859.
367 Ibid., 860
110 dibujar o señalar las imágenes con carbón, y
hacer muy buena mezcla de colores, y sábelos moler muy bien y mezclar. El buen pintor tiene buena mano y gracia en el pintar, y considera muy bien lo que ha de pintar, y sabe hacer las sombras, y los lejos, y follajes368.
eso es penoso y enojoso, y no responde a la esperanza del que da la obra, ni da lustre a lo que pinta, y matiza mal, todo va confuso, ni lleva compás o proporción lo que pinta, por pintarlo de prisa369.
Lo que vale la pena enfatizar es que esta clasificación de vicios y virtudes no responde de modo unilateral a una sistematización europea, sino que trata de apegarse lo más posible a las ‘maneras de esta gente mexicana’.
El libro X analiza los vicios y virtudes de esta gente mexicana admirando el rigor y austeridad con que se criaban en tiempo de su idolatría. Llenos de buenas costumbre y buen juicio, el texto afirma la existencia de mujeres ‘que servían en los templos y guardaban castidad [y] serían hábiles para ser monjas y religiosas de la religión cristiana’370. Sahagún intercala estas observaciones en la parte del español que correspondería a la traducción de las partes del cuerpo, versión que solo incluye en náhuatl, pero de manera exhaustiva371, acorde a su interés lingüístico.