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Perspectiva desde Marx: hombre privado y ciudadano de estado público

Las discusiones planteadas desde Marx, permiten ilustrar un contexto para la construcción de esta idea de sociedad global, partiendo de sus contra- dicciones. La crítica de Marx nace del carácter imperfecto de la emancipa- ción en el antecedente histórico de la CIDH, es decir, en la declaración de los derechos del hombre de la Revolución Francesa. Como lo plantea Löwith (2007), para Marx la declaración de los derechos del hombre presupuso –de facto– al hombre como burgués, al hombre privado como al hombre propiamente dicho y verdadero:

Ninguno de los llamados derechos del hombre sobrepasa, pues, al hombre egoísta, al hombre tal como es, miembro de la sociedad civil, al individuo cerrado en sí mismo, reducido a su interés privado y a su arbitrio particular, separado de la comunidad. Lejos de considerarse al hombre como un ser social, la propia vida social, la sociedad, aparece más bien como un cuadro exterior al individuo, como una limitación de su autonomía originaria. El único vínculo que los une es la necesi- dad natural, la necesidad y el interés privados, la conservación de sus propiedades y de su persona egoísta (p. 103).

Para ejemplarizar estas afirmaciones, se puede recurrir a la exclusión de las mujeres y los esclavos en los droits de l´homme, y se plantea entonces la dicotomía público-privado ampliamente discutida por otros autores.

La noción de libertad definida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, plantea entonces la misma noción de libertad de los derechos

del hombre y el ciudadano franceses, y la discusión individuo-ciudadano sigue vigente en la medida en que no resuelven los criterios de necesidad y el interés privado; ahora ya no desde la sociedad burguesa y el hombre como burgués, sino desde el Estado y el humano como sujeto de derechos.

Se mantiene entonces el dilema de “los dos modos de existencia separadas y contradictorias: el hombre privado con su moral privada, por un lado, y el ciudadano de Estado público con su moral pública, por el otro” (Löwith, 2007: 84).

La idea de Marx de una libertad de la más alta comunidad, desde la visión hegeliana, que no es una comunidad de los círculos comunitarios más pequeños, sino una comunidad de la vida pública, en contraposición con la libertad aparente del singular atomizado, sigue siendo el aspecto funda- mental para que no sea posible que desde la CIDH se logre la emancipación política y económica del humano.

Se puede afirmar entonces que en la base de la actual sociedad global, no se han superado las contradicciones planteadas inicialmente por Hegel y luego por Marx, como la contradicción de la sociedad burguesa, de parti- cularidad y universalidad, privacidad y publicidad en una sociedad no sólo sin clases, sino en cada perspectiva des-racionalizada, cuyo hombre simple es un ser genérico social. Las nuevas contradicciones enfocan ahora la di- cotomía de una sociedad global para el desarrollo que categoriza, clasifica, polariza y referencia los Estados desde la concepción capitalista y moral, perpetuando nociones como norte-sur y oriente-occidente, que no tienen ya una dimensión geográfica, sino una dimensión política y económica.

Desde otra perspectiva y de acuerdo con lo planteado por Postone, hacien- do referencia a los límites de la crítica del marxismo tradicional, enfocada exclusivamente en el modo de distribución, sostiene que, en el análisis de Pollock:

Por medio de tipos ideales, la categoría marxiana del valor (inter- pretada como categoría del mercado) es superada en el capitalismo de Estado y la propiedad privada realmente abolida. El resultado no

supone necesariamente la fundación de una “sociedad buena”. Por el contrario podría desembocar y, de hecho, desembocó, en formas de mayor opresión y tiranía que no podrían comprenderse adecuadamente mediante la categoría de valor. Es más, según esta interpretación, la superación del mercado significaba que el sistema de producción de mercancías había sido reemplazado por un sistema de producción de valores de uso, condición, pese a todo, insuficiente para la emancipa- ción (Postone, 2007: 117).

La construcción de una sociedad global para el desarrollo, presenta el di- lema de la construcción de una “sociedad buena”, donde finalmente sean superadas las formas de opresión y tiranía, ya sea desde el capitalismo o desde el comunismo, pasando por el Estado de bienestar. Este dilema radica fundamentalmente, en los modelos de desarrollo construidos y traducidos a todos los territorios posibles.

Para Horkheimer la sociedad capitalista es, fundamentalmente, un todo social constituido por el trabajo que podría organizarse racio- nalmente. Sin embargo, la mediación del mercado y la dominación de clase basada en la propiedad privada, imprimen a ese todo social una forma fragmentada, dividida e irracional. En consecuencia, la socie- dad capitalista se caracteriza por una necesidad ciega y mecánica, así como por el uso de la capacidad humana para controlar la naturaleza al servicio de intereses particulares, más que del bien común. A pesar de que el capitalismo tuvo en algún momento aspectos emancipadores, en la actualidad dificulta cada vez más el desarrollo humano y conduce a la humanidad hacia una barbarie (Postone, 2007: 123).

La relación innegable del desarrollo como lo conocemos, y desde el enfoque generalizado de la sociedad global construida, no hace diferencias entre el desarrollo humano y la acumulación de riqueza, relacionando al primero indiscutiblemente con el capitalismo.

Comprender una sociedad buena, pasa por los modelos de desarrollo, final- mente economicistas, pues no es ahí donde se resuelven las complejidades humanas, del humano real. Como bien lo plantea Löwith (2007: 94), el

mundo de mercancías sólo puede ser superado a través de una fundamental transformación de las relaciones de vida concretas del hombre, en su tota- lidad, y desde la idea de Marx de una sociedad humana, se completa como superación crítica y sólo como superación de la contradicción burguesa de lo privado y lo público (Löwith, 2007: 99), aún existente en la noción de desarrollo.