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Recapitulando: a modo de reflexión

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 2. LA EDUCACIÓN EN CONTEXTOS MULTICULTURALES MULTICULTURALES

C. A. Extranjeros respecto al

2.3. Recapitulando: a modo de reflexión

Actualmente vivimos en un mundo con importantes cambios políticos, económicos, sociales y culturales que nos introducen a una época de globalización con claras desigualdades. Unas disimetrías que encierran tanto contextos de oportunidades como de exclusión, tanto, escenarios de convergencia como de discriminación.

Este marco global favorece la visibilización de una diversidad cultural relacionada con el fenómeno migratorio y la multiculturalidad. La creciente incorporación a nuestra sociedad de personas pertenecientes a minorías étnicas, culturales y lingüísticas ha tenido el efecto de “descubrir la diversidad”.

Pero esta diversidad no es un fenómeno nuevo ni coyuntural, es algo inherente al hombre y también necesario, tanto desde el punto de vista biológico como social. “Todos los seres humanos compartimos rasgos universales como especie, pero nuestra forma de interpretar, adaptarnos, reaccionar y actuar ante los mismos fenómenos está mediada por las diferentes culturas en las que hemos sido socializados” (García Fernández y Goenechea, 2009, p. 34).

Se ha consolidado una sociedad plural y poliédrica que se proyecta a modo de ensamblaje en la realidad educativa, es decir, nos traslada a un rico espectro para abordar la diversidad cultural en nuestras aulas.

De modo, que el discurso educativo nos introduce en una suerte de modelos que nos permiten deslizarnos por propuestas más o menos disonantes con el paradigma intercultural. Recordemos que en las sociedades desarrolladas el concepto de diferente se suele identificar con población inmigrante, extranjera pobre o indígena. Grupos que de forma tradicional han sido silenciados por los grupos culturalmente mayoritarios.

CAPÍTULO 2. La educación en contextos multiculturales

85 Esta circunstancia, ocasiona que, con frecuencia, se observa que en los contextos educativos, la diversidad cultural se asocia a deficiencias y limitaciones en relación al grupo de referencia. Sin duda, esta percepción responde a intenciones interesadas que en ningún caso están justificadas desde un punto de vista racional, ético o antropológico (Aguado, 2004).

Sin duda, el modelo que sigue vigente en nuestras realidades escolares bajo este paradigma lo descubrimos en el modelo compensatorio que considera que las minorías culturales objeto de compensación no contribuyen a enriquecer a los grupos hegemónicos culturales. No genera intercambio simétrico, reduciéndose la significación de las culturas minoritarias a propuestas simplistas, deficitarias, exóticas e incluso incompatibles con la cultura dominante (Muñoz Sedano, 2000).

Por el contrario, si asumimos que las diferencias de valores, estilos de vida son tan solo el reflejo de la diversidad cultural y no una amenaza o un problema trazaremos las bases para una genuina educación intercultural. No obstante, en ocasiones, se opta por un camino intermedio que cristaliza en el modelo multicultural. Si bien, dicho enfoque transita por el respeto a la diversidad cultural, entendemos que no permite materializar el intercambio, la conexión o la comunión entre las distintas culturas, aspectos éstos propios de los presupuestos interculturales.

Con frecuencia los términos multiculturalidad e interculturalidad se han utilizado de forma indistinta hasta recientes fechas, tan solo diferían según la procedencia del autor o autores. De modo, que en el ámbito europeo no anglosajón la acepción más utilizada era intercultural, mientras que, en contextos norteamericanos e ingleses, se recurría al término de multiculturalidad (Soriano, 2006).

Sin embargo, actualmente es posible apreciar matices entre ambas acepciones, como bien lo muestra Leiva (2008): “la interculturalidad entraña la interacción entre las diferentes culturas, y por tanto fuente de enriquecimiento mutuo y de diálogo, mientras que la multiculturalidad alude a la coexistencia/ yuxtaposición de diferentes culturas en un mismo espacio y tiempo, pero sin contacto, sin diálogo” (p. 25). Y es que como indica Escarbajal (2009): “el prefijo inter indica relación, interacción, intercambio de dos o más elementos, y en ámbito educativo, una intencionalidad de acercamiento al otro, además, de una interacción entre personas de culturas diferentes” (pp. 259-260).

Estas consideraciones llevan a determinar que el multiculturalismo aboga por el entendimiento entre las diferentes culturas y concede libertad a cada individuo para ejercer su cultural, su lengua o su religión, siempre que dichas libertades no coarten los derechos de los demás. Se verifica en la premisa: “vive y deja vivir” (Essomba, 2008).

De igual modo, Coelho (2006) identifica el multiculturalismo con la metáfora de

“mosaico cultural” que defiende que “cada cultura contribuye por igual al enriquecimiento de la sociedad, al tiempo que se conservan las identidades culturales (…) cada ingrediente posee su propio gusto y su propia apariencia, pero el sabor es mejor si se combina con otros gustos” (p. 63).

De lo que se desprende que lo multicultural es ya una realidad existente en nuestras aulas, “mientras que lo intercultural es una situación deseable, una meta, una ilusión” (Aguado, 2005, p. 126). La educación intercultural apunta hacia la siguiente

CAPÍTULO 2. La educación en contextos multiculturales

86 premisa: todos podemos considerarnos diferentes a otros en algunos aspectos, y necesariamente, parecidos en otros (Aguado, 2004).

Se trata de estrechar lazos para encontrar lo que es común dentro de la diversidad, construir puentes entre las distintas realidades culturales, descubriendo sus peculiaridades y sus semejanzas. Encontrar un equilibro entre similitudes y diferencias para provocar el intercambio desde la base de la aceptación de la diversidad cultural.

Sin olvidar que esta sinergia conlleva la identificación y desactivación de prejuicios y estereotipos, así como cualquier discurso legitimador de la exclusión y discriminación. Solo así estaremos procurando una educación intercultural en el amplio sentido del término.

Y es entonces cuando se apreciarán los aspectos positivos de los procesos de globalización, todo el potencial enriquecedor entre las distintas culturas. Donde éstas se complementen, se descubran y se amplíen. En definitiva, abogar por una sociedad intercultural, contempla un sistema educativo que insta a reconocer, aceptar, a respetar, y valorar la diversidad cultural.

CAPÍTULO 3. Repensar la educación: una apuesta por la educación intercultural

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CAPÍTULO 3. REPENSAR LA EDUCACIÓN: UNA